Leyla Hussein contra la mutilación genital femenina
Cada minuto 11 niñas son víctimas de MGF, muchas de ellas crecen pensando que es lo correcto.
marzo 4, 2019

“Leyla, hoy será tu día especial”, le dijo la hija de sus vecinos aquella mañana. En su casa estaba todo listo para celebrar una gran fiesta, pero ella sabía que ese día no era su cumpleaños. Sospechó que algo extraño ocurría cuando se percató que su papá no estaba y fueron las súplicas de su hermana menor, las que confirmaron su mal presentimiento. Era su turno, un grupo de mujeres la colocaron sobre una mesa, le abrieron las piernas y cercenaron su cuerpo. Ella sintió cada corte. En cuestión de minutos se desmayó. Con tan solo siete años, se convirtió en una de las millones de víctimas de mutilación genital femenina (MGF) y hoy lucha contra esa práctica en el mundo entero. 

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Leyla es una sobreviviente. Tiene 39 años, es originaria de Somalia, pero su vida ha estado en Londres, Inglaterra desde hace varios años. Se convirtió en madre y desde hace 17 años, la edad de su hija, ejerce como psicoterapeuta. ¿Su misión? Brindar asesoramiento y atención a mujeres y niñas, víctimas de MGF.

“El mundo está muy callado y avergonzado, no comprenden que les hemos fallado a millones de niñas. Eso no puede ser posible”, señaló la activista en entrevista con Gatopardo. Leyla Hussein, al igual que otros defensores de derechos humanos, visitó la Ciudad de México para participar en el primer Oslo Freedom Forum en América Latina, ahí urgió a los presentes a proteger la integridad de los niñas a través de un mensaje crudo y claro: “las pequeñas están siendo mutiladas, esto no es sólo un tema de mujeres, esos que siempre son ignorados, esto es una problemática mundial que necesita ser atendida”.

Leyla Hussein / Wikimedia Commons

Cada minuto que pasa, 11 niñas sufren de ablación genital, como también se conoce la mutilación genital femenina, y aunque se desconoce el número el número exacto de mujeres que han sido sometidas a la práctica, hasta 2016 había al menos 200 millones de víctimas vivas en alrededor de 30 países principalmente de África, Medio Oriente y Asia. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha registrado que la práctica también se replica en algunos países europeos, como Reino Unido e incluso en el continente americano, donde tan solo en Estados Unidos, se cree que hay al menos 500,000 niñas y mujeres que han padecido de este tipo de violencia.

Durante la charla, Leyla se muestra como lo que es, una mujer muy fresca, alegre y  bromista, pero confiesa que eso no siempre fue así. Por mucho tiempo no supo que necesitaba ayuda y esa es la historia por la que atraviesan muchas mujeres. Tienen miedo de hablar o mucho peor, creen que lo que vivieron es algo necesario, algo que debe pasar. La labor de Leyla Hussein como psicoterapeuta ha trascendido a “Delhia Project”, un espacio dedicado a sobrevivientes, donde ellas puede recibir la terapia, no solo física sino emocional, para intentar seguir adelante con sus vidas.

Mis mayores críticos han sido mujeres y entiendo por qué. Las mujeres no están acostumbradas a ver a otras mujeres alzar la voz, las hace sentir incómodas y soy muy consciente de eso”, contó Leyla y detalló que al convertirse en madre de una niña, se dio cuenta que haría hasta lo imposible para que su hija jamás tuviera que pasar por lo a ella le marcó la vida siendo tan pequeña. “Delhia Project fue inspirado como un servicio de consejería al que asisten víctimas de mutilación genital femenina, es el único en Europa y es un espacio donde las mujeres comprenden que lo que vivieron estuvo mal. El proyecto está basado en los principios del feminismo porque es importante y nosotros queremos que las mujeres entiendan y conozcan sus cuerpos, que sepan lo que implica la sexualidad”.

Emocionalmente fui violada

“Aunque la cicatrización física no fue tan severa, emocionalmente fui violada. Muchos no comprenden que, desde el momento en que se agarra a una niña y se la sujeta a una mesa, traicionada por aquellos en quienes más confía, llevará cicatrices emocionales por el resto de su vida”, aseguró Hussein.

Fotografía cortesía de Maremoto (@marmarmaremoto)

La OMS define la ablación genital como la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. De esta práctica no se obtiene absolutamente ningún beneficio a la salud de las niñas y para nada puede ser comparado con la circuncisión masculina, pues la mutilación genital femenina es mucho más dolorosa, puede llevar a complicaciones graves y potencialmente mortales.

Esta práctica se clasifica en cuatro tipos:

  • Tipo 1:  consiste en la resección parcial o total del clítoris (órgano pequeño, sensible y eréctil de los genitales femeninos) y, en casos muy poco frecuentes, solo del prepucio (pliegue de piel que rodea el clítoris).
  • Tipo 2: se trata de la extirpación parcial o total del clítoris y los labios menores (pliegues internos de la vulva), con o sin excisión de los labios mayores (pliegues cutáneos externos de la vulva.
  • Tipo 3: consiste en el estrechamiento de la abertura vaginal, que se sella procediendo a cortar y recolocar los labios menores o mayores, a veces cosiéndolos, con o sin resección del clítoris.
  • Tipo 4:  abarca los demás procedimientos lesivos de los genitales externos con fines no médicos, tales como la perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital.

Como parte de su batalla siendo Hussein es una de las voces más importantes en la tolerancia cero a la mutilación genital femenina, Leyla Hussein explica la necesidad de comprender que la ablación es el reflejo de la desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación de la mujer. Asimismo, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

“En África, incluso en algunos lugares de Reino Unido, las víctimas de mutilación genital femenina no tienen acceso a un buen servicio médico porque en realidad, la gente no comprende el tema. En su caso la terapia fue la única oportunidad de sanar, “es el comienzo de la autoaceptación, ese fue el único espacio en el que finalmente pude reconocer la violencia que había soportado por aquellos en quienes más confiaba sin sentirme juzgada”.

“No quería escucharte gritar”

Hace 17 años se convirtió en madre y casi por casualidad, conoció a Jennifer Bourne, una enfermera quien se convirtió en la primera persona en cuestionar si ella había sido sometida a MGF. Leyla aceptó que lo había vivido de pequeña pero aseguró “nunca he estado mal”. Bourne no se dio por vencida e insistió en invitarla a una charla que daría con motivo de la mutilación genital femenina. Hussein aceptó asistir y en cuestión de minutos tuvo que abandonar la sala, las lágrimas inundaron sus ojos y por primera vez desde aquella mañana cuando cuatro mujeres la lastimaron, comprendió que lo que ella había vivido, no estaba bien.

A partir de entonces su labor comenzó como consejera y desde entonces su misión es ayudar al mayor número de mujeres víctimas de mutilación genital. A esta postura se sumó la realización del documental The Cruel Cut (2013), un proyecto desafiante que involucró a mujeres sobrevivientes que quisieron alzar la voz, incluidas su hermana y su madre.

Fotografía cortesía de Maremoto (@marmarmaremoto)

Leyla Hussein creció en una familia musulmana y señala que es común que la gente asocie la ablación genital con la religión pero en realidad, nada tiene que ver. “La mutilación genital se practica en todas las religiones. Para ser más específicos, es practicado por cristianos, musulmanes, judíos, animistas y no creyentes. Basta tomar en cuenta que el 80% de los musulmanes en todo el mundo no la practican para comprender que no tiene nada que ver con las creencias”.

En realidad, la MGF depende de las tradiciones de la comunidad. Un hecho del que su madre habla en una intervención para The Cruel Cut. Uno de los mayores retos para Leyla, además de escuchar y apoyar a las mujeres que brindaron su testimonio, fue tratar por primera vez el tema frente a frente con su familia. En una reunión en la que participó su hermana y hermano menor, junto a su madre, la familia Hussein comprobó que todo ese sufrimiento era impulsado por “presión social”.

“Si yo hubiera sabido lo que sé ahora, nunca habría permitido que alguien las tocara”, dice su madre. Sin embargo, les explica que fue un método de protección a sus hijas, de no hacerlo, la gente de su ciudad natal no las aceptaría y estarían expuestas a sufrir violencia, “las considerarían sucias”. En medio de una conversación llena de emociones, su madre les confesó que aquella mañana de la que Leyla recuerda poco, ella salió de la casa “no quería escucharlas gritar pero al mismo tiempo, quería que les hicieran la mutilación genital”.

Desde el lanzamiento del documental, la labor activista de Leyla se ha intensificado y desde entonces, es común encontrarla en foros en nombre de todas las mujeres que tienen miedo de alzar la voz.

Ilustración de portada cortesía de Maremoto | Ig. @marmarmaremoto

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