La Demora
Martes 21 de mayo de 2013 
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Diciembre 2009
Sasha Sokol a su propio ritmo
De niña fue la favorita del grupo Timbiriche, de adolescente todas querían ser como ella. Fue un icono de la moda, una actriz y cantante respetada y aun cuando reconoció sus problemas con las drogas, su imagen pública quedó intacta. Se tardó más de una década en encontrar lo que quería decir con su música, pero ya está de regreso.
Por Julieta García González / Fotografías de Allan Fis
Persona pública, espacios privados.
Peculiar. Dice el Diccionario de la Real Academia Española: "Propio o privativo de cada persona o cosa". La definición crece de juicios de valor y acepta, de alguna manera, la subjetividad. Es eso que sólo algunos tienen, que los caracteriza sin que podamos ponerlo en términos más concretos. Cuando pienso en Sasha Sokol, pienso en que es alguien peculiar: diferente a los otros, poseedora de características que no podemos aprehender; una persona que se escapa a las definiciones fáciles y totales, maniqueas. Sencillamente, ella me remite a la palabra y viceversa.

Está a punto de lanzar su próximo disco, Tiempo amarillo, y de regresar con él a los escenarios y a la vida de presentaciones. Hacía 12 años que no estaba en el candelero con una producción pop como la que ahora acomete; sin embargo, da la impresión de no haberse ido nunca. Su anterior disco con este tipo de música, 11:11, está fechado en 1997. El siguiente álbum, Por un amor, es una reinterpretación de la música tradicional mexicana, muy diferente a lo que había hecho hasta entonces, al menos en apariencia. Febrero de 2010 verá, entonces, una nueva producción con la que Sokol parece volver a sus orígenes.

Y es en el "parece" donde se encuentra, en buena medida, la esencia de Sasha. Benny Ibarra —su amigo entrañable y compañero de trinchera desde su infancia— lo pone así: "Si tuviera que definirla con una sola palabra sería: impredecible. Así lo es como persona y como artista, no le tiene temor al cambio y a exigirse crecer aunque duela".

La distancia que hay entre sus discos o entre sus distintas actividades públicas parece enfatizar la idea de una figura que se mueve sin un calendario estricto, sin la necesidad de estar siempre presente. Lo curioso es que, a pesar de los largos periodos de ausencia en los escenarios, su música y su figura no dejan de estar ahí, no dejan de sonar o de traer recuerdos frescos, que parecen ya fijados en la memoria colectiva. Sencillos como "Rueda mi mente" o "Serás el aire" siguen sonando en la radio con regularidad y, al menos en el primer caso, el título forma ya parte del vocabulario cotidiano: con esas tres palabras se alude a aquel o aquella que gira y gira dentro de nuestras cabezas sin que podamos soltar el pensamiento.

Pasado presente
En el programa Hoy, de Televisa, se presentó un segmento llamado "Las 10 cosas que no sabías de Sasha Sokol". En él, se proveen algunos datos tan extraños como desconectados entre sí y que hablan más de la reportera que del sujeto de su reportaje. Entre las cosas mencionadas están que Sasha "sólo hierve el agua en ollas de peltre" y que "le fascinan las vajillas y siempre que viaja trata de conseguir las típicas del lugar", lo que, supongo, llevó al respetable a imaginar una casa de teteras y platones.


El recuento mencionó de pasada algunas cosas de la vida personal de la cantante y actriz, pero la intervención de Andrea Legarreta, al final de la pieza, activó uno de los resortes clave para aproximarse a la ex Timbiriche; cuando uno de los conductores dijo: "Oye, pero qué bonita es", Legarreta de inmediato saltó: "Ay, es pre-cio-sa. Preciosa. Y todas las niñas, cuando éramos chiquitas, queríamos ser Sasha". Desde sus primeros años, Sasha Sokol estuvo expuesta a la mirada del público y, desde entonces, supo dar lo necesario para satisfacerlo.

Nacida en la ciudad de México en 1970, empezó en los escenarios desde muy pequeña. En su biografía oficial no hay una fecha específica para su participación en la película Bionda de Daniel González Dueñas, pero actuó en ella antes de cumplir los nueve años porque, a esa edad, entró al famoso Centro de Capacitación Artística (CEA) de Televisa. Ahí, formó parte de la banda que cambió nuestra historia del entretenimiento.

A finales de los años setenta, México era un país que se reponía apenas de sí mismo. La década anterior había dejado un terrible sabor de boca: había estado poblada de tragedias, abusos y desconciertos que le habían pasado una densa factura a la gente. Pero en 1978, las cosas parecieron cambiar. El gobierno de José López Portillo creyó que había hallado la salida a sus penurias financieras con los yacimientos de petróleo encontrados; por fin, un tesoro nacional salvaría al país de los abusos y los malos manejos financieros. Al menos, eso se quiso pensar.

El descubrimiento, que parece tan lejano a la cultura popular, tuvo serias repercusiones en la psique de la población y en las búsquedas nacionales. Por primera vez en mucho tiempo, las fronteras comenzaron a abrir sus puertas y se recibió la producción extranjera en mucho más de un rubro, incluyendo el musical. Un producto español de exportación causó furor en jóvenes y niños: Enrique y Ana y Parchís le dieron a México la posibilidad de ver a sus más pequeños como figuras del espectáculo a gran escala.

Tal vez fue por eso que Luis de Llano, siempre atento a la temperatura de la sociedad y de sus impulsos, armó con muchísimo éxito Timbiriche. El productor, que por entonces tenía treinta y tantos años, eligió entre los estudiantes del CEA de Televisa a quienes armarían la primera banda infantil mexicana. De pronto, algo que era un juego de mesa para abuelos se convirtió en una cosa explosiva, un fenómeno inmediato y fascinante. Los niños del grupo se movían y actuaban con una libertad que parecía inaudita por entonces; era como si estuvieran en una fiesta. Parecían ajenos al resto, con esos atuendos similares a pijamas galácticas, el pelo suelto y natural, y la corriente interna y secreta que fluía entre ellos.

Sasha estuvo en el grupo de 1980 a 1986 y grabó con ellos siete discos. La reemplazó Thalia. Raúl Velasco notificó al público la salida de Sasha de la banda y fue muy insistente, en un episodio que ahora parece cruel, en decirle a la nueva integrante que tenía que hacer un esfuerzo muy grande para llenar los zapatos de la favorita del grupo, de la niña que hacía que todas las niñas quisieran ser como ella.

Paréntesis
Cuando hablo con ella de un tema que ha ocupado las planas de los periódicos en el último mes, Sasha no da muestras de desesperación, a pesar de haber sido cuestionada una y otra vez sobre lo mismo. Me interesa, claro está, saber por qué dejó pasar tanto tiempo entre una producción y la siguiente. "No soy el tipo de artista que sepa cómo sacar un disco al año, ¿no? Son formas diferentes de trabajar. No creo que una esté bien y otra mal o que haya algo mejor. Yo necesito tiempos de aislamiento, de reclusión, de introspección para encontrar algo nuevo que decir y creo que, cuando no tienes nada que decir, está bien quedarse callado".


Por supuesto, quedarse callado no es lo que parece natural en una persona que ha estado en los escenarios desde la infancia y menos en un mundo con exigencias insaciables. En tiempos en que las Britneys del planeta producen discos recién salidas del colapso emocional, la introspección parece casi un acto insurrecto.

En entrevista, Sasha Sokol me cuenta una historia que ha repetido continuamente: el tránsito entre el estrellato adolescente (en un grupo que ha vendido millones de copias y acumulado premios por aquí y por allá) y la soledad de la academia. Tenía 16 años cuando se retiró y se fue a vivir a Boston para estudiar actuación. Desde ahí hasta la aparición de 11:11 (curiosamente, 11 años después) Sasha saltó de la música a la actuación y de regreso, combinándolo todo con más estudios y presentaciones en vivo. Ella no lo pone en estos términos, naturalmente. Tan sólo enumera esos episodios para que yo pueda darme una idea más clara de su recorrido, sin presunciones y con generosidad.

En esos años, parecidos a un paréntesis, dos espacios importantes se abrieron en su vida:
Primero se probó con éxito (nombrada artista revelación por medios especializados) de manera individual como solista y actriz, aprovechando la preparación que había tenido en Estados Unidos. Apareció en la serie Tres generaciones con Angélica María y Carmen Montejo y en telenovelas como Alcanzar una estrella (salía de novia de Ricky Martin) y El premio mayor. En esa época, su forma de vestir, peinarse y moverse resultó paradigmática para toda una generación: en videos como Olvídalo o en sus presentaciones en vivo podía vérsele con una larga trenza o una coleta de caballo que dejaba al descubierto su frente y los ángulos de su rostro. Usaba sacos con hombreras, aretes gigantescos y pantalones de genio apretados en la cintura; botines tobilleros sin tacón y ropa de colores contrastantes. Tenía un estilo original, de vanguardia, que todas querían imitar.


Segundo: durante un lapso, en ese tiempo, se volvió adicta a la cocaína. A diferencia de lo que suele pasarle a la mayoría de las celebridades cuyas debilidades se convierten en el día a día de la gente —y aparecen en los tabloides y ocupan horas de los programas matutinos— la figura pública de Sasha permaneció sin ser tocada.

La discusión de ese periodo, en particular de su relación con las drogas, es un tema que ha enfrentado con valentía y claridad —y eso es mucho más de lo que puede decirse de prácticamente cualquier individuo.

Sasha me habla de agradecimiento y del disfrute que encuentra en el ritual de la vida: "La vida para mí se convirtió en un ritual. Lo es sentarme y hacer lo que hago. Y es un ritual despertar y bañarme. Y es un ritual prepararme para salir. Y tiene que ver con honrar y agradecer y estar a la altura de las bendiciones que he recibido; [es] estar en mi mejor yo para dar lo mejor, recibir lo mejor". Me parece que esta forma de ver las cosas es algo reciente y se lo digo. Frunce un poco el ceño y luego retoma el hilo: "Creo que es algo que vas aprendiendo. Aunque me recuerdo súper chiquita y muy agradecida". Hace una pausa. "Y luego recuerdo una etapa, como de los 18 a los 23, donde evidentemente no estaba agradeciendo. Cuando te estás dañando... es contrario a agradecer. O cuando te dejas llevar por tus miedos, y esos miedos gobiernan tu vida. Cuando tienes una adicción parecería que el problema es la adicción, pero es sólo el síntoma del problema, el problema es mucho más profundo. Los miedos, inseguridades, la insatisfacción contigo mismo, la necesidad de ser aceptado o no ser rechazado, te llevan de pronto a vivir cosas en el límite: y en el límite es muy difícil estar agradeciendo, estar en paz u honrar".

Honrar. La palabra tiene un tinte místico y parece estar ligada a los ciclos de la carrera de Sasha. No necesariamente a sus apariciones públicas o a su producción discográfica o su presencia en el escenario; más bien, al ritmo de su creación y sus decisiones. Finalmente, de sus 18 a sus 23 hubo mucha productividad, sólo que no generó los contenidos que en sus últimos tres discos son evidentes.

Persona pública, espacios privados
Dice Benny Ibarra: "Nuestra relación podría describirse como una gran complicidad, digamos que es una de las pocas personas que me conoce realmente bien, en las buenas y en las malas, en lo personal y en lo profesional, desde lo más inocente hasta lo más rudo; [estamos] juntos cuando perdemos a un ser querido y juntos en un escenario frente a 60 mil personas. El narcisismo no para ahí, somos fans mutuos y en todos los proyectos individuales siempre nos pedimos consejos, echamos porras y decimos las netas como poca gente en este medio sabe hacer. Nos enseñaron los mismos trucos encima de las mismas tablas y es por eso que cuando trabajamos juntos nos entendemos bien y cuidamos mutuamente".


Esta relación tan estrecha parece apenas un botón de muestra de la forma que Sokol tiene de aproximarse al mundo. Para Tiempo amarillo buscó también a Miguel Bosé, "padrino" oficial de Timbiriche en 1982, otro amigo entrañable con el que ha compartido el escenario y ligado a ella desde esos primeros años. Al igual que Bosé, quien se expresa de Sasha con admiración y un afecto evidente, hay otras figuras muy públicas, compañeros de trabajo y de batallas, que han estado a su lado desde hace décadas.

Sokol —como el resto de los integrantes de Timbiriche, Bosé y otros personajes de su núcleo más cercano— ha estado en los escenarios toda su vida. ¿Cómo ha influido eso en ella? ¿Se intercalan los espacios públicos y los privados? ¿Se pueden dividir la Sasha personal y la profesional? "No hay una división entre las dos. Estando en un shooting, está mi vida personal ahí metida; hablando contigo está mi vida personal. Así es mi vida; no hay una división".

Eso nos regresa a su intimidad, ¿cómo manejar algo así?

"Yo he hablado públicamente de cosas súper dolorosas de mi vida, de cosas bien privadas, y no me molesta hacerlo y no me siento incómoda haciéndolo, siempre y cuando a quien involucre ese tema, sea únicamente a mí —dice enfática—. Por lo tanto, no hablo de mi vida amorosa. Yo escogí ser un personaje público y mi novio no, y no tengo por qué volverlo público porque yo lo soy". ¿Se puede realmente hacer eso? "Llevo 28 años cantando y lo he hecho muy bien".

Hay una comprensión del entorno en el que se mueve que proviene del largo tiempo en las tablas y, probablemente, de más de un roce con los medios: "Entiendo que por no venderme en revistas de corazón y por no mostrar mi casa, la gente o el novio, me pierdo de mucha popularidad. Pero yo quiero ser popular por lo que hago, no por con quién lo hago, ¿me explico? No me parece necesario eso. Y los artistas a los que admiro no lo hacen. Entonces creo que es posible entablar una relación súper íntima con el público sin tener que mostrar los calzones. No veo la necesidad".

¿Se ha perdido de algo por ser una figura pública? Sin pensarlo mucho, repasa lo obvio: comidas familiares, cumpleaños, algún evento al que no asistió por estar de gira. Hace una pausa más o menos larga y después añade: "Seguramente perdimos algo de la niñez, porque la normalidad de los niños es que igual y vas a una clase en la tarde y haces tu tarea. Nosotros teníamos una responsabilidad que la mayoría de los niños no tiene, pero no lo cambiaría por nada. Prefiero muchísimo más tener lo que tuve a, teniendo el deseo tan chica de cantar, no haberlo hecho y entrar en otro esquema. Ha valido mucho para mí".

Un lugar que duele
Sasha ha vivido en Estados Unidos y España largas temporadas. En buena medida esta nueva producción discográfica tiene que ver con su ausencia, con la lejanía del terruño. Por un amor, el disco de música mexicana reinterpretada, salió primero en España y después en México. Fue el deseo de "echar a andar mi carrera allá", después de grabar Por un amor, por lo que se quedó por esos rumbos casi cinco años.


Éste ha sido el único disco de covers que ha sacado en su vida. Después de 11:11 vivió en Nueva York, estudiando y, según sus palabras, "acercarme a la música tradicional mexicana obedecía a la distancia que tenía con este lugar. Es que la música mexicana, cuando vives fuera, se te mete de una manera mucho más profunda y te conecta con tu país, con tus raíces… con México, ¿no?".

¿Y cómo ve Sasha Sokol a México?

Entramos en el tema y algo cambia en su actitud. Le cambia el rostro y hasta el color. Se inclina hacia delante y comienza a repasar, uno a uno, los lugares en los que este país le cala: "No veo cómo vivir en un país como México y no vivirlo a flor de piel. México me duele profundamente. No encuentro en este momento muchas salidas y no sabes cómo me pesa eso. No veo políticos que tengan el tamaño para sacar al país adelante, con los problemas que tiene; veo más de lo mismo, veo atole con el dedo del gobierno y no importa al partido al que voltees: no se ve esperanzador".

Me dice que busca desde su trinchera apoyar en lo posible. Se ha ligado con Oxfam (una agrupación de organizaciones civiles internacionales, con presencia en tres continentes y gran prestigio) para evitar la entrada al país del maíz transgénico, con Greenpeace (la famosa organización verde) para decir no a la guerra y cuidar a las ballenas que llegan a la Bahía de San Ignacio para reproducirse o con asociaciones civiles que crean conciencia de la situación en Ciudad Juárez o de la pobreza de los niños mexicanos. "Me muevo todo el tiempo, de todas las maneras posibles, y aprovecho este micrófono para lo que realmente sirve. La música es un pretexto para esto, yo siento. Y creo que si como artista no utilizas y haces uso de la responsabilidad social que tienes, estás desaprovechando absolutamente el don que te dieron".

A su juicio, "si es cierta esa máxima de que los países tienen los gobiernos que se merecen, habría que preguntarnos qué chingados estamos haciendo para merecer esto. En dónde estamos nosotros colaborando en este círculo vicioso. No es suficiente una marcha al Zócalo todos vestidos de blanco. Tenemos que pedir diferentes gobernantes". La conversación se ha puesto candente. Sasha, tan formal y seria, con un lenguaje impecable y una gran capacidad para articular, llena de repente el discurso de interjecciones coloquiales: "güey", "caray", "pa'" en vez de para… "Creo que nunca en mi vida he tenido tal sensación de desesperanza. Y no sabes cómo me duele aceptarlo y decirlo. Necesitamos otro tipo de líderes, otra ruta de navegación y no se ve que haya alguien joven que en seis años pueda ser candidato, no se ve".

Su compromiso es claro, sin embargo. No sólo son las asociaciones y sociedades que apoya, sino la pasión con la que habla del tema y la puntual explicación que ofrece de cómo no deja de pensar en eso, de cómo está alerta y pendiente.

Generosidad
Sasha Sokol es una mujer de una belleza que roba el aliento. Las miradas la siguen a donde va y provoca en todos un rapto, aunque sea momentáneo, de auténtica admiración. He visto centenares de sus fotografías, un buen número de videos y grabaciones televisadas en las que sale. Ninguna imagen refleja lo que transmite en vivo, ninguna imagen le hace justicia. No es que salga mal, sólo que falta algo.


En 2005, ganó el programa de concurso televisado Big Brother VIP. La anécdota es relevante porque una de las cualidades necesarias para poder sobrevivir en una competencia de personalidades —cruel, porque quienes juzgan no pueden ser vistos por los juzgados— es la capacidad para no entrar en conflicto. La fórmula impide, además, que los involucrados se escondan en la timidez o la apatía. Durante su estancia en la casa, Sasha escuchó con paciencia, dio a conocer su punto de vista sin ambages y participó en los juegos colectivos. Al final, se llevó a casa tres millones y medio de pesos y la entrega de muchos más millones de personas.

Hoy en día, su triunfo parece haber radicado en su generosidad. Y ahora, también me parece que eso que se pierde en las fotografías, tiene que ver con un mundo interno que no puede ser retratado.

Un ejemplo reciente puede servir para ilustrar el punto. En su página de Twitter, Sokol recibió el siguiente mensaje de sistolediastole: "Oyes @sashasokol Desmiente a mi hermano, dice que tú estabas enamorada de él desde que eran niños..." ¿La respuesta de Sasha? "Pero sí es cierto! Desde chiquitos estamos enamoradooooos... mmmmm." Sistolediastole, un fan ya para toda la vida, responde: "Jajaja, le conté a mi hermano q siempre fue correspondido y fue feliz, :P Gracias x contestar, eres la buena onda. Saludos!".

Es probable que su constante exposición al ojo público haya influido en su búsqueda de asideros interiores. "[Estoy] súper consciente [de la mirada de los otros], sería imposible que no. Viví muy poquitos años sin el ojo público. De los cero a los nueve años, salía a la calle y nadie me reconocía. Y de entonces a la fecha, 30 años después, no conozco otra cosa". Me cuenta que, cuando la gente la reconoce, cuando hace un "acuse de recibo" y hay un claro clic ("¡la conozco!, ¡es Sasha!"), no sólo no le pesa, sino que lo agradece. "Es súper halagador. Es una manera de ver que hay alguien del otro lado que recibe lo que tú haces", me dice.

Tal vez el agradecimiento que siente (y la generosidad con la que responde) estén relacionados con su búsqueda de prácticas espirituales y de conciencia. Ha hecho yoga desde hace 11 años y diariamente tiene una sesión de meditación vipassana.

No sería difícil, por supuesto, suponer que se trata de una pose de artista, de algo que busca fascinar, seducir o distraer. A mí, por el contrario, me parece que es algo auténtico, algo congruente con quien sabe guardar silencio cuando necesita introspección. \\

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