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Frida Kahlo en el Museo Dolores Olmedo

“Me pinto a mí misma”, exposición de Frida Kahlo en el Museo Dolores Olmedo, muestra obra indispensable para entender a esta artista.

Por Sandrine Ortega / Fotografía Cortesía Museo Dolores Olmedo

La historia de Frida Kahlo la conocemos la mayoría de los mexicanos y también quienes hayan pasado un fin de semana en la ciudad. Las largas filas de la Casa Azul demuestran que aún con poco tiempo, casi se tiene la obligación de visitar la casa de la artista mexicana más reconocida al día de hoy internacionalmente. Sin embargo, las pinturas que ahí están, dejan a todo el público con ganas de más. Frida, en realidad, no vive en la Casa Azul y pasa más tiempo fuera que dentro del país. Ahora, las piezas del Museo Dolores Olmedo, la mayor colección del mundo de Frida Kahlo (como presume el propio museo en su web), dejan de viajar hasta octubre para mostrarnos la exhibición “Me pinto a mí misma”. Aunque sea sólo durante unos meses.

El Museo Dolores Olmedo es una de las colecciones nacionales que más obra guarda de la pintora coyoacanense. A pesar de su rivalidad, desde la muerte de Frida en 1954 Olmedo, y por recomendación de Diego Rivera, empezó a comprar obra de Kahlo hasta hacerse con 27 pinturas. Parece que para ese entonces Rivera ya tenía claro en lo que años más tarde Frida iba a convertirse. Lo sabía de tal manera que también dejó como última voluntad que la Casa Azul fuera un museo para honrar la memoria de Frida, y en donde por cierto, también descansan sus cenizas. Gracias a ese gesto de Diego Rivera, por lo menos a los mexicanos nos queda una pequeñita colección que admirar a lo largo del año.

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“Autorretrato con changuito” (1945).

Lo más comentado recientemente sobre la icónica imagen del arte mexicano en femenino, Frida Kahlo, es que no se sabe porqué con el paso de los años ha tenido un auge tan fuerte. Se presupone que en pleno debate feminista, el de mujeres fuertes e independientes, Frida fue una más. Aunque nunca ejerció un feminismo activo, hizo de su vida un alegato. Si bien este icono del arte es y ha sido declarado patrimonio mexicano, su obra se encuentra más fuera del país que dentro y numerosas obras forman parte de colecciones privadas internacionales.

Pero esto no es de extrañar dado que a la póstuma Kahlo la hemos convertido los vivos en una rompedora de récords de sí misma. Sus obras son las reinas de las casas de subastas y desde entrado siglo XXI, las noticias se han sucedido unas a otras: en el 2000 se batió un récord cuando un autorretrato de Frida hecho en 1929 rebasó los 5 millones de dólares y en 2006 otra vez fue protagonista cuando su cuadro “Dos desnudos en el bosque” (1939) sobrepasó los 8 millones de dólares. Frida es ante todo, un gran negocio.

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“La columna rota”, (1944).

Negocios a parte, a los mortales que nunca llegaremos a poseer una de sus obras, no nos queda más que alegrarnos de que hasta octubre podamos ver en dos pequeñas salas las obras de la colección Dolores Olmedo, las cuales han estado de “gira” artística durante casi dos años. Aunque la curaduría no muestra a una Frida diferente a la que todos conocemos (de hecho, no hay textos curatoriales en sala), las 36 obras del museo y de colecciones nacionales que se muestran son simplemente una ventana al universo Kahlo, ese donde la muerte acecha y la fortaleza reside en la lucha diaria.

“Me pinto a mí misma” nos muestra de Frida eso que ya sabemos: el accidente de autobús, las lesiones, los abortos naturales y los dolores existencialistas derivados de todo esto. Eso sí: hay cuadros extraños dentro de la exhibición, como aquel en el que Frida se retrata con una máscara que llama “la locura” (1945), o el de la niña Virginia (1929) que se exhibe ahora dejando ver el boceto de “Autorretrato con aeroplano” (1929) que tiene detrás, o ese en el que Frida recreó el día de su accidente, sentada en el camión al lado de los demás pasajeros (1929). Pero en el fondo, si sabemos tanto de Frida es porque ella siempre se enseñó a sí misma en su obra. Sus temas autorreferenciales nos han dejado ver siempre el universo de la pintora y su psique en carne viva. Lo curioso es que con el pasar de los años, ya sea por su feminismo involuntario o sus récords económicos, no nos importa lo que ya conozcamos de la leyenda sino que, con un espíritu que roza el voyeurismo, lo que queremos es verla.

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“Mi nana y yo”, (1937).

Me pinto a mí misma
Museo Dolores Olmedo
Hasta el 22 de octubre de 2017
museodoloresolmedo.org.mx

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