John Grierson, padre del cine documental
El director sentó las bases de uno de los géneros cinematográficos más populares de la actualidad.
abril 29, 2019

John Grierson no permitía que nadie atentara a su privacidad y era muy específico sobre este aspecto con los demás. Este mismo hombre, nacido el 26 de abril de 1898 en Escocia, es considerado uno de los precursores del cine documental.

Así lo recuerda Edgar Anstey, quien fue aprendiz de Grierson, su asistente de edición y producción, para después convertirse también en un premiado documentalista.

En ese entonces el cineasta escocés tenía apenas 32 años, pero ya había filmado su primer documental Pescadores a la deriva, que se estrenó en noviembre de 1929 para la Sociedad Fílmica de Londres. El filme estaba en el mismo programa que El acorazado Potemkin, dirigida por Sergei Eisenstein, uno de los dos cineastas que Grierson más admiraba en ese entonces.

El segundo era el estadounidense Robert Flaherty, quien en 1922 había estrenado Nanook del norte, un material silente considerado antecesor del documental moderno. La cinta retrata la vida de un esquimal al norte de Canadá: el resultado de un periodo de diez años que el director pasó registrando científicamente la vida cotidiana de los habitantes nativos de la Península Ungava.

Sin embargo fue Grierson quien usó por primera vez la palabra “documental” para referirse al “tratamiento creativo e la realidad” o al montaje de secuencias fílmicas con descripción, ritmo, comentario y diálogo.

La primera vez que uso este término fue para hablar de Moana, otro trabajo que Flaherty había presentado recientemente y no usó el concepto como sustantivo, sino de forma descriptiva.

Moana de Robert J. Flaherty

Moana (1926) de Robert J. Flaherty / Wikimedia Commons.

Moana fue un proyecto de docuficción proyectado en 1926, con la misma premisa de Nanook del Norte, al registrar la vida de un joven de Samoa que debe enfrentar su conversión de adolescente a hombre en medio de los antiguos rituales polinesios.

“Al ofrecer un registro visual de eventos en la vida diaria de un joven polinesio y su familia, Moana tiene valor documental”, escribió Grierson en The New York Sun mientras estudiaba en Estados Unidos.

Aunque en su momento la trama de Moana se vendió como una historia real, la película contiene ficción y por ello, como apunta el crítico de cine Jonathan Rosenbaum, resulta irónico que haya sido esta cinta la que provocó que Grierson usara este término por primera vez.

En su trama y como parte del rito que Moana debía cumplir para registrar su transición a la adultez, el joven se somete a un tatuaje doloroso. Este filme retrata una cultura en la que las mujeres no se cubrían los senos y los hombres usaban taparrabos, pero la realidad era otra: la población nativa había sido occidentalizada tiempo atrás por misioneros cristianos, así que tanto el taparrabos como el ritual del tatuaje eran para entonces totalmente obsoletos.

Inspirado por el trabajo de Flaherty y sin pensarlo demasiado, tan pronto terminó sus estudios en Estados Unidos, Grierson regresó a Inglaterra en 1927 para hacer lo mismo en su país.

En A la deriva, un documental silente de 41 minutos en blanco y negro, John Grierson filmó a pescadores de la aldea Hanna Voe en Escocia. Grierson quería resumir las experiencias de los pescadores, una actividad que conocía bien, pues sus padres habían sido guardianes de faros. Sin embargo, no todo el material fue filmado ahí. En la película aparecen tomas de peces que se grabaron en un acuario.

Que Grierson filmara de una manera tan sencilla el documental fue lo que lo hizo tan efectivo, además que el montaje llevaba un buen ritmo, de acuerdo con el Festival Internacional de Cine Documental en Amsterdam.

Tras su estreno el 10 de noviembre de 1929 en el Teatro Tivoli, John Grierson dejó su impulso como director para dedicarse a la producción y profesionalización del género.

A la deriva de John Grierson

A la deriva (1929) de John Grierson

Tras el éxito sin precedentes de este primer documental en su país, su mensaje para los jóvenes cineastas era contundente: es posible filmar con bajo presupuesto y sin un estudio que te respalde. Ante los tiempos de crisis que estaban por venir, sus palabras encontraron un eco adicional.

John Grierson creó la Unidad Cinematográfica de la Empire Marketing Board, una estructura creada para incentivar el comercio al interior del imperio británico. Entre sus miembros había directores jóvenes como Edgar Anstey, Basil Wright, Paul Rotha y más. Ahí, Grierson revisaba cada uno de los documentales que se producían y los preparaba para su posterior distribución.

Tiempo después Anstey ganaría un Oscar en 1967 en la categoría de mejor cortometraje por la producción de Wild Wings, un corto documental que obtuvo dos nominaciones más en estas categorías.

“Más temido y respetado que querido, John Grierson tenía una mente brillante y una escala de valores donde se mezclaban el socialismo y el cristianismo reformado”, escribió Kevin Jackson en The Guardian sobre el movimiento de cine documental británico.

Según Jackson el realizador escocés conocía a la perfección el impacto que el cine podía tener a nivel social y político, gracias a sus estudios de Ética, Sociología, Medios Masivos y Opinión Pública en la Universidad de Glasgow.

Al respecto, John Grierson decía que “La fuerza básica detrás (del documental) era social y no estética. Era un deseo de hacer un drama de lo ordinario y oponerse al drama que prevalece en lo extraordinario: un deseo de atraer la atención del ciudadano desde los confines de la tierra a su propia historia, lo que estaba sucediendo bajo su nariz”.

Aunque el grupo no duró mucho, sólo hasta 1934, continuaron produciendo documentales sociales y de temas cotidianos en un momento en el que el cine documental sólo capturaba la vida en regiones lejanas y pueblos primitivos, de acuerdo con la Biblioteca y Centro de Documentación de el Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo (Artium).

Housing Problems producida por John Grierson

Housing Problems producida por John Grierson

Grierson dirigió esta segunda fase del grupo ya como parte de la Unidad Fílmica del Correo Central de Reino Unido. Durante esta etapa, la creación de documentales creció, pero también se sofisticó, según Kevin Jackson.

En esta nueva etapa Grierson produjo y narró Night Mail en 1936, uno de los filmes más aclamados del movimiento. Dirigido por Harry Watt y Basil Wright, el documental registra la operación de entrega del correo en tren.

A esta generación entreguerras se le conoció como la Escuela Documental Británica o el Movimiento de Cine Documental Británico, un grupo que inspiraría al Free Cinema, al Neorrealismo Italiano y a la Nouvelle Vague.

En 1939 el gobierno canadiense invitó a John Grierson a investigar la producción de películas en ese país y creó ahí una comisión fílmica que se convertiría en la Junta Nacional de Cine de Canadá. Como “padrino de la producción fílmica en Canadá”, fue directa e indirectamente responsable de la producción de más de mil filmes y programas televisivos.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial fue nombrado Director de Comunicaciones Masivas e Información Pública de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Para Grierson el término de “documental” sería uno más literal con el tiempo, al darle prioridad al uso de los “documentos” o archivos de registro que pudieran servir para el material audiovisual. John Grierson insistía en que el objetivo de los documentales debía ser educativo y de difusión, de manera que aunara a la democracia social, de acuerdo con el libro The Documentary Idea, A Critical History of English-Language Documentary Film and Video de Jack C. Ellis.

Night Mail de John Grierson

Night Mail (1936) de John Grierson

Grierson reflexionaba constantemente sobre el trabajo que hacía y destacaba el reto de capturar un realismo auténtico. “El gesto espontáneo tiene un valor especial en la pantalla”, escribió en un ensayo sobre los principios del documental. “El arte no es un espejo, si no un martillo. Es un arma en nuestras manos para ver y decir lo que es bueno, correcto y hermoso”.

Entre los consejos que Grierson a Anstey para hacer buenas tomas, estuvo el énfasis en la iluminación, pero también un llamado perderle el miedo a repetir acciones, antes de filmar rápido y fracasar.”Enfocar tiene que convertirse en un hábito, pues no es tan fácil recordarlo ante la urgencia de la acción”, apuntó.

Por ser afín al comunismo, este director al que le debemos tantas historias, tuvo que trasladarse a París para a trabajar en la Unesco, donde cineastas de la talla de Roberto Rossellini le rindieron homenaje.

Regresó a Escocia para dar clases en la Universidad McGill en 1968, pero varios años después sería contactado por la Primera Ministra en India, Indira Gandhi quien le pidió ayuda para diseñar campañas sobre planeación familiar.

Al conocer a la Primera Ministra, John Grierson le dijo que era complicado difundir las campañas de control natal porque la población rural no podría acceder a ellas. “Deberían hablar directamente con grupos de mujeres y hombres respetados a nivel local. Es muy importante trabajar también con la población masculina”, aconsejó a la mandataria, quien quedó perpleja ante el conocimiento que el documentalista tenía sobre su país.

Durante un viaje de regreso a Escocia, Grierson fue diagnosticado con cáncer de hígado y pulmón y ya no regresó a India. Falleció el 19 de febrero de 1972 en un hospital de Bath, Inglaterra y fue hallado en su camilla con una grabadora y un micrófono en la mano. No hubo entierro, su despedida fue en un bote de pescar que partió de su faro favorito.


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