Con AMLO todos ganan
López Obrador basó una buena parte de su estrategia en convencer a la mafia del poder (que sí existe) que no los pondrá en peligro.
mayo 31, 2018

Con López Obrador todos ganan. Gana Peña Nieto, que se irá a su casa sin preocuparse por rendir cuentas. Ganan los empresarios, que tendrán garantías de que no se afectarán sus negocios. Ganan TV Azteca, Slim y Monsanto, que tendrán a sus cercanos en el gabinete presidencial.

López Obrador basó una buena parte de su estrategia en convencer a la mafia del poder (que sí existe) que no los pondrá en peligro. A diferencia de las elecciones de 2006 (cuando sí le dio con más fuerza) esa élite política y empresarial apenas y lo ha rozado con golpes tímidos, acusaciones inocuas de populista y prorruso. Hace 12 años, cuando iba por su primera campaña presidencial, México gozaba de una mejor situación económica. Vicente Fox sobreexplotaba los yacimientos petroleros e inundaba el país de créditos automotrices e inmobiliarios. Había dinero. El elector, por una pequeña minoría, votó por conservar esos fugaces privilegios. Hoy el votante no tiene nada que perder: con el empleo precarizado, los combustibles carísimos, desalentadoras perspectivas para los jóvenes, –si no ocurre nada extraordinario—una mayoría votará por López Obrador para repudiar 18 años de alternancia fallida.

red de apoyo AMLO, foto

Un escenario es que Obrador gane la presidencia pero tenga el congreso dividido, como lo han tenido los presidentes en los últimos 20 años: que deba ceder, negociar, moderar su programa. El otro es que Morena y sus satélites ganen la mayoría absoluta, o incluso que la construyan con fugitivos del PRD, el PRI o cualquier otro membrete. Y entonces sí, vendrá lo interesante. El fallecido Manuel Camacho Solís, ex regente y alguna vez ideólogo del salinismo, tenía un proyecto claro: la construcción de dos bloques políticos en el país. Un bloque progresista, encabezado por López Obrador, y uno conservador, donde cupieran todos los demás. Manuel Camacho era coordinador de campaña en la circunscripción del norte del país. El propio López Obrador lo dijo en un mitin en La Laguna: había que construir dos bloques políticos en México.

Quizá 12 años después se cumpla la estrategia de Manuel Camacho. Y si es así, en el bloque progresista cabrán todos: Morena, el PES, los ex maoístas del PT, pero también los ex yunques del PAN y, apuesto, muchos priistas, sobre todo los priistas marginados del gobierno de Peña Nieto. El otro bloque acaso lo forme el PAN y el priismo neoliberal, los Meades y los Chuchos por igual. Lo de progresista y conservador es un decir: el bloque obradorista será conservador en lo económico (neoliberal) y en lo político (presidencialista). Será difícil distinguirlos. La duda es cuánto tiempo podrá un gobierno de López Obrador guardar el equilibrio. Del propio Andrés Manuel recuerdo una frase que decía en sus mítines: “el que quiere quedar bien con todos al final queda mal con todos”. Cómo hará para mantener calmada a la gente y sostener los privilegios de la minoría. Cuánto le durará la luna de miel con el electorado. Cuánto tardaremos en saber del primer escándalo de corrupción. Si enfrentará protestas en las calles. Si las reprimirá. Si surgirá una izquierda a su izquierda. Se abre un momento nuevo, agobiado por la carga del pasado, y lleno de preguntas.

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