Tocar un Cavallino
Entrevista a Martín Vara Molina.
octubre 28, 2019

No cualquiera se aventura a desarmar y volver a armar un Ferrari. O al menos intentarlo. Pero Martín Vara Molina, a sus 25 años, ya es uno de los mecánicos en el país capacitado para quitar todas las partes, revisar, arreglar y volver a armar los autos más codiciados del globo. Gatopardo platicó con este joven para saber cómo le hizo para volverse uno de los cotizados especialistas de los Cavallino Rampante de Ferrari.

Gatopardo ¿Cómo fue tu llegada al taller de Ferrari?

Martín Vara Molina Llegué hace cuatro años, un 25 de enero del 2016. Estaba terminando la carrera en Ingeniería Mecánica, pero tenía bastante conocimiento práctico en automotriz; en mis tiempos libres me gustaba irme a los talleres y aprender cómo funcionan los sistemas y bases de los autos de combustión interna. Llegué un día y, literal, toqué la puerta para preguntarles si había forma de trabajar aquí. Me entrevistó el jefe del taller y me preguntó sobre mis conocimientos. Yo ya sabía usar el scanner, herramienta estándar y milimétrica, el osciloscopio… las herramientas que se necesita para autos sofisticados. No había vacante, pero me ofreció hacer las prácticas aquí. Yo tenía otras ofertas de trabajo más formal, pero decidí quedarme con la marca y aprender de ellos. A los seis meses me pidieron que me quedara de tiempo completo y fue una noticia que me dio mucho gusto, me emocionó porque fue por mis méritos propios y no palancas o favores.

G ¿Cómo decidiste que te querías dedicar a la mecánica automotriz?

MVM Tengo recuerdos de coches desde que tengo cuatro años. Mis papás tenían un Volkswagen sedán y veía cómo le “metían mano”. Siempre me interesó y conforme fui creciendo me clavé más. Primero con coches a escala, con los que vas aprendiendo los modelos y nombres; después aprendes de motores, caballos de fuerza. Además, a mí siempre me ha gustado desarmar cosas y después volver a armarlas, entonces tenía todo el sentido.

G ¿Cuál es tu Ferrari favorito?

MVM Tengo dos. Me gustan mucho el F12tdf y el 458 Italia, que pues son clásicos. Y bueno, hay coches que son más exóticos como LaFerrari, un Enzo, un F40, un F50. Coches más exclusivos, que también son muy bonitos, pero en lo personal, lo que más me gusta es el clásico; algo tiene su línea, su aerodinámica, su ruido es muy peculiar.

G ¿Por qué te decidiste por Ferrari y no otra marca de lujo?

MVM Desde chiquito, cada que veía el rojo Ferrari, ya sabía; esos coches son inconfundibles. Y pues conforme fui creciendo y conociendo diferentes talleres y formas, fui dándome cuenta de que al entrar a una marca como ésta lo que aprendes, los cuidados que debes de tener, la limpieza, el orden, todas las cosas que aquí pasan, no se aprenden en otros lados y llevan tu trabajo a otro nivel. El trabajo es con otro ritmo, mucho más detallado, y aunque hay límites de tiempo, por supuesto, puedes dedicarle más a un solo auto, hacer el trabajo con mayor profundidad. El trabajo tiene que ser muy cuidadoso, no es como que puedas apretar hasta que truene; uno de los birlos de estos coches puede costar hasta 8 000 pesos.

G ¿Qué es lo mejor de tu trabajo?

MVM La verdad, estar arriba de los coches. Yo creo que es una de las cosas únicas de este trabajo: cuando tienes arreglos de embrague, frenos, cosas que necesitan ser probadas, es una experiencia única poder decir “Voy en un Ferrari”, y es muy raro, porque con el tiempo se empieza a hacer normal. También disfruto muchísimo hacer el servicio de los coches y saber que los clientes ya pueden gozar de esos carrazos. Es impresionante cuando llega un problema en el que hay que desarmar todo el motor, toda la suspensión, el sistema de frenos; no pasa todos los días, pero hay poco como eso. Y, por supuesto, hay que volver a armarlo después.


 

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