Mara Fernanda feminicidio marcha, carrusel

#YoSoyMara: Las mujeres mexicanas alzan la voz

El asesinato de Mara Fernanda Castilla reavivó la furia de la sociedad mexicana ante la violencia de género que se sufre en este país.

Por Regina Sienra

Éste debió ser un domingo más. Tal vez uno aún más tranquilo por ser el domingo de un fin de semana de fiestas patrias en México. Sin embargo, fue un domingo de miles de personas marchando en la Ciudad de México para reclamar justicia ante el asesinato de una joven en Puebla. El escalofrío llegó desde el viernes 15 de septiembre, un día de nacionalismo mecánico que en México es pretexto para la fiesta aunque no haya mucho por celebrar. Mara Fernanda Castilla, una mujer de 19 años desaparecida durante una semana, fue encontrada sin vida en un terreno de Xonacatepec, en la carretera México-Puebla.

Lo último que se supo de ella fue que la madrugada del viernes 8 de septiembre abordó un taxi de la empresa Cabify al salir de una fiesta en Cholula, en el estado de Puebla. Pero el 15 de septiembre encontraron su cuerpo, con signos de abuso sexual; la fiscalía determinó que la causa de muerte fue estrangulamiento. Las primeras investigaciones indican que el presunto homicida la llevó a un motel, donde la golpeó, violó y estranguló, antes de deshacerse de su cuerpo. El conductor del vehículo, Ricardo Alexis “N”, está detenido en Puebla y ha sido vinculado a proceso por el secuestro de Mara Fernanda Castilla, pero no por abuso sexual ni por su asesinato.

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La noticia conmocionó a la sociedad mexicana y provocó la convocatoria a través de redes sociales de una marcha el domingo 17 de septiembre a mediodía. La ruta inició en la puerta de la Catedral Metropolitana y se dirigió a las oficinas de la PGR –dirección opuesta a la mayoría de las manifestaciones que ocurren en la Ciudad de México– para exigir justicia por la muerte de Mara Fernanda, la número 83 en lo que va del 2017 en el estado de Puebla. En México, más de la mitad de las mujeres han vivido alguna forma de violencia por parte de sus parejas: física, emocional o sexual. Siete mujeres mexicanas son asesinadas cada día en este país.

“Cualquier día, en cualquier momento alguna de nosotras podemos ser la mujer que se busca en redes sociales y que, una semana después, aparece violentada sexualmente y cruelmente asesinada”, escribió Brenda Rodríguez, coordinadora de comunicación del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), en la columna “El grito más fuerte, el más triste”, en Animal Político, tras la muerte de Mara. “¿Qué se necesita para que acabe esto? No parece suficiente salir a las calles para gritar que estamos hartas, para exigir que no nos maten, que el estado debe hacer algo. ¿Cuántas muertes más? ¿Cuántos gritos más? ¿Cuántas marchas más?”.

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En mayo de 2017, la muerte de Lesvy Berlín Osorio en instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México generó una convocatoria para otra marcha. En aquella ocasión, la movilización también se dio a través de redes sociales y el hashtag #SiMeMatan apareció como un grito de las mujeres mexicanas para protestar contra la violencia de género y contra la revictimización de las mujeres asesinadas por parte de autoridades y medios de comunicación. En abril de 2016, el hashtag #VivasNosQueremos llamó la atención sobre las movilizaciones del 24 de abril en contra de las violencias machistas en México. En esta ocasión, etiquetas como #YoSoyMara y #MarchaPorMara se hicieron presentes en redes sociales para hablar sobre la marcha del 17 de septiembre, donde hubo quien recicló su bandera o pancarta de la marcha anterior para volver a gritar pidiendo justicia. ¿Cuántas veces las mujeres mexicanas han salido a la calle a decir que sí, son personas con derecho a elegir sobre sus propios cuerpos, a vivir en paz y sin violencia?

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Durante la marcha del 17 de septiembre, las consignas iban de lo general a lo particular, de lo relativamente suave hasta lo radical. Todo necesario y todo válido. De la propia causa feminista, con esas frases que ya son himnos de estas protestas: “Alerta, alerta, que camina la lucha feminista por América Latina”. Las consignas más estremecedoras se escucharon sobre 5 de mayo, un segmento de Eje Central, Juárez y Reforma hasta antes del cruce con Río Rhin. “Todas somos Mara”, “Mara no se fue, la mataron”. En las pancartas, frases que han englobado el problema, como “Ni una más” o “Vivas nos queremos” se cruzaban con golpes de realidad: “Marcho porque estoy viva y no sé hasta cuándo”.

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Hubo quienes asistían por primera vez a una protesta de este tipo, sin saber de la separación en contingentes ni que hubiera sido buena idea traer un sombrero. También hubo veteranos de la causa y de las marchas; quienes han participado en cada una, y aliados de otros movimientos, como el de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, o las de #YoSoy132. Estaban los aliados que se hacen presentes para evitar que el Antimonumento a los 43 de Ayotzinapa, en el cruce de Reforma y Juárez, volviera a ser rayado. Hubo quienes se subieron a una estatua para colocarle una pancarta y unir la presencia de piedra a la protesta de los de carne y hueso. Hubo quien las acusó de vandalismo.

También hubo hombres que marcharon en los contingentes mixtos. Hubo momentos de radicalización con la expulsión del periodista Jenaro Villamil de un contingente separatista. También se dio el caso de identificación del presunto violador de una de las asistentes a la marcha, ahí, en plena calle, y que impulsó un nuevo recorrido hasta la Agencia 50 del Ministerio Público, para que fuera presentado ante las autoridades.

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Mara Fernanda Castilla, originaria de Xalapa, Veracruz y estudiante de la UPAEP de Puebla murió, presuntamente, a manos del chofer de una compañía que con lemas como “Viaja segura” le ha vendido una falsa idea de seguridad a un sector de la sociedad que la busca desesperadamente. Un sector de la sociedad que no puede confiar en sus instituciones porque solo 3 de cada 100 ataques sexuales en México son castigados y porque son instituciones que reflejan la cultura en la que la víctima es culpada por su propia muerte, como sucedió con la Procuraduría General de la República en el caso de Lesvy Berlín Osorio.

Mara no volverá a casa. ¿Cuántas más pasarán por algo así? ¿Cuántas marchas más tendrán que organizarse en un domingo que debería ser como cualquier otro?

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