Viernes 31 de octubre de 2014 
SGUENOS:
NOTAS RELACIONADAS
Mayo 2012
Beatriz Sarlo, contra el kirchnerismo
En la figura de Beatriz Sarlo, el kirchnerismo ha encontrado una de sus voces ms crticas y opositoras.
Por Carol Pires / Foto de Sebastin Freire
Julio Brbaro es un seor calvo de sesenta y nueve aos, ojeras marcadas y bigote tupido. Vive en un cmodo departamento de la Recoleta, en Buenos Aires, donde acostumbraba recibir a Nstor Kirchner y conversar, escuchar msica y tomar whisky. En 2003, cuando Kirchner asumi la presidencia de la Repblica Argentina, haca una dcada que eran amigos. Kirchner nombr a Brbaro jefe del Comit Federal de Radiodifusin y le dio la orden de frecuentar a intelectuales que no fueran peronistas a fin de inaugurar un gobierno inclusivo. Fue as como la sociloga Beatriz Sarlo y el historiador Tulio Halpern Donghi, dos de los intelectuales ms respetados del pas, fueron un da a almorzar a la Casa Rosada con el presidente, la senadora Cristina Fernndez de Kirchner y el jefe de Gabinete Alberto Fernndez, adems de Julio Brbaro.

Kirchner comenz el almuerzo comentando su gusto por el debate de ideas, sin sentarse, yendo y volviendo, hablando de pie. La conversacin ya llevaba dos horas cuando Cristina expres que Argentina careca de intelectuales. Segn ella esa falta se deba a que entre los treinta mil muertos y desaparecidos de la ltima dictadura (de 1976 a 1983) haba una generacin de pensadores. Beatriz Sarlo le record que la Comisin Nacional sobre la Desaparicin de Personas denuncia diez mil, entre muertos y desaparecidos, y sigui: "Creo que el crimen es tan horrible, independiente de haber sido diez mil o treinta mil. Pero no podemos asegurar que entre estos desaparecidos haba grandes idelogos. Simplemente no lo sabemos". El comentario tension la conversacin y sirvi de prlogo para dos de las crticas que posteriormente hara Beatriz Sarlo a los Kirchner: revindicar ahora ideales que no defendan en la poca de la dictadura, y rehusarse a considerar la violencia cometida contra los militares.

En 2008, Brbaro rompi con la pareja de Kirchner y su mujer porque ellos "no dan rdenes, humillan". Ese mismo ao, Alberto Fernndez, el jefe de Gabinete, renunci por diferencias con el gobierno. Kirchner muri de un infarto en octubre de 2010, a los sesenta aos, y Cristina Fernndez de Kirchner y Beatriz Sarlo continan en lados opuestos de la mesa, ahora ms que nunca.

Beatriz Sarlo es, hoy, una de las ensayistas ms respetadas de Argentina y tal vez de Amrica Latina, sin embargo, en los ltimos aos, su figura se ha visto tironeada desde dos frentes. Por un lado, su voz se ha alzado como una de las ms intensamente crticas al gobierno pero, a su vez, en un pas donde la oposicin est desmembrada, esa misma voz fue adoptada por sectores derechistas con los que ella nunca ha acordado, pero para los que aparece como una voz respetable y seria que se opone al kirchnerismo. Por su parte, los kirchneristas acusan a esta intelectual, que siempre fue provocadora y estuvo corrida a la izquierda, de ser una seora burguesa o aburguesada.

Y es ah, en esa tensin y en esa paradoja, que se juega gran parte de la discusin intelectual y poltica hoy da en Argentina. Entender quin es y de dnde viene Beatriz Sarlo es, quizs, echar luz sobre esa complejidad: El kirchnerismo tal vez sea la mayor fuerza poltica surgida en Argentina en los ltimos aos. La presidenta tiene una gran popularidad y la oposicin carece de lderes populares, no consigue atacar los puntos objetables del gobierno que, por otra parte, est en pie de guerra con los medios de comunicacin. Las diferencias entre los peridicos argentinos son notables: Pgina/12 y Tiempo Argentino apoyan al gobierno; Clarn y La Nacin, en los que Sarlo escribe, se oponen.

Sarlo, por ejemplo, considera que el kirchnerismo reaviv el debate sobre derecha e izquierda para crear una divisin ideolgica en el pas, segn la cual quien no est con el gobierno est contra l. Elogia los juicios a los militares de la ltima dictadura 1976-1983, que propici el kircherismo, pero dice que, a diferencia de lo que sostiene el partido gobernante, no fueron los primeros en llevarlos a cabo: "Alfonsn, dos aos despus de la dictadura, juzg a las Juntas Militares. Esto s que es tener huevos de acero". Le molesta la excesiva intervencin en la economa y la falta de transparencia en las altas decisiones. Acusa a los Kirchner de falta de espritu democrtico por sus constantes ataques a los medios de comunicacin que los critican y seala que las referencias explcitas a las escenas de su drama familiar la muerte de su marido son un acto populista por parte de la presidenta.

En los ltimos das, el nombre de Beatriz Sarlo est en la primera plana de todos los diarios. A treinta aos de la Guerra de las Malvinas, y en medio de una tensin creciente por el reclamo de soberana de Argentina sobre las islas, Beatriz Sarlo firm, junto a otros intelectuales, constitucionalistas y periodistas (Jorge Lanata, Juan Jos Sebreli, Emilio de pola, Jos Miguel Onaindia y Luis Alberto Romero, entre otros), un documento en el que se reclama que se revise la posicin del gobierno en su reclamo, haciendo hincapi en la necesidad de tener en cuenta el derecho de autodeterminacin de los isleos. "Queremos que se abra el debate, que las Malvinas no sea una cuestin nacional sagrada. Cuando se convierte en una cuestin nacional sagrada, no se puede sentarse a negociar", dijo el da 23 de febrero pasado en un programa de televisin llamado Cdigo Poltico, que transmite la seal de cable TN.

Beatriz Sarlo tiene aspecto serio. Es muy delgada y usa tacos altos para disimular sus 1.54 metros de estatura. El maquillaje es un tono ms oscuro que el de su piel. Alguna vez us el pelo largo, y bien corto estilo masculino y hasta tintura verde. Hoy su rebelda se manifiesta usndolo de su color natural, blanco, estilo Chanel.

Un viernes, no hace mucho, se puso botas negras y blazer lila floreado para dar una charla en la Universidad Torcuato di Tella, en Buenos Aires. Entr en la sala con pasos lentos, hizo un movimiento con la cabeza y sonri. Consult su reloj, que marcaba las cinco de la tarde, y lo coloc extendido sobre el escritorio. Antes de mirar nuevamente la hora, veintids minutos despus, ya haba hablado del ascenso de Eva Pern, haciendo referencia a un ensayo suyo, realizado para la fotgrafa francesa Gisle Freund y publicado en la revista Life en 1950. Sarlo se manifestaba intrigada ante la actitud del gobierno del general Juan Domingo Pern, que permiti que la primera dama fuera fotografiada en poses ostentosas, exhibiendo sombreros, vestidos de gala y una bandeja de joyas. Y se preguntaba por qu el editor de la revista habra escogido para la apertura del reportaje una foto en la que Evita se mira en un espejo y no otra en la que admira las joyas. Haba un pblico reducido: profesores de la universidad, tres decenas de alumnos y el ex ministro de Economa Jos Luis Machinea. Cerca del final, el mediador le pidi que hiciera un paralelo entre el control meditico del peronismo de aquella poca y el actual. "Aaah, usted me trajo aqu engaada", esquiv ella.

Una profesora sentada a mi lado se ri y cuchiche: "Es porque ella critica duramente al gobierno". Al final, Beatriz Sarlo dijo: "Cuando usted representa a un Estado, no es correcto pintarse como una puerta". Ella suele decir que la ropa "pblica" no es una opcin "privada", y en su libro La audacia y el clculo: Kirchner 2003-2010 describi el estilo de Cristina Kirchner de esta forma: "Colorinche, ostentoso, barroco, pesado, sin claridad conceptual, monocromtico o de un cromatismo extravagante".

El estudio de Beatriz Sarlo, en la calle Talcahuano, a ochocientos metros del Congreso, desilusiona a quien pretende ver all su extenso currculo reflejado en metros de libros. Ella misma atiende la puerta. "No tengo dinero para pagarle a una secretaria", dice. Vestida con un pantaln social, blusa gris y botas prpuras, explica que habl sobre Evita en la universidad porque prefiere dar conferencias acadmicas y no polticas.

Beatriz Sarlo Sabajanes naci en Buenos Aires. Hija nica de padres jvenes, nieta de inmigrantes italianos y espaoles por parte materna, y de argentinos por el lado paterno, cumplir setenta aos en marzo. Su relacin era mejor con su padre, aunque pasaba la mayor parte del tiempo con la familia materna, en la que la abuela, la madre y las tas eran profesoras.

La mayor de las tas, Rosa del Ro, se convirti en el personaje de su sptimo libro, La mquina cultural. Inspirado en The Uses of Literacy, del ingls Richard Hoggart, recopila historias de la infancia de la ta por medio de documentos y relatos de quienes fueron testigos de su trayectoria una profesora nacida en el siglo XIX, que un da rapa a los alumnos, tambin hijos de inmigrantes, en su delirio de imprimirles la nacionalidad argentina.

La madre de Beatriz Sarlo se destacaba entre otras mujeres. De todas sus compaeras de colegio era la nica que trabajaba. Y entre las amigas del barrio de Villa Urquiza, era la que iba al mejor colegio de enseanza bilinge. De aqu surge la mana de la hija de salpicar frases con palabras en ingls: "Yo me mostraba permanentemente educada. Los paseos eran a museos, bamos a La Boca porque Quinquela Martn haba pintado un cuadro retratando aquel barrio. Claro que luego tombamos algo fresco, comamos un pescadito, aunque todo tena un twist pedaggico".

En casa tena clases de francs y lea los libros de Monteiro Lobato, Julio Verne y Mark Twain que le regalaba el padre descrito por ella como "un hombre arbitrario, esgrimiendo argumentos de lo ms caprichosos que me convencan porque eran complejos y, por lo tanto, atractivos".

Cree que lo mejor que hicieron sus padres fue prohibirle que leyera hasta tarde: todo lo prohibido es ms interesante. "Una vez, mi madre, que era desequilibrada, me rompi un libro". Cuando le pregunto por qu la llama desequilibrada, me responde: "Porque los libros no se rompen".

Al contarme sobre el antiperonismo de los padres, hace un parntesis para relatar que a los diez aos fue atropellada por un camin mientras jugaba a la pelota frente a una iglesia. "Es una buena razn para no ir nunca a la iglesia". Unos desconocidos la llevaron a un hospital peronista donde casi le amputan el pie. "Los nios reciban juguetes y dulces con el sello del gobierno de Pern en los envoltorios. Mis padres estaban tremendamente molestos, pero no pudieron hacer nada porque yo estaba mal". Cuando aquel ao Evita muri, Sarlo pidi a sus padres asistir al velorio pblico, pero el padre no lo permiti.

A los diecisiete aos, Beatriz Sarlo ingres en la Universidad de Buenos Aires y se fue a vivir sola. Hace falta valor para irse a vivir sola tan joven. El valor aparece cuando no hay otra solucin.

Lo mejor que obtuvo de la universidad fue la amistad del profesor Jaime Rest. Sucesor de Jorge Luis Borges en la ctedra de literatura inglesa, l la llevaba a tertulias y le explicaba los poemas de William Blake. "Era fcil ser amiga suya porque era un profesor ms liberal. Estaba siempre en el bar, frente a la facultad, con su mujer, y yo los acompaaba".

Jams quiso conocer personalmente a Borges, a pesar de saber que se llevaba muy bien con Jaime Rest. "Yo viva desordenadamente y nunca pens que fuera interesante conocerlo, ya que algn da escribira sobre l". Hoy, Borges es una de sus obsesiones de estudio, tema de un libro y motivo de un juicio que le inici la viuda Mara Kodama. A Kodama no le gust que Sarlo dijera que, mientras la viuda viviera, "ser imposible estudiar a Borges seriamente". Un juez impidi que la accin continuara.

En 1965 tena veintitrs aos y vio un papel pegado en la pared de la facultad que ofreca una vacante en la Editorial Universitaria de Buenos Aires, Eudeba. " Hay un momento de coincidencia entre lo que necesitas y lo que la vida te ofrece. Tens que estar atenta para aprovechar estas oportunidades". Participar en Eudeba fue "entrar en una mquina cultural", evitando que se transformara en una profesora, "lo que hubiera sido psimo".

En 1966, el mismo ao en que finaliz el curso, la dictadura de Juan Carlos Ongana intervino Eudeba. El jefe de Beatriz Sarlo, un editor legendario llamado Boris Spivacow, dej Eudeba y form, con el mismo equipo, el Centro Editor de Amrica Latina, una editorial que hizo poca vendiendo clsicos en los quioscos y sobrevivi a dos dictaduras: aunque en 1976 la editorial tuvo un milln y medio de libros confiscados (y quemados), sobrevivi hasta el ao 1994. "Boris era, como dice Pierre Bourdieu, un faro intelectual. l defini la industria editorial de su poca, venda libros por una ganga en quioscos de revistas, cuando esto nunca se haba hecho antes".

Hace cuarenta aos, Sarlo era todo lo contrario a la intelectual a la que, quizs a su pesar, siguen los conservadores de hoy. El peronismo la entusiasmaba. Cuando el ex presidente Pedro Aramburu fue secuestrado y los Montoneros lo mataron, la Juventud Peronista festej: Aramburu haba ordenado el secuestro del cadver embalsamado de Evita. Del peronismo pas al comunismo maosta. Se acerc primero al Partido Comunista Revolucionario (PCR, marxista-leninista) y luego a la Vanguardia Comunista (pro China). "El PCR fue un delirio. Fue un error que amenaz la poca. Lo que me atraa del peronismo eran los trabajadores y, en el PCR, Ren Salamanca, un gran dirigente sindical. l podra haber sido un Lula, en fin, no lo s, ya que muri en 1976".

Sarlo estaba casada con su segundo marido, el socilogo Carlos Altamirano, cuando comenz a trabajar en Los Libros, una revista poltica y cultural de las ms influyentes. Altamirano, ella y un gran amigo de la pareja, Ricardo Piglia, formaban el tro maosta de la publicacin. En un momento lograron expulsar a los peronistas fundadores de Los Libros y asumieron el control. Durante los tres aos que dirigieron la revista, cay la dictadura de Ongana, el peronista Hctor Cmpora gan las elecciones y renunci menos de dos meses despus para que el propio Pern, de vuelta del exilio de Espaa, se convirtiera en presidente. Luego de nueve meses, Pern muri y su viuda, Isabelita, asumi el poder, que ejerci hasta ser derrocada por el golpe militar de 1976. Los Libros cerr y los tres amigos fueron a la clandestinidad.

Bancados por la Vanguardia Comunista, dos aos despus lanzaron otra revista, Punto de Vista, en la que Beatriz Sarlo utilizaba el nom de plume Silvia Niccolini. Cuando sali la tercera edicin, la dictadura militar apres y mat a los lderes de la Vanguardia.

Luego de cuatro meses en la oscuridad, los tres amigos hicieron resurgir la publicacin. Cuando Argentina gan la Copa de 1978, en pleno auge militar, Punto de Vista no festej la victoria, como s lo hicieron otros medios, y estuvo en contra de la Guerra de las Malvinas, en 1982, cosa que estaba lejos de ser obvia. Durante la guerra public un documento crtico. "Hubo un brote nacionalista, y era necesario tener mucho coraje para estar en contra de la Guerra de las Malvinas", dice el crtico brasileo Roberto Schwarz, por telfono, desde So Paulo. "Y Beatriz Sarlo fue una de las pocas que se declar en contra de la guerra. Dio pruebas de coraje fsico, fue notable".

Beatriz Sarlo y Schwarz se conocieron en enero de 1980, en las Jornadas de Literatura Latinoamericana, en la Universidad de Campinas. Ella fue al encuentro en mnibus, "sin dinero", para escribir acerca de eso en Punto de Vista. "Una amiga en Estados Unidos ya me haba hablado de ella recuerda Schwarz. Cuando la vi llegar, la reconoc. Se vesta con sobriedad, tena un estilo anti-establishment, una elegancia rebelde, casi punk".

Cuando finaliz la dictadura y Ral Alfonsn fue electo en 1983, Punto de Vista abri las puertas a los intelectuales que volvan del exilio. Beatriz Sarlo ingres en la Universidad de Buenos Aires como profesora de literatura contempornea, se aline con el alfonsinismo y Ricardo Piglia se fue de la revista.

"No s por qu se fue, nunca qued claro, no dio ningn aviso. Piglia es un ensayista increble, pero no me gusta su literatura. Escrib una crtica, bien crtica, a uno de sus libros y luego lo encontr en la calle. l slo me dijo: Me gust mucho tu artculo'".

La segunda crisis de Punto de Vista fue a comienzos de siglo, cuando los mayores diarios lanzaron suplementos culturales. "Yo tena que ingenirmelas para marcar territorio y eleg ir por el lado vanguardista de la msica contempornea y el cine".

Carlos Altamirano, que se senta ajeno al nuevo rumbo de la revista, le entreg su renuncia en 2004. "l siempre me critic por el exceso de vanguardismo, por el esnobismo, aunque estaba tan acostumbrada a l en Punto de Vista que nunca imagin que se ira", dijo Beatriz Sarlo.

Profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, Carlos Altamirano es un hombre imponente de 1.90 metros. Es econmico en los comentarios y me dijo que slo podra atenderme un lunes de siete a ocho de la noche.

A partir de su alejamiento de la revista, la pareja no se habl durante siete aos. En marzo pasado falleci el crtico y novelista David Vias, amigo de los dos, motivo para que conversaran. No slo con Altamirano tuvo Sarlo una relacin intensa, repleta de discusiones filosficas y peleas que duraron aos. Con el propio Vias tuvo debates dursimos. Algunos fueron hasta televisados, como cuando ella abandon un debate en vivo porque Vias habra insinuado que era una intelectual sumisa. Con Juan Jos Saer, uno de los grandes escritores argentinos, tambin coment haber tenido una amistad ardiente, regada de peleas violentas y alcoholizadas.

Altamirano la define como una "peronista estructuralista". Inteligente, buena oradora, segura y lectora omnvora. Sarlo ganaba todas las discusiones, comenta. Las matrimoniales tambin? "Esto es una respuesta para actor de cine", dijo riendo.

"No es cierto me dijo luego Beatriz Sarlo, esa discusin sobre Punto de Vista la perd". Luego del alejamiento de Altamirano, Punto de Vista sobrevivi cuatro meses ms. Finaliz en la edicin noventa, con un editorial que deca lo siguiente:

Algo comenz a fallar y es mejor reconocerlo ahora, cuando an no se ven las consecuencias en un captulo decadente. Una revista con una vida de treinta aos no merece sobrevivir con un mensaje condescendiente a su propia inercia.

La vida relativamente corta no impidi que la revista tuviera una gran influencia, inclusive fuera de Argentina.

Un jueves por la noche, Sarlo me invit al teatro Gran Rex, en la avenida Corrientes, para la fiesta de lanzamiento del proyecto del gobierno de Hermes Binner, el candidato a la Presidencia por el Partido Socialista, que finalmente saldra en segundo lugar, en las elecciones de octubre pasado, detrs de Cristina Kirchner.

Sarlo llevaba un pantaln y una blusa gris oscura, botas de taco y el cabello sostenido dentro de una boina negra. Reconocida por algunas personas, responda siempre con una sonrisa. "Jefe! Jefe!", gritaban algunos.

Sarlo no fue al Gran Rex para hablar. "Vine porque voy a votar a Binner", me dijo.

"Ella nunca deja de opinar", dijo Sylvia Satta, amiga de Beatriz Sarlo hace veinte aos y su suplente en la ctedra de literatura argentina en la Universidad de Buenos Aires. Satta tiene el cabello oscuro, usa anteojos de acetato negro. "Beatriz nunca despierta indiferencia, aunque ella no le da importancia. Le gusta aprender y dice que escribe para entender y no porque ya entienda".

La crtica literaria es el eje de la obra de Beatriz Sarlo, que se extiende en diecinueve libros y contina en las reseas de nuevos escritores, que hace en una columna del diario Perfil. El crtico Walter Benjamin est presente en ensayos ms recientes sobre la posmodernidad y las metrpolis. Durante cuatro aos cmara fotogrfica y anotador en mano recorri Buenos Aires anotando ideas sobre velocidad sobre el consumo, las tecnologas, la fama y el anonimato que luego desarroll en una columna en la revista dominical del diario Clarn.

En Siete ensayos sobre Walter Benjamin, al explicar por qu l es complicado, Beatriz Sarlo parece describirse a s misma: "Ese rasgo vanguardista que hace que nunca se acomodara definitivamente en parte alguna". Sarlo aprendi alemn a los sesenta aos. Tambin tardamente comenz a interesarse en la msica contempornea. Actu y fue guionista en las pelculas de su marido Rafael Filippelli, con quien est casada desde 1985. Fue profesora invitada en Berkeley, Columbia, Maryland, Chicago y Cambridge y becaria en Washington y Berln.

Cuando Nstor Kirchner muri, fue a la Plaza de Mayo para asistir al funeral pblico. "Hija de puta, ahora estars feliz", le dijo un hombre. "Ya me insultaron en eventos peronistas antes, aunque eran fiestas, estaba con amigos. En un entierro, no me pareci apropiado forzar una situacin por un capricho periodstico".

A principio de ao fue invitada por Sudamericana-Random House Mondadori para desarrollar en un libro las opiniones que haba circulado en la prensa. Naci as La audacia y el clculo: Kirchner 2003-2010, que vendi ms de treinta mil copias. Sarlo investiga en el libro no slo a la pareja presidencial, sino el comportamiento de los polticos en Twitter y en Facebook y las inversiones del gobierno para mantener a la prensa como amiga. Sobre 6,7,8, un programa de actualidad y opinin que se emite por Canal 7, un canal del Estado, opina que es "desagradable visualmente, con un panel integrado por bizarros o pedantes, sin obligaciones con el ritmo televisivo, sin beautiful people, producido en el canal pblico. Es pura y dura propaganda ideolgica".

En 6,7,8 conviven seis conductores que, de clara tendencia kirchnerista, defienden al gobierno, parapetados en la idea del "periodismo militante", y atacan a la oposicin y a la prensa no kirchnerista. Varios opositores fueron invitados al piso, pero se negaron. Beatriz Sarlo fue, en mayo de 2011, y despus de su paso por el programa no se hablaba de otra cosa en todo Buenos Aires. "Ha observado que mientras los atletas estn disputando una competencia no se miran? Los tenistas hacen el cambio de lado, pero no se miran, porque si uno mira la cara del otro empieza a pensar en el otro como una persona, como alguien que tiene problemas como uno, y se es el momento en que uno comienza a flaquear. Por esta razn entr como una killer. El problema fue en el camarn donde todos se saludaban y yo no quera comunicarme con ninguno, no quera que me destruyesen".

Adems de ella, los invitados al programa eran Ricardo Forster, filsofo y ensayista, y Gabriel Mariotto, director de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicacin Audiovisual, defensor de la Ley de Medios, que busca disminuir el poder de las grandes empresas de comunicacin como el grupo Clarn, dueo de diarios, radios y canales de televisin, no slo en Buenos Aires sino tambin en el interior.

El programa arranc con un informe que mostraba cmo la prensa espaola cubra la protesta de "los indignados" contra las medidas de austeridad y desempleo en ese pas. El informe recoga opiniones crticas de los jvenes sobre la prensa y la imagen de un presentador de noticiero que deca que esos mismos jvenes estaban ligados "a la banda terrorista ETA". Cuando le toc hablar, Sarlo dijo que lo que opinaba sobre el informe era lo mismo que opinaba sobre sobre 6,7,8: "Eso es un picotazo de lo peor de la prensa espaola y hace que las personas crean que lo que sucede en Espaa slo est siendo transmitido as". Dijo: "Es un recorte, faltan las fuentes, se repite el mismo mensaje, est tan fraccionada la informacin que es difcil entender lo que pasa".

Gabriel Mariotto, entonces, la acus de tener el contenido de sus columnas controlado por Clarn. A Nora Veira, otra panelista, le pareca muy importante chequear si por las maanas Sarlo lea o no Clarn, y Sandra Russo, periodista de Pgina/12, un diario oficialista y otra de las panelistas del programa, dijo que el problema de Sarlo era que no comprenda el kirchnerismo.

Fue la participacin de otro de los panelistas, Orlando Barone, abiertamente oficialista ahora, pero con un pasado reciente por haber trabajado en muchos de los medios que actualmente estn en la vereda opuesta, lo que hizo que la participacin de Sarlo saltara a la portada de los diarios al da siguiente. Barone le dijo que l, a diferencia de ella, poda sentirse aliviado por no trabajar en una empresa cuya duea, Ernestina Noble, haba sido acusada de apropiarse de nios secuestrados durante la dictadura militar. "A veces, trabajar en un canal oficial como ste permite algn tipo de concesin. Uno se siente ms aliviado cuando en el lugar donde trabaja no hay que ocultar crmenes de lesa humanidad, no hay que pactar con sospechados de crmenes de lesa humanidad. La pregunta es se puede trabajar...", estaba diciendo Barone cuando Beatriz Sarlo, en un tono cortante pero tranquilo, como el de alguien que est habituado a discusiones mucho ms rspidas, le dijo: "Conmigo no, Barone. Conmigo no, Barone, conmigo no. Vos trabajaste en Extra, trabajaste en La Nacin, aguantaste hasta donde pudiste. Llam a alguien de Clarn, yo soy una columnista de La Nacin y trabajo tres veces por semana en radio Mitre, no voy a responder por esos medios". Al da siguiente la frase "Conmigo no" se hizo famosa repitindose en programas de radio, estampndose en camisetas y usndose como ringtone en celulares. A partir de ese momento, Sarlo dej de ser conocida para volverse famosa.

El striptease frontal de una bailarina en un concurso de baile televisado y la participacin de Beatriz Sarlo en 6,7,8 fueron los temas de la televisin ms comentados del ao en Argentina. En noviembre, el programa an no haba olvidado la visita y le dedic una cancin:

Yes, she is, she is Beatrice
De mis sentimientos no comprende
un corno
Y me manda a leer Theodor Adorno
Yo soy un simple hombre comn
Pero Beatrice lives in the moon


Sus crticos ms cidos la llaman "esa seora de la Recoleta", un barrio elegante donde ella no vive. Sarlo es socia del centenario Club Ferrocarril Oeste "que no puede ser ms pequeoburgus", donde juega tenis hace veinticinco aos, cuatro veces por semana. No tiene automvil, evita usar taxis y cuando tiene tiempo prefiere caminar veinte cuadras y tomar el subterrneo, aunque an conserva dos lujos confesos: ropa y shows de msica contempornea.

Horacio Gonzlez es el director de la Biblioteca Nacional y fan asumido de los Kirchner: "Mucha gente considera a Beatriz Sarlo enemiga de las transformaciones sociales, aunque yo no la veo as. Veo en ella una posibilidad de debate". El filsofo Ricardo Forster fue menos simptico: "Una persona que escribe para un diario representante de la burguesa agropecuaria de derecha y se declara de izquierda progresista? Ella es una liberal republicana".

Para Jorge Fernndez Daz, escondidos en el debate poltico estn los escritores que quedaron fuera del mapa literario construido por Sarlo. Ella fue profesora de literatura argentina contempornea durante veinte aos y dio clases a centenares de alumnos semanalmente. Tambin lideraba la revista Punto de Vista. Quien no era citado por ella quedaba fuera del canon literario. "El otro da, uno de estos escritores me dijo: 'Por qu le da espacio en el diario a esa seora que nos dej afuera?'".

El ao pasado, por primera vez en Argentina se realizaron elecciones primarias para que los partidos eligieran a sus candidatos con una votacin nacional y obligatoria. Cristina Kirchner se qued con ms de la mitad de los votos y anuncio claro de que sera reelecta.

Dos das despus de las primarias, Sarlo le escribi a Jorge Fernndez Daz, diciendo que necesitaba tiempo para pensar antes de escribir nuevamente en el diario La Nacin. "Me volv loco llamndola por telfono durante toda la semana para ver si el bloqueo se le haba pasado", cont Daz. Ella le explic la situacin con una palabra de jazz: "Si un msico se queda sin ideas repentinamente, el est out hasta tener una buena idea nuevamente".

"Cristina es su punto dbil, le despierta su irracionalidad, tal vez por la condicin de mujer", opina Sylvia Satta. Segn la profesora, a Beatriz Sarlo le gustara que la presidenta fuera menos llamativa, ms con el estilo simple de Dilma Rousseff y la chilena Michelle Bachelet. "Ella es una gran polemista, aunque hace algunos anlisis injustos, con preconceptos. Cristina fue a Auschwitz, y Beatriz se quej de lo que haba manifestado durante su visita. Es difcil a esta altura ir a Auschwitz y decir algo genial".

Beatriz Sarlo no se siente cmoda estando expuesta, pero s disfruta de una buena pelea. Algunas veces, parece que confronta de mala gana, pero es una obligacin autoimpuesta. Tiene reglas propias que no desobedece: nunca llega tarde, no bebe alcohol antes de las nueve de la noche, concuerda en dar entrevistas aunque le parecen cansadoras y fuma, como mximo, cinco cigarrillos por da y solamente con una boquilla francesa.

Ricardo Forster sugiere que el problema de Beatriz Sarlo con Cristina Kirchner puede ser, en realidad, un problema consigo misma. No me quiso dar ms explicaciones y me sugiri la lectura de un artculo del filsofo Len Rozitchner. El texto dice que las mujeres de clase media a las que no les gusta la presidenta tienen envidia de ella.

Luego de casi dos meses de bloqueo, Sarlo public un nuevo artculo en La Nacin. El tema era la insistencia de Cristina Kirchner en llamar "l" a su marido muerto, como si se refiriera a un ser omnipresente. En esa columna, publicada el 7 de octubre de 2011, llamada "Nombrar a Kirchner", Sarlo escriba: "Dnde pervive Nstor, el fundador, el hacedor, el Gran Muerto? Transmutado en l'", Nstor crece en el discurso, en el que se lo menciona como la fuerza de lo que vendr: 'l' tiene la capacidad que no tiene ninguna imagen, porque est presente de manera invisible. Es convocable (como los espritus). Cuando alguien es designado, l' salta de categora. De algn modo, ninguna representacin alcanza para abarcarlo en su grandeza.

"No estoy afirmando que un publicista, digamos Braga Menndez, haya diseado esto. Es ingenuo pensar que todo est bajo control, como si se tratara de la ms grosera publicidad poltica en la que el Gobierno da muestras de descollar con frecuencia y por cadena nacional.

"Lo que sucede con la palabra 'Nstor' no est escrito en un captulo del manual del perfecto kirchnerista; es algo que ha resultado. La palabra 'l' trae a Nstor mejor que ninguna imagen: lo saca de esa muerte, que la imagen no puede evitar, y lo pone en el presente de la voz de su viuda; refuerza el unicato presidencial dndole un fundamento trascendente. No sale de un instructivo de publicidad. Prueba una vez ms (por si fuera necesario) el talento peronista para la simbologa".

Tres semanas despus de la eleccin presidencial, en una maana de lunes, Beatriz Sarlo estaba en un caf de la Avenida de Mayo para hablar con dos periodistas sobre la revista Los Libros. Ella acostumbra a recibir en su estudio, pero un da antes, debido a una excavacin mal hecha en el edificio vecino, toda la manzana qued cortada. Cuando el tema de Los Libros termin, el tema de Cristina Kirchner sali a la luz. "Puede ser que la haya subestimado dijo. Pensaba que Nstor construa todas las polticas, pero tal vez sea ms inteligente de lo que pensaba".

Subi la voz y continu: "Ahora, sobre la ropa, cmo no voy a comentar? Es como si quisiera que nadie comentara sobre mi negacin a usar Botox y que no me tio el pelo. Su comportamiento me habilita a analizarla. Si ella puede perder tres horas del da para maquillarse, probarse ropa y comprar zapatos, bien puedo yo perder tres horas escribiendo sobre esto, sobre todo porque no gobierno la Repblica". //

Este texto fue publicado en la revista brasilea Piau.
Traduccin de Dina Laver.


Pag de 7 >>
LO MÁS LEÍDO
Jos Cuervo presenta edicin especial con obr...

Perfil de Amelita Baltar, una diva del tango.
Alianza entre Vacheron y el Castillo de Chapu...
Conversacin con lvaro Enrigue
COMUNIDAD
Copyright © 2010  -  www.gatopardo.com