Cinco libros para conocer a Roald Dahl
Revisamos los mejores cinco libros del cuentista, piloto de guerra y espía británico Roald Dahl, a 28 años de su muerte.
noviembre 26, 2018

Roald Dahl siempre estuvo dispuesto a vivir una aventura. Cuando tenía ocho años, el pequeño niño nombrado en honor al explorador noruego Roald Amundsen, recogió el cadáver de un ratón que yacía en una de las banquetas de su ciudad natal, Cardiff en Gales, y lo metió en un tarro de dulces de una tienda del barrio.

La acción le valió ser reprendido por el director de su escuela. Su madre, al considerar desmedida la reprimenda, sacó al pequeño de la institución y lo inscribió en el colegio privado de St. Peter, en la costa de Weston-super-Mare. Esa sería sólo la primera vez que Dahl, hoy conocido por ser uno de los cuentistas más importantes del siglo XX, se enfrentaba a una aventura y salía casi ileso de ella.

Lo sorpresivo es que el autor británico nacido el 13 de septiembre de 1926 y fallecido el 23 de noviembre de 1990, no sólo se enfrentó al castigo de un director por una rata muerta; su vida estuvo llena de eventos, que el propio autor describía como aventuras y que influenciaron la mayoría de sus textos, convirtiendo su vida en una historia fascinante que difícilmente se podía inventar. Por ejemplo, en 1939, tras haber desarrollado un amor por la fotografía y trabajado bajo las órdenes de la multinacional petrolífera Shell, Dahl se enlistó en la Real Fuerza Aérea Británica, donde rápidamente fue ascendido a oficial. Un año después, en 1940, su obsoleto Gloster Gladiator se quedó sin combustible mientras piloteaba sobre el cielo de Fouka, Libia. Dahl, al intentar realizar un aterrizaje forzoso, estrelló su aeronave contra la superficie desértica. En el impacto, el inglés se fracturó el cráneo, la espalda, se rompió la nariz y quedó momentáneamente ciego. Dahl fue rescatado horas más tarde por las fuerzas armadas al servicio de la Corona y trasladado al Hospital Naval de Alejandría. Ocho semanas después, Dahl recuperó al vista. La anécdota sería capturada en el relato corto Pan comido (A piece of cake), primer texto del autor en ser publicado, una vez que éste ya ostentaba un nuevo cargo en el servicio británico, el de ser espía.

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Quentin Blake, ilustrador de la mayoría de los cuentos del autor, y Roald Dahl conversando sobre la obra gráfica de Blake – Fotografía: roalddahl.com

En 1942, tras quedar sorprendido por el currículum y las capacidades de conversación de Dahl, Lord Balfour invitó al joven británico a trabajar en la Embajada Británica en Washington. Aunque en primera instancia, su trabajo había quedado reducido a labores de oficina, poco a poco comenzó a tomar importancia, convirtiéndose en un importante enlace de inteligencia entre el MI6, el gobierno de Winston Churchill y el territorio estadounidense. Quizá de esa experiencia Dahl saco inspiración cuando debutó como guionista con el argumento de Sólo se vive dos veces (You Only Live Twice), una de las primeras películas de la saga de James Bond.

Claro que, la vida de Roald Dahl no estuvo solo llena de aventuras afortunadas, pues un halo de desgracia lo persiguió desde sus primeros años. A los tres años perdió, en un lapso de un par de semanas, a su hermana mayor, Astri, y a su padre, Harald. En 1960, siete años después de contraer matrimonio con la actriz estadounidense Patricia Neal, su hijo Theo, de cuatro años de edad, sufrió hidrocefalia que lo mantuvo en el hospital por meses.

Motivado por ayudar a mejorar las condiciones de su hijo, Dahl se vio involucrado en una investigación que buscaba tratar su enfermedad. Así, junto al ingeniero hidráulico Stanley Wade y el neurocirujano Kenneth Till creó la Válvula Wade-Dahl-Till, un sistema médico pensado para drenar el exceso de líquido en el cerebro. El artefacto funcionó en el hijo de Dahl y ha sido probado por más de 3000 pacientes alrededor del mundo con resultados afortunados.

El 23 de noviembre de 1990, Roald Dahl falleció en su casa de Oxford víctima de un extraño cáncer que afectó su sistema circulatorio. Ese día se acabó la historia de uno de los autores infantiles más importantes del mundo, un probado espía británico, un piloto sobreviviente, un fotógrafo amante de la cámara y un inventor que ha logrado salvar vidas. Aquel día terminó una gran aventura de vida.

Aquí te presentamos cinco libros indispensables para conocer al fantástico señor Dahl:

James y el melocotón gigante (1961)
Después de haberse estrenado como escritor con pequeños textos publicados en revistas como Playboy, Harper’s y The New Yorker, Roald Dahl entró por completo al universo literario con la publicación de The Gremlins, de 1943, un cuento infantil inspirado en las criaturas místicas señaladas por los pilotos de la Fuerza Aérea Británica como los principales responsables de cualquier desperfecto que pudiera tener su aeronave. Poco después, en 1948, Dahl volvería a tomar como inspiración sus días como piloto de guerra en Sometime Never: A Fable for Supermen, una novela para adultos que, de cierta forma, exploraba el mismo tema que The Gremlins, retratando la amistad entre un piloto de la RAF y una de esas criaturas fantásticas.

Sin embargo, el primer gran éxito de Dahl fue el pequeño libro James y el melocotón gigante (James and the Giant Peach), el primero de muchos cuentos -aparentemente- infantiles que publicó apoyado en las ilustraciones de Quentin Blake. En el texto, editado por Alfred A. Knopf en 1961, el autor contaba la historia de James, un pequeño niño que se veía obligado a mudarse con sus terribles tías después de quedar huérfano. Un día, un extraño le regala una bolsa con bolitas mágicas que aumentan el tamaño del viejo melocotonero de su patio. Montado en uno de sus gigantes frutos, James empieza un viaje por un mundo que jamás se había imaginado.

Charlie y la fábrica de chocolate (1964)
Después del inesperado éxito de su segundo libro infantil, Dahl decidió explorar una vez más en el género, recordando una pequeña historia desatada por el amor que profesó por el chocolate durante su etapa infantil. Gracias a su cercanía con la fábrica principal de la compañía chocolatera Cadbury, su escuela recibía semana a semana cajas de nuevos productos de la compañía. Mientras degustaba las novedades de la chocolatera, Dahl soñó con visitar la fábrica e inventar un nuevo sabor de chocolate para agradecerle al dueño de la compañía, Edward Cadbury, por todas sus deliciosas creaciones.

De aquella anécdota se desarrollaría la trama de Charlie y la fábrica de chocolate (Charlie and the Chocolate Factory), cuento infantil en el que Dahl creó a un magnate chocolatero, el excéntrico Willy Wonka, que invitaba a cinco afortunados niños para conocer las entrañas de su fábrica y concursar por un regalo especial. Para ello, Wonka había escondido cinco boletos dorados, en cinco barras de chocolate repartidas alrededor del mundo. Quienes obtuvieran uno de esos cinco boletos podrían entrar a la fábrica de chocolate; Charlie Bucket, un niño que vive en la pobreza, es uno de los afortunados.

El texto desataría tal furor, especialmente en aquellos que lograban comprender un tenue comentario social que el autor había escondido en su maravillosa trama, que rápidamente se convertiría en un éxito de ventas. Poco después, los derechos para realizar una película inspirada en el libro serían vendidos a Warner Bros. En la producción el actor Gene Wilder fue contratado para encarnar a Wonka en la gran pantalla. En 1972, se publicaría Charlie y el gran ascensor de cristal (Charlie and the Great Glass Elevator), la única secuela que el escritor inglés realizó a su obra.

El Superzorro (1970)
Ya consolidado como una las voces autorizadas en la literatura británica, Dahl continuó creando encantadoras historias, acompañado siempre por el ilustrador Drake, en las que abordaba temas que no solían ser representados en los textos infantiles. Por ejemplo, en 1970, Dahl utilizó la historia de un zorro astuto para ilustrar ciertas temáticas sociales y económicas que golpeaban a la Inglaterra de principios de la década de los setenta.

En El Superzorro Fantastic Mr. Fox, Dahl cuenta la historia de un astuto zorro que se la pasa robando las cosechas y los animales de los granjeros de su pueblo hasta que estos, completamente enojados, deciden cazarlo. Sin embargo, como es por todos bien conocido, Don Zorro se las ingenia para evadir el bloqueo y continuar con su rutina.

El libro fue reconocido con el Premio BILBY, del Consejo de Libros Infantiles de Australia, en 1994. Al igual que la mayoría de las obras de Dahl, El Superzorro fue llevada al cine, en esta ocasión mediante un cuidado proceso en stop-motion comandado por el director estadounidense Wes Anderson en la cinta animada Fantastic Mr. Fox (2009).

El gran gigante bonachón (1982)
Doce años después de la publicación de El Superzorro y con otros seis títulos en su trayectoria, Dahl presentó uno de sus textos más íntimos y cuidados: El gran gigante bonachón (The BFG). Un libro en el que cuenta la historia de una pequeña niña, Sofía, que todas las noches era rescatada del orfanato en el que vivía por un gigante encantador. Producto de estos rescates, Sofía es llevada al país de los gigantes, un lugar en el que podía ser feliz a pesar de la situación que atravesaba ella y la Inglaterra bombardeada por el ejército alemán.

La historia estaba dedicada a la memoria de Olivia Dahl, la pequeña hija Roald Dahl que había muerto en 1962 víctima de una encefalitis causada por sarampión. De cierta forma, Dahl imaginó a su pequeña hija siendo rescatada y llevada a un paraíso en el que el escritor inglés había dejado de confiar tras todas las tragedias que habían sacudido su vida.Matilda (1988)

Una de las últimas obras publicadas en vida por Dahl se convirtió, poco a poco, en una de las más conocidas. Matilda es la historia de una ávida e inteligente lectora de cinco años que descubre que tiene una serie de poderes extraordinarios; agobiada por sus mediocres padres e inscrita en una escuela sin alma, la pequeña niña utiliza sus poderes para liberarse y tener la vida que se merece.

En el texto, convertido después en una genial película y un exitoso musical, Dahl presentó a dos personajes inspirados en los recuerdos de su vida en Buckinghamshire: el primero, el molesto padre de la protagonista y el segundo la biblioteca de Great Missenden, donde Dahl, al igual que Matilda, leyó algunos de sus primeros textos y quedó encantado por la lectura.

En su texto mágico, Dahl recordaba el valor de la lectura en su infancia y lo transmitió a decenas de generaciones.

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