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ACTUALIZADO 2012-01-17 AT 18:57:03
La llama y el vagabundo
Alonso Ruvalcaba
ESCRITOR
Restaurante vs la estupidez
2012-01-17 18:57:03




Vivimos de pequeñas repeticiones; de administrar el tedio; de decirnos una y otra vez que no estamos aburriéndonos (dicen quienes gustan de darle vuelta a la noria del lugar común que "sólo los tontos se aburren”; cualquier persona más o menos inteligente sabe que eso no es verdad: el aburrimiento nos acecha a todos en todas las esquinas), que la vida circular nos parece soportable. El mismo tuit –"señoras que", "todo es risas y diversión"–, la misma idiotez en youtube –las ladies de Polanco, el gentleman de las Lomas–, la misma puta ocurrencia un millón de veces. Vivimos en la ignorancia. Pasan las horas, los meses y los años; pasan las cenas y las botellas y los corchos: nosotros vemos como a través de un vidrio oscuro. Sabemos sólo en parte. Pero de pronto, si la concatenación de eventos es feliz, el velo se descorre y vemos cara a cara. Si tenemos mucha suerte –no es imposible: yo la tuve– el velo se descorre y estamos en Takashi.



ACTUALIZADO 2012-01-17 AT 14:22:36
Levantar una piedra
Diego Enrique Osorno
REPORTERO
Maruchan rarámuri
2012-01-17 14:22:36




Sierra Tarahumara, Chihuahua.- Delante del mostrador de la tienda La Polvorilla, Armando comprueba el peso de las compras que acaba de hacer con dinero ganado destapando y puliendo baños en uno de los nuevos hoteles del Divisadero.

Luego de varios años de crecer probando solamente yerbas del campo o maíz hecho tortilla o pinole, será uno de los rarámuris de la región que tendrá platillos de res en la mesa de su casa. Lengua, cabeza e hígado, los despojos de la vaca, su alimento. Quizá después, con el sueldo de 350 pesos semanales, hasta le alcance para una costilla o algo de la mejor carne del animal.

Afuera de la tienda de abarrotes, sentadas alrededor de la mejor construcción del poblado, una decena de rarámuris, vestidas con sus ropas de arcoiris, comen y comparten con sus bebés de unas bolsas de plástico color ázul chillante y retacadas con enormes dedos de harina con queso que saben a aire y que se llaman Puffs. También se llevan a la boca Chetos, Sabritones y galletas Emperador de vainilla. La sed del mediodía caluroso la sacian Coca-Colas.

Es sábado en esta comunidad rarámuri a 10 kilómetros de distancia del complejo turístico de la sierra Tarahumara, donde hay una estación del tren, un mercado, un hotel que cobra mil 800 pesos la noche y un mirador hacia las Barrancas del Cobre, declaradas por TV Azteca como una de las 13 maravillas de México. El estruendo del silbato del ferrocarril que pasa por en medio del pequeño poblado es la señal inequívoca de que el "progreso" también pasa por estas tierras.

Pero el progreso de estas tierras no lo evidencia nada más el trayecto ruidoso del tren donde viajan turistas que de forma ágil hacen fotografías, lo mismo de acantilados hermosos como del poblado y los nativos, desde las ventanas de los confortables vagones del convoy en el que van. Los paisajes naturales de la sierra Tarahumara son hoy en día un nuevo artículo de consumo.

Hace unos meses apareció en la moderna zona turística de El Divisadero la estatua de dos perros chihuahueños vestidos como indígenas rarámuris. La idea de la escultura fue copiada por el gobierno estatal de un proyecto artístico de Suiza, en el cual, las vacas –símbolo de aquél país- eran vestidas con distintos oficios como el de carpintero, albañil y demás, para homenajear a "la ciudadanía suiza".A los gobernadores indígenas no les agradó este proyecto. "¿Y por qué mejor no ponen también a perros chihuahueños en una curul, o a uno con corbata en la oficina del Gobernador?", se preguntó uno de los gobernadores rarámuris, todavía abrumado por el veloz y torpe desarrollo turístico de la zona en los últimos años.

Mientras Armando termina de pagar sus compras, otra indígena rarámuri vierte salsa Valentina y un poco de limón en el bote de hielo seco donde se preparan las sopas Maruchan, uno de los productos más vendidos en la tienda, según cuenta el dueño, un mestizo muy amable.

La sopa que esta rarámuri lleva en la mano es de camarón con chile. En la lista de ingredientes de otra de las sopas que están amontonadas en uno de los estantes de la tienda se puede leer que este potaje instantáneo está hecho de aditivos químicos, colorantes, saborizantes, mucha sal y glutamato monosódico, una cosa cancerígena según varios estudios científicos.

- No había visto una tienda tan surtida en las comunidades rarámuris de por aquí- le comento al propietario.

- Es que aquí circula un poco más dinero porque estamos cerca de la zona turística. La gente tiene dinero...

- ¿Y en qué lo gastan principalmente?

- Pues la Maruchan se vende mucho.

- ¿Y la Coca-Cola?

- Se vende más esa -dice mientras señala un envase gigante lleno de refresco de la marca Mega Big Cola-. Es más barata.

- ¿Y de las papitas?

- Las que se venden muchísimo son las Mix. Se me acaban antes de que llegue otra vez el repartidor de Barcel.

En lo que conversamos, Armando, el indígena que medía con cuidado el peso del trozo de hígado y de la lengua de res recién comprada, ha salido de la tienda cargando tres bolsas de mandado, ayudado por su adolescente hijo. Sobre el mostrador quedó una lista de lo que ha adquirido. La lista de compra de este rarámuri beneficiado por el progreso turístico es:

Una bolsa de papas
Chips Natural
Dos bolsas de Chips (chipotle) grandes
Una bolsa de galletas de animalitos
Una botella de Sprite de 1 litro
Tres Jabones Flor
Dos kilogramos de frijol
Una lata de chiles La Costeña
Carne (hígado, lengua y cabeza)
Ocho kilos de masa de maíz Maseca.


Todos los productos suman un total de 536 pesos.

- ¿Es eso lo que él le compra cada semana?- pregunto al dueño de la tienda.

- No. Esa es su compra para todo el mes.

Maruchan, Coca-Colas y Maseca. El progreso de la Tarahumara visto desde la tienda La Polvorilla.



ACTUALIZADO 2012-01-10 AT 14:29:31
Hoja de ruta
Nuestra Aparente Rendicion
LOS EDITORES DE NAR
Diciembre 2011
2012-01-10 14:29:31


Por Alejandro Vélez Salas

"Al día siguiente no murió nadie", empieza su novela Las intermitencias de la muerte el portugués José Saramago. En México leer la misma frase sobre las muertes relacionadas con la lucha al narcotráfico sería la noticia del año -de muchos años. Sería lindo imaginarse la sorpresa de los contadores de Menos Días Aquí frente a la plantilla vacía del blog y con la cuenta de Twitter cerrada, sin ninguna víctima que nombrar. Desgraciadamente esta frase sigue perteneciendo al terreno de la ficción y las víctimas, los abusos y los errores se siguieron acumulando durante diciembre.

Platicaba con Guiomar Rovira, profesora de la UAM Xochimilco, y estuvimos de acuerdo que en un mes pasan tantas cosas horribles en México que no queda tiempo para hacer un trabajo de duelo colectivo. Las noticias se van acumulando y con ellas los ejecutados, los heridos, los desaparecidos, los desplazados, por esta razón en Nuestra Aparente Rendición hemos decidido publicar un editorial mensual que recopile e intente salvar del olvido social lo acaecido durante el mes anterior. Sirva el fin de año para esta primera entrega dedicada al "mes navideño", cuyo color bermellón no le viene del característico atuendo de Papa Noel, sino de la sangre derramada de cientos de mexicanos.

Todavía corrían los ríos de indignación por el asesinato de Don Nepo cuando, a las afueras de su casa y en presencia de sus nietos, unos sicarios atacaron a Norma Andrade, miembra fundadora de la organización civil Nuestras Hijas de Regreso a Casa. Por suerte -o por la impericia del atacante- Norma sobrevivió al ataque y fue internada para que se recuperase de las cinco heridas de bala que sufrió. Poco después fue dada de alta del sanatorio, pero no por razones médicas, sino por razones de seguridad: los médicos y las enfermeras del hospital donde fue atendida fueron amenazados sin que las autoridades de Chihuahua se hicieran cargo -como era su obligación- de la seguridad y la protección de la defensora de derechos humanos.

Mientras familiares, amistades, ciudadanos y ciudadanas de México y del resto del mundo restábamos atentos a la situación de Norma, preocupados por el destino de Norma, sus familiares y amigos, nos llegó la noticia de que en una redada cerca de Ostula fue raptado y asesinado don Trinidad de la Cruz Crisóstomo, mejor conocido como don Trino o el Trompas. De nada le sirvió la escolta de policías federales que le abandonó a su suerte los últimos kilómetros, ni la protección simbólica de los miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), el reportaje de un periodista anónimo publicado en este portal narra sus últimos momentos y la tragedia de los comuneros de Xayakalan, que acumulan 28 muertos en defensa de su tierra desde que en 2009 decidieron recuperarla y defenderla con sus propias vidas.

Ante estos asesinatos el gobierno de Felipe Calderón no pudo más que entonar un mea culpa y admitir la realidad incontestable de la absoluta incapacidad de las administraciones -local, estatal y federal- para proteger a los activistas. Un poco de humildad nunca viene -y menos en épocas navideñas- y festejamos el perdón inédito que se le ofreció desde la Secretaría de Gobernación a las indígenas Me'phaa, Valentina Rosendo e Inés Fernández, que hace diez años fueron violadas por elementos del ejército mexicano. Si no lo han hecho les invitamos a leer el gran artículo de Daniela Rea: "Cuando las dos Valentinas se encuentren".



ACTUALIZADO 2012-01-09 AT 17:41:56
La llama y el vagabundo
Alonso Ruvalcaba
ESCRITOR
7 canciones para olvidar 2011
2012-01-09 17:41:56




Nota: Para descargar, clic en los títulos.

1. Brian Eno: Pour it out

Difícilmente apareció en 2011 una canción más hermosa que esta de Brian Eno: un paisaje que parece proyectado sobre una pared de agua que fosforesce si la tocas. Sus notas sintéticas, su guitarra líquida y la voz de Laura Spagnuolo son los colores de ese paisaje: púrpura que se disuelve en azul, rosas que se fractalizan en amarillos, explosiones verdes como galaxias en gestación. El texto, del poeta Rick Holland, parece fracturado (verbos entrometidos, predicados sin sujeto): en realidad puede ser una reproducción impresionista de un estado mental. Órdenes que debemos obedecer –"Drop needles like pines into clear pools / wear / molecules are arranged just loose enough to let dreams through..."– antes que la vigilia nos destruya.



2. Magic Touch: I can feel the heat

Imagina un unicornio que salta desde el frente de una camiseta ochentera hacia un lago vivísimo de arcoíris donde el agua contiene lo mejor de la música disco y al salir del lago se va a un jardín de delicias y para secarse se sacude majestuosamente: las gotas que emite, fotografiadas en cámara hiperlenta, caen sobre un vinilo y se quedan grabadas en él para que uno las escuche y las baile. Así, más o menos, es esta canción.



ACTUALIZADO 2012-01-09 AT 14:26:21
El blog de la redacción
Redacción Gatopardo
PERIODISTAS
Un autobús a Xalapa
2012-01-09 14:26:21


Por Jefté Martínez y Mercado*

En el autobús iban los tres. Cuando se levantaron de sus asientos ya llevaban las pistolas en las manos. "¡Agáchense todos!", gritaron. Se abalanzaron contra los pasajeros y les arrancaron joyas, relojes, carteras, celulares. "¡Todos agachados!, ¡el que levante la cabeza se la volamos!". Uno de ellos llevó al asiento de hasta atrás a una mujer y la empezó a violar.

Septiembre de 2010. Autobús de primera clase. Corrida de las 11:00 horas. Carretera estatal Misantla-Xalapa. Lorenzo no vio nada. Iba dormido cuando el cañón de una pistola le levantó la barbilla. Tardó segundos en reaccionar y entregar su dinero. Lo llevaron a un asiento de atrás donde lo embrocaron sobre sus rodillas, las manos en la cabeza.

Desde esa posición, en la que sólo veía sus pies y la parte inferior del asiento, escuchó las órdenes, insultos, súplicas y sollozos. Todos los sonidos de la escena, del asalto. Y el ronco motor del autobús que nunca dejó de rodar. Lo que Lorenzo cuenta es parte de los ecos grabados en su memoria, el resto, lo que se contaron después las víctimas, incluido el conductor.

"¡El reloj también!¡Todo, rápido!". Las voces de los delincuentes se escuchaban nerviosas. Iban de pasajero en pasajero. Apuntaban, reprendían, sometían. Alguien dijo que a su esposa no, por favor. Le respondieron con un golpe y la amenaza de que si se movía de lugar lo matarían.

Los pasos de dos personas que caminaban por el pasillo hasta el asiento trasero. La voz autoritaria del hombre: "¡Quítate todo!". La aterrada voz de la mujer: "¡No, por favor!" Forcejeos, roces, lloriqueos, obscenidades. Minutos después, otros pasos, otro asaltante, otra violación. Luego otra más.

El autobús avanzaba despacio. Muy despacio. Esa había sido la orden. El ronroneo desmayado de la máquina ahogaba las oraciones susurradas entre las piernas. Para el cuerpo doblado y con las manos en la cabeza, la tensión empezaba a ser insoportable. Se descansaba un poco con el balanceo, de lado a lado, en cada curva.



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