Lunes 21 de abril de 2014 
SGUENOS:
BLOGS
ACTUALIZADO 2011-12-14 19:58:01 AT
Otros viajes
Enrique Escalona
REPORTERO Y GUIONISTA
De pinta en el DF
2011-12-14 19:58:01




¿Quieres ver a un muerto?, me dijo mi amigo Roberto una mañana de mil novecientos ochenta y tantos, y como era un niño de 10 años y a esa edad sigues siendo valiente le dije que sí. Nos desviamos del camino a la primaria y llegamos a la pulquería La Coyota. En su banqueta yacía muerto un conocido teporocho de la colonia apodado "La Marrana". Estaba cubierto con una sábana y rodeado de veladoras. "Se murió de frío", dijo una borrachita, y para cerciorarnos picamos el cuerpo con una rama hasta que se nos hizo tarde y ya no nos dejaron entrar a la escuela. Nos tuvimos que ir de pinta y fue la primera vez que vagué por el DF sin mis papás.

El desparpajo de Roberto me impresionaba. Mientras yo debía esperar sentado sobre mi portafolio junto a la puerta de la primaria a que llegara mi mamá, él cruzaba la calle, iba al puesto de tacos de enfrente, pedía lo que se le antojaba y regresaba con todo lo que tenía prohibido comer. Mientras yo usaba "chasarillas" y suéteres de lana, él traía playeras de Van Halen que tomaba prestadas a su tío, y aunque le llegaban a la rodilla, eran mejores que mi atuendo de primera comunión. Él era Huckleberry Finn y yo estaba lejos de ser Tom Sawyer, si acaso era Sid, el hermano aburrido de Tom, tal y como salía en la caricatura japonesa que transmitían por esos días.

Para vencer mis miedos decidí volverme a ir de pinta con él. Nos subimos a un camión que nos dejó en Polanco, donde caminamos cuanto pudimos, hasta llegar a una tienda donde tomamos un refresco. Eso fue todo, regresamos justo a la salida de clases, ante la admiración de nuestros compañeros de salón, que no podían creer el atrevimiento y escuchaban nuestras aventuras magnificadas.

Ya en secundaria la pinta se nos hizo costumbre. Caminábamos en busca de la casa de alguna chica que nos gustara, andábamos sin rumbo por el Centro, nos perdíamos en la Roma, íbamos a tomar unos raspados “ices” a un negocio en la calle de Londres y nos sentábamos en la banqueta a disfrutar la tranquilidad de las horas matutinas del DF, escuchando cada quien un audífono de un walkman, y como no todas las grabaciones eran estéreo, a veces a mí me tocaba la música y a él las voces o al revés

Seguimos con Chapultepec -que siempre estaba lleno de otros estudiantes de pinta-, llegamos al Centro de Tlalpan, Coyoacán, CU y anexas. Como se nos acabó "la parte turística", nos aventuramos a vagar por la zona de fábricas de Norte 45, con lugares que no he vuelto a encontrar -como una esquina donde recuerdo haber visto un tinaco descomunal en forma de pelota y que quizá imaginé o fue demolido-, donde nos robaron los tenis y tuvimos que usar las hojas de un cuaderno de dibujo como calzado improvisado.

Cerca de Buenavista apachurrábamos monedas de mil pesos esperando a que les pasara encima el tren para que quedaran alargadas, entrábamos a todos los edificios para ver cómo eran por dentro y descubrimos un lugar de "maquinitas" de videojuegos por el metro San Cosme, donde a nadie le importaba que dos niños en uniforme pasaran toda la mañana jugando.

A veces caminábamos de su casa en Peralvillo al Centro, cruzando Tlatelolco. Recuerdo que una vez nos metimos al monumento a La Raza, descubrimos que estaba hueco y encontramos máquinas y un gato sacrificado en una especie de ritual, salimos corriendo a pesar de llevar puestas nuestras playeras "diabólicas" de Metallica y Venom. Hallamos también una entrada cancelada de una estación del metro que nunca existió, cerca de la calle Schubert, y nos hicimos amigos de un hojalatero que nos dejaba ver cómo enderezaba carros encadenándolos a un tráiler que arrancaba violentamente una y otra vez hasta recuperar la forma original.

En Tepito nos quisieron asaltar pero dijimos que éramos de ahí. El ladrón, con picahielos en mano, nos dijo: "díganme calles”, y le recitamos todas desde la Peralvillo hasta la Merced. Nos mentó la madre y se fue.

Una vez fuimos a comprar los libros de la secundaria y un par de asaltantes nos arrinconó frente a Bellas Artes, cuando estaba por dar mi dinero Roberto comenzó a fingir un paro cardiaco, de manera tan convincente que pensé que era cierto. Los rateros se miraron sin saber qué hacer y echaron a correr, al ver la farsa tuve un ataque de risa tan fuerte que casi me ahogo.

En la prepa íbamos en diferentes escuelas y nos veíamos en las estaciones del metro que nos sonaban más lejanas y extrañas, Canal del Norte, Tezozomoc, Viveros... A todas llegábamos puntualmente a las 9 de la mañana para después salir a caminar para explorar qué había afuera. También recorríamos las calles en bicicleta, con el pretexto de buscar la casa de alguna chica o para saber hasta dónde podíamos llegar.

La ciudad de México es el paraíso para los vagos.

@lagiraffecom

@enricoescalona

 

 
 
   
Julieta Venegas - Sus versiones para nios
LO MÁS LEÍDO
Las mejores opciones de la temporada para pro...
Fragmento del libro "Gabo periodista", preced...
Charlamos con Marcos Eymar acerca de su novel...

Por Ma. Gabriela Mndez / Archivo
COMUNIDAD
Copyright © 2010  -  www.gatopardo.com  -  Desarrollado por: Estrategia 360°