Leer a José Clemente Orozco
En su aniversario luctuoso recordamos al gran muralista, pero ésta vez, no desde sus pinturas, sino desde sus palabras.
septiembre 7, 2018

Poco antes del 7 de septiembre de 1949, José Clemente Orozco había acabado de pintar el mural en la bóveda de la antigua sede del Palacio Legislativo de Jalisco y, ya de regreso en la capital, había empezado los primeros trazos de un mural en el Multifamiliar Miguel Alemán, invitado por Mario Pani. Faltaban dos meses para que cumpilera 66 años, pero aquel día, José Clemente Orozco murió.

Nació en  Zapotlán el Grande, Jalisco, que ahora se llama Ciudad Guzmán en 1883 y después se mudó a la Ciudad de México. Cerca de su casa estaba una de sus influencias más tempranas y que lo llevó a interesarse por la pintura: una imprenta donde José Guadalupe Posada hacía sus grabados. Ahí obtuvo sus primeras lecciones de uso del color, cuando veía al artista en su camino de regreso de la escuela.

Como reflejo a lo que le causaba ver el trabajo de Posada, entró a estudiar por las noches a la Academia de San Carlos. A los catorce años tuvo que dejar aquello porque lo mandaron a estudiar a la Escuela Nacional de Agricultura, cosa que a él no le interesaba en lo más mínimo. Sin embargo, se las arregló para no dejar de hacer arte y ganar un poco de dinero haciendo mapas topográficos. No fue hasta 1909 que abandonó el oficio agrónomo para dedicarse por completo a la pintura.

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Katharsis (fragmento) de José Clemente Orozco.

Ese año, la historia de México se ganó un hijo pródigo. Años después, tras regresar de San Francisco y Nueva York, donde dejó su marca con el primer mural de la corriente que fascinaría a la gran manzana, se colocó al centro de uno de los movimientos artísticos más significativos de la historia de México. La obra de Orozco retrata un tiempo de inestabilidad e injusticia social; es denuncia y anhelo de cambio plasmados con una fuerza tal que en más de doscientos años no ha perdido vigencia.

Entre sus virtudes, siendo las artes plásticas la más conocida, por supuesto, se ha platicado en los últimos años de la pericia que Orozco tenía también para escribir. Hay pruebas de ello en su autobiografía, en cartas que le escribió a su esposa y a amigos, y en textos en los que expuso ideas y posiciones estéticas y éticas.

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El hombre de fuego de José Clemente Orozco.

Aquí unas cuantas, aunque hay muchísimas más:

“En cada pintura, como en cualquier otra obra de arte, existe siempre una idea, nunca una historia. La idea es el punto de partida, la primera causa de la construcción plástica, y está presente todo el tiempo como energía creando materia. Las narraciones y otras asociaciones literarias sólo existen en la mente del espectador, la pintura actuando como el estímulo”. -Texto para la revista de los alumnos de Dartmouth.

“Una pintura no debe ser un comentario, sino el hecho mismo; no un reflejo, sino la luz misma; no una interpretación, sino la misma cosa por interpretar.”

“La pintura en sus formas superiores y la pintura como un arte popular se diferencia esencialmente en lo siguiente: La primera tiene tradiciones universales invariables de las cuales nadie puede separarse por ningún motivo, en ningún país y en ninguna época. La segunda tiene tradiciones puramente locales que varían según la vida, las transformaciones, las agitaciones y las convulsiones de cada pueblo, de cada raza, de cada nacionalidad, de cada clase social y aún de cada familia o tribu”. -Textos que, según el pintor Jean Charlot, escribió Orozco antes de comenzar los murales de la Escuela Nacional Preparatoria

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Dioses del mundo moderno de José Clemente Orozco.

“Si no hubiera conflicto no habría películas, ni toros, ni periodismo, ni política, ni lucha libre, ni nada. La vida sería muy aburrida. En cuanto alguien diga sí, hay que contestar no”. –Autobiografía, 1945

“Atl fue siempre el de las grandes ideas, el organizador, el fantasioso, y si usted se empeña en que haya un padre de la pintura mural, entonces es Atl, y si usted le pregunta a él quizá le diga que no fue el padre, sino el padrote”. Carta a Luis Cardoza y Aragón, 1935, Guadalajara.

“Una pintura es un poema y nada más. Un poema hecho de relaciones entre formas, como otras clases de poemas hechos de relaciones entre palabras, sonidos o ideas. La escultura y la arquitectura son también relaciones entre formas. Esta palabra, formas, incluye color, tono, proporción, línea, etc. De “Orozco ‘Explain’”, texto escrito en inglés para el folleto del MoMA, 1940.

Traducción de Justino Fernández.

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La trinchera (fragmento) de José Clemente Orozco.

“Y después de todo, ¿no es posible hacer la más maravillosa pintura con sólo un lápiz cualquiera sobre cualquier papel?” De “Notas acerca de la técnica de la pintura mural en México en los últimos 25 años”, texto para el catálogo del INBA de la exposición retrospectiva de 1947.

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