
¿La mano de Dios?
La crisis mundial amenaza con ser la última estocada a los diarios franceses. ¿Es el plan de Sarkozy el remedio milagroso para salvar a la prensa?
“Sabemos que adora tanto a los medios que temíamos que terminara por ahogarlos”, dice Jean Minot, ex director de la Agence France-Presse (AFP). “Pero el Presidente fue prudente y sobre todo se supo mantener al margen de cualquier comentario sobre los contenidos”, agrega. Minot se refiere al plan de ayuda de 600 millones de euros para la prensa escrita, que anunció la última semana de enero el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.
La cifra de rescate fue acordada por un grupo, de 150 periodistas, académicos, empresarios de medios y representantes de los lectores, convocado por el Estado para proponer soluciones a la crisis de los medios. El equipo trabajó durante cuatro meses para crear el Libro Verde: un reporte sobre la situación actual de la prensa escrita, las perspectivas para los próximos años y las sugerencias para manejar la crisis. El texto fue entregado el pasado 8 de enero a la Ministra de Cultura. “La libertad de la prensa pasa por su independencia económica”, dijo Sarkozy dos semanas después.
Minot, miembro de la comisión, lo retoma para decir que la crisis económica mundial no ha sido más que un ingrediente nuevo en una situación que nace en lo que él considera el pecado original de la prensa francesa. “Durante la Segunda Guerra Mundial, la gente tenía la impresión de que los diarios que se mantenían eran aquellos que colaboraban con los alemanes. Desde entonces los periódicos han estado subcapitalizados. Francia lleva 50 años creyendo que está mal que un diario tenga dinero”, dice.
El Plan Sarkozy se ocupa de ciertas cuestiones de fondo al proponer que cada medio tenga y siga su propia carta de principios, sentar las bases para la regulación de los derechos de autor de los periodistas en internet y reconocer la profesión de editor de contenidos en línea; pero las propuestas de choque giran en torno a la supervivencia financiera de los diarios. La inyección directa de capital es la primera: el Estado aumentará su pauta en medios impresos y, retomando el modelo de las leyes de cine de varios países, los aportes en dinero que particulares y empresas den a la prensa serán tomados como donaciones, deducibles por 66% de los impuestos.
El segundo frente es la conquista de los lectores jóvenes, atraídos por internet y los diarios gratuitos, para lograr penetrar en este público se contempla la inclusión de un tiempo para lectura de prensa en las escuelas y un subsidio estatal para que los diarios ofrezcan subscripciones gratuitas a los jóvenes que cumplen 18 años.
Las medidas más revolucionarios, sin embargo, se aplicarán en el área de la distribución, donde se da la batalla entre el papel y la pantalla. Los desempleados que se ocupen en tiempo parcial como repartidores de diarios no perderán su subsidio. La carga de prestacionales de los distribuidores minoristas y propietarios de quioscos se reducirá en 30%, lo que representa alrededor de cuatro mil euros por año y la prensa nacional tendrá libertad para negociar con los periódicos regionales la distribución en supermercados y comercios de barrio, que hasta ahora no les estaba permitida.
El consenso en torno a los beneficios que el plan proporcionará a la prensa como empresa, parece logrado y en eso coincidieron las editoriales de los diarios nacionales. Los sindicatos están divididos en cuanto a los beneficios reales para periodistas y trabajadores. Para la sección prensa de Fuerza Obrera, se afirma que: “El plan está hecho por y para los dueños de los medios. Como suele suceder con las medidas de Sarkozy, al final ellos serán los ganadores”.
“Tienen las herramientas y el dinero. Ahora es su turno”, fue el mensaje de Sarkozy a los propietarios de los medios, a quienes les queda la tarea de continuar las negociaciones con los sindicatos para reducir los costos de impresión que siguen siendo los más altos de Europa.
La cifra de rescate fue acordada por un grupo, de 150 periodistas, académicos, empresarios de medios y representantes de los lectores, convocado por el Estado para proponer soluciones a la crisis de los medios. El equipo trabajó durante cuatro meses para crear el Libro Verde: un reporte sobre la situación actual de la prensa escrita, las perspectivas para los próximos años y las sugerencias para manejar la crisis. El texto fue entregado el pasado 8 de enero a la Ministra de Cultura. “La libertad de la prensa pasa por su independencia económica”, dijo Sarkozy dos semanas después.
Minot, miembro de la comisión, lo retoma para decir que la crisis económica mundial no ha sido más que un ingrediente nuevo en una situación que nace en lo que él considera el pecado original de la prensa francesa. “Durante la Segunda Guerra Mundial, la gente tenía la impresión de que los diarios que se mantenían eran aquellos que colaboraban con los alemanes. Desde entonces los periódicos han estado subcapitalizados. Francia lleva 50 años creyendo que está mal que un diario tenga dinero”, dice.
El Plan Sarkozy se ocupa de ciertas cuestiones de fondo al proponer que cada medio tenga y siga su propia carta de principios, sentar las bases para la regulación de los derechos de autor de los periodistas en internet y reconocer la profesión de editor de contenidos en línea; pero las propuestas de choque giran en torno a la supervivencia financiera de los diarios. La inyección directa de capital es la primera: el Estado aumentará su pauta en medios impresos y, retomando el modelo de las leyes de cine de varios países, los aportes en dinero que particulares y empresas den a la prensa serán tomados como donaciones, deducibles por 66% de los impuestos.
El segundo frente es la conquista de los lectores jóvenes, atraídos por internet y los diarios gratuitos, para lograr penetrar en este público se contempla la inclusión de un tiempo para lectura de prensa en las escuelas y un subsidio estatal para que los diarios ofrezcan subscripciones gratuitas a los jóvenes que cumplen 18 años.
Las medidas más revolucionarios, sin embargo, se aplicarán en el área de la distribución, donde se da la batalla entre el papel y la pantalla. Los desempleados que se ocupen en tiempo parcial como repartidores de diarios no perderán su subsidio. La carga de prestacionales de los distribuidores minoristas y propietarios de quioscos se reducirá en 30%, lo que representa alrededor de cuatro mil euros por año y la prensa nacional tendrá libertad para negociar con los periódicos regionales la distribución en supermercados y comercios de barrio, que hasta ahora no les estaba permitida.
El consenso en torno a los beneficios que el plan proporcionará a la prensa como empresa, parece logrado y en eso coincidieron las editoriales de los diarios nacionales. Los sindicatos están divididos en cuanto a los beneficios reales para periodistas y trabajadores. Para la sección prensa de Fuerza Obrera, se afirma que: “El plan está hecho por y para los dueños de los medios. Como suele suceder con las medidas de Sarkozy, al final ellos serán los ganadores”.
“Tienen las herramientas y el dinero. Ahora es su turno”, fue el mensaje de Sarkozy a los propietarios de los medios, a quienes les queda la tarea de continuar las negociaciones con los sindicatos para reducir los costos de impresión que siguen siendo los más altos de Europa.
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