Más allá del poder
Bajo el cobijo de George W. Bush, Dick Cheney se convirtió en el vicepresidente más poderoso en la historia de los Estados Unidos.
enero 30, 2019

El 20 de enero de 2001, tras una reñida contienda electoral en la que la decisión final fue tomada por la Suprema Corte de Justicia, George W. Bush tomó posesión como el 43º presidente de los Estados Unidos. Bush –hijo de George H.W. Bush, mandatario estadounidense entre 1989 y 1993– llegó a la presidencia ante la incertidumbre de sus gobernados, pero con un as a su favor: Dick Cheney, uno de los políticos más renombrados del Partido Republicano.

Bajo el cobijo de la vicepresidencia, Cheney, la primera persona a la que el presidente Bush saludó y agradeció aquel 20 de enero, se convirtió en la persona más poderosa de la nación americana.

Pero, la aparición de Cheney en el pódium presidencial y la inédita relevancia que tuvo en ámbitos políticos y sociales dentro de la Casa Blanca no fueron una coincidencia, mucho menos un acto improvisado. Nacido el 30 de enero de 1941 en Lincoln, Nebraska, Richard Bruce Cheney comenzó a trabajar en la política desde su juventud. A pesar de haber enfrentado un par de problemas con la ley, provocados por el excesivo consumo de alcohol que marcó sus últimos años de estudiante, y haber abandonado su lugar en la Universidad de Yale, el hijo de una familia conservadora del centro de los Estados Unidos decidió replantear su camino y entregarse a una de sus grandes aficiones: la política.

En 1969, tras huir de la Guerra de Vietnam con el pretexto de continuar sus estudios en ciencias políticas, comenzó a trabajar como asistente del congresista republicano William A. Steiger de Wisconsin. Atraído por completo por la administración Nixon, el joven Cheney se acercó a otra figura importante dentro de la estructura política de los Estados Unidos: Donald Rumsfeld, quien entonces era director de la extinta Oficina de Oportunidades Económicas. Rumsfeld, que había llegado a Washington después de cumplir seis años como congresista en Illinois, tomó a Cheney como protegido y lo introdujo a la vida política pública y privada de los Estados Unidos. Entre 1971 y 1974, Cheney sirvió como asistente de la Casa Blanca, director asistente del Consejo de Costo de Vida y asistente interino del presidente. En los primeros años del gobierno de Gerald Ford (1974-1977), fue nombrado jefe de gabinete.

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Dick Cheney en una conferencia en 2014 – Fotografía: Gage Skidmore / Flickr

Tras el fin de la administración Ford, Cheney regresó a Wyoming, donde había vivido gran parte de su vida adulta, y se postuló para representar al estado en la Cámara de Representantes. Después de conducir una exitosa campaña, se convirtió en el primer congresista republicano del estado en años. Cheney sirvió en la cámara baja hasta 1989, cuando llamó la atención de otro prominente político: George H.W. Bush, que unos meses antes había jurado como el 41º presidente de los Estados Unidos.

Bush conocía la forma de trabajo de Cheney y las relaciones que éste había formado en Washington, por lo que no dudó en invitarlo a su gabinete como secretario de Defensa, un cargo que había quedado desierto después de que el Senado había votado en contra de la primera opción de la administración Bush, el senador John Tower. En el cargo, Cheney lideró la invasión estadounidense a Panamá, además de la Operación Tormenta del Desierto y propuso mantener a los Estados Unidos dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (NATO), así como persuadió a Arabia Saudita para permitirle al gobierno americano tener tropas en la nación árabe.

Tras el final del gobierno de Bush, sustituido en el cargo por el demócrata Bill Clinton, Cheney se dedicó a trabajar en la iniciativa privada. Se unió al Instituto de Empresas Americanas y lideró la compañía petrolera Halilburton, considerada una de las petroquímicas más grandes e importantes del mundo. Su trabajo en la empresa, señalada dentro de la afamada lista de las 500 de Fortune, le garantizó un retiro mucho más que digno junto a su esposa, Lynne Vincent (a quien conoció a los 17 años) y sus dos hijas, Liz y Mary. Sin embargo, un posible regreso de los republicanos a la Casa Blanca interrumpiría los planes de retiro de Cheney.

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Christian Bale como Dick Cheney en Vice – Fotografía: Imagem Filmes México

En una de las escenas de la película El Vicepresidente: Más allá del poder (Vice), Dick Cheney –interpretado por Christian Bale, en otra más de sus transformaciones en pantalla– recibe una llamada para reunirse con George W. Bush, quien en ese entonces era el gobernador de Texas y aspirante secreto a la presidencia. En cuanto cuelga el teléfono, Cheney le comenta a su esposa (Amy Adams) cuál era el plan del político texano: le ofrecerían ser el compañero de fórmula de Bush, para atraer a todos los republicanos y demócratas que veían en el candidato a una persona problemática y sin experiencia. Cheney, al considerar la vicepresidencia un cargo simbólico, declina la invitación. No es hasta que conoce a Bush, que Cheney regresa con una contraoferta.

“Si llegamos a un acuerdo diferente y yo me hago cargo de trabajos más mundanos, supervisando la burocracia, la milicia, energía y política internacional…”, menciona el personaje interpretado por Bale en una secuencia posterior. Bush, retratado por el director Adam McKay (responsable de La gran apuesta) y el actor Sam Rockwell, como un American Cowboy, sin modales y con poca educación, acepta de inmediato. “Creo que podríamos hacer que esto funcione”, señala. La historia no es tan diferente de lo retratado en pantalla en la cinta, nominada a 8 premios Oscar, incluyendo Mejor Director.

Cheney aceptó entrar al gabinete de Bush con la condición de que su poder iría más allá del cargo que le ofrecieron. Con la venía del presidente, Cheney comenzó a actuar en términos ejecutivos. Según declaraciones e investigaciones de la prensa, Cheney actuó con todo el poder de la investidura presidencial durante los ataques terroristas del 11 de septiembre, ordenando derribar cualquier avión que pudiera parecer sospechoso. Durante los dos términos de Bush, el vicepresidente –una figura a la que pocas veces se le había asignado poder– apoyó la guerra en Iraq, actuó a favor de compañías de su agrado, filtró los datos de una agente de la CIA como represalia política a su esposo, ocultó información importante de la administración Bush y filtró a su oficina todos los correos, memorándums y archivos designados para el presidente. Cheney se convirtió en la mano que movió los hilos políticos de Washington entre 2000 y 2008.

Con el fin de la administración Bush, llegó la hora de retiro para Cheney. Limitó sus apariciones públicas, se manifestó como un defensor de su partido e intentó continuar su vida sin recibir ninguna consecuencia de todo el poder que experimentó en esa época. Aquella en la que Dick Cheney, un republicano de cepa, fue el hombre más poderoso del mundo libre.


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