El cineasta que no veía cine
Jean-Luc Godard es reconocido como una de las figuras clave en la llamada 'Nouvelle Vague'.
diciembre 3, 2018

El cine no era una preocupación central durante la juventud de Jean-Luc Godard, hoy reconocido como uno de los directores más importantes del cine francés. De hecho, de no haber sido por un examen que reprobó a los 18 años, su existencia hubiera estado dedicada a tareas artísticas lejanas al quehacer cinematográfico.

Godard, nacido el 3 de diciembre de 1930 en París, pasó la mayor parte de su juventud como cualquier persona que vivió en Europa durante los primeros años de la década de los cuarenta: huyendo de la guerra. Después de los primeros brotes de invasión alemana a la región francesa, su familia se trasladó a Suiza, donde tenían familiares y la libertad para enviar a Godard a recibir educación.

Dada la inestable situación que atravesaba el continente, el cine era un privilegio del que no podía gozar la familia Godard. Sin embargo, eso no impidió que el joven Jean-Luc tuviera sus primeros acercamientos con el séptimo arte. Durante su periodo en la ciudad suiza de Nyon, Jean-Luc Godard tuvo la fortuna de encontrarse entre sus lecturas con el libro Esbozo de una psicología del cine (Esquisse d’une Psychologie du Cinéma), en el que el novelista francés André Malraux reflexionaba sobre el papel del cine en la sociedad.

Tras el fin de la guerra, Godard regresó a Francia para culminar sus estudios en el Liceo Buffon, donde se rodearía de figuras importantes de la cultura francesa. En 1948, Godard presentó sin éxito el examen para graduarse del bachillerato, por lo que regresó a Suiza a vivir con sus padres y enfocarse en nuevos planes para su futuro. Con tiempo libre de sobra, el francés se interesó en la pintura, la antropología y viajar por ciudades europeas de la mano con grupos de entusiastas del arte; uno de ellos, Roland Tolmatchoff, quien lo introdujo en el mundo de los cineclubes, esos pequeñas sociedades de donde surgiría un movimiento que revolucionó el cine francés.

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Jean-Luc Godard en Le Signe du Lion – Fotografía: Ajym Films

A principios de la década de los cincuenta, Godard comenzó a involucrarse más y más en la creación cinematográfica gracias al interés que habían despertado en él sus compañeros del CCQL (Ciné-Club du Quartier Latin): el consagrado crítico Maurice Schérer y los jóvenes cinéfilos Claude Chabrol, Francois Truffaut y Jacques Rivette. Aunque su primer acercamiento fue como crítico de cine para publicaciones independientes y la prestigiosa revista Cahiers du cinéma, su atención poco a poco se iría enfocando en las labores tras la cámara.

En 1954, inspirado en el periodo que trabajó como albañil en una construcción suiza tras la muerte de su padre, Godard filmó su primer cortometraje: Opération Béton, un trabajo documental en el que exploraba la rutina de los múltiples trabajadores de construcciones en el país europeo. El corto fue comprado por la constructora en la que Godard había filmado y lo ocupó con fines publicitarios. Poco después, el ahora cineasta estrenaría los cortometrajes Une femme coquette, Une historie d’eau y Charlotte et son Jules, en donde rindió homenaje al poeta Jean Cocteau.

En 1959, Jean-Luc Godard inició el rodaje de su primera película, Al filo de la escapada (A bout de souffle), donde colaboró con los actores Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg, quienes trabajaron sin un guion fijo, sino un bosquejo ideado por Godard, en colaboración con Truffaut y Chabrol. El filme, estrenado durante el Festival Internacional de Cine de Berlín, siguió el concepto del cine perteneciente a la “Nueva Ola” del cine francés (la “Nouvelle Vague“) y mostró una revolución en el concepto de hacer cine, en un ejercicio sin ataduras, partiendo de diversas técnicas y estilos.

Godard recibió el Oso de Plata a la Mejor Dirección en Berlín y el reconocimiento de la industria cinematográfica. A partir de ahí, su trabajo sería cuidadosamente seguido y alabado.

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Jean-Luc Godard en el rodaje de Aria (1972) – Fotografía por Diane Miller/Jonathan Lenard – 1987 Lightyear Entertainment LP.

Tras su ópera prima, Godard realizó catorce películas: Le petit soldat, de 1960; Une femme est une femme, de 1961; Vivre sa vie, de 1962; Les Carabiniers, y Le Mépris, de 1963; Bande a part, y Una femme mariée, de 1964; Pierrot le Fou, de 1965; Masculin Fémenin, y Made in U.S.A., de 1966; 2 ou 3 choses que je sais d’elle, La Chinoise y Week-end, de 1967.

Quizá la cinta más famosa de ese periodo revolucionario fue el drama de ciencia ficción Alphaville (Alphaville: Une étrange aventure de Lemmy Caution, 1965). en la que seguía las investigaciones del periodista Ivan Johnson, quien llegaba a la ciudad futurista de Alphaville para investigar el paradero del profesor Von Braun, creador de una máquina que comanda la vida mental de los habitantes de la ciudad. La película fue reconocida con el Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín.

Con el inicio de las revueltas estudiantiles de 1968, Godard comenzó a a utilizar su cine como una representación de la revolución que su generación representaba. Por ejemplo, durante el Festival de Cine de Cannes, junto con otro grupo de cineastas europeos —entre ellos Claude Lelouch, Truffaut, Roman Polanski y Louis Malle—, usaron algunas de las proyecciones para manifestarse a favor de aquellos que toman las calles para alzar la voz.

Durante los siguientes años, Godard sumó a su círculo de amistades y colaboradores a otras figuras reconocidas por sus voces críticas en protestas contra el autoritarismo y la guerra en Vietnam. Tal es el caso de su joven protegido Jean Pierre Gorin, con el que fundó el Grupo Dziga Vertov; y la actriz estadounidense Jane Fonda, protagonista de las película Tout Va Bien (1972).

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Un grupo de cineastas, entre ellos Jean-Luc Godard, tomó el Festival de Cine de Cannes en apoyo a los movimientos de 1968 – Fotografía: Archivo

Además, Godard no sólo dedicó su “época revolucionaria” a trabajar con los estudiantes y protestantes callejeros, pues también se puso a las órdenes de gobiernos que reconocía bajo sus mismas ideologías, tal es el caso de

En la década de los ochenta, el cineasta francés volvió a trabajar bajo sistemas más convencionales, dejando de lado (momentáneamente) aquellas técnicas libres del cine de la nueva ola. Sin embargo, la emoción por hacer cine renació en el realizador, quien se ha enfocado desde finales de los noventa a experimentar tras la cámara.

Recientemente, el cineasta presentó la película Film Socialisme (2010), una propuesta en tres actos —o movimientos— filmada en ocho locaciones alrededor de Europa, Asia y África; incursionó en la tercera dimensión con el filme Adiós al lenguaje (Adieu au Langage), un ensayo experimental reconocido con el Premio del Jurado del Festival de Cine de Cannes en 2014. Su último trabajo,  El libro de imágenes (Le Livre d’image, 2018) lo llevó a filmar en diversos países árabes con actores desconocidos, algo que quienes lo siguen desde sus primeros trabajos reconocen como un regreso a sus orígenes.

Así, Godard pasó de no ser un cinéfilo habitual a transformar la forma en cómo se hace cine, todo desde que un libro despertó su curiosidad por el séptimo arte.


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