Las mil caras de Pablo Picasso
A 137 años de su nacimiento, recordamos a uno de los grandes protagonistas de la historia del arte.
octubre 25, 2018

Pablo Picasso (Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso, para ser exactos) tenía 9 años cuando terminó su primer cuadro. Desde niño –aunque él aseguró que no fue un prodigio– la pintura fue un medio a través del cual interpretaba el mundo que lo rodeaba. Nació en Málaga el 25 de octubre de 1881 y creció entre corridas de toros junto a sus dos hermanas, su madre y su padre, quien también aspiró a ser artista, aunque nunca lo hizo como profesión.

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El picador amarillo (1890)

La primera escuela de arte a la que asistió fue la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, en la que su padre daba clases. Él tenía sólo 14 años y a esa misma edad fue aceptado a la Escuela Artes y Oficios de Barcelona (también conocida como Escuela de la Lonja). En el examen le fue tan bien, que empezó en el tercer nivel.

Durante sus estudios en Barcelona, el joven artista se unió a un grupo bohemio, de aquellos que se formaban en las zonas más interesantes de las ciudades, normalmente en cafés o bares.

En 1899, tras pasar un tiempo en Madrid, Picasso volvió desencantado con las técnicas clásicas y cuadradas de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que desentonaban con sus incursiones modernistas. De regreso en Cataluña encontró refugio en  Les Quatre Gats, una cervecería (también cabaret y restaurante) que nació en 1897, inspirado en Le Chat Noir, el famoso bar de París. Fue en este lugar que se gestó el modernismo catalán, escuela de la que se alimentó Gaudí.

El entierro de Casagemas (1901).

En Les Quatre Gats, Picasso conoció, entre a muchos otros artistas, a Jaime Sabartés y Carlos Casagemas. También aprendió de anarquismo (que en esas épocas era un tópico latente en Barcelona, mientras se sentaban las bases de la Guerra Civil española) y empezó a tener contacto con la política de izquierda. Ahí conoció también a Isidre Nonell, uno de los mayores representantes del impresionismo catalán, que retrataba personajes miserables y marginados de la época. Era una temporada en que los soldados regresaban a España, heridos física y mentalmente, después de la guerra contra Cuba, a vivir en la miseria total. En respuesta a esta experiencia, Pablo Picasso pintó El prisionero y Un miting anarquista.

A partir de 1900, Picasso visitó París muy frecuentemente. Después de hacer algunas exposiciones en la capital francesa, Pablo Picasso se mudó a esa ciudad, específicamente, al estudio de Nonell, dando inicio a una nueva etapa en la obra del artista.

En sus paseos por Montmartre y Montparnasse se hizo amigo de André Breton, Guillaume Apollinaire, Alfred Jarry y Gertrude Stein, aprendió de la obra de Toulouse-Lautrec, y pintó piezas como  La espera (Margot), Bailarina enana y El final del número.

El 17 de febrero de 1901, Pablo Picasso se enteró que su amigo Carlos Casagemas se había suicidado después de intentar asesinar a su amante, una bailarina del Moulin Rouge llamada Germine. Sumido en una profunda tristeza, Picasso comenzó a pintar en tonos azules y a usar figuras largas, inspiradas en las creaciones de El Greco. Su periodo azul arrancó con esa primer pieza, en honor a su amigo: El entierro de Casagemas.

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La vida (1903)

Viviendo entre París y Barcelona, aún sin dinero y deprimido, hizo nuevas amistades que le renovaron la inspiración. Tras pasar mucho tiempo en burdeles barceloneses, en 1902 pintó una serie de obras eróticas, como Autorretrato con desnudo, un dibujo a la tinta y acuarela; Ángel Fernández de Soto con una mujer y La macarra.

La primera vez que mostró al público sus pinturas azules fue en una exposición colectiva organizada por su primer marchante, Pierre Manach, del 15 de noviembre al 15 de diciembre de 1902. En el siguiente enero Picasso comenzó una de las piezas más representativas del periodo azul, La Vida, en la que con su atmósfera lúgubre retrató el pesimismo nihilista del que se contagió en Barcelona, y que se exacerbó con las dificultades económicas que vivió esos años. Las piezas creadas durante esta época son consideradas las primeras obras maestras de Picasso.

Su historia empezó a dividirse en pedazos, como escenas claramente distinguidas. Del periodo azul, siguió el rosa, que fue prácticamente lo contrario. En él,  utilizó colores cálidos para explorar la alegría y la inquietud existencial. Coincidió (no muy casualmente) con que en esa época, Pablo Picasso conoció a Fernande Olivier, su primera musa, una mujer de quien se enamoró muchísimo.

Su siguiente tema fue el primitivismo, un estudio del arte antiguo que conjugaba con el postimpresionismo que Cézanne ya había inculcado en el joven español. El resultado fue una reinterpretación del arte clásico con líneas mucho más definidas y figuras geométricas que no se escondían. El protagonista en esta nueva etapa fue el cuerpo humano y sus volúmenes, con influencia del arte africano y de Oceanía. El cubismo estaba oficialmente en gestación.

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Las señoritas de Aviñón (1907)

En el verano de 1907 (Picasso tenía 26 años), la relación con Fernande entró en crisis y se separaron. Sus amigos Max Jacob y Guillaume Apollinaire, convencieron al español de fumar opio para acallar sus penurias. El viaje le dio una perspectiva alentadora de su trabajo que lo mantuvo a flote, temiendo regresar a la tristeza y al hastío laboral. Las piezas de Picasso, a partir de entonces, se llenaron de colores brillantes y elementos abstraídos del arte ibérico y africano que alcanzaron un nuevo grado de simplificación geométrica.

Braque y Picasso fundaron el cubismo en 1908. En esta época Picasso emprendió radicales experimentos de ruptura en sus cuadros: la conquista del espacio mediante la fragmentación de planos a través de contornos gruesos y definidos, el abandono de la perspectiva y la búsqueda del relieve usando exagerados contornos azules, fondos marrones y sombreados espesos. Por su parte, Matisse, quien también atravesaba una fase cubista, desacreditaba a Braque como uno de los creadores de esta corriente, pero sentía en cambio una enorme admiración por Pablo Picasso.

Luego vinieron épocas marcadas por la influencia del ballet ruso, el surrealismo y sus incursiones políticas. El Guernica, una alusión a uno de los bombardeos sucedidos durante la Guerra Civil Española, pintado entre los meses de mayo y junio de 1937, es una de las piezas más celebradas del artista. Actualmente está expuesta en el Museo Reina Sofía de Madrid, pero de 1940 a 1981 estuvo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, pues el artista dijo que el cuadro estaba mejor lejos de su país, sumergido en la dictadura franquista, y que no debía volver hasta que la democracia fuera reinstaurada en España.

Durante toda su vida, Pablo Picasso se dedicó a la exploración del mundo a través del arte. Sus obras cambiaban junto con su perspectiva. Se dejó influenciar por todos y por todo, desde lo que rechazaba, hasta lo que le atraía. Picasso murió el 8 de abril de 1973, con 92 años dejando tras de sí más de dieciséis mil pinturas. Fue un genio excéntrico, amante de su propia obra, que compró castillos para llenarlos con sus piezas.

En 2013, su pintura, La Rêve, se vendió por más de 150 millones de dólares, convirtiéndose en una de las obras de arte más caras del mundo, y de los 20 cuadros más costos del planeta, cuatro son de Pablo Picasso.

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