El paraíso de las ratas
Un libro para explicar la corrupción a los más pequeños.
febrero 11, 2019

“El que no tranza no avanza” es desafortunadamente una contundente frase mexicana. Un claro resumen de una realidad donde la corrupción es una práctica tan arraigada a la sociedad que ha desencadenado una serie de conductas ilícitas para abrirse paso en el día a día. Un escenario crudo del que todos somos parte.

Entonces, ¿por qué si la situación es grave, los adultos evitan tratar este tema con los más pequeños? y no solo ese, ¿qué sucede con las desapariciones forzadas, la tortura, la violencia o todo aquel delito del que se puede ser víctima en este país?.

Inspirado en la importancia de abrir una puerta para que niños y jóvenes conozcan la realidad que azota a México, Luigi Amara (Los calcetines solitarios, 2011) publicó El Paraíso de las ratas (Sexto Piso, 2018). Una fábula en la que a través de las desventuras de la rata Esquivel, se hace un retrato muy parecido a la realidad mexicana, donde la mayoría busca sacar provecho de los demás, sin importar la situación en la que se encuentren.

El paraíso de las ratas, Luigi Amara

El caricaturista Trino Camacho y el autor Luigi Amara / Fotografía vía Sexto Piso

El término ‘corrupción’ es una constante en la realidad del mexicano, pero la realidad es que no es un problema muy pensado o reflexionado. Solemos ubicar este mal en las altas esferas, pero en realidad es un sistema del que todos somos parte. Una situación evidente en la singular fábula gráfica, que de la mano de las ilustraciones del monero Trino Camacho, narra la travesía de Esquivel por las cloacas mientras intenta descubrir el paradero de sus hermanas, unas ratas albinas que a los pocos días de nacer, desaparecieron sin dejar ningún rastro.

Aprovechando la asociación que existe en el imaginario colectivo entre los roedores y las personas relacionadas con la corrupción, el robo y la injusticia, Amara crea a un personaje que aún siendo una rata, busca no ser como las de “dos patas”, al intentar actuar correctamente. Sin embargo, con el tiempo comprende que, al menos en ese mundo subterráneo es imposible hacer las cosas bien y te lo demuestra desde el primer instante.

Al encontrarse con Rafia o Ratatatá, un par de ratas que dicen estar “dispuestas a ayudarle”, Esquivel descubre que lo harán siempre y cuando les entregue algo a cambio. Con tal de encontrar a sus hermanas, Esquivel hace lo posible por cumplir los caprichos de ese par, lo que lo lleva a los dominios del Dr. Plasma, una rata radioactiva.


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“Yo quería reflejar en el libro, que cuando los humanos entran en contacto con las ratas crean en conjunto un sistema doblemente corrupto“, explica Amara.

Pareciera que en El Paraíso de las ratas todas las actividades ilícitas están diluidas bajo el manto de la caricatura. Sin embargo, conforme se avanza en la lectura, todo se torna más oscuro, tocando temas tan duros como la trata de personas. Amara y Trino decidieron hacerlo así, crudo, pues está dirigido principalmente a niños y jóvenes, sin dudar de su capacidad intelectual. El texto parte de que, al igual que en el mundo de los adultos, en las actividades más inocentes suele haber ciertas acciones y conductas que derivan en la normalización de la corrupción.

El autor cuenta que cuando iba en primaria, existía una actividad en la que los alumnos contendían para ser el presidente de la escuela. Él decidió hacerlo y tuvo que enfrentarse a niños mayores que él. Recuerda que la competencia estaba muy cerrada hasta unos días antes de las elecciones, cuando su rival principal decidió regalar paletas a los alumnos y se convirtió entonces en la presidenta del colegio. 

Lo que en un contexto escolar podría parecer una acción inocente, trasladada al mundo adulto es muy similar a las prácticas de los partidos políticos, uno de los actores con los que es muy común asociar la corrupción. De ahí la importancia de comprender y señalar que el protagonista de esta historia es en realidad el sistema corrupto, donde ya no hay buenos ni malos, sino piezas que arrastra la corriente. La misma corriente que Esquivel se ve obligado a seguir para lograr lo que busca.

En el libro, los capítulos llevan por nombre frases como ‘Los amos del cortocircuito’ o ‘El tendedero de la muerte’, que con el paso del tiempo obligan a Esquivel a escabullirse y resolver cada obstáculo.

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