El gran musicalizador del cine
Celebramos la vida y obra del compositor estadounidense John Williams con algunas de sus mejores bandas sonoras.
febrero 8, 2019

A lo largo de la historia han habido decenas de compositores cuyo trabajo marcó para siempre a la cultura pop. Desde el polvoso estilo italiano de Ennio Morricone hasta la notable sensibilidad de Alexandre Desplat, pasando por Bernard Herrmann, Henry ManciniJohn Barry, Nino Rota y Lalo Schifrin, este último representado por su máxima composición —el tema principal de la serie de televisión Misión imposible— que ha roto las barreras de los medios y se ha agregado a la vida diaria casi como un cliché.

Sin embargo, sería difícil entender a los medios audiovisuales sin la presencia del compositor estadounidense John Williams, quien desde 1958 ha participado activamente en la pantalla grande y chica. Hoy, a más de sesenta años de su debut, la música creada por Williams es indispensable al momento de hablar de la historia del cine y la televisión.

Curiosamente, la vida de John Towner Williams, nacido el 8 de febrero de 1932 en Nueva York, no parecía estar encaminada hacia el séptimo arte, sino hacia el jazz. Su padre, John Williams Sr, era un amante del género e incluso había participado como percusionista con el quinteto del compositor neoyorquino Raymond Scott.

En la década de los cincuenta, Williams entró de lleno al mundo de la música tras inscribirse para estudiar piano y composición en la Universidad de California, bajo la tutela del compositor italiano Mario Castelnuovo-Tedesco. Poco después formó parte de la banda de jazz del Colegio de la Ciudad de Los Ángeles, aunque tuvo que abandonarla para ser reclutado en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, donde arregló y dirigió a la banda de la institución.

En 1955, tres años después de su ingreso al servicio militar, Williams regresó a Nueva York para completar sus estudios musicales. Mientras atendía a sus clases de piano en la prestigiosa escuela de artes de Juilliard, el joven músico trabajó como pianista de jazz en clubes de la ciudad, prestó sus servicios como arreglista para Frankie Laine y Vic Damone y colaboró con Henry Mancini, conocido por haber escrito el tema de La pantera rosa.

John Williams, int1

Gracias a Mancini, Williams obtuvo su primera experiencia en la composición de bandas sonoras. Primero, realizó la partitura y condujo a la orquesta responsable de la música de un comercial gubernamental y después participó en la grabación del soundtrack de la serie Peter Gunn, creada por Blake Edwards. En 1957, el director Lou Place invitó al músico para trabajar en la comedia Daddy-O; Williams aceptó y debutó en la pantalla grande, con composiciones propias, en marzo de 1958.

El resto es historia. John Williams, motivado por el espíritu trabajador que él afirma haber heredado de sus abuelos, ha colaborado en más de cien proyectos audiovisuales, incluyendo cine y televisión. Ganó cinco premios Oscar en 51 postulaciones, siete premios BAFTA, cuatro Globos de Oro y 24 premios Grammy. Pero, más allá de los datos que suelen impresionar a quienes leen el currículum del músico neoyorquino, la importancia de Williams es latente gracias a un grupo de temas icónicos que ha compuesto en las últimas seis décadas.

A propósito de su cumpleaños, recordamos cinco de sus trabajos más conocidos:

Tiburón

En 1967, después de haber trabajado en capítulos unitarios de series como La isla de Gillligan, Perdidos en el espacio, El túnel del tiempo y Tierra de gigantes, y haber compuesto la música para 16 películas, Williams obtuvo tu primer gran trabajo al adaptar la música de la película El valle de las muñecas (Valley of the Dolls), compuesta originalmente por André y Dory Previn. Por dicho trabajo, Williams consiguió su primera nominación al Oscar en la desaparecida categoría de Mejor Adaptación o tratamiento de música en una película.

Después siguieron Goodbye Mr. Chips (nominada al Oscar a Mejor Música en un Musical); The Reivers (nominada al Oscar a Mejor Música en una Película); El violinista en el tejado (Fiddler on the Roof), por la que ganó su primer Oscar; Images (nominada al Oscar como Mejor Música Dramática) y La aventura del Poseidón (The Poseidon Adventure), por la que también fue nominado al Oscar. Su trabajo en dicha película, una de las máximas exponentes del cine de desastre —un género que se mantuvo en boga durante la década de los setenta—, llamó la atención de un joven entusiasta que estaba levantando su primera película: Steven Spielberg.

Tras conocerse, Williams aceptó hacer la música de The Sugarland Express, ópera prima de Spielberg. De dicho encuentro también surgió la idea de colaborar juntos en lo que sería el ambicioso siguiente proyecto del cineasta, una adaptación de la novela Jaws, de Peter Benchley, en el que un tiburón blanco acecha un pequeño pueblo vacacional.

Para el filme, Spielberg contaba con poco presupuesto, por lo que tendría que limitar al mínimo las apariciones del tiburón de animatronic que fungía como el villano de la historia. Ahí fue donde entró Williams, manipulando dos patrones de notas para generar tensión. Su trabajo en la batuta lograba que el ambiente de la película se sintiese pesado con tan solo un par de notas; el tiburón estaba ahí y no podías verlo, pero podías escucharlo. El músico había creado su primera gran composición musical.

Tiburón (Jaws) se convirtió en un fenómeno de taquilla en 1974, tanto que cambió la forma en cómo se vendían las películas y estableció una época de gracia para estrenar grandes blockbusters (como se le llamó al filme de Spielberg ya que la gente hacía fila por calles para entrar a ver su película): el verano. Williams recibió su segundo Oscar y Spielberg consiguió a uno de sus colaboradores más importantes.

Encuentros cercanos del tercer tipo

De hecho, la estrecha relación de trabajo que Spielberg y Williams habían creado volvió indispensable una reunión en el siguiente proyecto del director: Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind), un drama sobre los primeros acercamientos que un grupo de científicos, militares y civiles tienen con entes más allá de este planeta.

Para el filme, que Spielberg había perfeccionado con guionistas como Paul Schrader y Matthew Robbins, el director requería de un complejo trabajo musical que no solo acompañaría a la historia, sino que se convertiría en parte importante de la estructura del filme, al ser la única forma de comunicación entre los humanos y los extraterrestres que habían descendido sobre una colina, en aparente son de paz.

Para lograr lo que se pedía, Williams trabajó junto a Spielberg por casi dos años, configurando un sistema en cinco notas que funcionara como una especie de lenguaje de comunicación. Además, el músico recurrió al uso del lenguaje de señas para crear un sistema de movimientos musicales. El resultado, en una de las escenas más emotivas de la última mitad del siglo XX, es tan funcional como sorprendente.

El trabajo del compositor fue nominado al Oscar, aunque no lo ganó debido a la presencia de un trabajo, quizá no superior, pero que se convertiría en algo completamente representativo de su carrera y del séptimo arte en general.

La guerra de las galaxias

Durante el proceso de composición de Encuentros cercanos…, Spielberg recomendó a Williams con uno de sus más grandes amigos, George Lucas, quien estaba preparando un ávido proyecto, una película de ciencia ficción, con tintes de drama griego, que contaba la lucha entre un grupo de rebeldes y el Imperio galáctico, un ente político y armado que había tomado control de la galaxia a través de la fuerza.

Aunque el proyecto sonaba lo suficientemente arriesgado para que la productora, 20th Century Fox, aceptara tomarlo con reservas (y previa firma de un contrato en el que Lucas sólo obtendría un pago sí la película generaba ganancias, aunque a cambio se quedó con los derechos de imagen y producción de cualquier cosa que la cinta generara), su responsable tenía fe en él, al igual que en la recomendación de su amigo.

Williams entregó una partitura que mezclaba la épica de Strauss con la música de la época dorada de Hollywood; en pantalla, sus composiciones adquirieron un poder aún más grande. La música de La guerra de las galaxias (Star Wars) conquistó al público de 1977; se ubicó en los primeros lugares de venta e hizo que Williams ganara el Oscar, el BAFTA, el Globo de Oro y dos Grammy. En 2005, el American Film Institute nombró a la banda sonora del filme, el primero de una saga que se ha extendido a nueve entregas y cinco series de televisión, como la obra musical más importante del cine estadounidense.

Parque Jurásico

Entre 1978 y 1993, John Williams trabajó en 29 títulos, incluyendo Superman (1978); El imperio contraataca (Star Wars: The Empire Strikes Back, 1980); Indiana Jones y los cazadores del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981); E.T. El extraterrestre (E.T. The Extra-Terrestrial, 1982), por la que recibió su tercer Oscar; El imperio del sol (Empire of the Sun, 1987); Mi pobre angelito (Home Alone, 1990); y JFK (1993). Por todos ellos fue nominado al Oscar.

Pero, si tuviéramos que rescatar un trabajo de la década de los noventa no sería precisamente el que entregó en La lista de Schindler (Schindler’s List), la película que le dio su cuarto Oscar, mucho menos otros títulos como Nixon o Rescatando al Soldado Ryan (Saving Private Ryan). Sin duda el elegido sería el tema principal de Parque Jurásico (Jurassic Park), la 12° cinta que hizo en colaboración con Steven Spielberg.

En la partitura estaba contenida la grandilocuencia que requería un parque que lograba rescatar de la extinción a un grupo de dinosaurios. La escena donde el espectador, y los protagonistas del mismo filme, ven a aquellos seres prehistóricos caminar entre árboles por primera vez no sería nada sin el cuidado trabajo de Williams, quien desarrolla una composición emocionante.

Harry Potter y la piedra filosofal

En este siglo Williams no ha dejado de trabajar —y mucho menos de dejar de recibir reconocimientos—, y prueba de ello es su su impacto en el séptimo arte de este milenio. Ya sea con la brillante música con toques jazz que siguió el juego de gato y ratón establecido en Atrápame si puedes (Catch Me If You Can); las sensibles notas que acompañaron a Memorias de una Geisha (Memoirs of a Geisha); o incluso las composiciones juguetonas que escribió para el cortometraje Dear Basketball, donde se narra la historia del basquetbolista Kobe Bryant.

Pero no sería descabellado pensar que las nuevas generaciones podrían identificar el trabajo de John Williams, incluso si desconocen cualquiera de sus trabajos previos, gracias a la exposición que ha tenido en los últimos 18 años. En 2001, Williams se reunió con el director Chris Columbus (con quien ya había trabajado en Mi pobre angelito) para componer la música del que sería su más grande proyecto: la primera adaptación de uno de los libros de la saga de Harry Potter, una serie literaria que había cautivado al Reino Unido a finales de los noventa.

El músico, con la creatividad y el talento que lo distinguen, realizó un grupo de temas que capturan la magia que necesitaba la película y que otros músicos, incluyendo a Patrick Doyle, Nicholas Hooper y Alexandre Desplat, se vieron obligados a replicar en las siguientes entregas de la franquicia. Al igual que Harry Potter, Williams había entrado a un mundo mágico y todos nos habíamos encantado con su trabajo.


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