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Retrato de una diva
Aunque es un escritor joven que llegó un poco tarde a la industria editorial, Fernández del Paso dice que siempre tuvo la inquietud por escribir. Lo hacía a escondidas, cosas improvisadas que terminaban en el cajón. Abogado de profesión, terminó estudiando cine, teatro y escenografía —estuvo nominado al Oscar en 2002 por la dirección de arte de la cinta Frida—, debutó como novelista con La culpa es del espejo en 2011 y hace un par de meses volvió al anaquel de novedades con una historia que para él implicó toda clase de retos como escritor. Que Dios se equivoque se centra en el mundo del espectáculo, el cual empezó a explorar desde que fue director de casting en la cinta Como agua para chocolate, de 1992.
“Que Dios se equivoque es la historia de una grandísima actriz de cine y teatro, Maura Montes, una diva como las de antaño, y su asistente personal, Brayan. Es una novela que quiere hablar de la edad, del paso de los años, del éxito, del ego y la vanidad. Es una historia sobre la amistad y todas estas obsesiones y pasiones humanas que uno encuentra entre estos dos personajes antagónicos que se pelean por robarse toda la atención de la novela. Uno a la luz de la fama y el éxito, el otro a la sombra”, dice el autor.
Como si nos invitara a observar a través de la mirilla de la puerta de un camerino, esta novela retrata la desmesura y el desenfreno de una estrella que va de una insostenible cima al exilio de los escenarios. Lejos quedan las ovaciones, los letreros de Hollywood y las marquesinas de Broadway, el duelo con la cámara, las alfombras rojas y los grandes titulares. Fernández del Paso sitúa esta historia a finales de los años sesenta, cuando las grandes divas del cine mexicano ya eran cosa del pasado.
“Es interesante el fenómeno de las divas de antes. Leí muchos perfiles que escribió Truman Capote sobre estrellas de Hollywood, me impregné de muchas lecturas. Pero no quería que Maura Montes tuviera una historia de asesinato como Marilyn Monroe, ni un suicidio como Lupe Vélez o Miroslava; no quería que tuviera una historia como Greta Garbo o Dolores del Río. La ficción es la mejor amiga de la narración”, dice el autor.
Esta novela trata de responder a la incógnita de qué era lo que convertía a las actrices convertirse en verdaderas divas, por qué perdieron el piso y por qué la soledad imperaba detrás de los escenarios.
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