Jueves 30 de octubre de 2014 
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Un hotel de paso
sta es la historia de un hotel en Mexicali, creado por un mexicano de origen japons educado con principios mormones. Da refugio a los mexicanos recin deportados de Estados Unidos algunos de ellos llegan despus de 20 30 aos de vivir all sin papeles. Nuestros reporteros pasaron aqu una noche.
Por Federico Mastrogiovanni / Fotos de Fabio Cuttica
Todos los días llegan mexicanos deportados que son víctimas de todo tipo de abuso.
Unas sombras proyectadas desde atrs por las luces poderosas de la aduana de Estados Unidos se acercan compactas y lentas en medio de la neblina. Son las dos de la maana. La lnea entre la ciudad de Mexicali y Calexico es un hoyo de oscuridad, de humedad y de fro. El grupo camina sin prisa. Son cerca de veinte personas, todos hombres, vestidos con pantaln y playera, aunque haga fro.

Se acercan a la oficina del Instituto Nacional de Migracin. All, todas las luces estn prendidas, como para evidenciar que nunca cierran, que los funcionarios siempre estn en servicio. Pero el empleado en turno est profundamente dormido, roncando, hundido en una silla, y no tiene la menor intencin de atender a este grupo de personas que acaba de entrar al territorio mexicano. No se levanta ni siquiera despus de varios intentos de despertarlo desde afuera. Norteados y cansados, temblando por el fro, los hombres se alejan de la frontera para buscar un lugar donde pasar la noche.

Todos ellos son ciudadanos mexicanos. Han llegado, como muchos otros lo hacen diariamente, procedentes de algn reclusorio de Estados Unidos. Haban sido detenidos por ser indocumentados. Algunos habrn cometido crmenes diferentes, pero al final tienen la misma suerte de los dems por estar all sin papeles. En general, estos deportados llegan con la ropa y las pocas pertenencias que tenan al momento del arresto. Es comn que no estn preparados para el fro del invierno de Mexicali.

La ropa es lo de menos. Hoy es viernes en la noche, y el grupo no ha tenido la suerte de que la oficina de migracin mexicana est abierta y les entregue un documento provisional. Tendrn que esperar hasta el lunes. Las instituciones mexicanas no destacan por su apoyo a estas personas. Consideran su llegada ms bien como un problema. Y si se observa la forma en que los funcionarios tratan a sus paisanos recin llegados, da la impresin de que se hubieran formado en las mismas escuelas de sus colegas en Estados Unidos.

Otra sombra sale de la oscuridad y alcanza al grupo: les da unas palabras de bienvenida y les proporciona informacin. A pocas cuadras de aqu se encuentra el Hotel Migrante dice. Es un refugio seguro donde pueden quedarse. No es muy bonito, la verdad, pero hay agua caliente, hay comida y unas cobijas para dormir. No est muy lejos. Si quieren pueden pasar, es muy peligroso quedarse aqu en la noche.

La sombra es Hugo Castro, un voluntario de la asociacin ngeles de la Frontera, que trabaja en la zona fronteriza de Baja California y tiene base en la ciudad de Mexicali. Hugo es un hombre alto, robusto, que transmite confianza. Naci y creci del otro lado, y siendo estadounidense decidi dar su apoyo a los miles de deportados que cada ao son descargados en la frontera con Calexico.

Pero dnde es aqu? O sea, dnde estamos exactamente?, pregunta uno de los deportados, con cierta angustia en la voz.
Estamos en Mexicali le contesta Hugo, llegaron a Baja California. Bienvenidos a Mxico.


El Hotel Migrante no siempre se ha llamado as. Durante ms de veinticinco aos se conoci como el Hotel Centenario. Todava se puede leer un letrero que dice: Cafetera y hotel (de paso) abierto las 24 horas. Es un edificio que aparece imponente de da y amenazante de noche. Desde la calle, uno no se da cuenta de lo que es. Parece slo una gran construccin rojiza en el centro de la ciudad, en la zona de bares y clubes nocturnos.

El Hotel Migrante est ubicado arriba del 13 Negro, un bar conocido por sus shows de teiboleras. Cuando llegan los deportados son muchas las caras que se voltean a verlos entre los clientes que fuman un cigarro afuera del bar. En la pequea puerta del albergue siempre hay alguien que vigila, que da informacin a quienes llegan y se cerciora de que no se cree confusin entre las personas hospedadas en el hotel y los clientes de los bares.

Esta noche, en la puerta est Ivn, un muchacho de veinticinco aos con el cuerpo cubierto de tatuajes y pinta de pandillero. Cuando llegan los deportados, Ivn les hace algunas preguntas de rutina, les ofrece indicaciones sobre el hotel y sus reglas. Antes de dejarlos pasar, sorprendentemente, se abre en una sonrisa amistosa y les da la bienvenida.

La escalera es angosta y oscura. Al final hay otra puerta con otro vigilante. Luego se abre un largo corredor sin focos elctricos, iluminado por la luz de la calle que numerosas y amplias ventanas dejan entrar.

Hace fro en el pasillo, y frente a las ventanas, cada pocos metros, se abre una habitacin que no tiene puerta. En cada habitacin tratan de descansar entre tres y siete personas acostadas en el suelo, enredadas en unas cobijas gruesas; platican en voz baja y cuentan historias. Es una oscuridad segura y acogedora, aunque no exactamente cmoda, pero sirve para sacar las pesadillas de los meses consumidos en las crceles del gabacho.

Me deportaron porque me agarraron en una pelea en la calle frente a un bar en Phoenix, Arizona, dice una voz desde la esquina, en la parte ms oscura del cuarto, donde no llegan ni los rayos de la luna ni los faroles de la calle. No es mi culpa si a los mexicanos nos tratan como bestias, pues claro que uno se calienta, no podemos aguantar siempre. Le part la madre a un gey con una botella. Lleg una patrulla y me agarraron los policas. Pas mi tiempecito en la crcel y luego una patada en el culo y directito para ac. Ni saba dnde estbamos cuando pas la pinche frontera. Llevaba casi cinco aos en Estados Unidos. Ahora tengo record y va a ser un lo regresar.

En otro lado del cuarto, un cerillo enciende un cigarro que acompaa otra voz.
A m me agarraron por manejar sin documentos. Pas tres meses en la crcel y hoy me deportaron aqu. Soy de Guerrero, pero llevaba casi veinte aos en Denver, Colorado. La verdad no s qu voy a hacer en Guerrero. Mi familia en Mxico ya no me conoce. Todo lo que tengo se qued en Estados Unidos.


La otra sombra que est acostada en este cuarto es un chavo de poco ms de dieciocho aos, que no tiene mucho que contar. Ni siquiera logr entrar a Estados Unidos. La migra lo agarr en el ro Colorado, tratando de cruzar en las afueras de Mexicali. De hecho, entr a Estados Unidos para ir directo a la crcel unos tres meses. Despus de su castigo fue deportado. Maana se va a lanzar hacia Altar, Sonora, para cruzar el desierto, porque seguro a Oaxaca no va a regresar.

Hay grupos que prefieren quedarse en el pasillo o en la pequea biblioteca donde los que llegaron antes han dejado novelas y libros de poesa para los dems. Ah est un hombre de alrededor de cincuenta aos, no muy alto, cara dura, pelo corto estilo militar, que lee atentamente una revista. Se mueve con un par de jvenes siempre amenazantes y silenciosos. Es difcil verlo solo y no come en el hotel, prefiere comprar algo afuera.

Lo agarraron en Estados Unidos y pas cinco aos en la crcel por trfico de drogas. Era un agente especial de la Polica Federal mexicana. No tiene ganas de platicar, slo quiere decir que son muchos los colegas federales que llegan a hacer este tipo de negocio entre Mxico y Estados Unidos. No trata de buscar justificaciones, su actitud es la de una persona pragmtica: Ahora estoy aqu como uno cualquiera, pero dentro de nuestra corporacin hay muchos que hicieron y hacen lo que hice yo. Noms yo tuve la mala suerte de necesitar siempre ms y ms dinero, fui atrevido y me agarraron. Pero muchos ms siguen haciendo sus negocios, porque la frontera es un negocio, todo lo que es prohibido es un negocio, el trfico de personas, de armas, y si tienes la suerte de estar dentro de una institucin que te permite aprovecharlo, pues te ganaste la lotera. Yo no me arrepiento de lo que hice, noms si tuviera ocasin de regresar al pasado, tal vez intentara hacerlo mejor, con mayor atencin.

Los deportados que llegan son identificados en una pequea oficina donde siempre hay alguien, da y noche. Normalmente el que se encarga del registro es Miguel, un deportado que quiso quedarse a trabajar aqu. l tiene la tarea de explicar a los recin llegados las reglas del hotel: los que llegan se pueden quedar tres das, mientras descansan y tratan de recuperar fuerzas y de encontrar la manera de irse a su ciudad de origen. Los que quieran quedarse ms tiempo entran en el programa ngeles sin Fronteras y empiezan a trabajar en el hotel, haciendo la limpieza, ayudando a los dems, dando de comer a los nuevos y saliendo a la calle a botear. Tambin se les pide que participen en las marchas y manifestaciones organizadas por el movimiento para sensibilizar a la gente sobre el problema de las deportaciones.

Al llegar, Miguel registra la proveniencia de los migrantes, les permite hacer una llamada a casa, les entrega una cobija y los manda a comer algo en un comedor que hace las veces de cocina.

El cocinero es Gerardo. Le dicen el Gordo por sus kilos de ms. Hace ms de un ao que lo deportaron desde Los ngeles. Despus de treinta aos en Estados Unidos, tuvo que dejar a su familia y a sus hijos. En Mxico, despus de tanto tiempo en el otro lado, ya no tena ningn conocido ni saba exactamente cmo llegar a su pueblo de origen, en el estado de Jalisco. Entonces decidi quedarse en Mexicali y ponerse a disposicin del albergue.
He cometido muchos errores. Hi-ce muchas pendejadas dice Gerardo mientras calienta una olla de frijoles y unas tortillas para que coman los recin llegados. Estuve en la crcel all y pagu por lo que hice. Fui un psimo marido y un psimo ciudadano, pero pagu todo, y cuando llegu aqu, despus de tantos aos, sin nada, en una ciudad que ni conoca, encontr a estas personas, a Sergio Tamai, que me ayud a recuperar fuerza, voluntad, confianza, y me dio un lugar donde quedarme. Decid que a lo mejor poda serle til a alguien ms, por una vez. Y me qued de cocinero.


Sergio Tamai Quintero es el alma del Hotel Migrante. Su familia es una de las ms antiguas de origen japons de Mexicali. Tiene una sonrisa irnica en la cara, una mirada que no deja nada fuera de su control y una energa aparentemente inagotable. Tamai empez esta aventura despus de haber pasado la vida comprometido como luchador social.

Nos metimos en esta locura porque sentimos la necesidad de hacer algo con respecto a un problema que ya se haba transformado en una cosa seria en nuestra ciudad dice Tamai paseando en la penumbra de los pasillos del hotel. El punto es que no podamos tolerar ms el trato que se le daba a las personas deportadas en Mexicali. Todos los das llegan mexicanos deportados que padecen asaltos, extorsiones; llegan sin nada y son vctimas de todo tipo de abuso. La gente se quejaba porque se quedaban en la ciudad tratando de entender cmo irse y de recolectar un poco de dinero, dando la impresin de una decadencia en el centro. Los albergues religiosos tienen algunas reglas bizarras, como que no aceptan deportados que llegan en la noche o los fines de semana. Entonces, esta gente deba quedarse en la calle. Nosotros, los ngeles sin Fronteras, nos formamos como movimiento ciudadano para dar una respuesta comunitaria a estas injusticias que deberan resolver las instituciones. Con nuestros medios rentamos este viejo hotel, el Centenario, que estaba abandonado, y junto a los primeros deportados empezamos a limpiarlo y a arreglarlo un poco para que fuera utilizable. Todava nos faltan muchas cosas, pero hay que considerar que hacemos todo con nuestras fuerzas.

ste es un rasgo que siempre ha caracterizado a Sergio Tamai, desde su juventud entre las enseanzas de judo de su pap y la educacin religiosa de su mam guiada por los principios de los mormones.

Mi suerte es que nac de buenos padres. Tuve un ejemplo muy importante en mi familia, que ha forjado mi carcter y mi sentido moral. Desde pequeos, mi padre, hijo de un japons llegado a Mexicali en 1900 y deportado en un campo de concentracin en la ciudad de Mxico durante la Segunda Guerra Mundial, nos ense a lidiar con los problemas, a defendernos de las discriminaciones y del racismo que haba hacia chinos y japoneses por medio de las artes marciales, el judo y el boxeo, y a defender a los ms dbiles. Siempre hemos sido una familia muy unida y muy conectada con nuestra comunidad, empezando por el barrio muy pobre donde crecimos, el de Bellavista.

Los rasgos orientales de Sergio hace que lo confundan fcilmente como miembro de la comunidad china de Mexicali, muy amplia y discriminada durante mucho tiempo. Pero Tamai no le da mucho peso al racismo. Creo que es una condicin humana, producto del miedo y de la ignorancia, y claro que te afecta, pero se puede superar. A nosotros desde nios nos decan chinos come caca y en mi familia la reaccin era siempre de indignacin y de orgullo, y despus se transform en espritu de solidaridad con los otros discriminados.

Despus de haber sido misionero mormn, de haber trabajado en la Secretara de Salud observando con sus ojos de joven misionero la corrupcin de los aparatos del Estado, despus de haber sido parte con orgullo patritico del Pentathln Deportivo Militarizado Universitario fundado por el poltico mexiquense Jorge Jimnez Cant en los aos treinta, expresa su vocacin de hacer negocios: Siempre guiado por uno de los principios del Libro de Mormn, de producir riqueza para ayudar el prjimo. Los negocios y el xito personal no contrastan con el compromiso con tu comunidad. Al contrario, es una oportunidad de crecer juntos, como el principio del Jita Kyoei del judo: el bienestar para todos con la ayuda mutua. Todos tenemos un potencial enorme, y la discriminacin desperdicia este potencial que, al contrario, puede enriquecer a los dems y solucionar los conflictos.

Es gracias a su formacin en la iglesia mormona, que Sergio empieza a entrar en contacto con los principios morales que todava reconoce como su gua. No pretendo que la gente crea en lo mismo que yo. De hecho lo que siempre hice, los movimientos sociales en los que siempre he participado, desde la lucha contra la privatizacin de La Rumorosa, la lucha en contra de las tarifas elctricas, hasta el actual desafo cotidiano del Hotel Migrante, son contextos en los que todos encuentran su espacio y su motivacin, la que sea, el marxismo, la socialdemocracia, el catolicismo. La ma es la palabra de Dios y el Libro de Mormn, pero lo que importa realmente es que se tenga un sentido de justicia, de lo que es positivo y negativo, de lo que es bueno y es malo. En nuestro movimiento hay de todo: ateos, cristianos, catlicos y quin sabe cuntas otras confesiones, pero estamos concentrados en el servicio que tenemos que dar a nuestra comunidad.

Sergio dice que muchos lo consideran un loco que va a molestar y a hacer bloqueos por todas partes, o un rico que no sabe cmo gastar su dinero. Vivo de mi pequea imprenta, la actividad empresarial que me da de comer dice. Y no estoy loco, ms bien entiendo y creo firmemente en la importancia de organizarse como ciudadanos y de enfrentarse a las autoridades como pueblo organizado, como masa crtica, como fuerza de alto impacto que, como en el caso de los deportados, puede obligar a polticos mexicanos y a instituciones estadounidenses a escuchar tus demandas noms porque no dejas de protestar.

Sergio es un ro de ideas y palabras. A sus cincuenta y nueve aos toma fuerza de la energa que lo rodea. Desde enero de 2010, cuando empez la aventura del Hotel Migrante, han pasado por aqu ms de cuarenta mil deportados, y Sergio piensa que van a llegar a cien mil antes de que termine 2012, debido al aumento de las deportaciones desde Estados Unidos.

La noche es fra y los huspedes siguen registrndose, en espera de su cena. Han llegado grupos de diferentes lugares de Estados Unidos. Todos han sido guiados por Hugo hasta el hotel. Sergio Tamai no para de hablar: No logro entender lo que quiere el gobierno mexicano dice, pero con respecto a los mexicanos deportados no se hace casi nada, y es justamente lo que nosotros como organizacin estamos pidiendo a las instituciones mexicanas, en particular al gobierno federal: queremos que el gobierno apoye a los deportados como una suerte de reciprocidad porque cada ao Mxico es bendecido con los ms de veinte mil millones de dlares de los mexicanos que viven en los Estados Unidos, que en muchsimos casos son los mismos indocumentados que de repente son atrapados por la polica y deportados. Entonces sera justo que el gobierno los tratara bien y los cuidara en el momento en que ms lo necesitan, o sea, cuando los deportan, y no slo que los considerara importantes cuando mandan su dinero.

El boteo es una de las principales actividades que desempean todos los das los migrantes que deciden quedarse en Mexicali. Desde las primeras horas de la maana, la zona del pasaje fronterizo se llena de migrantes con su playera verde de los ngeles sin Fronteras que piden dinero en botecitos de metal a los automovilistas que cruzan hacia Estados Unidos. La mitad de lo que logran levantar es para ellos, la otra mitad es para los gastos del hotel. La gente que pasa en la calle est acostumbrada al boteo y sorpresivamente deja bastante dinero porque las actividades pblicas de ngeles sin Fronteras la han sensibilizado.

Yo tambin empec boteando, y de repente en el da agarro una playera verde y salgo a la calle, y sigo hacindolo, dice Miguel, que toma un caf en su pequea oficina, entre un grupo de deportados y otro. Son las tres y media de la noche y el tiempo parece haberse detenido. Cuando llegu, hace casi un ao, ms que otra cosa me senta traicionado, y quera recolectar rpidamente el dinero necesario para regresarme de volada al otro lado. Me agarraron por un control que hicieron en la casa de mis vecinos, que todo el tiempo se peleaban. Yo no tena nada que ver, pero me vieron con cara de latino y por seguridad quisieron mis papeles. No los tena. Despus de dieciocho aos en Estados Unidos, con una esposa, dos hijas hermosas, un buen trabajo, no haba regularizado mi situacin migratoria. Nunca.

El humo del caf se agota y la bebida empieza a enfriarse. Miguel casi no se da cuenta y sigue su historia. Tienes que entender que aqu no llegan slo los pobres. En realidad la mayora de los que caen en el Hotel Migrante en Mxico se consideraran de clase media alta. Las deportaciones son transversales y tienen que ver ms con la raza. Claro, si eres muy rico no tienes color. Yo, por ejemplo, venda coches en California y luego en Nevada. Me iba muy bien. En los ltimos tiempos lograba levantar hasta cuatro mil dlares por semana. Por semana! S que te parece absurdo, y claro no los ganaba todos los meses, pero poda llegar a ganarme ese dinero. Y me lo gastaba todo. Me compr una casa, coches, regalos a mi esposa, mis hijas tenan todo, y nunca pens que a m me iba a tocar esto. Empec trabajando en una concesionaria de coches, luego poco a poco me gan la confianza del jefe, que apreci mi capacidad de hablar con la gente, de convencerla. Y en los ltimos aos me hizo vendedor. De repente todo me cay encima.

Cuando llegu aqu empec a buscar la forma de regresarme muchas veces. Me volvieron a agarrar o simplemente ya no pude. Y en cuanto me di cuenta de que no lo iba a lograr, en cuanto perd la esperanza, mi esposa me dijo que ya no quera saber de m, que ya tena otra persona, que mejor me quedara aqu. Y eso hice, aqu estoy. Ahora trato de convencer a mis compaeros, los que llegan cada da y cada noche, que es un riesgo demasiado grande tratar de cruzar, aun sabiendo que si lo quieren hacer, nadie o nada va a poder detenerlos. Pero nosotros tenemos que intentar, porque se hizo siempre ms difcil, ms peligroso llegar a Estados Unidos, y a lo mejor no vale la pena.

Este lugar es diferente de las casas de migrantes a donde llegan ciudadanos centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos. Aquellos son lugares de descanso y de esperanza para gente que por primera vez intenta irse para el otro lado. Aunque padezcan cansancio y hambre, aunque grupos criminales los secuestren o los funcionarios del Instituto Nacional de Migracin, la Polica Federal o las policas locales los extorsionen, esos migrantes tienen una fuerza y una determinacin en los ojos que demuestra que, a pesar de todo, no se van a rendir, van a luchar hasta las ltimas consecuencias para llegar a trabajar en Estados Unidos y a mejorar las condiciones de vida de su familia.

Aqu es diferente. La mayora de los deportados ya vivi el bienestar de Estados Unidos. Ya tuvieron dinero, ya lo mandaron a Mxico, ya tuvieron un buen carro y una casa decente. Y de repente tienen que volver a empezar.

Uno se olvida pronto de lo que era, de dnde viene, dice en la oscuridad la voz de un seor ya grande, con acento norteo. Habla despacio y no se nota tristeza, sino ms bien un toque de irona. No digo que te haces rico, eso no, pero es fcil acostumbrarse a cierto tipo de bienestar, de servicios, de comodidad, vaya. No te olvidas de tu casa, al principio. Y tratas de mantener una relacin constante con tu pueblo de origen. Si puedes, tratas de regresar y luego volver a Estados Unidos, pero poco a poco se reducen las visitas, porque se hace ms difcil o caro cruzar la frontera. Y luego lo que queda es un recuerdo romntico de tu tierra y el deseo de regresar algn da a ella. Pasan los aos, y aunque lograste hacerte invisible a la migra o a la polica, siempre corres el riesgo de que no pagues una multa, de que manejes sin cinturn de seguridad, y lo pierdes todo. Esto es lo que pasa con nosotros.

Abajo, en la entrada del hotel, hay movimiento, se escuchan gritos. Est prohibido salir en la noche: es el momento ms peligroso para un deportado. Los clientes del 13 Negro no siempre toleran el flujo de migrantes que llegan al hotel y a veces puede estallar una pelea. Sin embargo, las teiboleras y las prostitutas han demostrado tener cierta sensibilidad hacia los migrantes deportados, y en diferentes ocasio-
nes hicieron una colecta para comprar sacos de arroz, frijoles o papas para las sopas de Gerardo.


En la puerta de entrada, Ivn est ms sonriente que hace un par de horas y ms dispuesto a contar su historia. Me agarraron en Phoenix, Arizona, por posesin de droga, dice sin dejar de mirar la calle, tocndose a cada rato la parte posterior de la oreja izquierda, donde tiene un tatuaje reciente con un nombre de mujer. Me llevaron al bote, pero me fue bien porque en realidad yo la droga la vendo slo los fines de semana, porque los otros das trabajo como jardinero en las casas de gente con dinero. Y luego, para redondear un poco, vendo mariguana. Pero no me importa que me hayan deportado. Tengo un amigo que es de un pueblo cerca del mo, de Jalisco, que trabaja con la gente de la mafia de Sonora. Entonces el plan es fcil: colecto un poco de lana para llegar a Altar, Sonora, y l me mete en contacto con los malandrines. Me cargo una mochilita hasta Phoenix y no pago pasaje al coyote. Y adems me dan algo a m, unos mil ochocientos dlares.

En la mochila a la que Ivn hace referencia caben veinticinco kilos de mota que llegarn por medio de l a su destino en Arizona.

Claro, si te llevas una mochila de coca hasta Chicago te pueden pagar unos siete mil dlares, pero yo no me arriesgo a tanto. Esto ya lo hice un par de veces cuando fui a visitar a mi familia en Jalisco. Adems, si tienes permiso de los mafiosos, el cruce se hace mucho ms fcil y seguro.

Conforme se acerca el amanecer, el hotel se hace ms tranquilo, silencioso. Pero en la oficina hay una lamparita prendida. Sergio Tamai est preparando la prxima marcha de sensibilizacin para que el gobierno de Estados Unidos y el mexicano empiecen a dar respuestas concretas a los problemas de las deportaciones.

Hicimos una marcha de Tijuana a Mexicali hace algunos meses, nos demoramos das y fue un evento increble. Tambin fuimos a protestar varias veces a la frontera. Estamos acostumbrados a realizar iniciativas como stas, pero lo que falta es la voluntad poltica de resolver la situacin. Nuestro papel es seguir luchando, seguir levantando la voz y demostrando con los hechos que hasta con poco dinero se puede dar la justa atencin a nuestros paisanos deportados. Finalmente, este movimiento es un grito de auxilio, un grito en el desierto que est reclamando justicia. En la frontera se estn quedando miles de mexicanos que no se pueden trasladar a sus lugares de origen, porque ya no tienen ninguna raz. Se quieren regresar a Estados Unidos, pero se quedan en las ciudades mexicanas y crean muchos problemas: alcoholismo, drogadiccin, vandalismo, un crculo vicioso que nosotros queremos cambiar con la propuesta de reforma integral migratoria que hemos estado elaborando. //

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