merienda del señor verde munal, portada

El señor Verde en el MUNAL

La exhibición “La merienda del señor Verde”, en el Museo Nacional de Arte, inspira a públicos de todas las edades para cultivar la tolerancia.

Por Sandrine Ortega / Fotografía Javier Sáez Castán / Cortesía MUNAL

“¿Se imaginan que el mundo estuviera hecho de colores?” Esta pregunta retórica, fácil e infantil para nosotros no es tal para el señor Verde, el protagonista de “La merienda del señor Verde”, cuento realizado e ilustrado por Javier Sáez Castán en 2007, y del cual el Museo Nacional de Arte presenta una exhibición en un principio dirigida a los más pequeños pero disfrutable para todos los públicos.

La historia del señor Verde es a primera vista una fábula con un desarrollo simple y una moraleja predecible: el señor Verde vive en un mundo verde donde come comida verde, tiene una casa verde y un perro verde. Alrededor de él, hay mundos de otros colores (se intuyen, pero no se muestran). Un día el señor Verde convoca a sus amigos, los señores Amarillo, Púrpura, Azul, Pardo y Negro para enseñarles un misterioso cartel en latín que anuncia el acceso a un mundo desconocido. Al entrar, todo es multicolor y los señores, felices, se quedan en ese nuevo mundo merendando y comiendo toneladas de mermelada polícroma.

Hasta aquí llega el cuento predecible y simple para dar paso al trasfondo filosófico que se extrae de esta narración y que es precisamente el que ha hecho que este libro sea venerado, como dice el MUNAL, por escuelas y estudiantes de filosofía desde Venezuela hasta Portugal. Hay varios detalles que desligan a esta historia de la mera lectura sobre el miedo a lo desconocido y los beneficios de correr riesgos y vivir nuevas experiencias.

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El primer detalle que nos conecta con ese trasfondo es que cuando el señor Verde sale de casa, si pisa algo que no sea de su color, se enferma, su salud empeora. Esto es una metáfora que nos hace ver qué es lo que sucede cuando los seres humanos, acostumbrados a ver la vida y su entorno de un solo color –y aquí la analogía con las etnias o los estatus socioeconómicos–, salen de sus zonas o barrios de confort y ven la desigualdad. En este aspecto, el señor Verde no es más que una alegoría de las burbujas socioeconómicas, del no querer ver, del cinturón de pobreza, de la hipocresía de los que se separan de los demás colores y no quieren tocarlos.

Otra característica del señor Verde es que a veces necesita ver a gente de otros colores pero cuando los ve, no termina de entenderlos y se le escapa la risa. “Es inmaduro, está verde”, explica una cédula de la sala expositiva. He aquí la crítica sociocultural del mundo en el que vivimos: nos gusta mezclarnos solo a veces, viajamos pero no terminamos de conocer a las personas que visitamos y cuando lo hacemos, muchas veces no podemos comprenderlos ni tolerar las diferencias que nos separan. Y si nos juntamos, nos dedicamos a crear separaciones dentro de lo comunitario ya sea en forma de barrio judío o Chinatown.

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“La merienda del señor Verde” se convierte entonces en una llamada a la tolerancia, a la aceptación del otro. No vale únicamente con saber que lo del otro color existe lejos de nosotros porque en un mundo cada vez más global, todos los colores están en todas partes y todos estamos en todo. Vivimos en un mundo multicolor que tal vez no nos imaginamos en el pasado, como lo hacen lo señores de colores únicos al principio de este libro, pero ese mundo está aquí y necesitamos mezclarnos. No es suficiente saber que los colores existen o están cerca, hace falta sentarse a merendar juntos.

Este tema, ya alejado de una primera lectura infantil de la obra, está preciosamente ilustrado en tablas de madera (Javier Sáez fue ganador del Premio Nacional de Ilustración de España en 2016) que ahora expone el MUNAL. Con un estilo surrealista inspirado por uno de sus mayores exponentes, René Magritte, Sáez hace de la ternura un estado y de la precisión pictórica algo sencillo. En el universo verde saltan los matices y los colores de un ilustrador que sin duda es más que eso.

El mundo que Sáez ilustra al otro lado simboliza la inclusión de las sociedades. Todos pueden acceder a él porque, como dice, el letrero “afortunadamente está escrito en latín, así que todos podemos leerlo”. Esta es una manera de representar a los seres humanos como iguales a través del idioma y conducirlos a la posibilidad de una comprensión del mundo igualitaria y sin prejuicios. Sobre todo porque el mundo es un agente cambiante y no sabemos de qué colores, formas o dimensiones será el que esté detrás de la puerta dentro de 30 años. ¿Nos atreveremos a abrirla? ¿Sabremos leer el letrero? ¿Tendremos la llave para entrar? Solo podremos, como propone Sáez, si todos queremos y si todos introducimos la llave al mismo tiempo en la cerradura.

“La merienda del señor Verde”
Hasta el 7 de enero de 2018
Horarios y programación de actividades especiales en munal.mx

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