Epicentro Pop
El Abierto Mexicano de Diseño dedica su más reciente edición a la estética popular mexicana.
septiembre 25, 2019

El Centro de la Ciudad de México es un rompecabezas involuntario y enorme, cada pieza está diseñada a la perfección. Desde las piedras utilizadas para el Templo Mayor, el mármol del Palacio de Bellas Artes, o los letreros rotulados a mano anunciando cámaras en la calle Donceles tienen la misma importancia en el rompecabezas de la estética popular mexicana. Este año, el Abierto Mexicano de Diseño (AMD), a celebrarse del 9 al 13 de octubre, dedica su edición a esta zona de la ciudad, y por primera vez aborda una temática y una curaduría externa. Mario Ballesteros, el curador invitado para esta séptima edición, y director editorial de Travesías, habla con Gatopardo sobre la importancia de construir y repensar lo popular en el diseño.

Por mucho tiempo, lo popular se ha considerado algo de poca sofisticación; simple y fácil de entender para las masas. La visión extrapolada de la cultura ha dibujado una línea divisoria entre la alta cultura y lo popular. La primera: exclusiva y elevada, y la segunda, reservada a la simpleza. Afortunadamente, la cultura popular siempre ha tenido aliados que la comprenden y magnifican, como lo ha hecho el amd desde su concepción, destacado por ser un festival más grande y abierto a todo el mundo. 

“El AMD fue una iniciativa que salió de un grupo muy amplio de diseñadores que decían ‘necesitamos un espacio que sea más democrático, más horizontal, que esté más cerca de las preocupaciones y las necesidades de la gente y la comunidad del diseño’. Entonces ahí ya había esa cosquilla democrática, horizontal o popular”, dice Ballesteros. 

Aparte de la inercia construida por la trayectoria del festival, el populismo es un tema que se ha vuelto clave en los últimos años, tanto en la política como en todas las esferas de la vida pública. “A mí me interesaba que fuera un tema actual, candente y relevante para el momento que vivimos en el diseño, la cultura y en México en general. El tema de lo popular, de lo no profesional y del pueblo está muy presente en el discurso político, específicamente: el populismo, que es un tema importante y controvertido. Sentía que el festival no tenía que huirle a estos temas coyunturales”, dijo el curador. 

abierto mexicano de diseño

Aparte de la inercia construida por la trayectoria del festival, el populismo es un tema que se ha vuelto clave en los últimos años, tanto en la política como en todas las esferas de la vida pública.

Como parte de los eventos del festival, tendrán pabellones de academia, arquitectura, diseño, espacio público, comunicación visual, mobiliario y objeto, moda y textil, tecnológico y, por primera vez, un pabellón de novedades donde los diseñadores podrán mostrar su trabajo reciente aunque no se apegue al tema. Los pabellones serán en diferentes museos del Centro, como el Museo Numismático que albergará el Pabellón de Arquitectura y tendrá una exposición de Derek Dellekamp, o el Museo de Arte Popular con una instalación de piñatas de sillas mexicanas de Tony Macarena. La exposición principal, con sede en Bellas Artes, será una reflexión más abierta sobre el diseño popular, y contará con el acervo del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) de arte popular y arte indígena desde el siglo XVIII hasta nuestros días. 

Según Ballesteros, el festival explora tres líneas de pensamiento y acción: primero el diseño por el pueblo, o sea, el de los no diseñadores; luego se enfoca en el diseño para el pueblo y las maneras en las que profesionales han tratado de responder a las demandas de las masas, aparte de analizar los cambios en el diseño industrial; y finalmente, el diseño del pueblo, el concepto o imagen de lo popular construido a lo largo del siglo pasado. 

“El diseño no debe ser ser excluyente ni exclusivo; me parece un momento muy interesante para pensar y volver a poner al diseño primero. Quizás la artesanía es en parte donde está el meollo de cómo podemos conciliar condiciones sociales, políticas, económicas y culturales muy dispares que todavía en México pesan muchísimo”, comenta Ballesteros sobre el interés de democratizar no sólo el diseño, sino las instituciones culturales que lo engloban. 

“Creo que el diseño, a diferencia del arte, tiene este encanto de inmediatez, son cosas a las que estamos acostumbrados a ver y usar y convivir todos los días. Si ves un objeto que te recuerda a tu niñez o que te recuerda al pueblo donde creciste, es una conexión muy visceral e inmediata que en el arte no es tan sencillo”, concluye el curador.


 

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