La mirada de López Obrador
Qué habrá pasado por la mente de Andrés Manuel López Obrador, uno de los cuatro contendientes a la Presidencia de México, la noche de ayer, 27 de junio de 2018, mientras caminaba entre las multitudes del Estadio Azteca en el cierre de campaña del partido que él mismo creó. Qué habrá pensado mientras la gente […]
junio 28, 2018

Qué habrá pasado por la mente de Andrés Manuel López Obrador, uno de los cuatro contendientes a la Presidencia de México, la noche de ayer, 27 de junio de 2018, mientras caminaba entre las multitudes del Estadio Azteca en el cierre de campaña del partido que él mismo creó. Qué habrá pensado mientras la gente lo saludaba desesperadamente detrás de las vallas como a un rockstar. Con traje oscuro y una camisa blanca sin corbata, AMLO llegó al evento junto a su esposa Beatriz Gutiérrez Müller, rodeado de muchísimos camarógrafos y fotógrafos que lo seguían registrando cada momento de capital político, gente que esperaba ansiosa por verlo, tocarlo y tomarse una selfie con él—como lo hizo una chica al sacar la bandera LGBT que él sostuvo de una esquina ante la cámara—, entre el eco de los gritos que lo clamaban ¡presidente, presidente, presidente!. Ahí está el candidato que habla hasta el cansancio de la corrupción y la austeridad republicana, y que dice tener la ambición más legítima: “ser un buen presidente de México”, declararía esa noche.

Afuera del estadio todavía se formaban cientos de personas en espera de entrar, muchos llegaron desde el mediodía provenientes lugares como Tlalnepantla o Tláhuac, en ambos extremos de la ciudad, queriendo sólo “escuchar sus propuestas para la comunidad”. En los accesos, el caos avivó cuando los boletos (gratuitos) empezaron a escasear en las taquillas, ante filas que parecían no tener fin ni llevar a ningún lado, y entre desconcierto y puestos ambulantes que vendían todavía playeras de la selección mexicana de futbol, así como comida, dulces, aguas y refrescos. La gente se abría paso entre impermeables de plástico a diez pesos cada uno, playeras de Morena, en color blanco y morado, en treinta; muñecos de peluche con la cara de Obrador, cartulinas enrolladas y globos con la leyenda de “Presidente AMLOVE”. Todo eso envuelto en un grito que sonaba al unísono: ¡Es un honor estar con Obrador!, ¡Oleee, oleee oleee, Andrés Manueeel! y ¡Viva López Obrador!

Cierre de campaña AMLO

Fotografía de Mauricio Palos / Bloomberg vía Getty Images

“No te me vayas a perder, mamá”,

“No, hija, ni Dios lo mande”, se escuchaba alrededor.

En el Acceso 3, a puertas cerradas, más gente que había llegado caminado dándole vuelta al estadio, buscando boleto, levantaba las manos para que alguien les hiciera caso. No faltó quien gritó que estaban “armando algo” para provocarlos:

“¡Compañeros! Nos vamos a comportar, no nos van provocar”, respondió alguno.

Entre apretones e inevitables empujones, acorralados entre rejas, la gente aguardó hasta que abrieran las puertas, aunque sólo les permitieran entrar al estacionamiento, donde habían colocado pantallas para seguir el evento. El estadio, aseguraron los organizadores, ya estaba lleno.

“Es memorable lo que hemos logrado. Han sido muchos años de lucha, pero hoy el pueblo de México ha dicho ‘ésta es la hora’”, dijo al micrófono Claudia Sheinbaum, también candidata de Morena para la jefatura de la Ciudad de México, bastión de la izquierda mexicana.

Cierre de campaña AMLO, interior 1

Fotografía cortesía de Roberto Velasco-Alvarez

Y en efecto, han transcurrido doce años desde que López Obrador perdió las elecciones de 2006 (con 35.29% de los votos, contra 35.91 de Felipe Calderón), resultado que desconoció e instaló por meses un campamento de manifestantes a lo largo del Paseo de la Reforma de la Ciudad de México (que no olvidan sus más recios opositores); y luego perdió nuevamente en 2012 (con 31.57% de los votos, contra 38.20 de Enrique Peña Nieto), con mayor claridad, pero una vez más detonó movilizaciones que coincidieron, por ejemplo, con el #yosoy132.

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Luego de la amarga derrota, López Obrador tuvo un sueño, escribió León Krauze hace unos días en El Universal, “soñó que el PRI sería incapaz de trascender su propia naturaleza. Imaginó que, sabiéndose de nuevo en el poder, […] volvería solapar la corrupción más burda”. Una realidad rebasada por sí misma, de violencia desbordada que tiene a un país con 34,268 personas desaparecidas según datos oficiales del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas; y de corrupción e impunidad, con 28 gobernadores priistas que tienen “sin justificar” 140 mil millones de pesos que recibieron en este sexenio, según publicó SinEmbargoMX en marzo de este año.

Cierre de campaña AMLO, interior 1

Fotografía de Mauricio Palos/Bloomberg vía Getty Images

Así que López Obrador recorrió nuevamente el país como padre ardiendo, diría Elena Poniatowska, bajo un nuevo partido político. Las encuestas indican, hasta ahora, que va a ganar.

“Estamos por comenzar la cuarta transformación de México y convertir el sueño de muchos mexicanos de antes y de nuestro tiempo, porque lo que vamos a consumar viene de muy lejos”, dijo ante el Estadio Azteca.

“Soy el candidato de más edad, pero los jóvenes con su imaginación, rebeldía, talento y frescura saben que nosotros representamos lo nuevo. Saben que nosotros representamos la modernidad pero forjada desde abajo y para todos”, apuntó.

Ahí está nuevamente recorriendo pasillos atestados de gente que cree en él, y López Obrador los saluda y los mira, serio, sin sonrisas, tal vez nervioso, tal vez con la incógnita del próximo 1ro de julio.

 

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