A cuatro años de Ayotzinapa: espera contra esperanza
A 4 años de la desaparición de sus hijos, los padres de Ayotzinapa esperan encontrarlos pronto
septiembre 26, 2018

A cuatro años de Ayotzinapa, más que una fecha en el calendario, el 26 de septiembre —al igual del número 43— se han convertido símbolo de quienes buscan a sus familiares o amigos desaparecidos. Pero también en un símbolo para quienes buscan parar la violencia que sacude al país desde hace 12 años.

Ante la fecha y la posibilidad de un cambio en la estrategia de seguridad con el gobierno entrante, los padres de los desaparecidos y una centena de jóvenes normalistas llegaron al Museo de  Memoria y Tolerancia, donde se anunciarían los compromisos del presidente electo Andrés Manuel López Obrador con los padres de los desaparecidos para solucionar su caso.

Desde las ocho de la mañana los jóvenes normalistas gritaban: “¿Por qué?, ¿por qué nos asesinan?, si somos la esperanza de América Latina”. Los estudiantes de Ayotzinapa alargaban las vocales de cada palabra que pronunciaban y aquello no sonaba como cualquier otra marcha. El resultado fue un abrumador silencio en una de las avenidas más congestionadas de la Ciudad de México. Pedro Cisneros un estudiante de la Normal, me cuenta que llegaron a la ciudad ayer, de nuevo en un camión proveniente de Iguala.  

Pedro, tiene 19 años y hacía pausas, entre grito y grito, entre consigna y consigna,  para hablar de lo que esperaba del anuncio que Andrés Manuel López Obrador daría más tarde: “Hay esperanza, la sentimos, pero lo que queremos es la verdad y que se haga justicia, haya pasado, lo que haya pasado. También queremos que esto no se vuelva a repetir”, contesta.

Mientras esperaban el anuncio de AMLO, pospuesto primero de las 11, a las 11:30 am y después a las 12 pm, los normalistas nunca dejaron de gritar. Sonaban también canciones de protesta entre sones y jaranas.  “Se puede esperar un poco más. Unos minutos no son nada, ya llevamos esperado cuatro años para que alguien nos hiciera caso”, decía Pedro. En pleno sol del mediodía la centena de jóvenes presentes se deshacía la garganta en otro pase de lista: “1,  2, 3… 43, Justicia”.

María Martínez Ceferino, llegó a la Ciudad de México un par de días atrás.

Siempre carga con la fotografía de su hijo Miguel Ángel Hernández Martínez. La lleva pegada al pecho como un escapulario. La lona que lleva también consigo tiene casi el tamaño de su propio cuerpo y dice en letras rojas: “Vivo se lo llevaron, vivo lo queremos”. En el pase de lista que se ha convertido en clamor de justicia, su hijo figura en el número 41. Miguel Ángel Hernández Martínez, tenía 27 años cuando se le vio por última vez.

María cuenta que desde el día que supo sobre la desaparición de su hijo ha caminado largas marchas y ha participado en muchísimas reuniones. Ha recorrido múltiples veces la distancia que separa a Guerrero de la Ciudad de México buscando respuestas. Ese 26 de septiembre —el de hace cuatro años— sintió algo en el estómago, como una premonición.

Hoy María esperaba en el lobby del Museo de Memoria y Tolerancia que fuera el primer día de un cambio, una sensación que se le había pasado del estómago al corazón.   “Lo que siento es una esperanza bien grande, me late el corazón con fuerza, ahora sí siento que los vamos a encontrar. Estos años han sido bien difíciles, porque espero a Ángel día y noche y todo lo que estoy pensando es si mi hijo come o no lo hace”, comparte. 

Si la esperanza fuera una imagen, esta mañana María la ilustraba de manera perfecta. De su voz y del brillo de sus ojos brota esperanza, pero no fe. 

Luis Tapia, Coordinador del Área de Defensa de Derechos Humanos del Centro ProDH,  quien ha estado cerca de los padres desde hace ya varios años, dice categórico que “esa esperanza no es un cheque en blanco, pues deberán entregarse resultados concretos, algo que no hizo la administración saliente”.

Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, “se intentó minimizar el caso con una respuesta rápida, algo que ellos llamaron verdad histórica, pero sabemos que las cosas no son así. Se necesita reabrir las investigaciones y que desaparezcan los pactos de silencio que tienen las autoridades y que no permiten tener respuestas certeras sobre la localización de los 43”, dice Tapia, quien también ha vivido este larguísimo proceso junto las familias de los estudiantes. 

Ante un escenario repleto de periodistas, Andrés Manuel López Obrador, se acomodaba el traje y escuchaba junto con Olga Sánchez Cordero y Alejandro Encinas lo que tenían que decir Don Epifanio Álvarez y su esposa Elena. Ambos son padres de Jorge Álvarez Nava, desaparecido desde hace cuatro años. “Hoy es un día emblemático para los padres y madres que hemos sufrido estos años. Hoy los padres seguimos teniendo ganas de abrazarlos, de besarlos y decirles, ‘te quiero hijo’. Tenemos esperanza en este gobierno futuro de poder dar con el paradero de nuestros hijos. Los vamos a encontrar (…) De lo contrario, prefiero morirme”, sentenció mientras su esposa lo miraba con el rostro serio.

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Con muchas pausas y moviendo las manos, como habla siempre el presidente electo, AMLO confirmó ante los padres que habrá una Comisión de la Verdad, que el primero de diciembre emitirá un decretó para que toda  la administración pública federal colabore con la investigación. Prometió también que durante su gobierno no se obstaculizara ninguna línea investigación y que solicitara la asistencia de la ONU de la CIDH, la CNDH y el GIEI para solucionar este caso. Además de él y de Olga Sánchez,  próxima Secretaria de Gobernación, será Alejandro Encinas, el encargado de que esto concluya.

“Nuestra responsabilidad como gobierno es abrir las líneas de investigación. Se va a va a revisar todo para llegar al fondo de lo que sucedió esa noche en Ayotzinapa. Nosotros nos haremos cargo que se cumpla la ley y de evitar la corrupción y la impunidad”, dijo Alejandro Encinas en entrevista para Gatopardo saliendo de la conferencia.

Encinas, a quien conocen los padres,  se despedía de ellos entre abrazos y frases como,”ya pronto todo va a estar bien”.  Don Epifanio y su esposa Elena, aún al borde de las emociones, decían que este era un día importante, porque ahora sí los van a encontrar. Para Doña Elena su hijo lo es todo en la vida y que espera volver a verlo pronto porque se trata de su amor más grande.  “La casa aún está como él la dejó, junto con la guitarra que aprendió a tocar desde chiquito y que también lo espera”, afirma. 

A la salida del evento aparece también doña María, aún con la fotografía de su hijo en el pecho. Sonriente, dice que esta tarde marchará con la esperanza de que su hijo vuelva pronto a casa.

En 1979, el entonces dictador argentino Jorge Rafael Videla, dijo una frase que definió el momento histórico que vivía su país: “Mientras esté desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto, ni vivo…está desaparecido”

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