Carlos Pellicer, el poeta moderno que fue maestro de AMLO
El primer poeta moderno de México fue defensor y promotor del socialismo y los grupos indígenas.
enero 5, 2019

Carlos Pellicer nació en San Juan Bautista, la capital que hoy se conoce como Villahermosa, del estado de Tabasco. Era 16 de enero de 1899, aunque hay fuentes que dicen que fue en 1897.

Pellicer Cámara escribió sus primeros sonetos en 1909. Él y su mamá se habían mudado a Campeche después de que su padre se enlistara en ejército constitucionalista y para poder pagar las cuentas el poeta vendía los dulces que su mamá preparaba.

Después de acabar secundaria entró a la Escuela Nacional Preparatoria, y su gran desempeño lo llevó a ser seleccionado como agregado estudiantil para representar a México en Colombia y Venezuela.

Carlos Pellicer, int1

Al regresar de la incursión, como parte del programa, Pellicer debía dar un reporte de las experiencias ante la Federación de Estudiantes. Su exposición fue una aireada pronunciación en contra de la dictadura de Juan Vicente Gómez en Venezuela, la cual provocó revuelo entre las autoridades.

En ese entonces, José Vasconcelos regía la Universidad Nacional, y al enterarse del discurso del Pellicer, el educador quiso conocer a ese joven irreverente que opinaba de política internacional con agilidad y pertinencia.

En ese momento el joven poeta empezó una relación directa con Vasconcelos y la élite política mexicana.

GRECIA

 

Ella es la fiesta de las líneas

y de las rosas soñadoras

y las diademas apolíneas

entre la flor de las auroras. Tropa de dioses pescadores…

Píndaro canta,

dicta Aspasia.

Y un atropello de visiones en los suspiros de la magia…

Solemnidad de columnata.

Y en las mandíbulas de plat

del trípode, alza sus esfuerzos

la lividez de los aromas,

como una ráfaga de versos

en un encanto de palomas…

 

México, 1914
(Considerado el primer poema que Pellicer publicó)

* * *

En 1976 Carlos Pellicer fue elegido como senador de Tabasco con el PRI. “Nunca ejercí la política como profesión, y por eso quedé muy sorprendido cuando el nuevo gobierno me hizo el honor de ofrecerme la candidatura para senador por Tabasco. Acepté porque pienso que estaré en mejor posición para luchar por la causa de los campesinos”, declaró en el 76 al periodista Elías Chávez.

Fue en esa travesía política cuando el poeta se encontró con Andrés Manuel López Obrador, aunque en ese entonces, aún muy lejos de convertirse en Presidente de la República, López cursaba la licenciatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

“Fue una relación espléndida, creo que tuvo mucho que ver con mi formación profesional y política. Yo terminé la carrera y como pasante en la universidad lo acompañé en su campaña como candidato a senador de Tabasco”, le dijo López Obrador a Roberto Ponce en febrero del 2018.

La política de Pellicer siempre fue abiertamente socialista y su actividad subversiva a la hegemonía lo llevó en repetidas ocasiones a la cárcel. “He sido político desde muy joven –le dijo a Chávez–: desde que participé en la campaña del maestro José Vasconcelos para la Presidencia de la República. Esa fue la primera vez que estuve una temporada en Lecumberri”

 

NOCTURNO

 

No tengo tiempo de mirar las cosas

como yo lo deseo.

Se me escurren sobre la mirada

y todo lo que veo

son esquinas profundas rotuladas con radio

donde leo la ciudad para no perder tiempo.

Esta obligada prisa que inexorablemente

quiere entregarme el mundo con un dato pequeño.

¡Este mirar urgente y esta voz en sonrisa

para un joven que sabe morir por cada sueño!

No tengo tiempo de mirar las cosas,

casi las adivino.

Una sabiduría ingénita y celosa

me da miradas previas y repentinos trinos.

Vivo en doradas márgenes; ignoro el central gozo

de las cosas. Desdoblo siglos de oro en mi ser.

Y acelerando rachas –quilla o ala de oro–,

repongo el dulce tiempo que nunca he de tener.

 

De 6, 7 poemas, 1924

La última fue siete años antes de asumir la senaduría, en el 68, mientras repartía panfletos en contra del imperialismo estadounidense en la plaza del Zócalo, en la Ciudad de México. También lo metieron en la cárcel en España, cuando junto con otros intelectuales (como Octavio Paz) y artistas protestaron contra la República.

López habla del poeta con cariño. Admira su tozudez, su ímpetu por cuidar en lo que creía y dice que conocerlo fue importante para quién es hoy. “Realmente es suculento leer a Pellicer. […] Me ayudó mucho conocer a un gran poeta consecuente con sus ideas y actitudes, pues el maestro Pellicer era un hombre entero, con ideales, principios y un sentido del humor incomparable”.

* * *

Una de las luchas políticas más importantes para Carlos Pellicer fue el apoyo y reconocimiento a grupos indígenas. De hecho murió poco después que uno de sus proyectos para la creación de un fideicomiso para atender a las comunidades indígenas chontales (oriundas de Tabasco), que comenzaría con recursos obtenidos de la venta de pinturas de José María Velasco que el poeta, amante del arte y museógrafo durante muchos años, había adquirido y eran valuados en 7 millones de pesos de entonces.

El 21 de octubre de 1976 la casa que Pellicer tenía en la calle Sierra Nevada, en las Lomas de Chapultepec del otrora DF fue allanda, “amordazaron a Chabelita, la ama de llaves y robaron los Velasco”, contó AMLO. El 16 de febrero del año siguiente Carlos Pellicer, tras una semana que pasó encamado por una enfermedad, murió.

DISCURSO A CANANEA

 

Cananea, Cananea,
de tus tiros partieron
los primeros alientos de una aurora
que no ha dado la luz que necesito
para decir, de pueblo en pueblo,
que ya no hay tuberculosis producida por el hambre
ni banqueros de bodas de ciento diez mil pesos;
que ya no hay grandes puercos
que hociquean entre la sangre y la traición
–¿verdad, Señor y Dios mío Jesucristo?–
que así Pérez Jiménez y Trujillo y Somoza y Batista
y Rojas, Pinilla y Castillo Armas
–el inefable azul de Guatemala–
(¡sean, pues, más bandidos pero menos ridículos!)
me impiden con su estiércol caminar por mi América.

 

Cuerdas, percusión y alientos, 1976


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