Brett Kavanaugh ya es juez
En medio de acusaciones de acoso sexual, Brett Kavanaugh se convirtió en juez de la Suprema Corte.
octubre 8, 2018

Cuando Donald Trump presentó al juez conservador Brett Kavanaugh como su elección para tomar el asiento que el juez Anthony Kennedy dejaría libre en la Suprema Corte de Justicia tras su retiro en junio de este año, las posibilidades de que fuera confirmado por el Senado estadounidense, casi en automático, eran amplias.

Kavanaugh era una figura apreciada entre los círculos conservadores y religiosos de los Estados Unidos gracias a su rechazo en temas como el control de armas y la legalización del aborto, por lo que su candidatura era una pequeña victoria para la fallida administración Trump en un año donde los estadounidenses podrían quitarle la mayoría legislativa al Partido Republicano.

Sin embargo, una serie de acusaciones de abuso y conducta sexual reprochable frenaron levemente el camino de Kavanaugh hacia el banquillo de la Suprema Corte. Este fin de semana, después de una lamentable presentación ante el Comité Judicial del Senado, una semana de investigaciones parciales comandadas por el FBI y limitadas por la Casa Blanca e ignorando por completo los testimonios fiables de tres posibles víctimas, la bancada republicana votó a favor de su instauración como el quinto juez conservador en la máxima instancia judicial del país.

En julio, tras enterarse que Kavanaugh figuraba en la lista de posibles nominados al cargo judicial, la doctora e investigadora californiana Christine Blasey Ford recordó un penoso incidente que vivió con el juez en la década de los ochenta, durante una fiesta en el condado de Montgomery, al centro de Maryland. Según recuerda, Kavanaugh, notablemente alcoholizado, la empujó sobre una cama y trató de quitarle la ropa mientras ella intentaba defenderse. La joven pudo escapar cuando uno de los compañeros de Kavanaugh, Mark Judge, saltó sobre ellos. Ford escapó de la habitación, se escondió en uno de los baños del lugar y posteriormente abandonó la casa.

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Christine Blasey Ford durante su testimonio frente al Senado, el pasado 27 de septiembre – Fotografía: Flickr

Después de la nominación de Kavanaugh, la doctora Ford acudió a Debra Katz, una abogada de Washington conocida por su trabajo en casos de acoso sexual, y a la congresista demócrata Anna G. Eshoo, quienes la asesoraron legalmente. Eshoo presentó el caso a la senadora Dianne Feinstein, el miembro más importante del Partido Demócrata en el Comité Judicial del Senado, quién hizo públicas las acusaciones manteniendo el nombre de Ford en privado. Las sesiones de confirmación de Kavanaugh fueron pospuestas hasta que el comité pudiera investigar a profundidad el tema.

El 16 de septiembre, cuatro días después de la divulgación de las acusaciones, Ford ofreció una entrevista a The Washington Post en la que por primera vez hablaba públicamente del caso. La entrevista desató una serie de reclamos por parte de la derecha estadounidense. Kavanaugh negó los hechos a través de un comunicado difundido por la Casa Blanca: “Niego categóricamente e inequívocamente estos alegatos. No hice esto en la escuela ni en ningún momento”, señaló.

Incluso el presidente Trump salió en defensa del juez a través de un par de lamentables comentarios publicados en su cuenta de Twitter: “El juez Brett Kavanaugh es una buena persona, con una reputación impecable, que ha resultado estar bajo ataque por políticos del ala radical de la izquierda que no quieren saber las respuestas, solo quieren destruir y retrasar. Los hechos no importan. Yo atravieso por esto todos los días en D.C.”, escribió el mandatario el 21 de septiembre, “No tengo dudas que, si el ataque a la doctora Ford fue tan malo como ella dice, se hubieran girado cargos inmediatamente a las fuerzas locales de la ley por ella o por sus amorosos padres. ¡Le pido que traiga esos archivos para que podamos conocer fecha, hora y lugar!”.

 

El 23 de septiembre, Deborah Ramírez, antigua compañera de Kavanaugh en la Universidad de Yale declaró a The New Yorker que había sido violentada durante una fiesta por el ahora juez, quien bajó sus pantalones, expuso su pene y se lo acercó a la cara. El hecho descrito por Ramírez sucedió aparentemente entre 1983 y 1984. Una vez más, Kavanaugh negó la acusación. Sin embargo, el Senado de los Estados Unidos ya había detenido brevemente el proceso de confirmación y citado al juez y a su primera denunciante a presentarse frente al Comité Judicial. Posteriormente, NBC News informó que Kavanaugh y su equipo legal intentaron bloquear las acusaciones de Ramírez antes de que fueran retomadas por los periodistas Ronan Farrow y Jane Mayer del semanario neoyorquino, poniéndose en contacto con antiguos compañeros de escuela que pudieran servir como testigo.

El 26 de septiembre, el abogado Michael Avenatti, conocido por defender a la actriz Stormy Daniels en un juicio en marcha en contra del presidente Trump, anunció su ingreso al equipo legal de Julie Swetnick, una mujer de 55 años que acusó al juez de conducta reprochable mientras ambos eran estudiantes de la Preparatoria Georgetown, en 1980. Swetnick declaró, en un comunicado único difundido por su abogado, que Kavanaugh usualmente participaba en fiestas donde las mujeres eran drogadas o alcoholizadas, abusadas verbalmente, tocadas inapropiadamente y violadas en grupo. El juez negó nuevamente las acusaciones, alegando que eran “ridículas” y “provenientes de La dimensión desconocida”.

Un día después, Christine Barsey Ford y Brett Kavanaugh testificaron ante el Senado, realizando un innecesario juego televisivo de “él dijo, ella dijo” en el que el candidato a la Suprema Corte perdió el control en repetidas ocasiones.

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Brett Kavanaugh durante su testimonio frente al Senado, el pasado 27 de septiembre – Fotografía: Flickr

Durante su testimonio Kavanaugh lució a la defensiva, argumentando que las acusaciones eran falsas y señalando, en un hecho inédito para un candidato a la Suprema Corte de Justicia o cualquier otra instancia judicial estadounidense, al partido Demócrata y la izquierda americana de estar detrás de las acusaciones para manchar su nombre, perjudicar a la corriente liderada por Donald Trump y cobrar venganza por la derrota electoral de Hillary Clinton. Para los especialistas, la actitud de Kavanaugh, así como sus respuestas evasivas e incluso la aparición de una página de su anuario escolar en donde hacia gala de sus habilidades con el alcohol, que contradecían sus alegatos, habían destruido su credibilidad ante el público estadounidense. Chris Wallace, conductor titular de FOX News, la cadena de televisión más apegada al presidente Trump y sus seguidores, describió al evento como un “desastre para el partido republicano”.

La votación para su confirmación fue retrasada una semana gracias a un acuerdo establecido entre la bancada demócrata y el senador Jeff Flake, representante del estado de Arizona cuyos enfrentamientos con Trump lo han convertido en una especie de disidente del partido en el poder. La suspensión abría la oportunidad para que el FBI pudiera investigar las acusaciones contra Kavanaugh. Sin embargo, medios estadounidenses reportaron que el buró de investigación se limitó a entrevistar a cuatro testigos, Kavanaugh y Ford incluidos, sin abundar en detalles o encontrarse con compañeros escolares del juez, quienes salieron a criticar sus conductas durante la universidad, ni las otras dos acusantes, quienes quedaron rezagadas durante todo el proceso político.

La madrugada del jueves 4, el FBI a través de los conductos oficiales de la Casa Blanca, informó que había cerrado la investigación sin encontrar evidencia que fundamentara las acusaciones de Ford, dejando el paso libre para que Kavanaugh fuera confirmado ante el senado, cosa que sucedió la tarde del sábado 6 de octubre, obteniendo una votación de 50 a 49, el resultado más cerrado en la elección de cualquier elemento judicial. Esa misma noche, Kavanaugh juró como el noveno juez asociado de la Suprema Corte; el segundo que Donald Trump logra imponer en la instancia desde el inicio de su gobierno en enero de 2017.

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Protestas en Chicago contra la designación de Brett Kavanaugh – Fotografía: Charles Edward Miller / Flickr

“Aplaudo y felicito al Senado de los Estados Unidos por confirmar a nuestro gran nominado, el juez Brett Kavanaugh a la Suprema Corte”, escribió Donald Trump en su cuenta de Twitter. Para el presidente, la selección y confirmación de Kavanaugh es un triunfo que va más allá de lo judicial. Por primera vez en dos décadas, la corte más importante del país tiene una mayoría conservadora, lo que permitiría poner a revisión una serie de derechos previamente avalados, incluyendo el derecho al aborto, la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo y la abolición del Obamacare, programa insignia del presidente Barack Obama, uno de los más grandes detractores de Trump.

Además, el Senado dio un duro golpe al movimiento #MeToo, cuyos integrantes se manifestaron en las calles y redes sociales avergonzadas de la resolución del caso. A poco más de un año de su fundación, el movimiento que ha desenmascarado el abuso por parte de figuras poderosas en el entretenimiento, la política y la industria estadounidense, presenta su segunda derrota moral frente al gobierno de Trump, un hombre que ha logrado burlarse de presuntas víctimas de violación, evitar y callar a mujeres que lo han acusado públicamente de mal comportamiento sexual y ha llamado al movimiento una “cacería de brujas” que “está haciendo que los hombres tengan una vida complicada y con miedo”, impunemente.

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