Jueves 21 de agosto de 2014 
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Febrero 2010
La otra versión sobre Florence Cassez (Parte II)
Una revisión a fondo del proceso de Florence Cassez arroja suficientes dudas sobre su participación en los secuestros por los que ha sido juzgada y sentenciada. Un repaso por la historia política de su caso muestra que ella es rehén de muchas fuerzas, entre otras, una policía con necesidad de legitimarse y dos presidentes con intereses en conflicto.
Por Guillermo Osorno
Portada del libro "A l'ombre de ma vie".
A principios de diciembre de 2009 fui a París para mirar cómo se iba a conmemorar el cuarto aniversario del arresto de Florence Cassez. Pocas semanas antes de mi llegada, el programa de reportajes de investigación televisivo, Envoyé Spécial, dedicó más de media hora a revisar el caso. Entre otras cosas, presentaron a un Ezequiel errático, exiliado en Estados Unidos, que mintió frente a las cámaras y a una Policía Federal cerrada y sin argumentos. Al mismo tiempo apareció el primer libro sobre Florence Cassez escrito por Anne Vigna y Alain Devalpo, llamado Peines Mexicaines. Es un tomo de 370 páginas que presenta un sistema de justicia mexicano corrupto y a Cassez como su rehén.

Al mediodía del 8 de diciembre había unas 50 personas congregadas en la Plaza d'Iena, a media cuadra de la Embajada de México. Al frente de la manifestación estaban Charlotte y Bernard Cassez, así como el abogado Frank Berton, que tomó la defensa al día siguiente de la sentencia. No es la convocatoria que ellos hubieran querido, pero de cualquier manera había una veintena de políticos con la banda azul, blanco y rojo cruzada en el pecho y una buena cantidad de medios de comunicación que entrevistaban incesantemente a los protagonistas. Aquel día se presentó Yolanda, la mamá de Ingrid Betancourt. La familia ha comenzado a extender su apoyo a los Cassez desde septiembre del año pasado. Ingrid manifestó su deseo de que se revise el caso de manera imparcial. Y Yolanda dijo ante las cámaras y los micrófonos allí presentes que entendía el dolor de Charlotte, subrayando la idea de que Florence podría estar secuestrada, como Ingrid. Charlotte se veía en particular complacida.

Al día siguiente los Cassez me recibieron en Dunkerque. Viven en una casa cómoda, de finales del siglo XIX en un barrio simpático a dos cuadras del mar. Más que Bernard, es Charlotte quien lleva la conversación, la que habla con la prensa y ha ido y venido más veces de Francia a México. También es más seria que Bernard, es contenida y precisa.

Charlotte contó que, al principio, una de las cosas más difíciles había sido contrarrestar en Francia misma la mala imagen que había sobre su hija. Los Cassez habían guardado una absoluta discreción los días posteriores al arresto, pero a principios de enero de 2006 el semanario VSD publicó un reportaje cuyo sólo título reflejaba muy bien su tono escandaloso. "La diabolique de Mexico. Bonnie and Clyde a la mexicaine".

"A partir de ese momento fue más difícil esconder el asunto", dijo Charlotte. Además de iniciar un proceso judicial para que la revista rectificara, Charlotte y Bernard comenzaron a dar entrevistas a otros medios para dar a conocer lo que había pasado. Aunque encontraron manifestaciones de apoyo, también recibieron comentarios adversos. La notaría donde Charlotte trabajaba consideró que su situación deterioraba la buena imagen del despacho y la corrió.

Durante los meses que duró el arraigo, ni Charlotte ni Bernard fueron a México. Florence les había dicho que podría ser peligroso, pues ella había visto cómo los familiares de otros arraigados habían sido relacionados con el crimen en cuestión, sólo por ir a visitarlos. Cuando Florence fue transferida a Santa Martha, finalmente Charlotte tomó el avión. El cónsul les había dicho que el asunto de Florence no se iba a resolver pronto, como ellos pensaban, y que era necesario venir a verla y conocer al abogado.

A partir de entonces, los viajes entre Francia y México se hicieron muy frecuentes. Fue la época en que Charlotte perdió su trabajo y se vino a instalar a casa de Sébastien durante seis semanas para estar durante la primera etapa del juicio. Durante los meses que siguieron trabajó con los periodistas franceses. Apoyó a Florence en la decisión de cambiar de abogado y se entrevistó con la juez en un par de ocasiones. "Me dijo que había visto con detenimiento el expediente de Florence, que no me inquietara", dijo Charlotte.

Pero las semanas previas a la sentencia Charlotte vio que Horacio García comenzó a dudar. Horacio preguntó a la familia si su padre tenía relación con algún político en Francia. Sentía que alguna dosis de presión internacional ayudaría a que la sentencia fuera favorable.

Bernard, en efecto, tenía algunos conocidos. En una boda, contó a un ex concejal de un pueblo vecino lo que había pasado con Florence. Y este hombre era el padre de un diputado, Thierry Lazaro, de la jurisdicción vecina de Phalempin, miembro de la Union pour un Mouvement Populaire (UMP), el mismo partido del presidente Sarkozy. Se arregló una cita. Lazaro les dijo que había visto el caso desde el principio y que pediría una reunión con el presidente. A finales de 2007, los padres fueron recibidos por los asesores presidenciales en el Palacio del Elíseo al menos dos veces.

Pero la sentencia de 96 años puso en movimiento a todo el mundo. Yves Tapon transmitió la entrevista y los padres se pusieron en comunicación con uno de los abogados más importantes de Francia, también vecino de la región norte, Frank Berton.

A Berton se le conoce como el abogado de los errores judiciales. Se había hecho famoso por asuntos que retaban la conciencia pública, como su defensa a una red de pederastas en el llamado proceso de Outreau. Pudo demostrar que eran inocentes y que habían sido condenados por error.

Berton se reunió con los padres de Cassez para hacer una revisión del asunto y más tarde habló con Florence. Conversaron por más de una hora. Berton le dijo que él estaba de acuerdo con ser su abogado, pero era ella quien decidía.

En contra de la discreción anterior, Berton movilizó sus redes entre los periodistas locales y organizó una conferencia de prensa en Lille donde anunció que Florence Cassez acababa de ser sentenciada a 96 años, que él tomaba el caso y que apelarían la decisión.

Días después, Sarkozy recibió a Berton y los Cassez y a Thierry Lazaro en el Palacio del Elíseo. Con la ayuda de Horacio García, Berton preparó una síntesis del asunto. Sarkozy estaba con los asesores de justicia y relaciones exteriores de la presidencia. El mandatario se mostró comprensivo con los padres, aunque dijo que se trataba de un expediente delicado y que había que tener paciencia. A la salida, se celebró una nueva conferencia de prensa, pero entonces fue ante los periodistas de París.

Unos días después, Berton vino a México. Viajó con los Cassez, Tapon y un grupo de periodistas franceses. Llegaron a México precedidos por un artículo de la revista Proceso, eso le ayudó en su labor de relaciones públicas. La visita tuvo sus momentos teatrales, pues la embajada asignó a Berton unos guardaespaldas que luego salieron en un documental del programa 66 minutes dando realce a la imagen de México como un país hundido en la violencia y con un sistema de justicia cuestionable.

Con la ayuda del jefe de la Agencia Francesa de Prensa en México, Berton consiguió entrevistarse con una importante magistrada mexicana, cuyo nombre siempre se ha rehusado a dar. Ella le explicó el funcionamiento del sistema de justicia en México y le habló de Olga Sánchez, la juez que sentenció a Florence a 96 años. La magistrada también sugirió que sumaran a la defensa a un abogado mexicano como Agustín Acosta, pues era necesario hacerse de un defensor con presencia en los medios locales. Berton trabajó en el expediente y comenzó a repartirlo entre los periodistas franceses, quienes a partir de ese momento se hicieron una idea más clara del caso. Berton incluso encontró tiempo para regañar al personal de la embajada por su falta de convicción.

Cuando regresó a Francia, se entrevistó con el presidente Sarkozy. Llevaba unas notas sobre el expediente de Florence Cassez donde expresaba su convicción de que el proceso estaba lleno de irregularidades. Urgía que el Estado francés tomara las medidas necesarias sobre esa condena injusta. Sugería que la embajada se estaba tomando el asunto a la ligera. ("Cuando me entrevisté con el Señor Embajador, en un momento de la conversación me dijo: ‘Así es México'", escribió Berton en el informe) y pedía no abandonar a Florence a su carcelero mexicano.

Agustín Acosta se puso a trabajar inmediatamente en el alegato a favor de Florence. Hubo que prepararlo en 10 días y luego hacer una exposición oral de los motivos.

Unas semanas después, Agustín Acosta se reunió con Berton en San Diego, California, para seguir intercambiando ideas. Acosta le aconsejó a Berton hacer una nueva visita a México para reunirse discretamente con el magistrado de apelación. Era importante hacerle ver que Florence tenía un abogado internacional, así como un gran apoyo en Francia. El comité de apoyo a Florence había crecido enormemente desde que Jean Luc Romero, originario del mismo pueblo que Florence y concejal regional, había tomado la presidencia del mismo.

Era una época en que Florence recibía decenas de cartas diarias en la prisión.

La segunda mitad de 2008 estuvo llena de acontecimientos políticos que fueron moldeando la percepción del asunto. En junio, llegó a México un nuevo embajador de Francia. Daniel Parfait venía de Colombia y había sido una pieza clave en la negociación para la liberación de Ingrid Betancourt, que tanto prestigio dio al gobierno francés.

También fue una época en que los movimientos civiles de lucha contra la delincuencia en México adquirieron un nuevo brío. El secuestro y asesinato del niño Fernando Martí conmocionó a la sociedad mexicana. La gente tomó las calles para exigir respuestas y las organizaciones civiles se pusieron en la tarea de dictar la agenda de seguridad pública.

Y mientras el asunto del secuestro capturaba la conciencia pública mexicana, en Francia, Thierry Lazaro movilizaba a los diputados de la Asamblea Nacional para cuestionar al Ministro de Asuntos Exteriores sobre lo que se estaba haciendo en relación con Florence Cassez.

En diciembre vino a México Ingrid Betancourt. Según Pascal Beltrán del Río en una nota de Excelsior, Sarkozy pidió a Betancourt que entregara una carta al presidente Calderón cuando ella visitó Los Pinos el 19 de diciembre. En esa carta, Sarkozy pedía mirar de cerca el caso y apelaba a la sensibilidad política de Calderón para salir del asunto Cassez sin que se afectara la relación bilateral.

En enero de 2009, Berton vino a la ciudad de México para entrevistarse por fin con el magistrado. En febrero, Calderón contestó la carta de Sarkozy. Según Excelsior, Calderón introducía la posibilidad de aplicar la Convención sobre la Transferencia de Detenidos Condenados, conocida como la Convención de Estrasburgo, después de que el tribunal dictara su sentencia. La propuesta sorprendió a los franceses, que estaban concentrados en la apelación. Como la visita de Sarkozy a México se acercaba, entonces había que asegurarse de que dicha sentencia no se dictara cuando el presidente francés estuviera en México.

Sarkozy envió a la ciudad de México a Jean-Claude Marain, el procurador de París, a tomar la temperatura sobre el asunto. Poco antes de tomar el avión de regreso a Francia, Marain habló por teléfono con Berton. Estaba optimista. Había tenido una conversación con su homólogo, el procurador general de la república Eduardo Medina Mora. Éste le aseguró que el asunto se fallaría semanas después de la visita presidencial. Pero cuando Marain estaba en el aire, el magistrado dictó su sentencia condenando a Florence a 60 años de prisión.

Berton y los Cassez se reunieron con Sarkozy una vez más en el Elíseo, cinco días antes de partir a México. Se discutió la posibilidad de que Carla Bruni visitara a Florence en Tepepan. Bernard le preguntó al presidente si regresaría con su hija. Sarkozy le dijo que eso era imposible, pero que tenía la carta de Calderón con la promesa de aplicar la Convención de Estrasburgo y que sobre eso centraría la estrategia.

Dos días después de la manifestación frente a la embajada de México, fui a visitar a Frank Berton a las oficinas de Avocats du Nouveau Siècle que ocupan una edificio céntrico en Lille. Caminamos luego hacia un pequeño restaurante, a unas cuadras del despacho.

Frank Berton tiene casi 50 años. Lleva el pelo negro peinado hacia atrás. Tiene una capacidad extraordinaria de modular su presencia. Puede ser amenazante o simpático a voluntad, pero nunca pasaría inadvertido. Parece galán de cine francés. Tiene el aire de Vincent Cassel pero con algunos años encima. Su voz es ronca, de fumador, y habla un francés elegante, como para impresionar a un tribunal.

Además de que me ayudara a trazar de primera mano el arco de la historia jurídica del caso, me interesaba conocer el porqué de su convicción sobre la inocencia de Cassez. Contó el día que la vio por primera vez en el penal de Tepepan. "La encontré abatida por su condena, pero combativa —dijo—. Ella tenía la copia de todo su expediente. Así que cuando le preguntaba algo, ella me decía, espera, voy por los papeles, desaparecía unos minutos y regresaba".

Era muy evidente que Florence le daba mucha importancia a que Berton se convenciera de su inocencia desde aquella primera visita. "Le dije que no me interesaba su historia, sino la historia judicial, los errores en el proceso. No porque me dijera que era inocente le iba a creer —dijo Berton—. Mi oficio es dudar. Pero a fuerza de hacerle preguntas, a fuerza de utilizar mi lógica de abogado sobre la presentación de tal y cual situación, de tal y cual contradicción y de preguntarle a fondo me di cuenta de que ella tenía respuesta para todo. Yo no estaba convencido a priori de su inocencia".

Le pregunté si entonces podría dar una versión sencilla y creíble sobre un asunto del que todo el mundo se pregunta. ¿Sabía o no Florence de las actividades de Israel? ¿Era o no Israel un secuestrador?

"Te voy a dar la respuesta que doy siempre —dijo—. Yo no sé si Vallarta es culpable. Sé que Florence es inocente. Pero eso no basta, porque la gente se pregunta cómo es que ella no iba a saber que su novio secuestraba. Ése es el sentido lógico popular. Bueno, estoy persuadido de que no hubo personas secuestradas en el rancho. La reconstrucción de la AFI indica que fueron colocadas allí. Sabemos que cuatro de ellos habían sido retenidos en una casa de Xochimilco, que pertenecía a la hermana de Israel Vallarta. Además, durante ese periodo, Florence vivió dos meses en Francia. Luego regresó a México y todos los días trabajaba en el hotel. Como dijo en alguna ocasión Florence, ella estaba en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto y con la persona incorrecta el día que la arrestaron".

Durante los últimos meses el gobierno francés ha cambiado de tono sobre el asunto Cassez. Pasaron los días en que los gobiernos estaban enredados en discutir las diferencias entre la legislación mexicana y la francesa, según la cual, de haber sido transferida a Francia, la pena de Florence se hubiera reducido a 20 años, pues ésa es la condena máxima. Pasaron los días en los que los mexicanos sospechaban que si Florence se repatriaba, iba a ser absuelta por la justicia francesa. Pasó el momento de discutir los términos de su transferencia.

Berton me dijo que vio a Sarkozy días después de su viaje a México y que el presidente estaba indignado. Sarkozy le preguntó: "¿Qué vamos a hacer, Frank?". Berton contestó: "No sé". Sarkozy no entendía el empecinamiento mexicano. "Saben que el expediente está mal, que hay muchas posibilidades de que ella sea inocente, saben que hay una convención internacional que ellos firmaron", le dijo Sarkozy.

Berton me habló de que van a aumentar las presiones. El Ministerio de Asuntos Exteriores ya está exigiendo la revisión de todo el proceso. A Florence Cassez le queda el juicio de amparo, pero la defensa todavía no quieren echar mano de ese recurso hasta que cambie el clima político. Especulan que la mirada de la justicia mexicana va a cambiar cuando salga del poder Genaro García Luna, director de la AFI en el momento del arresto y ahora secretario de Seguridad Pública. Saben que a la otra persona que deben convencer se llama Isabel Miranda de Wallace.

Me encontré con Wallace a mediados de diciembre. Me citó en un café a la orilla de Periférico Sur, en la ciudad de México. Había estado muy ocupada pues el 12 de diciembre la Procuraduría General de la República detuvo a uno de los presuntos secuestradores de su hijo Hugo Alberto Wallace, desaparecido hace poco más de cuatro años. También acababa de presentar en la Cámara de Diputados la iniciativa de una ley general de víctimas del secuestro con el apoyo unánime de todas las bancadas. La ley plantea un sistema de protección integral a las víctimas. Es inusual que una organización civil presente un proyecto de ley. Wallace estaba muy orgullosa de eso.

Wallace me contó que ella se metió en el asunto de Cassez para defender a las víctimas. Conoció a Ezequiel en un programa de radio. Él la buscó al terminar la emisión y luego se reunieron para conversar. Ezequiel le dijo que no se le hacía justo que fueran a dejar salir a Florence. Wallace señaló que a la gente se le hacía raro el montaje que había hecho la AFI. Y Ezequiel me dijo: ‘Mire señora: yo nunca me enteré de nada de eso, cuando entran ellos, yo comienzo a temblar porque escucho que llega gente y yo ya estaba sangrando'. Y yo le dije: ‘A ver, háblame con la verdad. Esto es como los doctores. Tú eres la víctima, de eso no cabe duda, pero yo quiero saber si en el camino te obligaron a hacer algo, te dijeron algo'". Ezequiel contestó que jamás le dijeron nada.

Wallace piensa que Ezequiel es un chico simple, que tiene miedo y por eso se contradice. Algo similar sucede con Cristina Ríos: fue cambiando sus versiones conforme adquirió valor de contar su historia. Wallace está totalmente convencida de la culpabilidad de Florence. La imagen que tiene de ella es la de una líder manipuladora y autoritaria. Ve a Israel Vallarta como un pelele.

Ezequiel pidió a Wallace que lo auxiliara a que no repatriaran a Florence. Wallace le dijo que la persona que mejor podría defender el asunto era él mismo, y así fue como comenzó a ayudarlo para presentarse en los medios. También escribió una carta a Felipe Calderón y se entrevistó con el secretario particular del Presidente, Luis Felipe Bravo Mena, para decirle que sería inaceptable que la francesa purgara su condena fuera de México.

Cuando el presidente Sarkozy estaba en México, Isabel Wallace asistió a una reunión privada donde también estaban Alejandro Martí, Ana Franco de  la organización México Unido y el especialista en asuntos de la policía, Ernesto López Portillo.

—¿Qué fue lo que pasó en esa reunión? —pregunté.

—Como que de alguna manera supuso que podía convencer a los demás y que con los demás me podía convencer a mí. Porque realmente el debate entre que se fuera y no se fuera Florence, fue conmigo. Me dijo: señora, quiero que sepa que mi mujer también viene de un problema similar, por el secuestro de su familia en Roma. Yo no voy a proteger a gente que está involucrada en el secuestro. Yo le dije que eso es lo que estaba haciendo. No es lo mismo defender a Ingrid Betancourt, que estaba secuestrada, que defender a una secuestradora. Dije: además, a mí como mexicano me parece una falta de respeto que usted no acate las leyes de mi país, porque Florence vino a México a cometer un delito. Él hacía mucho énfasis en que se le diera la oportunidad a ella de estar cerca de su familia, llevando un proceso diferente. Y yo le dije que si el delito lo hubiera cometido en Francia, claro que se podría ir.

Wallace me contó que ella iba a seguir en pie de lucha y mientras discutíamos otros aspectos del caso dijo lo siguiente: en su experiencia todos los secuestradores acaban declarándose inocentes. Los expedientes están mal armados y por eso al final las víctimas como ella acaban convirtiéndose en verdugos.\\

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