Las reglas de Lars Von Trier
(Para un cine sin piedad)
abril 30, 2019

A Lars von Trier no le ponían reglas en su casa, así que las inventó él mismo. 

Actualmente es uno de los cineastas más controversiales de todo el mundo. Ha sido exiliado de Cannes, denunciado por acoso sexual en múltiples ocasiones, reclamado como un enfermo mental por las temáticas de sus películas, y criticado, quizá, más que cualquier otro personaje del mundo cinematográfico. Al mismo tiempo está considerado como uno de los padres del cine contemporáneo.

Nació en Copenhague, Dinamarca, el 30 de abril de 1956. Se llamaba Lars Trier. Aunque su padre biológico era Fritz Michael Hartmann, tomó el apellido de Ulf Trier, pues hasta 1989 pensó que él era su papá. El “von” lo agregó después, a los 25 años, cuando era estudiante de la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca, influenciado por los directores Erich von Stroheim y Josef von Sternberg, que hicieron lo mismo con su nombre.

Se enteró de que su padre verdadero era el Ministro de Asuntos Sociales del gobierno de Dinamarca cuando su madre, en su lecho de muerte en 1989, le confesó que había decidido embarazarse de él, quien fuera su jefe, por los genes artísticos que le heredaría al infante. Hartmann venía de una familia de músicos clásicos: Emil Hartmann, J. P. E. Hartmann, Niels Gade, Johan Ernst Hartmann y Niels Viggo Bentzon.

Dancing in the Dark de Lars Von Trier

Dancing in the Dark de Lars von Trier

“Hasta ese punto yo creía que tenía pasado judío. Pero soy más bien un nazi”, dijo Lars von Trier en una entrevista con la periodista Katja Nicodemus. “Antes de morir, mi madre me dijo que debería estar feliz por ser hijo de este otro hombre, pues mi padre adoptivo no tenía objetivos ni fuerza, aunque era un hombre cariñoso. Yo estaba muy triste con esta revelación”. 

Sus padres –Inger Høst y Ulf Trier– eran nudistas y solían frecuentar playas y campamentos con esta práctica. Ella era comunista y el social demócrata. Lo educaron como ateo y declaró una vez que en su casa no había lugar para “sentimientos, religión o diversión”.

El mismo año en el que agregó el “von” a su apellido, recibió dos premios en el Festival Internacional de Escuelas de Cine de Munich por sus piezas Nocturne and Last Detail. También estudió teoría fílmica en la Universidad de Copenhague y como proyecto de titulación de ambas escuelas hizo el mediometraje  Imágenes de liberación (1982), el cual ganó el premio a mejor película en el Festival de Cine de Munich del 83 y se convirtió en la primera producción universitaria hecha en Dinamarca que llegó a los cines.

Lars Von Trier tenía 27 años y ya estaban hablando de él. Su proyecto de titulación se había presentado en los dos festivales más grandes de Alemania (también lo proyectaron en la edición 34 del Festival de Cine Internacional de Berlín en la sección de Panorama) y hablaban de él como un producto bien terminado que exploraba una temática morbosa, colocada en la perspectiva de un personaje poco inusual. El film, situado después de la Segunda Guerra Mundial, sigue a un oficial alemán que visita a su amante danesa días después de que la ocupación nazi de Dinamarca acaba. Provocativo desde sus primeros trabajos Von Trier marcaba nuevas reglas en el cine.

The Antichrist de Lars Von Trier

The Antichrist de Lars von Trier

“Una película debería ser como una piedra en el zapato”, aseguró Von Trier en los diálogos de su tercera película, Epidemic, en la cual escribió el guión, dirigió y actuó. La anterior, El elemento del crimen recibió seis premios en diferentes festivales y dos nominaciones en otros, uno de ellos siendo el Festival de Cannes, en el cual fue nominada a la Palma de Oro. Quizá el premio más relevante para cualquier cineasta.

Sobre El elemento del crimen, el crítico y académico de cine que se especializa en películas de horror y thrillers, James Kendrick, dijo: “Es un thriller de crimen absolutamente fascinante y completamente inconexo que trata más sobre el tono y el estilo que sobre su narrativa fragmentada”. Con esta película Lars Von Trier desgarró esa capa invisible que mantiene a ciertos cineastas fuera del ojo público; fue el primer paso para convertirse en ese director desagradable, torcido de mente y alma, que logra que sus películas sean, mas que una piedra en el zapato, un zumbido en el hipotálamo que regresa a ti de vez en cuando, como invocado. Como una especie de íncubo.  

El elemento del crimen fue el primer filme de una trilogía que se completaría con Epidemia (1987) y Zentropa (1991). La última recibió 11 premios, entre ellos el Premio del Jurado, el premio como Mejor Contribución Artística y el Gran Premio a la Técnica de Cannes. Con eso, Von Trier se consagraba como uno de los consentidos del festival de cine que más peso tiene a nivel industria, pero sobre todo a nivel cultural.

La trilogía, con enfoque en los procesos narrativos y simbolismos pictóricos, hace una burla al cine noir y explora diferentes estados de la conciencia, como la hipnosis. Trata de tres personajes distintos que al perseguir sus ideales terminan perpetuando el problema que pretendían resolver. Los críticos han aseverado que en las tres historias lo que el director y guionista quería representar eran las crisis sociales y traumas que se vivían en Europa a principios de los años 90

Dogville de Lars Von Trier

Dogville de Lars Von Trier

Tras terminar Europa (nombre original de la obra), Von Trier y el productor Peter Aalbæk Jensen fundaron la compañía cinematrográfica Zentropa, nombrada igual que la compañía de trenes que aparece en el filme. Con el tiempo, ésta se ha vuelto la casa productora más grande de toda la península escandinava, que ha producido más de 70 largometrajes, y tiene un complejo de estudios de cine llamado Filmbyen (Film City), donde se han grabado cientos de películas y series de televisión.

Esta compañía ha sido denunciada nueve veces por consentir casos de abusos sexual. Meta Louise Foldager, una productora danesa que participó en películas como Melancolía (2011), declaró a un periódico danés que los comportamientos abusivos y denigrantes eran parte de la cultura de la empresa.

Sin embargo, el imperio de Lars Von Trier continuaba construyéndose con cada idea que tenía. Su obsesión con el detalle le había permitido brincar de estudiante a internacionalmente reconocido en unos cuantos años: diez. Y dado que esas reglas autoimpuestas le habían funcionado tan bien, no tenía motivo alguno de dejar de inventárselas. El cine se trataba de volver verídico cualquier relato, aún sin escenografía.

Así nació una nueva escuela de cine. En 1995 Lars von Trier y Thomas Vinterberg (La celebración, 1998) fundaron Dogma 95, un movimiento fílmico sustentado en el Mainfiesto del Dogma 95 y el Voto de castidad, un par de documentos que explican el génesis del movimiento y que establecen las reglas que harán que un filme sea parte de este movimiento.

“… juro que como director me abstendré de todo gusto personal Ya no soy un artista. Juro que me abstendré de crear una obra, porque considero que el instante es mucho más importante que la totalidad. Mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mis personajes y del cuadro de la acción. Juro hacer esto por todos los medios posibles y al precio del buen gusto y de todo tipo de consideraciones estéticas”, escribió Von Trier en el manifiesto.

Melancholia de Lars Von Trier

Melancholia de Lars Von Trier

Bajos sus preceptos, los votos de castidad son un decálogo que debe de ser implementado a la perfección, con la idea de democratizar el cine, de cargarlo de sentido y de regresar a la vida el arte cinematográfico, que para ellos llevaba muerto desde después de la Segunda Guerra Mundial.

Entre sus lineamientos a seguir se encuentran “La película tiene que ser en color. La iluminación especial no es aceptada (…); La película no debe contener ninguna acción superficial. (Muertos, armas, etc., en ningún caso); El formato de la película debe ser en 33mm; El director no debe aparecer en los créditos”, firmaron Von Trier y Vinterberg el 13 de marzo de 1995.

Bajo esta estructura, Von Trier hizo Los idiotas (1998), que fue bien recibida por la crítica pero nada como su cinta anterior, Breaking the waves (1996) que obtuvo 21 premios, entre los cuales se encuentran el Gran Prix de Cannes y el premio a Mejor Película por el Premio Europeo de Cine. También estuvo nominada en los Globos de Oro, Goya, AACTA y a la Palma de Oro de Cannes.

La lista de películas continúa, todas relativamente exitosas. Hizo Dogville (2003) y Manderlay (2005), que pertenecen a una trilogía que aún no concluye, en la que, inspirado en el teatro televisado de los 70s, en el que dibujaban líneas de gis blanco sobre tablones negros para representar edificios y otros  elementos de escenografía. En ambos filmes hace una alegoría directa a las relaciones de poder y a los conflictos que trae la vida contemporánea.

Entre sus exitosas proyecciones y controversiales entrevistas, se comenzaron a escurrir rumores de depresión y alcoholismo. El danés, amante de Nietzsche y de los proceso experimentales, ya no podía trabajar más. Era 2007 y había sido ingresado a un hospital en Dinamarca por una depresión que le impedía trabajar, además de las enormes cantidades de Prozac que consumía y lo mantenían en un estado suspendido de conciencia. En ese momento había empezado a trabajar en Anticristo, en la que planteaba a Satán como el creador del mundo, en lugar de el dios católico con el que él fue criado. La producción se suspendió durante un año. La depresión de Von Trier no llegó como sorpresa para nadie, pues además de las múltiples evidencias de trastornos que se habían podido ver en sus provocadoras películas, el danés tenía muchas fobias, entre las que destaca el pánico absoluto a volar en avión, por que lo recurre siempre a otros medios de transporte por más tardados que sean. 

The House of Jack de Lars Von Trier

The House of Jack de Lars Von Trier

Dos años después regresó al cine y a la vida pública. Salió Anticristo en el 2009 y dos años después Melancolía, película con la que pudo recibir solamente aplausos, pero por las declaraciones con las que la acompañó se ganó la expulsión durante siete años del Festival de Cine de Cannes, convirtiéndose en “persona non grata”. Todo esto tras haber dicho que él entendía y simpatizaba con Hitler y que Israel era un dolor de cabeza. Se justificó diciendo que había cometido el error de dar una conferencia de prensa sin una botella de cerveza en la mano y que eso lo había llevado a hacer una broma así de mala.

En las pocas entrevistas que dio sobre esta película, se cuenta que las extremidades de Von Trier temblaban de abstinencia.

Después llegó Ninfomanía (2013), una película hecha en dos partes, con la que cerró su Trilogía de la Depresión, que también incluye Anticristo y Melancolía. Fue nominada a 30 premios, de los cuales obtuvo nueve, entre ellos el Premio a Mejor Actriz para Charlotte Gainsbourg y Mejor Director en los Robert Awards.

Su más reciente filme es The House that Jack Built, de cuya premier en el Festival de Cannes (lo dejaron regresar) se salió un centenar de personas por la violencia de sus escenas: un tiroteo masivo, una violación sexual en un departamento lleno de gente y un niño que le corta las patas a un pato. En ella Matt Dillon interpreta a un asesino serial que durante 12 años ama lo que hace, pues para él cada asesinato es una obra de arte. Para el crítico de cine Owen Gleiberman esta película es la confirmación de que ya es hora que Von Trier encuentre una nueva manera de hacer cine, pues lo suyo dejó de ser discurso y obra de arte,  para convertirse en un mero escaparate para la provocación.  

“Toda mi vida he estado interesado en las discrepancias entre filosofía y realidad, entre la convicción y su implementación. Se asume que la gente es capaz de diferenciar, más o menos igual, la diferencia entre mal y bien, pero en ese caso, ¿por qué el mundo es así? ¿Por qué todas las buenas intenciones de mis padres llevaron a nada? ¿por qué mis propias buenas intenciones no llevan a nada?”.


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