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ACTUALIZADO 2011-02-21 13:26:15 AT
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Presunta culpable
2011-02-21 13:26:15


La primera dama Margarita Zavala, el procurador del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera y Diego Fernández de Cevallos, acudieron a la premier de Presunto culpable, el documental que narra la batalla de José Antonio Zúñiga por recuperar su libertad, tras ser acusado de un homicidio que no cometió. Testigos falsos, pruebas de balística que son ignoradas, evidentes contradicciones en la acusación del Ministerio Público, policías judiciales que inventan culpables, son algunos de los elementos que pintan la justicia mexicana en el largometraje. Toño reunía dos agravantes que lo ponían en la fila de sospechosos comunes: era joven y pobre: vendedor ambulante de Iztapalapa y, como tal, instrumento para expiar un crimen que las autoridades no habían podido resolver. Toño de repente se ve condenado a pasar 20 años de su vida en el Reclusorio Oriente, durmiendo en el espacio que queda entre el piso y una litera y que debe compartir con cucarachas.

Aun cuando Diego Fernández de Cevallos declaró que la película sólo retrata el lado negativo de la justicia mexicana, su presencia, al lado de Zavala y Mancera, se puede interpretar como un respaldo al mensaje de Presunto culpable y su denuncia de un sistema de justicia que presume culpabilidad en lugar de inocencia. En más del 90 por ciento de los casos los jueces aceptan la versión del Ministerio Público y encierran al sospechoso, las más de las veces sin siquiera acudir al juicio, que dejan en manos de sus secretarios.

El respaldo de la primera dama, de Diego y del procurador local hacia Presunto culpable resulta contradictorio con la reacción de la clase política en torno de la sentencia a Florence Cassez y de la presión del presidente Nicolas Sarkozy por liberarla. A Cassez no sólo la juzgó ese mismo sistema de justicia exhibido en Presunto culpable, sino que su captura fue montada para las cámaras de televisión. La pregunta legítima que se hacen los franceses es, ¿si su captura fue un montaje, acaso el resto de las pruebas no podrían ser un montaje también? Pero para demostrar que México no cede a las presiones galas, Genaro García Luna, el productor de ese reality show, en lugar de ser sometido a una investigación fue promovido a Secretario de Seguridad Pública, un puesto del que no lo ha removido ni sucesivos escándalos ni la estela de 35 mil muertos que presenta el gobierno como trofeo de guerra.

Francia presiona y México resiste. La cancillería mexicana acusa a su par francesa de consultar decisiones de política exterior con una reclusa condenada por secuestro. Nacionalismo mexicano que no cede frente a la presión del antiguo imperio colonial, que soñó en el siglo XIX con manejar nuestros destinos a través de Maximiliano de Habsburgo. Sólo que la defensa francesa de Florence Cassez revela también cuán débil es México para defender a los cientos, miles quizá, de mexicanos que purgan condenas en Estados Unidos. Culpables o no, las cárceles de Estados Unidos reflejan que, en ese país, el ser negro o latino multiplica las posibilidades de terminar encerrado. La justicia norteamericana también parte de prejuicios raciales y clasistas pero el gobierno mexicano rara vez levanta la voz o exige la revisión de un expediente. Entre más fuerte presiona Francia por Cassez, más débil se exhibe el Estado mexicano para defender a los nuestros fuera del país.

Con base en las pruebas de quienes montaron su captura, los jueces ratificaron que Cassez es secuestradora y debe pasar 60 años en la cárcel. Pero el gobierno mexicano no ha dado ninguna razón de peso para negar su traslado a Francia a que purgue su condena, tal como lo permite el Tratado de Estrasburgo que México firmó este mismo sexenio, en 2007. ¿No tiene un delincuente el derecho de compurgar su pena en un lugar en donde pueda gozar de mínimos derechos, como ser visitado por su familia? La cárcel priva de la libertad, pero no conculca el resto de los derechos fundamentales. Pero Cassez quedó atrapada entre un sistema de justicia que presume culpabilidad en lugar de inocencia, y por un nacionalismo de estampita, firme a la hora de defender ante el mundo a nuestro sistema de justicia, pero pálido para proteger a nuestros connacionales frente a Estados Unidos, imperio del siglo XX.

 
 
   
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