La memoria fracturada
Chris Marker dedicó su carrera a trazar un mapa de la memoria, imprecisa como es.
julio 30, 2019

En 1984, la Confederacion Francesa Democrática del Trabajo le hizo una solicitud a Chris Marker: realizar una película dedicada al centésimo aniversario de la ley laboral que levantaba la prohibición a los sindicatos en Francia. Sin ganas de hacer un retrato fiel o un homenaje informativo, Marker prefirió hacer un corto ensayo visual de ciencia ficción, donde una supercomputadora predice tres escenarios para el sindicalismo y la situación laboral en el año 2084 (también nombre del cortometraje en cuestión), el segundo centenario de estas leyes. A través de preguntas aparentemente aleatorias y material de archivo, Marker resolvió la comisión a su muy particular manera, atravesando en el camino sus inquietudes filosóficas y políticas. 

Marker era un artista como ninguno otro, apto para realizar ficción, no ficción y una mezcla entre esas dos, categorías que tal vez le hubiesen parecido molestas. Una de las mejores citas sobre el trabajo de Marker es atribuida al teórico Roy Armes (dentro del la enciclopedia de John Wakeman, Film Directors) y dice así: “El cine francés ha tenido a sus dramaturgos y poetas, a sus técnicos y biógrafos, pero sólo tiene a un verdadero ensayista: Chris Marker”. Una de las máximas del ensayo literario es su libertad y constante renovación, más que en cualquier otro género, en el ensayo se permite expresar un punto de vista específico. Marker tomó estas características y las trasladó al medio audiovisual. 

Reclusivo, combativo y sin ánimo de dar entrevistas, Chris Marker fue siempre una figura elusiva. En primer lugar, su nombre no era Chris Marker, sino Christian François Bouche-Villeneuve. Probablemente nació en Francia, a pesar de que él dijo haber nacido en Mongolia y desde su juventud fue una persona con claras intenciones políticas. Antes de llamarse Marker, luchó con la Resistencia Francesa en la Segunda Guerra Mundial en un grupo guerrillero llamado Maquis. También luchó con el tercer ejército del General Patton, durante la campaña estadounidense en Alemania. No fue sino hasta después de 1946 que Marker firmaría por primera vez un texto bajo ese nombre en la revista Espirit (fundada por el filósofo católico de izquierda Emmanuel Mounier), donde escribió ficción, ensayo y crítica cinematográfica.

La vida de Marker estuvo marcada por la acción política y el énfasis artístico, pero su faceta más conocida es la combinación analítica de ambas, donde el arte audiovisual mantiene un fuerte vínculo con la filosofía. Costa Gavras, afamado director griego especialista en ficciones de corte social, llamó a Marker un “cineasta honesto, tanto política como cinematográficamente”. En sus textos publicados en Espirit, Chris Marker no permitió que pasara desapercibido el hecho de que una película como Nido de Ratas de Elia Kazan o hasta Steamboat Willie de Walt Disney tenían un subtexto, más allá de su brillante guión o la inocencia de su trama. 

Su acercamiento discursivo al cine e imágenes en movimiento eventualmente lo llevaron a producir sus propias películas con los medios a su alcance. Su primera película, Olympia ‘52, es un documental sobre las olimpiadas de verano en Helsinki. Al siguiente año, 1953, Marker y su colaborador Alain Resnais (de las figuras más celebradas de la Nueva Ola Francesa) realizaron un cortometraje seminal: Las Estatuas También Mueren. En sólo media hora de duración, Marker y Resnais hicieron un estudio documental sobre el poscolonialismo y sus repercusiones, enfocándose en la colección y archivo de arte africano, así como la forma en la que éste se vuelve una comodidad europea a través de modelos de opresión y explotación. La frase de apertura es relevante incluso seis décadas después de su creación: “Cuando los hombres mueren, entran a la historia. Cuando las estatuas mueren, entran al arte. Esta botánica de la muerte es lo que llamamos cultura”. 

En sus inicios, Marker se especializó en la creación de cortos pero eficaces productos. Junkopia es una reflexión de la basura y su belleza en espacios naturales, Sunday in Peking es una nostálgica mirada a su infancia y lo mucho que deseaba visitar China, hasta que finalmente lo logró. Toda la Memoria del Mundo, hecho en colaboración con Resnais, es un ejercicio similar a 2084, donde un encargo sobre la Biblioteca Nacional de París pasó a ser un estudio de cómo las personas archivan información y conocimiento. Curiosamente, su cortometraje más conocido no es un trabajo documental, sino una historia de ciencia ficción llamada La Jetée, que sirvió eventualmente como base para la película 12 Monos de Terry Gilliam. Realizado en 1962 y compuesto —salvo por una notable excepción— de puras fotografías, La Jetée es un inolvidable y melancólico viaje en el tiempo, plagado de recuerdos inexplicables.

Pero ya sea en ficción o no ficción, hay ejes fundamentales para la obra de Chris Marker: la memoria, el tiempo y las imágenes, no exclusivamente como instrumento del recuerdo. La memoria en la obra de Marker es una herramienta que posibilita la vida y construye imágenes a través del tiempo. Esta sombrilla temática cubre todo el trabajo de Chris Marker, inclusive lo más experimental, como 2084. En La Jetée la historia se cuenta a través de imágenes congeladas en el tiempo y muchas de ellas son desprendidas de la memoria del protagonista. Este cortometraje es sobre la inexplicable necesidad de crear instantes y memorias, así como el profundo impacto que el tiempo tiene sobre ellas. En La Jetée, todo gira alrededor de un solo e irreemplazable momento, cuyas consecuencias futuras son inimaginables.

A pesar de la fortaleza temática que tienen los cortometrajes de Marker, es quizá en sus películas donde se pueden apreciar mejor sus matices y ambiciones. A Chris Marker se le suele definir como documentalista simplemente porque la mayoría de sus trabajos no son de ficción, y a pesar del rigor bibliográfico de su obra, Marker hizo mezclas difíciles de nombrar, ya que en su obra, poesía, narrativa y ensayo confluyen dentro de un solo recurso audiovisual. Sans Soleil (1983), su obra más reconocida después de La Jetée, es uno de los mejores ejemplos de ello. A medio camino entre un ensayo, un cuaderno de viajes, una película casera y una reflexión documental, Sans Soleil es un proyecto grabado en Japón, Guinea, Estados Unidos, Cabo Verde y otros lugares en el mundo, donde una voz femenina lee las cartas de un fotógrafo que recuerda (o al menos intenta recordar) sus viajes. Por supuesto, las cartas no existen, tampoco el fotógrafo y la voz pertenece a Florence Delay, amiga de Marker. 

Sans Soleil es un trabajo de fractura visual, donde las ideas sobre la memoria se oponen directamente a las imágenes presentadas, como si fuesen correspondientes inmediatos pero incompletos. La propia voz del largometraje lo explica así: “Me he pasado la vida preguntándome sobre la función del recuerdo, que no es lo contrario del olvido, sino más bien su reverso. No recordamos, reescribimos la memoria como se reescribe la historia”. Con Sans Soleil, Chris Marker estableció un mapa de la memoria, imprecisa como es, nunca fiel a la realidad y construida a partir de imágenes falibles. 

Entre la década de los 50 y 60, Chris Marker desarrolló gran parte de su trabajo en el apogeo de la Nueva Ola Francesa. Críticos e historiadores hacen una división clave dentro de esta tendencia: el margen derecho y el izquierdo. La supuesta división se dio porque mientras los del lado derecho buscaban hacer una ruptura enfocada en la forma, los del margen izquierdo buscaban una exploración ideológica. Gracias a su cine filosófica y políticamente motivado (trabajos como Le fond de l’air est rouge fueron acusados de ser agitprop), Marker era inmediatamente catalogado en la izquierda. 

Después de Sans Soleil, el director se enfocó cada vez más en innovaciones tecnológicas y experimentó con herramientas novedosas para la época como el CD-ROM, los menús del DVD y el lenguaje codificado de las computadoras. También hizo trabajos enfocados al internet, como Level Five y cuadernos de viajes como Tokyo Days

Marker nació el 29 de julio de 1921 y falleció el 29 de julio de 2012, la misma fecha con 91 años de diferencia. Una curiosa coincidencia para un hombre que se dejó llevar por sus ánimos de exploración, sin saber exactamente dónde terminarían. En el fondo, Marker no era un cínico, sino un ingenuo idealista, que amaba sobre todas las cosas viajar, el arte, el cine como herramienta y a los gatos. Su personalidad podría resumirse muy bien en una de las últimas citas de Sans Soleil

“Finalmente bajé al sótano donde mi compañero el maniático se apresuraba ante sus grafitis electrónicos. En el fondo su lenguaje me llega pues se dirige a esa parte de nosotros que se empeña en dibujar perfiles en las paredes de las prisiones. Una tiza para repasar los contornos de lo que no es, o ya no es, o aún no es. Una escritura con la cual cada uno compondrá su propia lista de cosas que hacen latir el corazón, para regalarlas o para borrarlas. En ese momento, la poesía será hecha por todos”.


 

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