Mirada y sexualidad en el Museo de Arte Moderno
Sexualidad y deseo guían la curaduría de la exhibición “La parte más bella”, en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.
enero 22, 2018

Hasta el 11 de marzo, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México exhibe 115 fotografías sobre el cuerpo que forman parte de la muestra “La parte más bella”. Curada por James Oles, el título anticipa lo que vendrá: una visión del cuerpo principalmente basada en la sexualidad y el deseo, y por lo tanto, completamente tendenciosa en cuanto a gustos se refiere.

El título de la muestra está basado en dos fotografías de Duane Michaels en las que el fotógrafo estadounidense define cuáles son las partes más bellas de un cuerpo. En esta visión sesgada basada en los dos géneros imperantes, elige con base en el “deseo” los pechos de la mujer y por su “gracia femenina” el bajo vientre de un hombre. Dejando a un lado feminismos y/o machismos, estamos ante lo mismo de siempre: la visión de un hombre sobre ambos cuerpos, su sentimiento de poder y afirmación, su deseo y visión por encima de la del propietario de dicha figura.

La parte más bella Museo Arte Moderno, Divine

“Divine en el Palace Theater en San Francisco”, Anthony Friedkin, 1972.

El cuerpo nos limita y la mente nos libera de él. La psique griega es la que mantiene activo a un cuerpo inanimado y lo convierte en una herramienta que nos lleva y nos trae y nos hace experimentar la vida. Su recurrente unión a la sexualidad es una más de sus posibles vías y efectos: la que nos une a los demás y a la vida misma en un torrente de placer y pasión. Pero también es la que ha esclavizado a las mujeres durante toda la historia. Su hipersexualización ante los ojos masculinos nos mata y sus exigencias estéticas nos trauman desde edades tempranas. Algo de lo que los hombres, y según esta exhibición, tampoco parecen estar exentos.

Esa misma visión esclavizadora se ha vuelto en contra del hombre mismo, algo que queda claro desde la primera parte de la exhibición. La propia sexualización impuesta por el hombre se convierte en algo de lo que avergonzarse o reafirmarse a la hora de hacer una foto de un hombre desnudo e imposibilita normalizar el acto. Pareciera ser que un hombre no puede fotografiar a otro hombre desnudo sin que esto sea un acto de intención sexual o deseo. Oles lo descubre al escribir esta frase aludiendo a una fotografía de Jean Moral: “… el hecho de que fuera heterosexual no impide el obvio homoerotismo de su imagen”.

La parte más bella Museo Arte Moderno, Allen Frame

“Hombre joven en Nueva York”, de Allen Frame, 1974.

Otro factor a destacar de la exhibición es la erotización excesiva unida a la fantasía en el núcleo donde se habla de los cuerpos de los trabajadores y de los atletas. Esta idealización lleva a sexualizar a “los campesinos brasileños o los mineros de carbón ucranianos”, aún cuando no se tuviera intención de ello en las tomas fotográficas. Este es el caso de “Niño del machete”, fotografía realizada por Héctor García en 1965, donde se ve a un niño trabajador que sostiene un machete, vestido con ropa grande y vieja y por ese motivo, con la camisa abierta de un lado. Una manera intencionada de mirar del curador quien crea un núcleo con fotografías de chicos jóvenes vestidos y más adelante, al lado de una fotografía de Diane Arbus, “Niña sin camisa sentada sobre una cama, N.Y.C.” (1968), dictamina: “con sus brazos cruzados a la defensiva, la joven no permite una lectura romántica ni sexualizada de su cuerpo”, aunque la protagonista tenga el pecho al descubierto.

A los tópicos sexuales se suma el de los cuerpos de los atletas, quienes cosificados, son observados por sus cuerpos a veces más que por su trabajo; hecho que ocurre ampliamente en el mundo del deporte femenil. Pero esto no se resalta. El cuerpo de la mujer queda en un segundo plano en esta exhibición. No es motivo de reflexión profunda aunque los argumentos liberadores estén en auge dentro de la discusión social en la actualidad. Un conjunto de fotografías que no parecieron ser de interés en la selección de las que compondrían la muestra, sin embargo, sí ofrecen una doble lectura por parte del curador: mientras que las imágenes de Antonio Reynoso y Manuel Álvarez Bravo de mujeres “enfatizan el erotismo” de acuerdo con Oles, las realizadas por Lola Álvarez Bravo de éstas con el pecho al descubierto tienen “más modestia”. Aparecen también mujeres que en las últimas fotografías de la sala, ante la cámara de George Platt Lynes, cubren sus rostros por miedo a ser reconocidas y repudiadas por la sociedad. Son personas que no pudieron mostrar y vivir su cuerpo en libertad por la falsa moral. Mujeres que aunque hayan pasado los años, todavía hoy no pueden hacerlo.

La parte más bella Museo Arte Moderno, Iturbide

“Magnolia I”, Graciela Iturbide, 1986.

Se debería poder vivir sin ser un objeto sexualizado. Ser atleta, trabajar como minero, caminar o bailar sin que eso signifique un acto de invitación, ni que permita la emisión de un juicio de valor sobre nuestro cuerpo. A pesar de esta lectura tendenciosa sobre lo que es deseable o no, en “La parte más bella” se puede ver que el cuerpo nos sirve para muchas más cosas: experimentar con drogas, emitir manifiestos, tatuarnos, aludir a movimientos culturales, apropiarnos de atributos ajenos… De hecho, las fotos de Arbus, Mapplethorpe o Man Ray, los grandes nombres de la sala, no se revelan como imágenes sexuales. Tal y como los juegos de color, luces y sombras de Eikoh Hosoe, un maravilloso descubrimiento de esta muestra. Todas son la realidad misma, la naturaleza al descubierto. La crítica y la sexualización surgen de nosotros mismos y por eso tenemos que aprender a mirar más allá de los instintos porque, si un cuerpo o una pose sugieren o no una sexualidad de fondo, depende siempre de los ojos de quien lo mira.

“La parte más bella”
Hasta el 11 de Marzo de 2018
Museo de Arte Moderno
museoartemoderno.com

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