Prensa de la calle
Una forma de trabajo digno. Fotografía de Cortesia La Calle

Prensa de la calle

Una nueva revista bogotana se suma a un movimiento global de publicaciones urbanas que le dan trabajo a personas sin techo. El objetivo es que las ganancias reemplacen a las limosnas.
El pasado diciembre, la imagen no pasó desapercibida para el transeúnte del viejo barrio de La Candelaria en Bogotá. Buena parte de los mendigos y habitantes de la calle, en vez de pedirle unas monedas, le ofrecían una revista bajo el eslogan de: “La limosna no sirve. Esta revista sí”. Se trataba de La Calle, una nueva publicación que por mil pesos colombianos (menos de cincuenta centavos de dólar) proporciona artículos sobre la ciudad y su cultura callejera.

Ahora La Calle —con ventas de 80% de su tiraje que es de diez mil ejemplares— va por su cuarta edición. Pero ésta no es una revista urbana más. La Calle no es un negocio: es una forma de darle trabajo digno a quienes viven de la limosna.

“La idea es que la gente ayude al que lo necesita de una forma más efectiva que con unas monedas”, dice Henry Mance, su director, un inglés de 25 años. “Y que el habitante de la calle pueda tener, aunque sea temporalmente, un quehacer al vender la revista mientras se da cuenta de que puede, si es el caso, recuperarse y conseguir un mejor trabajo”.

“Tenemos un equipo de trabajadores sociales que habla con los mendigos y los desempleados en las calles, en los hogares de paso y en los comedores comunitarios”, añade Mance. “Estas personas, si quieren, vienen, se inscriben y empiezan un proceso de formación en el que les enseñamos a vender La Calle y les damos algunas reglas. Después les regalamos diez revistas y los acompañamos a venderlas. De ahí en adelante, por cada ejemplar ellos nos pagan 300 y lo venden a mil pesos”. En la actualidad, cien ex mendigos ofrecen La Calle en los sectores bogotanos de Chapinero y el centro histórico.

La publicación bogotana se suma así a un movimiento que ya lleva casi dos décadas y ha llegado a otras ciudades de América latina, como Montevideo, Uruguay, Porto Alegre y São Paulo, Brasil, y las argentinas Buenos Aires, Mendoza y Córdoba.

En 1991, John Bird y Gordon Roddick, inspirados en un periódico neoyorquino de finales de los ochenta, Street Paper, fundaron en Londres el hoy semanario The Big Issue. Bird había vivido en las calles y estaba harto de ver a sus compañeros pedir limosna.

Roddick, por su parte, tenía el dinero, pues era socio de la empresa de cosméticos The Body Shop. Así nació el que hoy es el modelo a seguir por todas las revistas que ayudan a la gente sin techo. The Big Issue genera al año 17 millones de dólares para los habitantes de la calle. Y a estas alturas, hay 88 medios de su estilo en 37 países.

No todos son iguales. Según Erin Anderson, directora de la agencia de noticias de INSP —International Network of Street Papers, entidad que agrupa a los medios impresos que buscan reemplazar la limosna—, “cada uno se adapta al contexto en el que se desarrolla. La Calle, por ejemplo, tiene un claro sentido urbano porque en Bogotá hay un marcado interés entre los lectores por que les sea contada su ciudad”. De ahí que en sus páginas se hable de grafitis, arquitectura y personajes típicos de la capital colombiana. Y que también exista una sección en la que los mismos vendedores de la revista cuentan sus duras historias de vida.

Todo esto, en últimas, gracias a un viaje. En 2006, Henry Mance estuvo en Colombia como parte de su tesis para obtener el título de maestría en Desarrollo Internacional de la Universidad de Oxford. “Fue en ese momento que se me ocurrió que un proyecto como el de street paper podía funcionar en Bogotá, pues la costumbre de dar limosna estaba muy arraigada”, comenta. “Entonces volví a Inglaterra y durante dos meses trabajé como voluntario en The Big Issue para aclarar las ideas”. Un año después, estaba sacando a la luz el primer número de La Calle. Actualmente, Mance no recibe sueldo (como ninguno de los colaboradores de la revista) y vive de sus labores como profesor universitario y periodista freelance.

Las ganancias son sólo para los vendedores: hombres como Guillermo Salgar, un publicista de 53 años que debido a un trastorno bipolar acabó en la indigencia. “Antes dormía en los andenes y vivía de la limosna y de lo que encontraba entre la basura —cuenta—. Ahora vendo unas quince o veinte revistas diarias, como bien y pago un arriendo. Desde que estoy vendiendo La Calle la vida me ha cambiado bastante”.
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