Los esenciales: Enfrentar una enfermedad sin cura
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Enfrentar una enfermedad sin cura

Los habitantes de la Ciudad de México replantearon sus vidas durante la emergencia sanitaria. Las calles quedaron solitarias y las empresas laboraron de manera remota. Pero no todos pudieron quedarse en casa. Para miles era salir a trabajar o quedarse sin sustento; y sin ellos, la ciudad no hubiera podido funcionar. Estos son los rostros del trabajo durante la pandemia.

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Cuando tuvo que amortajar al primer muerto por Covid-19, Rosa Elena Sánchez Jiménez le pidió perdón. Según el protocolo para el manejo de cadáveres, tenía que desinfectar con cloro todos los orificios del cuerpo y después taparlos con tela adhesiva para evitar el desprendimiento de gases contaminantes. Pero a ella le parecía la peor agresión: consideraba indigno poner una sustancia tan dura sobre boca, nariz y orejas de una persona recién fallecida. “Estaba llorando. Lo estaba amortajando y le estaba pidiendo perdón a él y a Dios por lo que estaba haciendo”. Al terminar, lo puso dentro de una bolsa para cadáveres y lo etiquetó para que lo identificaran.

En sus 27 años como enfermera especialista de urgencias y neumología en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas (INER), había visto de todo en las unidades críticas; había pasado ya por la pandemia del H1N1 en 2009 y pasaba cada día entre quirófanos de trauma, urgencias y terapia intensiva tratando a pacientes con neumonía, asma, cáncer de pulmón, fibrosis, enfisema pulmonar, micosis, derrames pleurales y todo tipo de complicaciones respiratorias. Pero cuando supo por las noticias del nuevo coronavirus, no se imaginaba que llegaría a un mayor nivel de horror.

En algunos turnos llegaron a morir hasta tres pacientes a pesar de que el equipo médico hizo todo lo que estaba en sus manos para salvarlos de una enfermedad sin cura. Los intubaban, les ponían otra vía, les hacían transfusiones de sangre, los desfibrilaban, sobrepasaban dosis: nada funcionaba. Entonces Rosa Elena pensaba: “De verdad, ya, ya déjenlo. Ya, ya no hay nada más que hacerle”.

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