Las dos vidas de Camilo José Cela
Ganador del Premio Nobel de Literatura del 89 y uno de los mejores escritores del siglo XX.
enero 17, 2019

Camilo José Cela es reconocido como uno de los más grandes escritores de la lengua española. Escribió 14 novelas, y más de 20 otros formatos de ficción; cerca de tres decenas de artículos periodísticos y ensayos, 13 libros de viajes, además de poesía, teatro y lexicografía.

Su producción le valió el Premio Nobel de Literatura en 1989, justo un año antes de que se lo ganara Octavio Paz. También obtuvo el Premio Miguel de Cervantes en 1995, un año después que Mario Vargas Llosa.

Su hijo lo describió como “un hombre que a los 26 años ya había hecho una guerra, pasado por varios hospitales y diversas facultades, conocido a María Zambrano, a Pablo Neruda y a Miguel Hernández, ejercido de censor y escrito La colmena, la novela de más peso e influencia en la literatura española de todo el siglo XX”.

Camilo José Cela fue el gran escritor español de los 1900: fue un niño que expulsaron de dos de sus escuelas, la primera por aventarle un compás a un profesor y la segunda por organizar una huelga; fue un niño que creció internado en un sanatorio antituberculoso. Ahí leía a Ortega y Gasset. Cuando salió disfrutaba de entrar a las clases de Literatura Española Contemporánea que Pedro Salinas impartía en la nueva Facultad de Filosofía y Letras aunque unos meses antes había comenzado a estudiar medicina.

Camilo José Cela –bautizado como Camilo José María Manuel Juan Ramón Francisco Javier de Jerónimo el 11 de mayo de 1916–  fue un hombre invadido por dos personalidades opuestas. Aquella que lo impulsó a enlistarse en el ejército al quiebre de la Guerra Civil y otra que lo llevó a describir el oficio de escritor como uno “que da tristeza”.

Camilo José Cela, int2

Su obra más famosa, La colmena, cuenta el Madrid de la posguerra en forma de una amarga crónica, en un fiel testimonio de lo que sucedía en las calles de la capital española en 1943. Un bullicioso enjambre humano que se afana en encontrar el calor de la comida, esquivar el frío de la noche, saciar el deseo sexual y librarse de la tuberculosis.

Para Cela esta no era su mejor obra, él prefería La familia de Pascual Duarte, pero para el resto de los españoles y más adelante, del mundo, aquella era la merecedora del Nobel, quizás porque era una historia lo suficientemente verdadera para merecer la censura de Franco.

Después de una lectura de la primer versión que se hizo el 28 de junio de 1945 en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, el poeta Leopoldo Panero escribió esta reseña:

“Novela realista del Madrid coetáneo con descripciones crudas del bajo ambiente social. La obra tiene considerable color literario y podría autorizarse con tachaduras en las páginas 9, 10, 50, 52, 53, 86 y 87”.

Y eso que sólo leyó los primeros dos capítulos…

Camilo José Cela, int1

Después de publicarla sin las múltiples tachaduras que le hizo el gobierno autoritario, Cela escribió en 1965: “A veces me parecía haber escrito una obra maestra y otras, en cambio, pensaba que todo aquello era una mierda que no tenía el menor mérito ni sentido. Lo pasé muy mal por entonces y la actitud de la censura, que no admitía ni el diálogo, ayudó no poco a mi desmoralización, de la que salí a pulso y pensando dos cosas: que en España, el que resiste gana, y que no me quedaba otra solución que sacar fuerzas de flaqueza para seguir resistiendo”.

Ese mismo Cela, el que fundó la Editorial Alfaguara a finales de los años 50 y la revista literaria llamada Papeles de Son Armadans, fue parte del equipo de censores literarios de Franco. Fue también parte del Cuerpo Policial de Investigación y Vigilancia del Ministerio de la Gobernación entre 1943 y 1944, donde se dedicaba a silenciar lo que no entonara con el régimen franquista.

Pero también fue él mismo quien renunció a su trabajo explicando que lo que estaba haciendo no hacía más que provocarle más resentimiento y desazón escribiendo: “Estoy lleno de dolor por muchas cosas. Un libro retirado y otro prohibido, ni un solo premio ni grande ni pequeño y un sistemático desplazamiento de puestos […], me han llenado de amargura, que es, el mejor antídoto contra el resentimiento”.

Camilo José Cela fue un hombre en pugna consigo mismo. Una lucha entre el hombre que hacía de la palabra libertad, en el marco de un régimen opresor. Una pelea entre la comodidad de la fama y la necesidad de soledad. Un hombre con dos vidas.


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