Lunes 8 de febrero de 2016 
SÍGUENOS:
BLOGS
[ Pag. 5 de 8 ] «« Primera | < | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | > | Última »»
ACTUALIZADO 2011-05-09 AT 12:46:32
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Vuelta al Zócalo
2011-05-09 12:46:32


La sociedad civil recuperó el Zócalo capitalino el domingo 8 de mayo. Era una plaza perdida, no porque la hubiera ganado el crimen organizado, sino porque estaba habitada por la desmoralización. Recordemos las imágenes de México que daban la vuelta al mundo en 2006: centenas de miles en Reforma y el Zócalo para protestar contra las elecciones que llevaron a Felipe Calderón a la presidencia. Y en el sur del país, decenas de miles —el gobierno estatal tuvo que reconocer que 100 mil personas marcharon tres veces en una ciudad de medio millón de habitantes— inundaban las calles de Oaxaca para exigir la salida de un Nerón en pequeño llamado Ulises Ruiz.

Pero después de 2006 se perdieron las calles: López Obrador convirtió una gran movilización en una gran derrota al imponer un plantón absurdo en la avenida principal de la ciudad, que ni siquiera sus seguidores secundaron (era un plantón de carpas, no de personas). Felipe Calderón cedió ante el chantaje del PRI y permitió que permanecieran en sus cargos Ulises Ruiz Ortiz y el Góber precioso. Salir a las calles pareció inútil: ¿para qué marchar si no se lograba nada, si allá arriba se arreglaba la clase política, o si esa energía la dilapidaba un dirigente en una decisión ultra e irracional? México se desmovilizó (salvo dignísimas excepciones como las decenas de miles que protestaron en Hermosillo por la tragedia de la guardería ABC) y las imágenes del país en el mundo cambiaron radicalmente: ya no más masas en las calles sino descabezados, encajuelados, ejecutados: las miles de víctimas del poder corruptor del narco y de la respuesta militarizada del gobierno.



ACTUALIZADO 2011-04-26 AT 20:07:15
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Sicilia, el desafío
2011-04-26 20:07:15


Felipe Calderón no había enfrentado un desafío como el que le plantea el poeta Javier Sicilia. Pero si el presidente de la República es sensible, podría aprovecharlo a su favor para salir del pantano en el que metió al país entero a través de la guerra contra el crimen organizado.

Juan Francisco Sicilia Ortega fue asesinado al lado de cuatro jóvenes y dos adultos en Temixco, Morelos, el 28 de marzo pasado. Con su muerte, la narrativa de la complicidad de las víctimas llega a un punto insostenible. Hasta ahora, ha prevalecido la versión oficiosa de que los muertos corresponden a alguno de los bandos criminales. Se habla oficialmente de 36 mil muertos. De ellos, se dice, un 10 por ciento son víctimas civiles. Si el 90 por ciento no son civiles, ¿qué son? Se ha usado el término civil como sinónimo de inocente o de daño colateral. De acuerdo con esa narrativa, ese 90 por ciento no son civiles y por tanto no son inocentes sino bajas de guerra. Su muerte no se investiga porque de antemano se les considera culpables.



ACTUALIZADO 2011-04-05 AT 12:10:41
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
El Edomex y la batalla por el 2012
2011-04-05 12:10:41


Entre diciembre de 2010 y enero de 2011 platiqué con políticos del Estado de México para escribir el perfil del obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda Silva, quien estaba involucrado en un presunto fraude procesal por un pagaré de 130 millones de dólares (reportaje publicado en el número 119 de Gatopardo). Los políticos del PRD y el PAN se veían contentos. Estaban seguros de que irían en alianza electoral para las elecciones de gobernador en julio del 2011. Cuando un dirigente estatal del PAN me dijo la frase "yo vería bien a Alejandro Encinas como candidato" pensé que hablaba en serio. Encinas pertenece al equipo político de Andrés Manuel López Obrador. Hacerlo candidato de una alianza era prácticamente darle la gubernatura del estado más poblado y rico del país al lopezobradorismo. Dos políticos del PRD me contaron una historia similar: El candidato que se había propuesto originalmente para la alianza era Manuel Camacho Solís. Pero era poco conocido en el Estado de México y su residencia iba a ser muy difícil de explicar. Encinas era una opción aceptable para todos. Era lopezobradorista, pero también negociador y socialdemócrata. En el año 2000, Vicente Fox le había ofrecido la Secretaría del Medio Ambiente, que no aceptó. En 2006, como Jefe de Gobierno interino, había negociado el retiro del plantón de Reforma y el Zócalo a cambio de que Fox no diera el Grito el 15 de septiembre en la capital de la República. Encinas estaba hasta arriba en las encuestas entre los candidatos opositores. López Obrador, pensaban, no pondría objeciones.



ACTUALIZADO 2011-03-29 AT 16:02:42
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Acuerdo desinformativo
2011-03-29 16:02:42


Eduardo Galeano me comentó hace unas semanas que a su casa en Montevideo llegaban un periódico y un semanario mexicanos: “Es tanta la sangre que traen, que le tengo que advertir a las visitas que pueden mancharse los zapatos”, me dijo. El Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia pareciera responder a una preocupación legítima: la violencia se ha convertido en el tema central de los medios de comunicación masiva desde el inicio del sexenio, cuando el presidente Felipe Calderón determinó en solitario –porque no lo consultó ni con el Congreso ni con la sociedad— emprender una guerra contra el crimen organizado.

     En el transcurso de esa cobertura, en efecto, se han cometido excesos. Al difundirse narcomantas se les regala un espacio a la delincuencia organizada. Se les legitima como emisores de un mensaje. El extremo de esta falta de control fueron las entrevistas con José Jorge Balderas Garza, El JJ. El narcotraficante confeso daba su versión a los conductores estelares de la televisión con sus ropas y su petulancia de junior exitoso.



ACTUALIZADO 2011-03-21 AT 17:28:22
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Anita
2011-03-21 17:28:22


¿Qué se hace con las páginas de Facebook de los muertos? Se reparten los inmuebles y los muebles; se remata los trajes y los zapatos en las ventas de garaje; se tira a la basura los anteojos, las dentaduras postizas, las recetas médicas. En unos días los objetos que acompañaron a una mujer se dispersan, desaparecen o se guardan en cajas. Sus perros y gatos huyen, mueren de tristeza o se resignan a la nostalgia. En la sección de "eventos", Facebook me recordó hace unos días, el 9 de marzo, del cumpleaños de Ana Ortiz Angulo. Casi nunca escribió en su muro. No anotó el 8 de septiembre de 2008: "hoy he muerto. Mañana me velarán a partir de las seis de la tarde".

Al hacer apuntes para este blog advierto que mi caligrafía se parece cada día más a la suya: intrincada, vertical, poblada de vueltas innecesarias, de guiños sin destinatario. Me doy cuenta ahora de que mis aficiones e intereses poco a poco convergen con los suyos: el romanticismo musical, la historia de las ideas, la génesis del capitalismo y su crítica radical, la poesía modernista. Regreso a los lugares que ella me enseñó: las zonas arqueológicas del sur de México, las catedrales barrocas, las capitales europeas a las que recurría, los puestos de quesadillas en pueblos remotos en donde cada año se celebraba su llegada porque tras de su grueso cuerpo bajaban del autobús cuarenta adolescentes hambrientos. No sé si sigo sus pasos porque ella ya trazó el camino o porque espero encontrarla en la iglesia de Santa María Tonantzintla, en la cumbre de la pirámide del Enano Adivino o acampando en una playa virgen de Oaxaca o Quintana Roo.

La menor de una familia de cuatro hermanos, Ana Ortiz Angulo siempre pidió que le dijeran Anita. Sus alumnos llamaban a su casa y pedían hablar con "la doctora", por mostrar respeto ante sus familiares, pero cuando ella tomaba el teléfono era Anita solamente o, en casos extremos, "la doctora Anita", como ocurría en los exámenes profesionales. A los siete años perdió casi todo el cabello, y los pocos que le quedaron eran delgados y blancos como antiguas telarañas, porque fue sometida a un tratamiento radioactivo para tratar una enfermedad temprana. La cabeza cana le dio a su belleza infantil –rostro afilado, pómulos salientes, ojos verdes, nariz pequeña y redondeada— un aura de niña sabia. Sus primeros recuerdos estaban asociados a su padre, un ingeniero de minas que era a la vez filósofo y místico: Vicente Ortiz Liebich fue de los primeros mexicanos que se interesó en la filosofía india y escribió tratados sobre ella. Vicente siguió a José Vasconcelos en su campaña presidencial, a tal punto que el autor de Ulises criollo fue padrino de Anita. Conversador, nietzcheano, a la vez ateo y aficionado a la ouija, Vicente Ortiz cargaba con su hija menor y la llevaba a las minas de Durango, en donde ella pasaba días sin bañarse entre los campesinos y mineros. La muerte prematura de Vicente Ortiz, cuando Anita tenía apenas 12 años, la marcaría para siempre. "Sus alegrías nacen perturbadas porque ya no está su padre para atestiguarlas", escribió José Luis Perdomo Orellana sobre García Márquez y la misma frase puede aplicarse a Anita, que dedicaría los últimos años de su vida a escudriñar los archivos de su padre.



[ Pag. 5 de 8 ] «« Primera | < | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | > | Última »»
 
 
LO MÁS LEÍDO
La zona de riesgo de una periodista.

El 9 de julio de 2011, Facundo Cabral murió a...
Una excursión por los secretos de la bibliote...
El encuentro improbable entre un Zeta y el pe...
COMUNIDAD
Copyright © 2010  -  www.gatopardo.com