El gran expresionista
Recordamos a Jackson Pollock, uno de los artistas más importantes del expresionismo abstracto.
enero 28, 2019

Es difícil saber en qué momento surgió el interés de Jackson Pollock por la pintura. Sin embargo, es claro que fueron los múltiples viajes que el artista –reconocido como una de las figuras más importantes del expresionismo americano–, hizo por los Estados Unidos, lo que lo llevaron por el camino del arte.

Paul Jensen Jackson Pollock, nacido el 28 de enero de 1912, vivió sus primeros años huyendo de su natal Cody, Wyoming. Su padre, el granjero huérfano LeRoy McCoy (que acuñó Pollock con su apellido después de ser adoptado por sus vecinos), trabajó como topógrafo para el gobierno, lo que requirió que se desplazara con su esposa, Stella, y sus cinco hijos a lo largo de los Estados Unidos.

Gracias a los múltiples viajes que realizó junto a su padre, Pollock entró en contacto con la cultura de los pueblos indígenas de Estados Unidos, por los que comenzó a manifestar un genuino interés. Sin embargo, el arte se manifestaría como un atractivo entre libros y revistas que su hermano mayor Charles llevaba a casa.

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Mural (1943) – Fotografía: jackson-pollock.org

En 1928, el comportamiento errático de Pollock –que expertos reconocerían después como un trastorno de bipolaridad– hizo que lo expulsaran de la preparatoria en dos ocasiones, la segunda, de la prestigiosa Preparatoria de Artes Manuales de Los Ángeles, donde estudiaron el director Frank Capra y el cantante de ópera Lawrence Tibbett.

Dos años después, tras haber vivido en San Diego y Arizona, Pollock se trasladó a Manhattan para inscribirse en la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York, donde tomaría clases con el reputado pintor Thomas Hart Benton, quien lo cobijó como aprendiz. Del trabajo de Hart Benton, que se había hecho de un nombre gracias a sus representaciones de escenas cotidianas del Medio Oeste norteamericano, retomó el uso rítmico de la pintura y la constante búsqueda de independencia.

Durante la década de los treinta, el pintor estadounidense comenzó a experimentar con el aspecto formal de su trabajo. Por ejemplo, en 1936, asistió a un seminario experimental impartido por el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros. Ahí, aprendió a utilizar la pintura líquida y otras técnicas que desarrollaría a lo largo de su vida.

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Lucifer (1947) – Fotografía: jackson-pollock.org

Una de ellas, el dripping, consistía en dejar atrás el caballete y pinceles y trabajar con el lienzo en el piso, dejando gotear la pintura o simplemente vertiéndola sobre él, para después manipularla con palos, ramas y extremidades de su cuerpo. Además, para lograr una consistencia diferente, añadía arena y fragmentos de vidrio. Otras técnicas que potencializaron la obra de Pollock fueron el action painting, en donde se trabajaba sin realizar dibujos ni bocetos previos, y el all-over, en donde el pintor se comprometía a no dejar ningún espacio del lienzo sin cubrir.

El siguiente gran cambio de la obra de Pollock sucedió durante los primeros años de la década de los cuarenta, cuando acudió a terapia con el doctor Joseph Henderson para intentar curar su alcoholismo. Henderson, un teórico especializado en la psicoterapía Jungiana, le recomendó seguir dibujando. Durante esos años, el pintor comenzó a acercarse al surrealismo, motivado por pintores como Pablo Picasso y Marcel Duchamp, con quien formó una gran amistad.


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En 1943, Pollock firmó un contrato con la coleccionista Peggy Guggenheim, quien fungió como su mecenas por los próximos años. La heredera de la fundación que lleva su apellido, le consiguió crear una obra especial (Mural) para la casa Guggenheim. Dos años después, en la cumbre de su éxito, el pintor se mudó a vivir a una casa en East Hampton, cerca de Long Island, donde perfeccionó sus técnicas y formó un estudio en su granero. En 1945 contrajo matrimonio con la también pintora Lee Krasner.

Durante los próximos años, el talento y genio de Jackson Pollock tomaron aún más importancia. En 1949, la revista LIFE certificó el valor del artista y su obra con un especial en cuatro páginas titulado: “Jackson Pollock ¿El mejor pintor vivo de los Estados Unidos?”. Durante los cincuenta, completamente instalado en la corriente expresionista, el pintor realizó sus últimas piezas, ampliamente demandadas. Lo que ocasionó un incremento en la presión pública y artística que resintió en su obra.

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Ocean Greyness (1953) – Fotografía: jackson-pollock.org

En 1956, pocos meses de intentar incursionar en la escultura en colaboración con Tony Smith, Jackson Pollock murió en un accidente automovilístico. El alcohol, aquel vicio que lo había sumergido aún más en el trabajo artístico, cobró su vida la noche del 11 de agosto. A pesar de su problemática vida y su trágica muerte, Pollock –o como le llamó la revista TIME, “Jack el salpicador”– dejó una marca tan grande y llamativa en el mundo arte que puede resumirse en esta cita:

“Hubo un crítico hace tiempo que escribió que mis pinturas no tenían un principio ni un final. No lo dijo como un cumplido, pero lo fue”.  -Jackson Pollock.

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