Moisés Cosío: Las dos miradas del arte

El arte tiene muchas caras. Una de ellas son quienes lo hacen posible. Moisés Cosío cuenta qué implica ser patrono del Tamayo.

Por Isabel Ibáñez de la Calle

Con tan sólo 32 años, Moisés Cosío es empresario, productor de cine en Detalle Films —una compañía que él fundó—, coleccionista de arte contemporáneo y patrono del Museo Tamayo y del MUAC. Su amor por el arte nació varios años atrás, cuando tenía apenas 25. “Empecé con la productora y a coleccionar arte casi al mismo tiempo. Desde chico tuve mucho interés en el arte, pero cuando terminé mi carrera de Comunicación en la Anáhuac, me di cuenta de que se trataba de un mundo del que yo no entendía nada y al que no pertenecía. Por suerte, conocí a una superconocedora, Patricia Martín, curadora y la primera directora de la Colección Jumex. Ella me dio curso personalizado.”

Cuenta Moisés que con ella iba a las galerías y los recibían con champagne y un trato verdaderamente especializado, luego empezó a ir solo y las cosas cambiaron mucho, “fue cuando me di cuenta de que el mundo del arte es la contradicción perfecta del arte”, quizá sea porque se mueve bajo las leyes del mercado o porque de cierta forma sigue siendo un entorno elitista, a pesar de que son los propios artistas los que ponen el dedo en la yaga sobre las incoherencias de este mundo. Por eso, para Cosío es tan importante que existan espacios como el Museo Tamayo.

Moisés es quizá el patrono más joven del museo y se percibe con una visión crítica sobre lo que este papel significa para la mayoría de las personas. “Un patrono está para apoyar al museo, recaudar fondos y buscar que pueda funcionar de la mejor forma posible. Nuestro rol es estar al servicio del museo y no al revés”, dice sentado frente a una pieza de la exposición “Los parques de Noguchi” en el Tamayo.

Más que un cheque, el patrono debe creer en el mundo de ideas. Desde esta perspectiva, Cosío fundó Alumnos47, una organización civil que congrega y atiende comunidades de aprendizaje, debate y reflexión en torno a prácticas artísticas. Su idea es eliminar esta noción de que el arte es excluyente y críptico. La fundación que se ubica justo en la calle y el número de su nombre, en la colonia San Miguel Chapultepec, no cuenta con obras de arte expuestas: “No nos interesa ser un museo. Nosotros queremos involucrar a la gente con procesos de arte y prácticas sociales”.

Sin embargo, coleccionar arte es diferente que exponerlo. “Yo creo en comprar una pieza por apuntalar a un artista cuyo quehacer se te hace relevante. No soy un intelectual del arte, pero considero que ahora tiene poco que ver con la estética. A mí me hace cuestionarme con cosas que de otra manera no me sucedería. Todo comenzó en Xilitla, el jardín surrealista de Edward James, por alguna razón me quedé pensando en Disneylandia, cómo ambos hombres crearon un universo, uno con el fin de consumir y el otro con el fin de contemplar. El arte rompió mis estructuras. Cómo quieres vivir es tu decisión.”

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El coleccionista Moisés Cosío es el patrono más joven que tiene el Museo Tamayo.

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