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ACTUALIZADO 2011-03-29 AT 16:02:42
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Acuerdo desinformativo
2011-03-29 16:02:42


Eduardo Galeano me comentó hace unas semanas que a su casa en Montevideo llegaban un periódico y un semanario mexicanos: “Es tanta la sangre que traen, que le tengo que advertir a las visitas que pueden mancharse los zapatos”, me dijo. El Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia pareciera responder a una preocupación legítima: la violencia se ha convertido en el tema central de los medios de comunicación masiva desde el inicio del sexenio, cuando el presidente Felipe Calderón determinó en solitario –porque no lo consultó ni con el Congreso ni con la sociedad— emprender una guerra contra el crimen organizado.

     En el transcurso de esa cobertura, en efecto, se han cometido excesos. Al difundirse narcomantas se les regala un espacio a la delincuencia organizada. Se les legitima como emisores de un mensaje. El extremo de esta falta de control fueron las entrevistas con José Jorge Balderas Garza, El JJ. El narcotraficante confeso daba su versión a los conductores estelares de la televisión con sus ropas y su petulancia de junior exitoso.



ACTUALIZADO 2011-03-21 AT 17:28:22
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Anita
2011-03-21 17:28:22


¿Qué se hace con las páginas de Facebook de los muertos? Se reparten los inmuebles y los muebles; se remata los trajes y los zapatos en las ventas de garaje; se tira a la basura los anteojos, las dentaduras postizas, las recetas médicas. En unos días los objetos que acompañaron a una mujer se dispersan, desaparecen o se guardan en cajas. Sus perros y gatos huyen, mueren de tristeza o se resignan a la nostalgia. En la sección de "eventos", Facebook me recordó hace unos días, el 9 de marzo, del cumpleaños de Ana Ortiz Angulo. Casi nunca escribió en su muro. No anotó el 8 de septiembre de 2008: "hoy he muerto. Mañana me velarán a partir de las seis de la tarde".

Al hacer apuntes para este blog advierto que mi caligrafía se parece cada día más a la suya: intrincada, vertical, poblada de vueltas innecesarias, de guiños sin destinatario. Me doy cuenta ahora de que mis aficiones e intereses poco a poco convergen con los suyos: el romanticismo musical, la historia de las ideas, la génesis del capitalismo y su crítica radical, la poesía modernista. Regreso a los lugares que ella me enseñó: las zonas arqueológicas del sur de México, las catedrales barrocas, las capitales europeas a las que recurría, los puestos de quesadillas en pueblos remotos en donde cada año se celebraba su llegada porque tras de su grueso cuerpo bajaban del autobús cuarenta adolescentes hambrientos. No sé si sigo sus pasos porque ella ya trazó el camino o porque espero encontrarla en la iglesia de Santa María Tonantzintla, en la cumbre de la pirámide del Enano Adivino o acampando en una playa virgen de Oaxaca o Quintana Roo.

La menor de una familia de cuatro hermanos, Ana Ortiz Angulo siempre pidió que le dijeran Anita. Sus alumnos llamaban a su casa y pedían hablar con "la doctora", por mostrar respeto ante sus familiares, pero cuando ella tomaba el teléfono era Anita solamente o, en casos extremos, "la doctora Anita", como ocurría en los exámenes profesionales. A los siete años perdió casi todo el cabello, y los pocos que le quedaron eran delgados y blancos como antiguas telarañas, porque fue sometida a un tratamiento radioactivo para tratar una enfermedad temprana. La cabeza cana le dio a su belleza infantil –rostro afilado, pómulos salientes, ojos verdes, nariz pequeña y redondeada— un aura de niña sabia. Sus primeros recuerdos estaban asociados a su padre, un ingeniero de minas que era a la vez filósofo y místico: Vicente Ortiz Liebich fue de los primeros mexicanos que se interesó en la filosofía india y escribió tratados sobre ella. Vicente siguió a José Vasconcelos en su campaña presidencial, a tal punto que el autor de Ulises criollo fue padrino de Anita. Conversador, nietzcheano, a la vez ateo y aficionado a la ouija, Vicente Ortiz cargaba con su hija menor y la llevaba a las minas de Durango, en donde ella pasaba días sin bañarse entre los campesinos y mineros. La muerte prematura de Vicente Ortiz, cuando Anita tenía apenas 12 años, la marcaría para siempre. "Sus alegrías nacen perturbadas porque ya no está su padre para atestiguarlas", escribió José Luis Perdomo Orellana sobre García Márquez y la misma frase puede aplicarse a Anita, que dedicaría los últimos años de su vida a escudriñar los archivos de su padre.



ACTUALIZADO 2011-03-07 AT 14:14:27
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Del aeropuerto al hotel
2011-03-07 14:14:27


Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, sábado de febrero de 2011: Su sentido del humor no decae a pesar de las 10 horas de vuelo desde Buenos Aires y del escrutinio minucioso de cada una de sus maletas. El hombre que lo recoge en el aeropuerto, avergonzado por la revisión exhaustiva a la que fue sometido, improvisa una explicación sobre las consecuencias de la guerra contra el narcotráfico por el que atraviesa el país desde el principio del sexenio. Pero él no la requiere. A su casa llegan Proceso y La Jornada. Es tanta la sangre que portan consigo, dice, que debe advertir a sus visitas que pueden mancharse los zapatos. Él conoce con detalle el último escándalo del país –el despido y la reivindicación de la conductora estelar de la radio— y el dolor que ha envuelto a los jóvenes, las mujeres, los periodistas y los defensores de derechos humanos de Ciudad Juárez. Pero entre los crímenes del México contemporáneo, el que lo ha conmovido más ha sido la matanza de 72 inmigrantes centro y sudamericanos en San Fernando, Tamaulipas. Enarca las cejas y sus ojos verdes se vuelven géiseres que  tocan el centro de la tierra. Ojos que han atestiguado la tortuosa pero interminable lucha de América Latina por la liberación del colonialismo europeo, de las dictaduras militares, del imperialismo estadounidense. Y con el conocimiento de esa lucha celebra las revoluciones de Medio Oriente, su reivindicación democrática y el hecho de que los fundamentalistas religiosos hayan sido marginados del liderazgo de esos pueblos rebeldes.

Por la energía de su voz pareciera mentira que hace apenas tres años se recuperó una vez más de una enfermedad mortal. "Soy los restos de mí mismo. Cada vez que viene la muerte y toca la puerta, le digo que ahora no, que estoy muy ocupado, que se ha equivocado de casa, y que debe ir a la puerta de al lado", y mientras la muerte se carga a sus vecinos él sobrevive para seguir escribiendo, a mano, 10 o 15 veces cada texto, condenado a la vigilia si no le satisface un adverbio, con un perfeccionismo inevitable que le debe a la influencia de Virgo. Por eso se alegra cuando debe aprobar las traducciones de sus libros a lenguas que desconoce como el persa, mandarín, alemán, y en esos casos sólo le resta felicitar al traductor por su excelente trabajo, pero se atormenta cuando debe revisar las versiones en inglés, francés, portugués o italiano, idiomas para él conocidos y en donde cuida la fidelidad con renovada desesperación.



ACTUALIZADO 2011-03-01 AT 14:07:54
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
País de muertos
2011-03-01 14:07:54




El protagonista de la estupenda novela de Rafael Bernal, El complot mongol, el detective y asesino a sueldo Filiberto García mata a un hombre que se interpone en su camino. Le entierra un cuchillo en la espalda y se apresura a cubrir el cadáver para que no le interrumpa el coqueteo con Martita, su secretaria de origen chino a quien pretende desde el principio de la novela. Las palabras de Filiberto frente al difunto se han vuelto memorables: "¡Cadáver, el de Juárez. Éste es un pinche muerto!".

Los regímenes autoritarios se basan en esta premisa: los cientos de libios que acaba de matar Muamar Gaddaffi en Libia, los otros tantos egipcios que dieron su vida contra el dictador Hosni Mubarak, los jóvenes universitarios mexicanos que fueron acribillados en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968, los muertos del Jueves de Corpus, las víctimas del terremoto de 1985, los cientos de opositores asesinados en el sexenio salinista, todos ellos son unos pinches muertos a los ojos del poder: cuerpos que urge enterrar o desaparecer, personas que deben convertirse en cifras, y cifras que conviene  maquillar u ocultar.



ACTUALIZADO 2011-02-21 AT 13:26:15
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Presunta culpable
2011-02-21 13:26:15


La primera dama Margarita Zavala, el procurador del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera y Diego Fernández de Cevallos, acudieron a la premier de Presunto culpable, el documental que narra la batalla de José Antonio Zúñiga por recuperar su libertad, tras ser acusado de un homicidio que no cometió. Testigos falsos, pruebas de balística que son ignoradas, evidentes contradicciones en la acusación del Ministerio Público, policías judiciales que inventan culpables, son algunos de los elementos que pintan la justicia mexicana en el largometraje. Toño reunía dos agravantes que lo ponían en la fila de sospechosos comunes: era joven y pobre: vendedor ambulante de Iztapalapa y, como tal, instrumento para expiar un crimen que las autoridades no habían podido resolver. Toño de repente se ve condenado a pasar 20 años de su vida en el Reclusorio Oriente, durmiendo en el espacio que queda entre el piso y una litera y que debe compartir con cucarachas.

Aun cuando Diego Fernández de Cevallos declaró que la película sólo retrata el lado negativo de la justicia mexicana, su presencia, al lado de Zavala y Mancera, se puede interpretar como un respaldo al mensaje de Presunto culpable y su denuncia de un sistema de justicia que presume culpabilidad en lugar de inocencia. En más del 90 por ciento de los casos los jueces aceptan la versión del Ministerio Público y encierran al sospechoso, las más de las veces sin siquiera acudir al juicio, que dejan en manos de sus secretarios.

El respaldo de la primera dama, de Diego y del procurador local hacia Presunto culpable resulta contradictorio con la reacción de la clase política en torno de la sentencia a Florence Cassez y de la presión del presidente Nicolas Sarkozy por liberarla. A Cassez no sólo la juzgó ese mismo sistema de justicia exhibido en Presunto culpable, sino que su captura fue montada para las cámaras de televisión. La pregunta legítima que se hacen los franceses es, ¿si su captura fue un montaje, acaso el resto de las pruebas no podrían ser un montaje también? Pero para demostrar que México no cede a las presiones galas, Genaro García Luna, el productor de ese reality show, en lugar de ser sometido a una investigación fue promovido a Secretario de Seguridad Pública, un puesto del que no lo ha removido ni sucesivos escándalos ni la estela de 35 mil muertos que presenta el gobierno como trofeo de guerra.

Francia presiona y México resiste. La cancillería mexicana acusa a su par francesa de consultar decisiones de política exterior con una reclusa condenada por secuestro. Nacionalismo mexicano que no cede frente a la presión del antiguo imperio colonial, que soñó en el siglo XIX con manejar nuestros destinos a través de Maximiliano de Habsburgo. Sólo que la defensa francesa de Florence Cassez revela también cuán débil es México para defender a los cientos, miles quizá, de mexicanos que purgan condenas en Estados Unidos. Culpables o no, las cárceles de Estados Unidos reflejan que, en ese país, el ser negro o latino multiplica las posibilidades de terminar encerrado. La justicia norteamericana también parte de prejuicios raciales y clasistas pero el gobierno mexicano rara vez levanta la voz o exige la revisión de un expediente. Entre más fuerte presiona Francia por Cassez, más débil se exhibe el Estado mexicano para defender a los nuestros fuera del país.

Con base en las pruebas de quienes montaron su captura, los jueces ratificaron que Cassez es secuestradora y debe pasar 60 años en la cárcel. Pero el gobierno mexicano no ha dado ninguna razón de peso para negar su traslado a Francia a que purgue su condena, tal como lo permite el Tratado de Estrasburgo que México firmó este mismo sexenio, en 2007. ¿No tiene un delincuente el derecho de compurgar su pena en un lugar en donde pueda gozar de mínimos derechos, como ser visitado por su familia? La cárcel priva de la libertad, pero no conculca el resto de los derechos fundamentales. Pero Cassez quedó atrapada entre un sistema de justicia que presume culpabilidad en lugar de inocencia, y por un nacionalismo de estampita, firme a la hora de defender ante el mundo a nuestro sistema de justicia, pero pálido para proteger a nuestros connacionales frente a Estados Unidos, imperio del siglo XX.



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