Lula da Silva, portada

Lula da Silva podría perder su candidatura

Aún desde la prisión de Curitiba, Lula da Silva encabeza las encuestas electorales, pero si no sale pronto podría perder la candidatura.

Por Carlos Reyna

Es posible que el pueblo de Caetés, al norte de Brasil, sea más conocido por ser la tierra natal de Luiz Inácio Lula da Silva que por cualquier otra cosa. En ese pueblo, a casi dos mil kilómetros de la capital brasileña, comenzó a forjarse el mito. Lula da Silva vivió una pobreza tan extrema que, dicen los biógrafos, probó por primera vez el sabor del pan a los siete años de edad. Más tarde, después de abandonar la primaria, empezó a trabajar en una fábrica de tornillos para convertirse en un importante líder sindical. En 2003, después de tres candidaturas presidenciales  —la primera en 1989— presidió con más del 70% de aprobación popular la mayor economía de América Latina.

A pesar del tremendo escándalo de corrupción que le ha colocado una inmensa sombra sobre la espalda, su fama parece mantenerse intacta. Varias calles de Río de Janeiro y Brasilia están hoy tapizadas con carteles y grafitis con la cara del ex mandatario y la frase: “Lula é inocente”. Además, a unos meses de las elecciones presidenciales en el país sudamericano, Lula da Silva lidera las encuestas. Desde el 2016, el ex presidente es objeto de una investigación judicial bajo la presunción de haber recibido un departamento —con un valor aproximado de 1 millón de dólares— en las costas de Sao Paulo, como parte de un soborno para facilitar contratos millonarios a la constructora OAS con la empresa petrolera Petrobras. A principios de este año fue condenado a 12 años y 1 mes de prisión por los cargos de corrupción pasiva y lavado de dinero.

Lula da Silva prisión int1

Fotografía: wikimedia commons

Roger Teixeira, un estudiante de la ciudad de Londrina, dice en entrevista para Gatopardo que muchos brasileños piensan que Lula es parte de una persecución política. “Los que lo apoyamos tenemos miedo de que el proceso penal se estanque y no le permita participar en las elecciones presidenciales”, comenta. “Si esto llegara a pasar, Jair Bolsonaro —un ex militar de derecha extrema— podría ganar la presidencia.”

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La mañana del domingo 8 de julio, se corrió la noticia de que Lula Da Silva podría ser liberado por el juez Rogério Favreto, argumentando que la condena le impedía ejercer sus derechos como precandidato a la presidencia de Brasil. Muchos de sus seguidores se reunieron al sur del país sudamericano en la ciudad de Curitiba —donde se encuentra recluido— para mostrar su apoyo.

El fallo fue bloqueado por la tarde de ese mismo día por el juez que inició la investigación, João Pedro Gebran Neto. Los abogados del ex presidente esperaran a que el tribunal dicte sentencia antes de agosto, mes en que deben registrarse los aspirantes a la presidencia de Brasil. Mientras las investigaciones continúan su cauce, Lula podría registrarse para contender, siempre y cuando el Tribunal Electoral de ese país lo permita. Si el tribunal acepta su candidatura y Lula es encontrado culpable, sus votos podrían ser anulados.

Lula da Silva prisión, int2

El escándalo conocido como “Operación Autolavado” (o Lava Jato, en portugués) que involucra a Da Silva, comprende una extensa red de sobornos, lavado de dinero y corrupción. Esta investigación condujo también a la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff, quien fue obligada a dimitir en 2016. La información también manchó al actual presidente brasileño Michel Temer, quien está siendo investigado por el Tribunal Supremo de Brasil.

En Brasil, votar es obligatorio, y Luis Alves, estudiante de derecho de la Universidad de Sao Paulo dice que “como muchos otros, dejará su voto en blanco”. Las últimas encuestas señalan que el 20% del electorado brasileño invalidara su voto; mientras que Lula tiene entre el 34% y el 39% de las preferencias electorales. Su más cercano contendiente, Jair Bolsonaro —a quien los medios han llamado el Trump brasileño— está en un lejano segundo lugar, con un 17% de la preferencia.

Lula, que fue nombrado por Obama durante la cumbre del G-20 en 2009, “el presidente más popular del mundo”, hizo varias reformas que evitaron que Brasil sufriera a mucho mayor escala la crisis económica que el mundo padeció en 2008 y abrió opciones de movilidad social para más de 30 millones de brasileños que vivían en la pobreza. La huella que Luis Inácio Lula da Silva dejó en el electorado brasileño está muy lejos de borrarse. Si aún estando en prisión su popularidad no baja, será difícil que las encuestas tomen un rumbo distinto.

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