Sbado 25 de octubre de 2014 
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Pueblo Mgico o pueblo trgico
POR DANIEL AGUILAR
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Abril 2011
La Batalla de Ciudad Mier (parte I)
sta es la historia de un pueblo de la frontera con Estados Unidos arrasado, en silencio, por la guerra de Tamaulipas.
Por Diego Enrique Osorno / Fotos de Daniel Aguilar
Ciudad Mier es la línea divisoria entre dos grupos en guerra.
La maana del 22 de febrero de 2010, cuando Ciudad Mier se preparaba para las fiestas anuales, quince camionetas con las siglas del crtel del Golfo (C.D.G.) entraron por el acceso de la carretera de Reynosa como caballos desbocados. Los pistoleros enfilaron a la comandancia de la Polica Municipal, bajaron de sus vehculos y comenz a sonar el tableteo de sus ametralladoras contra el viejo edificio. La gente que estaba alrededor ech el cuerpo a tierra y como pudo fue a refugiarse.

El tiroteo amain. Seis policas municipales asustados, golpeados, jadeando con la boca abierta, rojos de sangre y con el miedo en la mirada, fueron sacados de la comandancia por los pistoleros, quienes gritaban consignas contra los Zetas. sa fue la ltima vez que se vio a los seis policas y fue tambin la ltima vez que hubo policas municipales en Ciudad Mier.

El comando instal pistoleros en los tres principales accesos al corazn de Ciudad Mier y mont un cerco para que cuatro camionetas exploraran las calles en busca de casas y negocios a los que hombres de rostro parco entraban por personas especficas. En ese lapso, la plaza principal, ubicada frente a la comandancia, fue usada como paredn. Vacindose de sangre, dos hombres detenidos por los pistoleros fueron llevados a la plaza. Ah los acribillaron y despus los decapitaron. Sus cabezas terminaron colocadas en un rincn de la plazoleta. Con el paso del tiempo, por el uso frecuente que se le dio, aquel rincn sera conocido como "La Esquina de los Degollados".

Un par de horas despus de que los pistoleros abandonaron el pueblo, el Ejrcito hizo un rondn fugaz y desapareci antes de que oscureciera. Toda la semana siguiente el pueblo vivi con somnolencia. El silencio de las noches era cortado por voces lejanas y disparos aislados. Las calles estaban sucias y ruinosas, sencillamente no hubo cmo realizar los festejos anuales del 6 de marzo, los cuales fueron cancelados en ese 2010, algo que no suceda desde la poca de la Revolucin.

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Aunque no ves a nadie, sabes que hay alguien vindote a ti. Lo sientes mientras caminas entre el metal escupido por las bocas de los fusiles, regado entre vidrios rotos que, pese a tu cautela, es inevitable hacer que crujan con la pisada de las botas. Debes apurarte a terminar de mirar las gruesas manchas de sangre seca y los miles de impactos de bala que an quedan en las paredes de las casas. No puedes dejar que caiga la noche mientras buscas recuperar ms testimonios de lo que sucedi estos meses aqu. La oscuridad de una zona de guerra no es lo mismo que la oscuridad a secas, adems, no existe ningn hotel o sitio al cual meterte a pasar la madrugada. Por ahora, ste no es el Pueblo Mgico que se anuncia a la entrada: a juzgar por la destruccin existente, es la primera lnea de la guerra de Tamaulipas.


Se supone que los bandos en pugna emprendieron la retirada hace unas semanas a los campamentos que han montado en ranchos cercanos, y t, aunque no vengas empotrado a una unidad del Ejrcito, que porta casco y un chaleco antibalas pesado y caluroso, puedes caminar por estas calles donde se ven construcciones cubiertas de ceniza, con basura chamuscada en el suelo y sin seal aparente de vida en su interior. Pero sabes que ests en un pueblo fantasma y es posible que los fantasmas te estn observando.

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Lo de Ciudad Mier no fue un estallido de violencia irracional. La incursin del 22 de febrero de 2010 formaba parte de un plan ms ambicioso para tomar el control de la franja divisoria entre Tamaulipas y Texas, conocida del lado mexicano como la Frontera Chica. Zona clave para cualquier tipo de trfico ilegal a Estados Unidos, aqu se localiza tambin la Cuenca de Burgos, el principal yacimiento de gas natural con que cuenta Mxico.


Las cabeceras de pueblos como Miguel Alemn, Camargo, Valle Hermoso y Nueva Ciudad Guerrero fueron asaltadas de la misma forma en que ocurri con Ciudad Mier. El inicio de esta ofensiva que el pas tard en identificar tiene varios nombres: quienes la emprendieron los integrantes del C.D.G. reivindicaron su ataque sorpresa como "La Vuelta", mientras que el blanco de su ofensiva, los Zetas, marc esa fecha del calendario con el ttulo de "La Traicin". En cambio, la gente, simplemente lo llam "El Alzamiento".

Los ataques coincidieron con la divulgacin en Mxico de unas palabras de arrepentimiento de Osiel Crdenas Guilln, quien lideraba ambos grupos antes de ser extraditado a Estados Unidos, donde a cambio de una pena reducida de 25 aos de prisin en una crcel de mediana seguridad, proporcion informacin clave contra los Zetas, agrupacin que l mismo fund una dcada atrs.

Cuando estall la guerra en Tamaulipas un estado cuyo tamao es cuatro veces mayor que el de El Salvador, y cuyas costas abarcan buena parte del Golfo de Mxico, no hubo referencia ni posicionamiento particular de las corporaciones policiacas estatales y federales para dar cuenta de lo que estaba sucediendo. Ante las preguntas de algunos periodistas sobre los reportes de balaceras y enfrentamientos en la regin, el entonces gobernador Eugenio Hernndez dijo que se trataba de pura psicosis. En la bitcora pblica de actividades, la Comandancia de la Octava Zona Militar del Ejrcito apenas reconoci tres enfrentamientos, en los cuales cay un soldado y otros once fueron heridos. Finalmente, basados en un reporte de la DEA, funcionarios del gobierno federal filtraron a columnistas de la ciudad de Mxico que lo que suceda se deba a una alianza de el crtel del Golfo con el crtel de Sinaloa y la Familia Michoacana, bajo un lema que segn decan convena a todos: "Mxico unido contra los Zetas".

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Ests frente al Hotel El General, bautizado as en honor a Francisco Villa: un edificio blanco de tres pisos, ubicado en el cruce de las calles Allende y Coln, a menos de 20 kilmetros de distancia del puente internacional de Roma, Texas, uno de los accesos que tiene Ciudad Mier a Estados Unidos. Puedes reconocerlo por el mural que representa a Pancho Villa. Durante los das de combate, en una de las ventanas contiguas al mural se instal un francotirador en busca de cabezas. Las construcciones de mayor solidez en el pueblo fueron usadas como lugar de resguardo durante las batallas callejeras, y las que no fueron incendiadas, acabaron con ms hoyos que un queso gruyre y an se encuentran severamente daadas.


Ciudad Mier fue sitiada por lo menos en tres ocasiones a sangre y fuego en 2010, pero los francotiradores no fueron los que sembraron el mayor terror. En una de las incursiones, uno de los grupos armados captur a un pen apodado Pepino y lo someti a juicio sumario. A plena luz del da lo llevaron hasta la plaza principal, donde lo estuvieron golpeando bajo la acusacin de ser un halcn (viga) del bando rival. l alegaba que esto no era cierto mientras le cortaban un brazo. Todos los habitantes del casco principal podan or su gritadera mientras lo descuartizaban. Nadie se asom. Tanto era el miedo que pasaron casi doce horas antes de que alguien se atreviera a descolgarlo de la rama del rbol donde lo ahorcaron.

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Un hombre de aire campesino llamado Jos Concepcin Martnez particip en "El Alzamiento" del 22 de febrero. Antes de ser reclutado para la guerra de Tamaulipas estuvo ocho aos en la Marina Armada. Patrullaba Ciudad Mier en una camioneta con logos del C.D.G. cuando se top con un convoy de los Zetas que lo captur y lo hizo su prisionero. En un video, enviado en agosto de 2010 por sus captores por medio de mensajes electrnicos masivos, y subido y bajado de Youtube de forma intermitente, se ve a Concepcin y a otros tres pistoleros vestidos con uniformes de camuflaje, hincados, con las manos amarradas a la espalda y los ojos vendados mientras eran interrogados por un comandante de los Zetas. Concepcin relata que estaba en Reynosa en espera de indicaciones junto con otros diez pistoleros antes de integrarse a una estaca, nombre que dan los grupos criminales de la regin a sus equipos de vigilancia ms pequeos. Su sueldo quincenal era de ochocientos dlares. Haba sido capturado mientras trataba de escapar de un enfrentamiento durante su bautismo de fuego en la guerra. Aunque contraatac con una ametralladora, tropez en la retirada y el arma se le encasquill. No tard mucho en ser sometido.


El segundo de los prisioneros que aparecen es Jos Abel Rub. Abel naci en Baja Verapaz, un pueblo del centro de Guatemala. En la ciudad de Zacapa lo contact un hombre de apodo el Paisa, quien andaba buscando gente que quisiera irse a una guerra que iba a empezar en el noreste de Mxico, para la cual se necesitaban personas que supieran matar sin que eso les afectara el sueo a la hora de dormir. Les deca que a cambio el sueldo sera de 1 500 dlares al mes. Abel acept y se embarc con otros hombres en el puerto De Ocos hasta llegar a las costas de Oaxaca despus de ocho horas de navegacin. En Oaxaca los esperaba un autobs, al cual se subieron junto con salvadoreos, nicaragenses y hondureos, incluyendo algunas mujeres. El vehculo lleg sin mayores problemas hasta Reynosa, donde los recibieron y les avisaron que trabajaran para el crtel del Golfo. A Abel lo asignaron a la plaza de Ciudad Mier. Una tarde en la que vigilaba la carretera apareci un convoy rival. Cuando quiso subirse a la camioneta en la que patrullaba, su compaero arranc y lo dej ah, junto a otros compaeros de aventura blica, muertos y atravesados por las balas.

El tercero de los prisioneros de guerra que aparecen es un hombre que dice ser de Ciudad Victoria, Tamaulipas, y haber sido contactado ah por Jess Martnez Hernndez, un joven reclutador a quien apodaban el Binomio, quien, semanas despus de iniciados los combates, se dio un tiro en la cabeza, debido a un ataque de paranoia. El prisionero de Ciudad Victoria relata que la mayora de los hombres reclutados en Mxico son de Michoacn; ellos son quienes integran los comandos que recorren la regin acompaados por algn nativo de Tamaulipas, elemento que a su vez suele tener la funcin de gua.

El cuarto de los prisioneros se llama Miguel Lpez Rodrguez y es del puerto de Veracruz. Cuenta que despus de un enfrentamiento fue capturado en Ciudad Mier. Tena once das de estar de guardia ah y se mova por las carreteras de los alrededores, junto con otras tres decenas de hombres, a bordo de siete camionetas. Cuando sus captores se lo llevaban, de reojo vio que atrs quedaba un reguero de muertos, tiesos como el cuero. Saldo mudo de la batalla.

Tras dieciocho minutos de proyeccin, el video acaba abruptamente, sin que hasta la fecha se sepa el destino de los prisioneros. Por el momento hay que agregarlos al nmero de las desapariciones forzadas en la regin, y preguntarse si sus restos aparecern algn da, cuando sean desenterradas las fosas comunes cavadas por ambos grupos para maquillar el horror de su lucha encarnizada.

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Aunque aqu suelen matar a alguien a diario, casi no hay muertos. Tamaulipas, una de las regiones ms violentas del pas, tiene reservada la palabra muerte para otras cuestiones espirituales (algo curioso si se toma en cuenta que el mundo que se ve hoy por estos rumbos no incita precisamente a ser espiritual). En lugar de muertos, se habla de acribillados, encajuelados, encobijados, rafagueados, entambados y sobre todo de ejecutados. El verbo matar casi nunca se conjuga: ms bien se dicen y se practican sus sinnimos. Piensas en eso mientras viajas por la carretera que va de Monterrey a Ciudad Mier, considerada una ruta algo ms que peligrosa, donde a veces recorres tramos tan largos y solitarios que se podra jugar en ellos un partido de futbol en pleno lunes al medioda.


Recuerdas un viaje lejano, all en la adolescencia, cuando de repente al coche lo asaltaba por las ventanillas el sonido de una polka nortea o el olor denso de arracheras asndose sobre el carbn y chiles serranos tostndose entre las brasas. Ahora no hay nada de aquello. Oyes las roncas combustiones emitidas por el motor del coche y el aire te parece asfixiante.

Marn, Doctor Gonzlez, Cerralvo, General Trevio son los nombres de pueblos sin vida que quieres dejar atrs cuanto antes, mientras te diriges a Ciudad Mier enumerando cada uno de los 158 kilmetros de esta carretera que la guerra convirti en un camino de sombras.

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A diferencia de Sinaloa y Chihuahua, en Tamaulipas no se cuenta con una larga tradicin en el trfico de drogas. No al nivel de Sinaloa, que desde los treinta ha surtido de importantes cantidades de herona, mariguana y cocana a estados como California, el lugar del mundo con ms consumidores de drogas por metro cuadrado, y por ende el mercado ms codiciado de esa empresa armada que es el narco. En el noreste de Mxico, sobre la ruta a ciudades como Nueva York, si bien exista el contrabando, el narcotrfico tuvo un crecimiento importante hasta hace apenas dos dcadas, en un principio bajo el control omnipotente de la Polica Federal y de un grupo de traficantes al que se le denomin "El Crtel del Golfo", por la ubicacin de Tamaulipas en el mapa.


Un profesor llamado scar Lpez Olivares, quien fuera socio del capo Juan Garca brego y que ms tarde se convirti en testigo protegido del gobierno estadounidense, tiene una historia que contar. En sus memorias, an inditas, relata la forma en la que Garca brego le dio un giro empresarial a la organizacin que haba fundado el to de ste ltimo, Juan Nepomuceno Guerra.

De cara a lo que vendra despus, las ambiciones del contrabandista Juan N. Guerra eran sin duda modestas. Cuenta Lpez Olivares:

En el ao de 1980 qued establecido el puente areo Matamoros-Oaxaca, con un promedio de 4 vuelos por semana de 400 kilogramos de caamo indgena (mota, marihuana, grifa, hierba verde) en ese tiempo contaba con 40 aos y jams en mi vida haba visto la hierba, pues apenas acababa de conocer la cocana, que los mismos agentes federales me haban enseado a utilizar, contra el cansancio del vuelo. En Matamoros, la Polica Judicial Federal, estaba compuesta nicamente por tres elementos y todos eran amigos de Juan Garca brego desde la infancia. Les conseguamos oficinas, muebles, armas y les pagbamos la luz as como una gratificacin por cada viaje. Durante los aos siguientes se hizo una constante que a cada comandante nuevo que llegaba, haba que comprarle nuevamente todo, pues el que se iba no dejaba nada.

Este tipo de operaciones fueron las que predominaron y se afianzaron durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuando se incluy al crtel de Cali como el gran proveedor de la cocana colombiana vendida a los consumidores estadounidenses. En enero de 1996, Garca brego fue detenido y extraditado a Estados Unidos, y el crtel del Golfo vivi su primera transicin. Por esa poca, a finales de los noventa, Osiel Crdenas Guilln tom el control y empez a orse hablar de los Zetas, pero lo que se deca sobre ellos pareca ms leyenda que realidad.

En un inicio, los Zetas eran un grupo de escoltas encargados de cuidar la vida del capo. Sin embargo, a partir de 2003, cuando Osiel Crdenas Guilln fue detenido y encarcelado en una prisin de mxima seguridad, el grupo conformado por ex militares de lite entrenados en Estados Unidos cre una organizacin de corte marcial dirigida por Heriberto Lazcano, cabo de infantera desertor con entrenamiento especial en combate, inteligencia y contrainsurgencia. La extradicin de Crdenas Guilln a Estados Unidos acab por darles la autonoma total como un nuevo grupo en el mapa del narcotrfico nacional, convirtindose, incluso, en una especie de marca registrada de la violencia extrema. Su fama hoy es tal, que un zeta no es solamente quien forma parte de dicha organizacin, sino tambin lo es aquel sicario o narco que pone la violencia por delante del "negocio".

Hasta febrero de 2010, el crtel del Golfo prcticamente haba desaparecido. Fue entonces cuando ocurri "El Alzamiento" y cuando el grupo que lo encabez revivi las siglas C.D.G. para nombrar la alianza de algunos traficantes tamaulipecos con el crtel de Sinaloa y la Familia Michoacana, en contra de los Zetas.

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Como Ciudad Mier, hay otros pueblos a la redonda colapsados por la guerra. Uno es San Fernando, como cualquiera podra imaginar despus de que ah se encontraran, el 23 de agosto de 2010, los cadveres de setenta y dos migrantes. Lo sabes tambin porque gente de ah te ha contado cmo la plaga de la guerra y los enfrentamientos llegaron a trastocarlo todo desde febrero; arrojaron decenas de muertos y con ello impactaron la vida de los habitantes del casco de San Fernando. Sin embargo, sabes tambin que lo peor ocurri en las carreteras y las brechas donde se cree que los asesinatos se cuentan por cientos. De esto se sabe muy poco con certeza, debido a que la prensa regional no puede informar de ello, y los enviados de la prensa nacional y extranjera estaran en grave riesgo si intentaran pisar la zona para investigar.


Las brechas son espacios ideales para moverse y esconderse en una guerra como la de Tamaulipas; y ms que un pueblo, San Fernando es, en cierto sentido, un casco urbano con un laberinto interminable de brechas. La gente que debe transitar por algunas de stas te relata cmo el olor a muerto tiene impregnados los caminos y cmo los zopilotes ya pasan ms tiempo pisando la tierra que volando. Cmo hacer que la curiosidad venza al miedo, para ir a verificar si lo que se dice sobre las brechas es verdad y no una exageracin?

Te cuentan tambin que, en los primeros das de la guerra, era comn ver la ciudad patrullada por convoyes de pistoleros de uno u otro bando, apuntando sus armas hacia la calle y las casas. Esas manadas de vehculos que irrumpan en el pueblo llegaron a estar formadas hasta por cuarenta camionetas pick-up doble cabina, en las cuales se movan cuatro pistoleros en cada una: ciento sesenta hombres con armamento seguramente adquirido en Estados Unidos. A veces los convoyes paraban su marcha e instalaban retenes en las carreteras para vigilar el ingreso a la zona. Otras veces desataban el trueno de sus fusiles contra cualquier cosa que les pareciera amenazante.

Hasta antes de la matanza de los setenta y dos migrantes, ocurrida en un rancho del ejido El Huizachal, la presencia del Ejrcito era reducida en San Fernando. Despus de la tragedia la zona se militariz, pero slo unos das. Cuando los soldados se fueron, los nimos de los habitantes que todava no huan se volvieron a desmoronar. Te dicen que quiz no vas a encontrar un solo sanfernandense que no haya perdido amigos, familia o conocidos de toda la vida a causa del conflicto. Te aseguran que no todos los muertos son narcos, que hay muchos inocentes, que no debes olvidar que en las guerras la muerte es pareja y que siempre hay dramas terribles como los que han sucedido en sta; dramas como el de esas familias que han hecho funerales y enterrado solamente las cabezas de sus parientes muertos, porque el resto de los cuerpos jams lo pudieron encontrar.

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Basta echar una ojeada a un mapa de Mxico para darse cuenta de que Ciudad Mier es la lnea divisoria entre dos grupos en guerra. Reynosa, rea de influencia del C.D.G., queda al oriente, y Nuevo Laredo, bajo control de los Zetas, al este. Ciudad Mier est justo a la mitad, por eso es explicable que ah se librara la batalla ms importante de la guerra de Tamaulipas. Lo que no es explicable es que Ciudad Mier fuera abandonado a su suerte, que las autoridades lo dejaran morir lentamente, durante casi nueve meses.


Al menos eso creen algunos de sus pobladores, quienes sospechan que uno de los grupos est haciendo la guerra que debera hacer el gobierno y que se preguntan que si esto no es as, por qu no entraron antes los militares de forma permanente, como lo hicieron hasta finales de ao, el 2 de noviembre, tras un enfrentamiento que provoc el xodo de prcticamente todos los habitantes.

En la Octava Zona Militar responden a esta pregunta diciendo que era imposible hacerlo debido a que la mayora de la tropa estaba concentrada en otras operaciones ordenadas desde la ciudad de Mxico, y que Ciudad Mier no era el nico lugar en guerra. Algunos de los pobladores no creen esto y argumentan que hubo negligencia gubernamental. A su juicio, la lgica fue dejar que los narcos se destruyeran entre ellos, y al hacerlo, de paso, se permiti que destruyeran Ciudad Mier.

En ese lapso, los muertos de la guerra de Tamaulipas se quedaron sin acta de defuncin. De febrero a noviembre de 2010 hubo masacres, asesinatos selectivos y balaceras, pero no hubo parte informativo de las batallas ni comunicado o vocero que diera cuenta de lo sucedido o de sus causas. En medio de los bandos en pugna, los habitantes eran juguetes de un azar indescifrable, y fuera de Tamaulipas pocos se enteraban de lo que suceda. La informacin de la zona sala a cuentagotas va internet. Una mujer se atrevi a grabar la forma en que qued La Riberea la carretera que comunica a Ciudad Mier con el poblado de Camargo luego de un enfrentamiento que dur toda la madrugada. Das despus de subir las imgenes a las redes sociales, el video se convirti en noticia de portada en los diarios nacionales y tema de conversacin por unos das. Luego se reanud, otra vez en silencio, la guerra de Tamaulipas: cadveres tirados, harapos ensangrentados, esqueletos de camionetas calcinadas, miles de cartuchos percutidos y militares peinando la zona aparecen en la grabacin de un enfrentamiento cuyo registro oficial no existe, pero que ocurri y se supo gracias al telfono celular de una mujer desconocida.

Algn da alguien contar la historia de tantos annimos valientes que tambin ha producido la guerra de Tamaulipas, como esta mujer.

Durante ese tiempo, Ciudad Mier no slo fue un pueblo sin policas: fue un pueblo sin escuela, sin bancos, sin carniceras, sin mdicos y sin farmacias, porque los principales establecimientos estuvieron cerrados buena parte de los nueve meses. Camionetas cargadas de gente con maletas y bultos abandonaban al pueblo. La Arquidicesis estuvo a punto de dejar a Ciudad Mier tambin sin cura, pero pese a la orden de sus superiores el sacerdote del pueblo fue el nico de la Frontera Chica que se rehus a abandonar su templo durante los enfrentamientos. El tamao de la soledad de Ciudad Mier era tal que el alcalde slo visitaba la presidencia municipal dos veces por semana, y el resto de los das los pasaba en Roma, Texas, o en cualquier otro lugar lejano y seguro.

En 2010 no slo no se celebr el aniversario del pueblo, tampoco hubo fiestas de Semana Santa, Da de las Madres ni siquiera Grito de Independencia. La vida civil en Ciudad Mier se fue extinguiendo de forma callada y cruel, hasta que en noviembre apenas quedaban mil de los 6 117 habitantes de los que habla el censo oficial. Fue entonces cuando el pas le prest un poco de atencin a la tragedia del pueblo, ignorando lo que le haba ocurrido a lo largo de los meses anteriores.

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Cuando empez la guerra, uno de los pocos periodistas que viajaron de la ciudad de Mxico a Tamaulipas para ver lo que pasaba fue un buen amigo tuyo. Serio como persona y ms como reportero. No es de esos que hacen periodismo porque andan buscando la misma adrenalina que puedes conseguir si te subes a la Montaa Rusa, o de los que creen que las guerras son como en las pelculas de Hollywood, o que se trata de un asunto potico. Antes estuvo en Lbano, y sabe que los campos de batalla estn llenos de sangre, de cuerpos mutilados, de dolor y de pnico; que la palabra guerra no tiene el mismo significado para un poltico que la usa como un elemento ms de su retrica que para quien la padece en carne y hueso.


Tu amigo estuvo trabajando al principio sin demasiados aspavientos en esos das de marzo de 2010 en Reynosa, junto con un camargrafo de Milenio Televisn. Hicieron un reportaje sobre el hip-hop que le canta al narco y otro sobre la cuenta de Twitter del gobierno de la ciudad. Cuando trataban de corroborar unos datos precisamente sobre periodistas locales desaparecidos a causa de la guerra se toparon con un convoy de hombres armados que circulaba a plena luz del da por un lugar cntrico. Los pistoleros pasaron al lado de ellos. A los pocos minutos, los volvieron a topar por segunda ocasin, unas calles adelante. Los pistoleros detuvieron a tu amigo y al colega camargrafo, les pusieron pistolas en la sien y cortaron cartucho, los golpearon, los llevaron a una casa de seguridad y los interrogaron. Antes de dejarlos en libertad les ordenaron: "Vyanse y avisen que la prensa no venga a calentarnos la plaza". Pocos minutos despus tu amigo te llam y solt a bocajarro: "A la mierda el periodismo: no sirve para nada lo que hacemos".

(Este reportaje contina en "La Batalla de Ciudad Mier (parte II)", disponible del lado izquierdo al final de la seccin de Notas relacionadas.)

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