Martes 2 de septiembre de 2014 
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La isla misteriosa
POR NAIM RAHAL
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junio 2012
La verdadera conquista de Clipperton
Despus de aos de investigacin sobre Clipperton, esa enigmtica isla localizada en el Pacfico mexicano pero que pertenece a Francia, el autor se suma a una expedicin para conocer el territorio que lo ha obsesionado por tanto tiempo.
Por Pablo Raphael / Fotos de Naim Rahal
Clipperton está coronada por una roca que se parece a la fortaleza de If.
Una semana antes de zarpar recib extraordinarias noticias. Viajara a bordo del Island Seeker, la nave insignia de la expedicin que nos llevara a la isla Clipperton, 10 N, 109 W. Saldramos el 1 de marzo a la medianoche, nos seguiran el Piscis y luego el Luca Celeste. Durante un mes, y tras una escala en Cabo Pulmo para acompaar a Greenpeace en su denuncia global contra los proyectos tursticos que devastarn ese lugar, las naves avitualladas con ms de cinco toneladas de provisiones, veintids participantes de nueve pases, compuestos por tres cientficos, una bailarina, cuatro escritores, un terico de la conspiracin, tres artistas plsticos, tres miembros del equipo de filmacin, tres capitanes, tres marineros, un jefe de logstica y una mdico vegetariana intervendramos la isla Clipperton para declararla una nacin independiente.

En verdad me encantara que, como el resto del prrafo anterior, la ltima lnea fuese verdad. Pero The Clipperton Project representa una empresa mucho ms seria, ms contundente y ms comprometida con el mundo que mis aspiraciones literarias o que las necesidades manifiestas de los hombres que a lo largo de la historia universal de la isla han padecido delirio dinstico, un mal que, junto con el escorbuto y los lentos viajes hacia la nada suponen los principales males que han azotado ese lugar.

A pesar de las buenas intenciones, la expedicin tambin fue eso: un viaje hacia la nada, hacia la isla fantasma y los quinientos mapas que la sitan en latitudes distintas. En ningn lugar.

Llevo ocho aos escribiendo una novela sobre esa isla. Anunciarlo me produce una sensacin de fracaso y a la vez una liberacin, el paso final de un proceso parecido a la desintoxicacin. Como si se tratara de un acto curativo me propuse abandonar el borrador nmero diecinueve de la novela en algn escondrijo de la roca Clipperton, lo que Otto Gudio, el segundo oficial del Luca Celeste, llama "catedral construida por el diablo". Quiz yendo a la isla y dejando esa versin encontrara la manera de librarme de su veneno. Un veneno que ha mordido a historiadores como Jimmy M. Skaggs, Mara Teresa Arnaud, Jos de Jess Bonilla y Miguel Gonzlez Avelar, a escritores como Mark Twain, Karel Caek, Francisco L. Urquizo, Laura Restrepo, Jean-Hugues Lime, Vctor Hugo Rascn Banda, David Olgun o Ana Garca Bergua. Tambin a estadistas de la talla de Napolen III, que la proclam francesa; Vittorio Emanuele III que lo confirm en 1931; Benito Mussolini que convenci al rey rbitro de cederla a los franceses; Abraham Lincoln y su secretario de Estado, Henry Seward, que organizaron una expedicin a los mares del sur; David Pierce, que trafic esclavos; Porfirio Daz, que intercambi la isla por un cmodo retiro en la le-de-France; Franklin Delano Roosevelt, que la visit dos veces; Winston Churchill, que la puso en la mesa de negociaciones durante la Conferencia de Yalta, o el primer y nico presidente de la Repblica de Molossia, su excelencia Kevin Baugh, quien tras declarar la independencia de su rancho en Nevada, public en 1984 un edicto que reclamaba derechos heredados sobre la isla.

Hace un ao, durante la presentacin de un libro suicida, me encontr a Carlos Ranc. Tenamos quince sin vernos. Ahora Ranc ya no pinta y pensaba viajar a la isla para organizar su ltima exposicin: "Marooned". Toda una carta de intenciones.

Fueron Luigi Amara y Vivian Abenshushan quienes me explicaron el proyecto: Carlos marchaba en octubre a la isla Clipperton gracias a un esfuerzo multidisciplinario que pretenda reunir a una serie de artistas y cientficos en torno a una expedicin que funcionase como mecanismo para pensar en el medio ambiente, la vinculacin entre ciencia y arte y el desarrollo de nuevos modelos de sociedad.

Y yo estaba fuera, cuando Fitzcarraldo era mi profeta y las micronaciones mi sino.

Durante el ao 2003 viv en Manzanillo. Fue un ao sabtico dedicado a la investigacin histrica que sirviera de cimientos a la novela. Mis principales descubrimientos fueron dos: la amistad con Vctor Hugo Gonzlez Rosas Moctezuma, historiador nacido en Colima, descendiente del emperador y de las cortes portuguesas que se dedic a localizar cuanta cosa le peda: desde las fotografas del Demcrata, el Krrigan II, el Tampico y los dems barcos que un da abandonaron la isla Clipperton hasta la posibilidad de localizar a una de las mujeres que haban padecido la dictadura del guardafaros rey llamado Victoriano lvarez. Se llamaba Rosala Nava. La ltima vez que la visit en su casa de la colonia El Tnel, la anciana dibuj una serie de puntos en un papel. Ah escondimos las muecas, me dijo.

En un caf de Soriana, Vctor Hugo me advirti que mentir poda resultar muy peligroso para mi prestigio. Por eso, la versin catorce ya no contiene ninguna mencin de las muecas, ni tampoco de Molossia o cualquier cosa que pudiera parecer un engao.

Tengo un casete mental al que le pongo play cada vez que llega el momento de contar la historia oficial de la isla. Cuando me preguntan, explico que John Clipperton natural del condado de Norfolk e hijo legtimo de John Howet y Ann Clipperton, inici su carrera como piloto de navo bajo el mando del capitn William Dampier. Naturalista, entomlogo e hijo de puta que, entre otras cosas, orden abandonar en las islas Juan Fernndez a un desgraciado llamado Alexander Selkirk. Para ser precisos, esa isla es conocida como la Ms al Sur y se encuentra frente a la costa chilena.

Sobra decir que John Clipperton fue el encargado de cumplir el mandato, para despus ignorar los gritos del hombre que lloraba como un pjaro babeante. Desde ese momento puede decirse que Clipperton y su isla se ligaron para siempre a la novela de nufragos ms famosa de la historia, al mismo tiempo que el atoln fue condenado por los siglos que le restan. Por encima de la isla Ms al Sur, Clipperton terminara siendo para la literatura lo que la caverna de Platn al mundo de las ideas. Me explico: sobre ese montn de piedras blancas se proyectan todas las sombras y fantasmas posibles. En ese lugar han sucedido irremediablemente todas las historias de naufragios, hundimientos y piratas escritas por novelistas y dramaturgos, como si stas se hubieran convertido en una coleccin de profecas destinadas a azotar esa mancha planetaria que otros llaman el cltoris del mundo. Basta ver lo parecidos que fsicamente eran Ramn Arnaud y el propio Alexander Selkirk cuando fue rescatado por el clebre Woods Rogers para despus bajarse en Bristol y encerrarse en una taberna a beber cerveza y contar su historia a un sujeto que decidi escribir una novela de ttulo largusimo mejor conocida como Robinson Crusoe, obra que hizo clebre a Daniel Defoe, a quien mi amigo Vctor Hugo confunda con William. Un par de aos despus de publicado el libro, en el ms absoluto olvido, John Clipperton mora encerrado en su habitacin.

Del mismo modo puede decirse que El seor de las moscas, de Golding, se materializ en Clipperton con la tribu de nios que durante la era del campamento mexicano fund su propia civilizacin; que La isla del tesoro, de Stevenson, tom forma cuando el corsario de Norfolk abandon a su madre y, se dice, escondi en su isla los bienes conseguidos tras el descubrimiento del tesoro de Panam que un siglo antes sir Henry Morgan haba enterrado en Costa Rica.

Ya sera demasiado decir que en la expedicin The Clipperton Project haba una chica de apellido Morel cuyo trabajo era utilizar la tecnologa para registrar las relaciones sociales tal y como sucede en la novela de Bioy Casares, que los pjaros bobos parecen clonaciones de La isla del doctor Moreau o que la descripcin de la isla que hace John Coetzee en Foe no es producto de su imaginacin, sino copia fiel de este cmulo de huesos de coral, piedras y pjaros secos.

La isla Clipperton mide cinco kilmetros cuadrados, noventa por ciento de su territorio es una laguna de agua dulce pero no potable y est coronada por una roca parecida a la Fortaleza de If. El lugar est a quinientas once millas nuticas de Acapulco, y tras decir esto siempre sucede la misma pregunta alguien vive ah? Imposible. El territorio es inhabitable.

A pesar de que hubiera sido ms fcil zarpar desde Acapulco y mucho ms fcil salir de Manzanillo, nosotros partimos de La Paz por una razn de corrientes y otra de logstica. Los barcos conseguidos por The Clipperton Project tenan su puerto base en la pennsula.

La Paz es una guarida de antiguos romnticos, viejos lobos retirados, ex combatientes de Vietnam y aventureros globales que han descubierto en sus muelles la posibilidad de reinventarse y escuchar que a principios del siglo XX Mxico y Francia entraron en litigio por la isla tambin llamada de La Pasin, Velas o Faralln Blanco. Como en aquel entonces no exista la Corte Internacional de La Haya, los gobiernos de ambos pases decidieron nombrar un rbitro. En este caso eligieron al citado Vittorio Emanuele III, rey de Italia.

Mientras la decisin llegaba (nadie saba que tardara treinta aos), el presidente Porfirio Daz Mori orden a un grupo de soldados y sus familias encabezados por el teniente Ramn Arnaud Vignon, natural de Orizaba e hijo de padres franceses, destacarse en el atoln para ejercer actos de soberana, supervisar la vida comercial de la piedra y su industria de mierda, adems de vigilar con celo el punto ms lejano del pas. Un punto que, conectado a las islas Revillagigedo y al macizo continental, haran veinte veces ms grande el tamao de nuestro mar territorial. Aunque en el intermedio el capitn Arnaud tuvo una misin secreta en Japn y pudo viajar varias veces al continente, en ocasiones hospedndose en casa de su hermana Adela para pasar las navidades con ella y su marido, el ingeniero Len Reyes y aunque esta prebenda le permitiera al gobernador de Clipperton entrevistarse con el padre de Len, el general Bernardo Reyes e implorarle de muchas maneras que intercediera por su traslado al continente, lo cierto es que una vez iniciado el conflicto, las provisiones dejaron de llegar. En una isla donde el agua est podrida y los animales son incomibles, la puntualidad del alimento y el agua en galones eran la nica manera de sobrevivir. Ya lo haba probado Gustave Schultz, encargado de la compaa guanera, cuando intent infructuosamente cultivar verduras con tierra trada de la isla Socorro.

Pasaron los aos y por milagro del destino sucedi el naufragio del Nokomis frente a la Roca Clipperton. Tras un par de semanas preparando una lancha, sus oficiales se fueron remando hacia Acapulco. Tres meses despus regresaron triunfantes a bordo del Cleveland, un barco estadounidense cuyo capitn ofreci a los miembros del campamento escapar de ah. Al enterarse de que Mxico haba sido invadido por Estados Unidos, Arnaud dijo que eso sera aliarse con el enemigo. Por eso se neg a desertar. Ya lo haba hecho una vez durante la guerra de castas y el costo en aos de crcel era demasiado alto para un reincidente.

Arnaud no saba que en ese momento haba condenado a muerte a los suyos. Cuando la revolucin empez en el continente, el escorbuto azot la isla.

Tres aos ms tarde, agotado y famlico, el gobernador crey ver otro barco que se acercaba y orden a los soldados sobrevivientes subirse en una balsa para darle alcance. Nunca regresaron. En la orilla, arrancndose los pelos y araando sus rostros, se quedaron las mujeres y los nios que jugaban en la piedra. Tambin el mulato de Colima llamado Victoriano lvarez, que trastornado por el ruido de los pjaros idiotas y mordido por el mismo veneno que perturb los sesos de Napolen III, alcanz a escuchar una voz interna que le proclamaba emperador.

Como normalmente sucede en estos casos, su tirana produjo el orden, el placer, el asesinato, la violacin, los golpes y al final su muerte. En ese orden. Confabuladas, la viuda de Arnaud y otras dos mujeres, llamadas Altagracia Quiroz y Tirsa Rendn, mataron al guardafaros al pie de la gran roca. Lo hicieron de un golpe en la cabeza. Luego le prendieron fuego. Poco despus fueron rescatadas por el Yorktown y llevadas a Salina Cruz. Ah fueron acusadas de asesinato. Las pusieron en libertad meses ms tarde. Lo nico que nunca las solt fue la isla. Vivieron como fantasmas, siempre volviendo al atoln. Enloquecidas, la isla las sorprenda por la espalda y volva a colocar sus pies en la arena.

Mis oportunidades para poner mis propios pies en la isla eran pocas. La expedicin financiada por The Clipperton Project estaba llena, y abrir un espacio resultaba imposible. Incluso Carlos Ranc me escribi para contarme que le haba hablado de mi perfil al director del proyecto, el escritor Jonathan Bonfiglio, pero que ste haba dicho poca cosa, acaso que lo senta mucho. Adems, mi hija Olivia nacera en agosto y yo no iba a desaparecerme. Sera una putada para su madre y una tristeza para m. Entonces acord con Carlos tejer una broma literaria. Sacaramos de la novela una de las historias y l se la llevara a la isla:

Durante uno de los viajes de John Clipperton al atoln, el corsario escondi una coleccin de muecas japonesas del siglo XI cuyo vientre estaba repleto de perlas negras. De ello da cuenta el poeta Efrn Rebolledo en su libro Camino disfrazado. Lo que yo iba a hacer con Carlos era regalarle una copia del dibujo que Rosala Nava hizo en una hoja de cuaderno donde me sealaba los probables escondites. l se encargara de conseguir unas muecas japonesas en una tienda de Coyoacn, avejentarlas, rellenarlas de perlas falsas y enterrarlas en esos sitios. Luego, acomodando la secuencia fotogrfica de atrs para adelante, produciramos la sensacin de que aquello no era un entierro sino un descubrimiento.

Repito, eso era un entierro no un descubrimiento.
An estaba muy lejos de saber que las palabras "entierro" y "descubrimiento"definiran el final de esta crnica verdadera.


Carlos Ranc es un artista que trabaja por apropiacin, as que acept encantado hacer la tarea y producir la impostura. Nos perdimos de vista unos meses, luego naci mi hija y yo revisit la novela luego de casi dos aos sin tocarla. Entre los regalos para mi beb lleg una mueca japonesa. Era una premonicin. El destino es benvolo. En febrero, Ranc me escribi para decirme que el viaje de octubre se haba cancelado y que estaba preparando su partida para marzo. Por eso quera preguntarme si deseaba continuar con el proyecto de las muecas falsas. Contest que s. El veneno de la isla empezaba a manifestarse una vez ms. Unos das atrs, tras meses de agona, haba fallecido en la ciudad de Mxico don Miguel Gonzlez Avelar. Su libro Clipperton, isla mexicana es la mejor obra que se ha escrito sobre el juicio arbitral y los derechos que Mxico tiene sobre la isla. Es la nica obra que se ha aventurado a explicar las razones del rey de Italia para fallar en contra y fue la primera investigacin dedicada a construir una crnica detallada de los sucesos histricos de Clipperton ms all de la conocida tragedia de la familia Arnaud.

Tras recibir el correo electrnico de Carlos Ranc le escrib para empezar de inmediato. Haba premura y l tena cuarenta cosas por hacer. Una hora despus, acelerado por la cafena de la maana, buceando en la pgina web de The Clipperton Project, decid ponerme en contacto y exponer mi caso. Bsicamente les dije que mi nombre era Fulano de Tal, que llevaba ocho aos escribiendo un libro, que conoca bien la historia de la familia Arnaud, pero tambin la odisea de John Clipperton y su vuelta al mundo en 1706 y 1721 y que tena algunos documentos obtenidos en la Fundacin Roosevelt que hablaban de la Pollywog Operation que llev al presidente estadounidense a pescar en la isla dos veces y supervisar la base de entrenamiento y observacin que su gobierno mont clandestinamente durante el verano de 1938.

Tambin argument mi confianza en los proyectos multidisciplinarios y en los esfuerzos transversales para la construccin de nuevos modelos de creacin. Le dije que la literatura creaba pensamiento y que me encantara incluir en la novela la experiencia de viajar de la isla imaginaria a la verdadera.

Al da siguiente recib la respuesta de Alex Kearney, la mano derecha de Jonathan Bonfiglio y arquitecta silenciosa de The Clipperton Project. Su correo electrnico agradeca mi inters y prometa la pronta respuesta del director.

Bonfiglio me contest un par de das despus. Acordamos una conferencia va Skype. Para cuando nos sentamos frente a las pantallas ya saba que haba nacido en Gibraltar, que haba vivido en Teruel, Glasgow y Cholula, que tena escritas dos obras de teatro y que llevaba un par de aos gestionando esta expedicin. Tambin que hara un libro de cuentos sobre Clipperton. l hizo varias preguntas y explic los perfiles de algunos miembros de la expedicin, as como sus objetivos. Cuando le hice saber que yo conoca el proyecto por voz de Carlos Ranc me dijo: ahora lo entiendo todo.

Al final fue todava ms contundente: es posible que suceda una cancelacin. Si eso pasa ests dentro.

Dijeron que s. En plena euforia, consiguiendo de prestado la tienda de campaa, el saco de dormir, la lmpara cenital. Corriendo con mi amigo Paco Gimnez-Salinas por la Comercial de San Jernimo para conseguir un rompevientos, protector solar, Autan, barras de cereal. Navegando por el trfico del viaducto mientras en otro coche me alcanzaban con mis botas camineras, y justo cuando estaba a punto de subirme al avin recib un correo electrnico en el que me informaban que por mi horario de llegada (el barco zarpara antes) se cancelaba mi lugar a bordo de la nave insignia de la expedicin. Ya me diran en qu nave me tocaba viajar.

La noche que llegu a la Paz anot: "No podr usar mis cosas hasta maana porque se quedaron en la camioneta del encargado de logstica. Conoc personalmente al director del proyecto. Me asignaron un camarote. sa es tu litera, me dijeron sealando un espacio en la proa. Tras cruzar tres palabras ms con Jon Bonfiglio, escuchar el proyecto creativo de Carlos Ranc, recorrer el Luca Celeste y bebernos seis cervezas combinadas con Dramamine, por fin me qued solo en el comedor. De pronto un hombre, algo as como un toro, apareci de la nada y se acost en mi cama. Ahora estoy sin maleta y sin lugar para dormir".

Tuve que abandonar la nave y caminar media hora para encontrar un hotel de cuatrocientos pesos. Se llamaba Motel lvarez. Haba llegado, viajero, a una expedicin ms desorganizada que yo mismo.

Zarpamos el 1 de marzo. Unas horas antes me enter de que mi "afortunado" sustituto a bordo de la "nave insignia" era Carlos Ranc. Cuando llegu al muelle todo era confusin. De mano en mano se pasaban cientos de kilos de arroz, pasta, salsas, latas de frutas en almbar, casi una tonelada de galones de agua. Acomodados como una manada, los tres barcos eran avituallados (alimentados) a toda velocidad. Faltaba una hora para la salida de la nave insignia. Yo me presentaba con los miembros de la expedicin y, como siempre me pasa, olvidaba sus nombres en cuanto conoca al siguiente. En una carambola de tres bandas observ a Ranc negociar su traslado del Island Seeker al Luca Celeste. El artista hizo creer a los miembros de su tripulacin que tena un carcter conflictivo. Veinte minutos despus fue exiliado del Luca Celeste. Entonces se integr a la tripulacin del Piscis, comandado por el capitn Gwendal le Floch.

A la una de la madrugada, dos horas despus de lo programado, la nave insignia zarpaba con cuatro pasajeros. Era un velero de apenas treinta pies, muy escorado y atascado de las provisiones favoritas de su dueo, principalmente salsa ctsup, cerveza, mermelada de fresa, nachos y salchichas. El dueo era un clsico old gringo de California llamado Frank cuyo inters era sumar estrellitas, ver ese pedazo del mundo sin tocarlo apenas y beber whisky. El responsable de la nave, y en el fondo su verdadero capitn, era un joven y experimentado marinero francs que a los diecisiete aos haba escapado de la casa paterna para navegar por los mares del sur, perdiendo un pedazo de brazo en Cuba y ganndole a la experiencia en mar lo que no tena en formacin. Todos lo llamaban Piratita.

Y Piratita sentenci: no entiendo a todos esos indignados. Empeados en fundar nuevos pases, micronaciones y utopas anticapitalistas, no son capaces de ver que el mar es tan enorme e internet tan pequeo. Que se pongan a navegar en olas de verdad, que vean el mundo y no sus sombras elctricas proyectadas en la nueva caverna de Platn.

Una hora despus zarparon. La cscara de la que me salv se mova con dificultad, iba ms escorada que un guardafaros cojo. No usaran las velas hasta que entrasen en alta mar.

El Luca Celeste se preparaba. Se hicieron turnos para cocinar y para las guardias del timn. Hubo un curso rpido de manejo. La mdico vegetariana redact un rol que granje mi odio. Por alguna extraa razn y durante tres ocasiones me tocaba cocinar y llevar el timn al mismo tiempo. Cuando la mdico vegetariana hizo los cambios, entonces provoc que mis guardias y mis horas de manejo se sucedieran una tras otra. La segunda tarde, cuando nos tocaba cocinar juntos, ella cay enferma. Yo le haba preparado una pasta y en vez de bolognesa le dej cocinadas unas verduras. Cuando fui a preguntarle si quera cenar me contest algo as como: no te has dado cuenta de que estoy enferma. Una hora despus sali de su camarote y se cen un plato de yogurt con granola. A la maana siguiente, en la torre de popa, mientras me echaba una siesta tras haber preparado el desayuno, me increp: alguien hizo de desayunar pero no limpi los platos. En ese momento se gan un enemigo. Das despus, surgira el proyecto compartido de escribir un ensayo titulado: Contra los vegetarianos en alta mar, cosa que se confirm el da que la mdico vegetariana hizo de cenar una sopa de lechuga.

Triunfaron los platos portugueses del uruguayo Santiago Cassarino; las pastas de Federico Lepe, el fotgrafo subacutico de la expedicin; el ceviche de Emiliano Romo, alias el To, jefe de mquinas nacido en Sinaloa; la lasaa a la mexicana de Clark Beek, natural de California radicado en San Francisco. Uno de los ms experimentados y discretos hombres del proyecto. Sin aspavientos, Beek llevaba alimentos a la isla e incluso los trafic cuando el laboratorio involuntario de la direccin se torn rudo. Frente a los das en que la expedicin pareca ms un reality que un viaje y apenas comamos frijoles y pasta hervida en agua de mar, Clark mantuvo la paciencia de quien le ha dado la vuelta al mundo. La suya dur doce aos y toc treinta y cuatro pases. Lo hizo a bordo del velero Condesa, que se llama as en honor al barrio chilango. La sensacin que produce hablar con personajes como ste es la de la imperiosa necesidad de abandonar la navegacin online. Supongo que la misma impresin produjo en Jonathan Bonfiglio, quien lo haba invitado como capitn del barco que guiase la expedicin original. Siempre tuve claro, dijo Clark, que cuando encontrasen el barco ideal para The Clipperton Project ese barco vendra con capitn incluido. Y as fue. En este caso, Benedikt Hess, alias Benny, buzo suizo que tambin triunf con la receta del pan cocinado en alta mar (imposible decir casero) y que un ao antes haba sacado al Luca Celeste de las aguas de Acapulco donde haba permanecido hundido una larga temporada. No fue hasta el tercer da que deduje que el capitn de nuestro barco haba sido el hombre que me rob la cama asignada por la direccin general.

Las horas se hicieron menos gracias a la biblioteca de Carlos Ranc Exlibris. Adems de los libros citados, el artista haba trado una coleccin de unos cuarenta volmenes sobre navegacin, islas, piratas y naufragios cuyos ttulos y autores fueron tachados y cuyas portadas fueron sustituidas por una tapa anaranjada que los haca localizables y que los emparentaba con los salvavidas o los cangrejos. Lo que en su origen pareca un cubo perfecto, de lneas simtricas y limpias, al final de la expedicin acab convertido en una pieza manoseada, hmeda, llena de dibujos, grasa y hojas dobladas, echada a perder en muchas de sus esquinas. Una pieza de museo. Pero lo que Ranc provoc en realidad fue crear un viaje doble en el que el paisaje se cruzaba con los fantasmas inventados por Michel Tournier, Stevenson o Somerset Maugham. La idea era navegar a ciegas los libros, sin brjula. Al menos eso hace que las historias sean ms importantes que los narradores.

Llegamos al amanecer del da 9 de marzo. A esa hora la isla parece un dibujo de tinta que desaparece a veces. A velocidad se organiz una expedicin en kayaks. La mayora de los tripulantes del Luca Celeste zarp hacia la isla.

El motor del Little Lucy se rompi contra una piedra y con ello estall tambin el conflicto entre el capitn del barco y el lder del proyecto. Uno quera tender una lnea de boyas para desembarcar con seguridad y el otro se empeaba en encontrar el canal libre de arrecifes. Uno perdi el motor, el otro no vea sentido a la lentitud de atar una cuerda hasta la palmera y desesperar a los expedicionarios que se quedaran das mirando la isla sin tocarla. Yo iba a ser uno de ellos.

El equipo de sonido se ech a perder y Hctor, su encargado, se qued sin trabajo y sin maleta. Era nuestro Alexander Selkirk de Malinalco. Tambin se jodi el equipo de Carlos Ranc y Julie Morel que pasaron el primer da en la isla mirando los destrozos. Uno, el de su cmara y lentes; la otra, el de la imposibilidad para arreglar su computadora. Ambos equipos venan en una "bolsa seca" que se revolc durante ms de media hora.

Jon Bonfiglio comenz a buscar todo gnero de utensilios. Restos de palma seca para la fogata, piezas metlicas para armar el dispensario, otras ms ligeras para poder colgar pescados para asar. As orden la instalacin de un campamento que descansaba sobre las plataformas de concreto que encontramos a un costado del palmar.

Para hacernos de una casa, Bonfiglio cont con la incondicionalidad, fiereza y activismo de Enge (escultor escocs), Santi (cmara del documental) y Caroline (mdico vegetariana), que a pesar de todo mi odio carg mi maleta y sus cuarenta kilos de ropa mojada en un recorrido que le llev ms de una hora. Tambin se encarg de armar mi tienda de campaa y exiliar mis cuadernos de notas a otros lugares del campamento que nunca supe localizar.
En verdad tengo mucho que agradecerle, pero esta crnica, como todas, necesita un enemigo.


Llegar a la isla me tom dos das ms. Mirar al atoln estando al pairo produca la sensacin de un espejismo donde se alternaba la imposibilidad de tocarlo y el imn de su presencia. La rodilla me dola como al guardafaros artrtico, Victoriano lvarez. Mientras haca flexiones me di cuenta de que estaba asignando caractersticas de mis personajes a los miembros de la expedicin. A Jon Bonfiglio lo asociaba con John Clipperton o con el cangrejo que encabezaba la guerra de los animales. Pero Jon ya tena muchos nombres. Durante los das que sucedieron fue bautizado como master and commander, Jota Tan, El Ingenioso Hidalgo del Canal Libre, Mximo Lder, Capitn Tapioca o El-Rompepelotas-Picis Picis-Luca Celeste-Over.

Por la noche Otto volvi de la isla. Y nos cont cmo haba subido a la roca Clipperton, el sol sangraba sobre ella; cmo los pjaros bobos alimentaban a sus cras, dejndose encajar los picos en la lengua; cmo al caer la noche la isla se iba tapizando de ratas, una alfombra infinita de ratas. Incluso en la orilla de la playa.

Lo que est en riesgo es mi vida. T eres el capitn del barco. Qu haras en mi lugar?
Si por m fuera, no te bajabas. El mar est muy difcil y ese canal libre no existe me contest Benny.


La cosa qued ah. No habra manera de llegar hasta que Jonathan Bonfiglio no apareciese por el Luca Celeste, y yo que esperaba a que Benny, el cocinero estrella del pan casero, el buzo experimentado de apnea y gran profundidad, el lobo marino que durante la travesa se arroj al mar para despus dejarse arrastrar por una cuerda que haba atado a la popa, me dijera: "No te preocupes yo te llevo hasta la orilla sano y salvo". En cambio guard silencio, rumiando enojo contra el jefe de la expedicin pero sin atreverse a decir una sola palabra.

A la maana siguiente desert del Luca Celeste.

Luego del desayuno hubo una visita del britnico John Broome, alias John Long Silver, encargado de logstica, miembro de la Royal Yachting Association y tan gentil como el caf que preparaba todas las maanas. John se haba convertido en el segundo oficial del Piscis y era algo as como la oreja y los ojos de Bonfiglio en el velero capitaneado por Gwendal le Floch, alias Gwen, un bretn que fue profesor de espaol y literatura en Suiza y de francs en Buenos Ares, pero a quien el destino haba llevado a navegar desde la infancia. Su padre vivi pegado a la costa francesa y l creci con las velas tensadas a las manos. La historia se repeta. Haca muy pocos meses que Gwen y su esposa haban tomado una decisin. Vivir de su propio barco, y sta era una de las primeras experiencias que ponan atencin en ese objetivo.

Yo quiero proyectos con metas de contenido, con un sentido. Normalmente, cuando quieres vivir de tu barco, acaban rentndotelo para filmar cine porno o para organizar fiestas de swingers en alta mar. No quiero eso. Prefiero a Jota Tan y quiero que Morgan, mi hijo, crezca mientras viajamos. Quiero llegar hasta los mares del sur.

Lo que est en riesgo es mi vida. T eres el capitn del barco. Qu haras en mi lugar?
Esperar a que la marea suba para librar los arrecifes, pero sin que la olas sean tan altas y te azoten contra la playa. Si quieres te llevo.
Haba escuchado lo que deseaba.


Jonathan Bonfiglio prometi que me conducira a tierra con la primera tanda, y luego con la segunda y luego con la tercera. En la cuarta subi a Carlos Ranc y a Julie Morel. Despus de ellos la marea empez a ponerse espantosa una vez ms. Alcanzaron la orilla sanos y salvos pero sin sus cosas. Entonces Bonfiglio lleg al Piscis y desde su kayak me dijo que era mi turno.

Sub a una Zodiac con Gwen, que ya lo haba preparado todo, y ste se acerc hasta colocarse atrs del rompeolas, frente a la playa en la que se iza la bandera de Francia. Arrjate y nada, me dijo. Pas toda mi infancia sorteando olas en Manzanillo y cre que con eso me bastara. Pero no es lo mismo recibir olas en la orilla que llegar con ellas. La cosa se complic gracias al salvavidas. No avanzaba nada, flotaba, pero mis movimientos se volvan torpes. Sumando eso a las botas de neopreno que se zafaban, el peso de la camisa empapada, el sol calcinando mi cabeza, la sal en la boca, el desayuno reciente revuelto en la panza y mis treinta kilos de ms, empec a cansarme. De pronto una ola me alz en vilo y de un manotazo me coloc sobre uno de los arrecifes. Ca de pie e hice resorte con las rodillas. Una me tron. La que se vena lastimando durante el viaje, la que intent curar durante meses con pastillas de cartlago de tiburn me salvaba la vida. Pero ah estaba, sitiado precisamente por tiburones y morenas, en el corazn de un paisaje de espinas y piedras, milagrosamente de pie sobre una piedra plana alfombrada por limo y con el agua hasta las rodillas. De frente, una coleccin de picos que salan aqu y all, amenazando en convertirse en albercas hondas, y remolinos y lanzas. Eran la defensa de la isla.

Atrs una ola gigantesca y el mar furioso. Y atrs del rompeolas Gwen y Bonfiglio gritando algo incomprensible. La lgica me hizo suponer que me ordenaban regresar. As que comenc a nadar, huyendo de la corriente que me arrastraba hacia la corona de espinas para convertirme en alimento de la isla. Eso dur unos cinco siglos, y en ese momento me supe fantasma. Pas otras tres o cuatro olas, tragu un litro de agua salada. Las olas empezaban a caer en cadena y en picado, sin deslizarse hasta la playa, demasiado rpido. Tragu otro litro de agua.

Cuando llegu a la Zodiac supe que estaba muerto. Desde entonces esa imagen me persigue cada que miro la cicatriz que me hice en la mueca. Una pequea y profunda cicatriz en la que se dibuja el mapa de la isla. Lo que me restaba de vida era tiempo prestado.

Mi alma tard dos horas ms en volver. Ya en el Piscis me dieron de todo, tequila, agua, dulces, jugos de fruta. Y yo respiraba. Slo respiraba.

Esa noche hice de cenar. Junto con John Broome y Gwen recibimos la visita de los tripulantes del Island Seeker que acababan de llegar. La nave insignia haba sido la primera en zarpar y la ltima en atracar. A excepcin de Frank, gringo rosado que tena cara de sobreviviente de Vietnam, el resto de los tripulantes era verde. Cuando le pregunt a Naim Rahal por su recorrido me dijo:

Tengo tres das sin hablar, once comiendo salchichas, Doritos, ctsup y galletas, cagando con las nalgas al aire, sin agua y bajo las rdenes de un capitn que no lo es y un marinero que sabe ms que todos juntos en la expedicin, pero que tiene que soportar al gringo.

Naim es la persona ms calmada que he conocido. Su voz es baja pero firme, sus fotografas hablan de la tranquilidad que lleva adentro. Algo que me encantara poseer como los budistas. De haber sido uno de los privilegiados que formaron parte de la nave insignia, tal vez me hubiera muerto antes, sin siquiera ver la isla.

El pescado fileteado por Piratita y la receta que alguna vez le vi preparar a mi hermano Ricardo resultaron un xito, bebimos mucho, y a las cinco de la maana me levant lastimado de la mueca. La pulsera que llevo tiene una punta de metal que haba vuelto a abrir la herida. Entonces pens: esta herida no va a cerrar jams. Frente a nosotros, la isla supuraba espuma.

Durante el viaje de venida le dije a Mia, la bailarina noruega, que la isla era un lugar que se abra y se cerraba. Yo no haba esperado ocho aos para llegar al lmite y abortar la idea de poner un pie en esa crcel de fantasmas. Los haba estudiado a todos, los conoca en detalle. Incluso la isla es un fantasma, me dijo Mia. El espacio es una forma del vaco, pero tambin es el lugar que transformamos para dar cabida a nuestro cuerpo, sus necesidades y movimientos. Por eso bailo, porque creo que la danza es una forma de pensamiento que se lee solamente en la extensin de un rea determinada.

Yo an no saba si ese espacio iba a abrirse para m.

A la maana siguiente, Jonathan Bonfiglio se acerc al Piscis. En sus kayaks lo seguan sus machos alfa. Los envidiaba por la facilidad para desplazarse sobre el agua, para entrar y salir de la isla, para lucir los trajes de neopreno como modelos de Sports Illustrated y no como una butifarra achicharrada en rojo por culpa del sol. Gwen me dijo:
Yo me encargo, hoy s llegas.


Y Bonfiglio:
Listo?


Y yo: ("piensa, piensa, di algo inteligente").

Y Bonfiglio:
Hacia la roca hay un espacio como de cincuenta metros donde no hay arrecifes. El agua est muy leve. Vamos a tratar.
Llegamos a esa zona. Era el famoso canal libre. Bonfiglio lo haba descubierto. Deberamos llamarlo Canal Bonfiglio. Decid lanzarme sin salvavidas y nad mucho ms rpido. El agua estaba tranquila. Cuando pude pisar el fondo entend que se haba cumplido el ltimo de mis deseos. Me sent desorientado. Desde entonces no s qu sigue. Haba cumplido todos, a mi pesar.


Jonathan Bonfiglio se acerc en su kayak y brinc a la orilla de la playa. Entonces me abraz y dijo:
Bienvenido a la isla, Pablo.


Haba llegado, viajero, al lugar que llevaba escribiendo ocho aos y yo me lo saba de memoria. En ese momento entend que pasar de la isla imaginaria a la exacta nunca sucedera. La prueba se encuentra en este preciso instante que la escribo con ambas memorias convertidas en una sola. Me resulta imposible distinguir dnde se encuentra la verdad y dnde la imaginacin. Igual le sucede a usted, lector, que tambin est en esa orilla sin saber lo que sigue.

Para cuando llegu al campamento, despus de una hora cargando cuarenta litros de agua, me encontr con Mia herida de un corte en la palma de la mano y mi tienda habilitada como enfermera. Cuando pregunt por mis cuadernos de notas nadie supo decirlo. Cuando ped agua, me exigieron disciplina. Quiz mis cosas estaban en la tienda de Hctor Tame, que aun sin ropa y sin micrfonos y sin comer slo murmuraba quiero una pia colada.

La rodilla izquierda me estaba matando. Cuando le ped a la mdico vegetariana, a la doctora de toda la expedicin, a la encargada de nuestra salud, que me diera un Iboprufeno, me dijo que ella haba mandado un correo electrnico avisando con toda claridad que era responsabilidad de cada viajero el traer sus medicinas. Como otras muchas, yo no haba recibido esa informacin porque haba sido el ltimo en llegar a The Clipperton Project. Apenas un mes antes, la mdico vegetariana haba puesto en jaque a los organizadores, hacindoles parir chayotes para conseguir medicinas sin receta, morfina inyectable o slida y material quirrgico para realizar amputaciones. Cuentan que en uno de sus avisos deca que viajar a Mxico y beber su agua era lo ms peligroso de todo el proceso.

Al final del da me dijo: escucha a tu cuerpo, Pablo.

La isla es un museo dividido en secciones. Ocho para ser exactas. El vestbulo principal est organizado por una serie de plataformas de concreto que alguna vez fueron los pies de casa con que se edific el campamento estadounidense y donde la expedicin del Rara Avis construy cabaas y aljibes. Hay otros restos que apenas se notan ocultos bajo los huesos de coral y hierbas ralas, esos sirvieron como base de la guarnicin mexicana de principios del siglo XX.

Aqu y all, de concreto y metal, los pabellones, las placas y los letreros conviven como si fueran las lpidas de un cementerio de fracasos. Sin duda, los letreros son la nica memoria escrita valiosa que ha sido capaz de sobrevivir, aunque sea malamente y en fragmentos. En ellos se leen los aos (1951, 2011, 1938) los nombres de las corbetas que han anclado en su costa, advertencias: quien sea sorprendido nadando, pescando o realizando actos de cacera en esta rea ser reportado a las autoridades.

En la entrada del museo hay una placa fechada en abril de 1967. Otras lpidas se repiten en el basamento de la bandera, justo antes de entrar a la seccin dos, y a los pies de la gran roca en la seccin siete. Como si fuera la exposicin permanente y las placas hicieran las veces de indicador de grandes cuadros exhibidos, stas tambin sealan la presencia momentnea de la legin extranjera, la armada francesa o la tripulacin de turno empeada en erigirse nica. En cambio, cualquier libro, cualquier papel, es devorado inmediatamente. Los cinco millones de cangrejos que habitan la isla representan diez millones de tijeras.

En cambio, no hay cementerios ni epitafios destinados para las tumbas. Ni una sola cruz. Los huesos de coral se mezclan con los huesos de pjaro y las carcasas de los hermanos cangrejos y los esqueletos de los cados que ya se han vuelto polvo.

La segunda noche escucho una conversacin. Mia estaba trabajando en un solo que se ejecutara a ciegas. Deba tenerlo listo a finales de marzo para su presentacin en Oslo. Aun padeciendo el mareo de tierra, cerrando los ojos, pas horas imaginando el escenario y las distintas escenografas, pero en su cabeza no lograba representar un lugar donde al mismo tiempo convivieran todos los tiempos. Hctor Tame que haba estudiado guitarra clsica le dijo que eso slo es posible con la msica. Tambin con el movimiento, le contesta ella.

Mientras tanto, la ciencia y el arte convivan a distancia. Quizs el asunto se salv durante las largas jornadas que la artista Julie Morel acompa al gegrafo Jean Morschel. Parte del trabajo emprendido por Julie era hacer cuestionarios para medir qu tan cercana o lejana resultaba la convivencia entre cientficos y artistas, mientras que el gegrafo y profesor de la Universidad de la Polinesia Francesa haca los clculos necesarios para encontrar aquella franja de tierra donde la distancia entre la laguna interior y el mar fuera ms corta. Quera descubrir si en algn momento se abrira un canal que los comunicase. Julie y Jean utilizaran el mismo programa ciberntico.

Si en algn momento se encuentran la laguna y el mar, eso ser en unos cuarenta aos. Un pestaeo en tiempo geolgico dijo Jean.

En cambio, la distancia mediada entre ciencia y arte seguir siendo enorme. Dialogan poco. Al menos eso pas en Clipperton, a pesar de que el lugar tiene todas las cualidades de un laboratorio que ejemplifica el estado de la naturaleza y la condicin humana. Quiz si The Clipperton Project hubiera dejado florecer los campos de cultivo (ms das en la isla) y los cientficos no fueran tan pocos, esta explicacin saldra sobrando.

Pero la verdad es ms grande que una isla.

Si el usuario recorre el litoral en su sentido inverso y empieza por el basamento de la bandera, comprender en su totalidad la secuencia del museo. Lo que ah se encuentra parece el resultado del Apocalipsis. El paisaje y sus basuras plsticas y blicas semejan los restos de una civilizacin que ha dejado de ser.

Yo trabajo por apropiacin y vine a morir, me dijo Carlos Ranc en algn momento. No puedo explicar de qu modo, slo s que vine a morir. Todo lo dems ser el resultado de ese proceso. Los cangrejos se comeran el libelo titulado Contra los franceses que Ranc dej en el basamento de la bandera, el lugar que el gegrafo Jean Morschel llama la seccin dos. Luego Ranc se despedira de una historia amorosa que le tom seis aos, abandonando una antologa personal, hecha a mano y titulada Something About Us. El track y las canciones podrn encontrarse en algn sitio de la red. El amor en la Isla de la Pasin es un amor que se padece en la memoria pero que ya no habita ningn otro cuerpo. En cambio, "Marooned" (que podemos entender como la exposicin temporal de este inmenso museo) slo pudo ser vista por algunos cuantos que ni siquiera la miraron. Mirar quiere decir leer la historia de lo que se ve, a quien tienes enfrente, aunque sea por pedazos. Ranc alcanz con esta burla al arte contemporneo, eso que Antonin Artaud llamaba el cuerpo sin rganos.

Hace casi un siglo que el arte dej de ser una forma de pensamiento, y por eso Carlos Ranc es un anacrnico. No tiene remedio, pero eso lo convierte en el artista ms heterodoxo de los que conozco. Hay pocos que hoy reflexionen sobre su trabajo, que escriban, que investiguen e intenten comprender su obra en vez de escudarse en la frase "Mi obra se explica por s misma" que tanta risa dara a pintores como Max Ernst, Giorgio de Chirico o Ren Magritte, quienes dedicaron sendos textos a la comprensin del arte y de s mismos.

Hace casi un siglo que la isla tambin se convirti en una forma de pensamiento. Es en la zona dos donde eso se explica de mejor forma, aunque con los smbolos del nacionalismo. Miguel Alcalde y yo vagamos por esa zona. Tambin vimos cmo Julie Morel mataba un pjaro bobo, cuando en realidad intentaba espantarlo con una cscara de coco. Algunos nos remos de los ecologistas y los vegetarianos que pastan en la entrada del museo, cazando biologa y causas para salvar al mundo. Un mundo que suma ochocientos millones de pobres y nosotros aqu en una isla desierta mirando los censos de la poblacin idiota. Alguien, desde el continente, encarg a los ecologistas contar pjaros bobos. Luego de media maana, insolados y sin saber la metodologa que permitiera separar a los de patas azules, de los pardos o de las cras, los contadores de bobos desistieron de su misin. En cambio, el censo de contadores de bobos dice que fueron dos. Uno de ellos la mdico vegetariana.

Encontramos la escotilla. Lo que en mi novela llamo el Refugio Roosevelt. Durante varias horas estuvimos rascando sus bordes. Pareca que alguien col concreto y que sera imposible entrar en ella. Desistimos. Ranc aprovech para reunir algunos restos metlicos, bollas y una aguja que fuera la punta del asta bandera original. Con el material har su primera pieza.

En la zona dos tambin se pueden encontrar los restos de va que se utilizaba para transportar el guano y muchos tornillos y un basurero (antiguo triturador de piedras) donde hay platos y, alrededor, dos mil quinientos catorce pjaros bobos. Los nicos que alcanz a contar la mdico vegetariana.

Al tercer da en la isla comenc a caminarla. A las siete de la maana ya estaba lejos de la zona dos. Ah la museografa est concentrada en los sonidos, en el crujido de los huesos de coral y en esa forma de declamar insultos que tienen los pjaros idiotas, sobre todo los polluelos que gritan sin controlar todos los idiomas que hay en su lengua. Entonces uno grita: ya cllate.

En mi cuaderno anot: El lder de la expedicin siente piedad por los dems, tambin por todos los animales. Esta noche sac a uno de los pjaros idiotas de la fogata. Los pjaros idiotas no conocen el fuego, que fue inventado mucho tiempo despus que su especie y las variantes de patas azules, negras y amarillas que lo componen. La mdico vegetariana tambin se quem una pata.

El lder de la expedicin no siente especial fascinacin por ninguna de las salas. Tal vez por la tercera, que est dedicada al plstico. Toneladas de tapas coloridas, zapatos de pie izquierdo (se ofreci un premio a quien encontrase un par), redes azules y verdes como hamacas de gigantes, sillas rotas, conos de trnsito, computadoras y miles de juguetes que llegaron flotando o por aire, trados del continente por las aves para hacer sus nidos y robados por los cangrejos para atraer sexualmente a sus parejas.

La coleccin de plstico es tan abrumadora que el paisaje resulta hermoso, perturbador pero hermoso. No slo por el impacto ambiental y por la evidencia de las marcas. Firmas indestructibles que acompaan a las lpidas. Son las otras palabras: Procter and Gamble, Bimbo, Rotoplast, Hewlett Packard, Corona y miles de marcas ms en francs, en ingls, en chino, en rabe. Aqu llegan todas las botellas con mensaje que se arrojan al mundo. Aqu se exponen llenas de papel mojado.

Pero an as, el gobierno francs no acusa de recibido. El laboratorio natural que podra ser Clipperton gracias a que aqu se cruzan varias corrientes martimas del globo y a que el lugar es una zona de paso para la migracin de aves y decenas de especies subacuticas, es ahora un museo de nuestra inutilidad, esa que exhibe el poder de la economa y el destino de nuestra memoria, una memoria hecha de basura y deshechos, que hablar de nosotros cuando un habitante futuro explore el origen de nuestra civilizacin.

Me encontr con el cataln Felipe Sanmartin Suer en la zona cuatro, dedicada a la guerra. El terico de la conspiracin y yo venamos haciendo recorridos opuestos. Yo dejaba atrs la zona donde Gustave Schultz recolectaba el guano y Felipe vena de la zona cinco dedicada a los naufragios, donde estaban expuestos la proa del Dixie Isle y el esqueleto del atunero Macel, cuyas ltimas misiones estuvieron dedicadas al narcotrfico y la recogida del llamado pez ladrillo, paquete de cocana llamado as por su forma.

Cuando entramos en la zona de guerra reconocimos los restos de ramales y vas frreas y antiguas cajas metlicas que sugeran cajas de herramienta para reparar automviles. Intentaba abrirlas cuando el terico de la conspiracin hizo un clic con su cmara. Retrataba una mueca sentada sobre una bala antiarea. Instalacin espontnea, que fue completando con balas de menor calibre.

Aqu se han hecho pruebas nucleares, dice el terico de la conspiracin (fue en Mororoa pero Clipperton fue candidata, pens). Aqu han entrenado los rangers, dice el terico de la conspiracin. Aqu la santa Iglesia catlica hizo movimientos estratgicos para tomar el poder en Amrica Central.

Felipe no se explica por qu cientos de cajas se amontonan ah, olvidadas con sus lanchas, repletas de balas. Ya no podra regresar a casa para comprobar si ah se ensay el desembarco de Normanda o que hubo un barco llamado USS LST-563 que encall durante las prcticas y que los franceses pasaron por alto, agradecidos con los aliados por su liberacin. Era el final de la Segunda Guerra Mundial.

La armada estadounidense desmont ese barco hasta donde fue posible, pero su fantasma se compone de esas cajas y de esos calibres, y carterpillars, y lanchas y tambin de los miles de ratas de California que habitan la zona siete de la isla. Ratas muy distintas a las ratas chinas que se bajaron del Dixie Isle. Sus encuentros han sido someros pero respetuosos. Cada especie ha fundado un pas, y de momento su guerra comn es contra los cangrejos.

Cuando dejaba atrs los barcos, en el horizonte apareci Lawrence de Arabia. Era perfecto. Gafas oscuras, pareo, calzado de maratonista, turbante. Me sonro. Me dijo que haca mucho calor y que la isla era el lugar ms espantoso del mundo. Luego me pidi agua. Slo traa una botella. Era una pequea botella de Sprite que haba llenado de agua limpia el da anterior y que pensaba beberme en cuanto llegase a la Roca Clipperton. El periodista David Biller tom un trago largo. Al terminar me dijo:
Gracias, es que ya me acab los dos litros que traa conmigo.


Nos despedimos.
Es peligroso caminar tantas horas sin agua, take care me dijo.


Aparece ante m la Roca Clipperton. La escalo y me extravo. Quiero llegar a la cima, pero llego a la piedra de enfrente. Me encuentro a Miguel Alcalde, director del documental. Si alguien tuviera la estatura para representar al capitn Arnaud, el director del documental sera el indicado. Observador y paciente lea muy bien cada personalidad.

El director del documental quiere que John Clipperton sea el narrador de la pelcula, un narrador que poco a poco vaya convirtindose en la isla.

Estuvimos cinco horas en la cima de la Roca Clipperton. An quedan restos de la base del antiguo faro. Nos quedamos viendo al sol y las fragatas. Miguel haba venido a la isla para mirar esas aves. Me fascinan, dijo. Se detienen en el aire, paran el minuto. Mientras t y yo la miramos, ella sobrevuela otro tiempo. Abajo una nia arroja muecas a la laguna. Cumple las rdenes del guardfaros rey. Donde estamos nosotros ese hombre esconde tres muecas ms. Entre las patas, la fragata trae un soldado de juguete que alguien encontrar dentro de tres horas ms. se sera Naim Rahal. Si yo pudiera, no hara otra cosa que filmar a las fragatas y lo que ven. A diferencia de los pjaros bobos, su sabidura est en el silencio.

A la misma hora Manon Fourier y Katherine Dunlop eran filmadas bajo el agua por Federico Lepe. Los expedicionarios del arrecife dorman en el Luca Celeste y su nica relacin con el arte estaba en el ojo de Federico. Manon era buzo profesional y estudiante de biologa que vino a tomar algunas muestras de coral para analizar las microespecies que viven en el arrecife ms intocado de la Tierra; tambin ayudara a Kathy, oceangrafa que haba llegado de la Antrtida para probar su invento: una cmara a la que se le coloca carnada para los tiburones. Su objetivo era disear un mecanismo que, utilizando la fotografa y la estadstica, permitiera saber el tamao de la poblacin de estos animales.

Las dos acabaron exhaustas y con ganas de fiesta. Visitaron poco la isla. Quizs el nico de la expedicin que pudo ver todas las versiones de Clipperton, la submarina y la de pie de tierra, fue Federico Lepe. Tambin la area, cuando los "malvados" atuneros nos prestaron su helicptero para filmar un documental de corte ecolgico.

Miguel y yo hacemos tiempo. A las seis estamos citados para la inauguracin de la exposicin de Carlos Ranc. Tambin habr un solo de Mia Habib.

Durante das, Ranc trabaj a unos cien metros de la antigua guarnicin mexicana. Ahora se empea en su tercera pieza y se concentra en una montaa de coral que descansa sobre una mesa. Con elementos locales se apropia de la versin original diseada por Marcel Broodthaers.

Cuando llegamos a la exposicin, no hay nadie. Ah estn las piezas. Un rompecabezas de La gran ola de Kanagawa a medio armar gracias a la mano de la mdico vegetariana, que deba estar ah como parte de la instalacin. Tambin se observa la mesa rplica de Gabriel Orozco y una lanza con bollas engarzadas que semeja un Thomas Glassford insular. Pero no hay nadie. Ni fiesta, ni solo de danza, ni la cena que, despus de cinco das comiendo frijoles y pasta hervida en agua de mar, ofreca cinco tiempos, que entre otras cosas amenazaba vino del Priorat, quesos, sopa de berros, peras, pan con olivas y cassoulet de pato.

Una hora despus, exhaustos, con la boca llena de antojo y muertos de hambre, llegamos al campamento. La promesa de la ltima cena se extenda un da.

Con el estmago vaco hice una lectura nocturna. Carlos me tradujo y alrededor del fuego fui leyendo el primer captulo de una novela que ha cambiado seis veces de ttulo. Emiliano Monge sugiere que se llame Los papeles de la isla. En ese momento alcanc el placer ntimo que slo me haba sucedido el da que, visitando el estudio de Dostoyevski en San Petersburgo, le en voz alta la descripcin del cuarto que habitaba Rasklnikov y que coincida exactamente con el estudio donde trabajaba el escritor ruso.

Ahora narraba una descripcin escrita hace ocho aos, que resultaba idntica al sitio que apenas acababa de conocer: "la playa revuelta y el agua que se lame en la oscuridad, los organismos vivos, las cajas amontonadas, la fogata, las vas oxidadas con que colectan el guano, las muecas japonesas encontradas en la gran roca blanca".

Al final, Enge se me acerc para decirme que igual que Gustave Schultz, l creci jugando con qumicos y morteros. Igual que el productor de guano, a l le gustaba trabajar con deshechos. Ambos procedan de una familia de navegantes.

Mi proyecto del da siguiente era trabajar en el entierro-bsqueda de las muecas. Las haba dejado varios das al sol y los cangrejos ya las haban picoteado. Sus rostros parecan invadidos por la viruela y saturados de ampollas. Lo haba logrado. Esa maana llevara a mis pequeos monstruos a la Roca Clipperton. Una ms sera depositada en el lugar donde Rosala Nava me dijo que, por orden del guardafaros, haba escondido el resto de las muecas. Justo en el centro de la baha conocida como Eggs.

Le devolva a la isla una verdad. Aunque en ese momento no saba que la isla me iba a intercambiar ese tributo por algo mejor.

Una hora despus, Jon Bonfiglio me dijo que era hora de abandonar Clipperton. Y mi proyecto? Lo siento mucho, pero el mar est ponindose feo y es mejor que Felipe y t vayan recogiendo su campamento. Tienes una hora. Y la cena de Ranc? Lo siento mucho. Te vas al Piscis.

No chist. Me haba propuesto respetar la figura de autoridad y estaba como abstrado, afantasmado. Hice la maleta, corr a la baha de Eggs para dejar una mueca. Cuando estaba buscando algn hueco para esconderla vi un paquete envuelto, cubierto de moho. Era un rollo de piel. Al abrirlo observ once manchas de mugre. El lugar intercambiaba sus juguetes.

Guard ese paquete en la mochila y me llevaron al Piscis.
En las manos tena algo que revelar cuando escriba la versin veintiuno de la novela.


Piscis pens en Miguel Gonzlez Avelar, en que nunca haba podido viajar a Clipperton. Entonces saqu la botella de Sprite y recog algo de arena. Mi intencin era regalrsela a su hijo Nicols, amigo de otra aventura de piratas.

Me sent triste, era algo parecido al duelo por venir y por dejar. Atrs la isla, enfrente la experiencia de la nada. La isla me expuls tranquila, sin aspavientos, como una tortuga desovando. Qu mejor imagen de la tristeza.

Parece ser que la cena fue apotesica. Todos se emborracharon. Las bilogas bajaron a la playa, Otto persegua a la bailarina, la doctora vegetariana por fin sonri, la comida se deshaca en la boca, era tanta que sobraba. Los cangrejos cenaron queso y Gwen cay dormido sobre una silla. En la mesa qued la ltima puesta en escena de Ranc, las servilletas con los nombres bordados de los fantasmas insulares: Arnaud, Irra, Lara, Altagracia, Tirsa, Alicia Rovira. La servilleta ms sucia fue la del guardafaros Victoriano lvarez. A m Carlos me regal la que perteneciera a Gustave Schultz.

En el Piscis los viejos cenamos cuscus. John Broome sac una botella de whisky y Felipe nos mat a carcajadas con alguna historia sobre Hugo Chvez.

Despus de siete das, la travesa de vuelta a bordo del Piscis naufrag en Puerto Vallarta. La mdico vegetariana rompi la vela. Durante ese viaje gan dos amigos adicionales: Martn Machado, que debera pintar ms y viajar menos porque su memoria quedar saciada pero la de su pblico no y, por otro lado, el viaje me regal el afecto de Gwendal le Floch en tiempos que a la amistad se le denuesta por cursi. Fue ya en Vallarta cuando decidimos fundar un nuevo proyecto que involucre barcos, libros y a Carlos Ranc, que sin duda fue lo mejor del viaje.

Nadie nos dira que The Clipperton Project terminara en el fuerte de San Blas. Sitio donde John Clipperton estuvo preso durante dos aos. Ah Ranc y yo pasamos la ltima madrugada de la "expedicin". Gracias al jefe de la polica local y el don de la palabra que produce la cerveza, el velador de turno (con todo y arma larga) ofici de gua. El recorrido empez a las dos de la maana y termin a las tres. Entonces tomamos las ltimas fotos. Una de ellas retrata un cartapacio de piel idntico al que hall en la isla Clipperton.

Se acab el mar. Llegu a la ciudad de Mxico a las once de la maana del 5 de abril. Me hosped en casa de mis padres. Mientras ordenaba los juguetes, y balas y piezas metlicas que me traje de la isla recib una llamada de mi hermano.

Ya te localiz Miguel?
Qu Miguel?
Miguel Gonzlez Compen.
No. Por?
Es que sabe que fuiste a la isla y quiere verte.


Su padre, don Miguel Gonzlez Avelar, haba dejado mandado en su testamento que sus cenizas fueran esparcidas en la isla. Por distintas razones ntimas, la familia decidi que se quedasen en el jardn de casa.

Yo haba hecho un viaje para traer tierra, pero no lo entend hasta el momento en que saqu la botella de Sprite llena de arena. Una hora despus, el hijo de Gonzlez Avelar la recoga en casa. Haca un mes que los suyos haban acordado esa maana como fecha para realizar la ceremonia luctuosa. Un ritual de despedida.

Los deseos slo suceden cuando al mismo tiempo tocan la vida y la nada.

Una vez ms, la isla Clipperton se mezclaba con el polvo del hombre.//

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