
Entre el ska y el reggae
“Son unas reinas, deberías de ver el equipaje que traen para un solo espectáculo”, me dijo divertido el director Stascha Bader de Marcia Griffith y Judy Mowatt, antiguas coristas de Bob Marley que se presentaron este verano en el Festival de Jazz de Montreal. El concierto reunió a los músicos más importantes del rocksteady, el género jamaiquino que sirvió de transición entre el ska y el reggae (un poco más lento que el ska y más bailable que el reggae).
“Quizá yo era muy flojo; no podía seguir el ritmo del ska’’, dice Hopeton Lewis en el documental de Bader, tratando de explicar por qué le pidió a sus músicos que alentaran el beat para grabar canciones como “Take it Easy”, quizá la primera de rocksteady; o quizá Kingston, la capital de la recién independizada Jamaica, iba demasiado rápido.
Imposible no hacer la comparación: a la manera de Ry Cooder y después Wim Wenders con los músicos de Buena Vista Social Club, el director suizo, intrigado por lo que había detrás de Bob Marley, se puso a hacer llamadas, a reunir a las leyendas de un género de música jamaiquina que se oyó, mucho, de 1966 a 1969: Stranger Cole, Dawn Penn, Ken Boothe, Derrick Morgan, Leroy Sibbles, U-Roy y The Tamlins son algunos de ellos. Y para la mayoría, el rocksteady es la música que muestra el optimismo del país recién independizado (1962), antes de que la violencia se instalara en Kingston.
Incluso Rita Marley, que en el documental muestra el cuarto donde se encerraba a hacer el amor con Bob, recuerda los tiempos del rocksteady como una época más feliz que la del reggae.
No cabe duda de que ver un documental de este tipo, donde aparece Derrick Morgan cantando en el Palace Theatre, cayéndose a pedazos; donde quedaron filmados los reencuentros de músicos que no se habían visto en décadas, y donde Stranger Cole, con un barquillo en la mano, recuerda cuando le pedían cantar a cambio de un helado, conmueve hasta perder la objetividad.
Pero la simpatía no obliga a nadie a poner los sencillos en el iPod. Tampoco a escucharlos obsesivamente ni mucho menos a bailarlos como si fuera la primera vez. El punto es que la música en sí misma es genial, tanto la original como la que suena en el nuevo disco, con arreglos de Lynn Taitt. Nada explica que haya quedado opacada bajo la sombra del reggae: “Silent river runs Deep”, “The Tide is High”, “Stop that Train”, “Shanty Town” y “Rougher than Rough” pueden escucharse hasta el cansancio.
Más información: http://rocksteadyrootsofreggae.com
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