Apenas tenía cuatro años y ya tomaba clases de violín. Siguió por ese camino y terminó una maestría en dicho instrumento, mientras colaboraba en bandas de jazz. En 1997, a los 24 años, cuando formó Andrew Bird's Bowl of Fire.
Thrills, el primer álbum, era una explosión de folk, swing y otros ritmos estadounidenses de los años treinta y cuarenta, protagonizados por un violín a todo galope mientras Bird cantaba con la voz rasposa de un típico blues, luego con un tono como de cabaret... y siempre silbaba.
Con el grupo grabó un par de discos más, pero pegaron tan poco que ellos terminaban poniendo dinero para poderse subir a un escenario. Cual partido de futbol llanero, un día no se completó la banda, así que Bird –quien ya dominaba varios instrumentos– tocó solo. Era 2002 y desde entonces decidió seguir por su cuenta. Le fue bien: ha grabado seis álbumes de estudio en los que escribe, compone, hace los arreglos, toca la mayoría de los instrumentos... y chifla.
Tal vez lo más sorprendente de ver a Andrew Bird en vivo sea la manera en que construye sus canciones: con un aparato graba porciones de los temas en
loops hasta que tiene varias capas. Primero un
pizzicato en el violín al que le suma unos acordes de guitarra, luego notas de Glockenspiel (un especie de carrillón o metalófono), un silbido, hasta que la pieza está lista.
Hace unos meses anunció que haría una gira por Latinoamérica, pero que sólo iría a las primeras siete ciudades donde sus fans reservaran 250 boletos por medio de la página Songkick Detour (un
startup que sirve para recaudar fondos para giras, saber si habrá quórum y saltarse intermediarios, ¡toma eso Ticketmaster!). La ciudad de México y Guadalajara estuvieron entre las elegidas. Belmopán no.
Andrew Bird
Auditorio Blackberry, ciudad de México, 1 de marzo
Laboratorio de Arte Variedades, Guadalajara, 2 de marzo
Boletos en
detour.songkick.com