Ana Francis Mor Consigueme una vida, portada

Ana Francis Mor: conseguir una vida en el teatro

Uno de los personajes más relevantes del teatro y el cabaret en México, Ana Francis Mor, produce y dirige una obra con música de cámara que habla sobre la sociedad que somos.

Por Mariana Mijares

Hacer teatro en los veinte no es lo mismo que llevar haciéndolo veinte años, así lo asegura Ana Francis Mor durante una pausa en los ensayos de su próximo proyecto teatral. Directora y cofundadora de la compañía de teatro cabaret Las Reinas Chulas, no podría tener más razón: es muy diferente el entusiasmo de los jóvenes las primeras veces que pisan un escenario al de los histriones que siguen pisándolo décadas después; sin embargo, el objetivo sigue siendo el mismo: tocar al espectador.

“Los que nos dedicamos a esto somos personas a las que el teatro nos ha cambiado la vida. Los actores que están hoy aquí, en este ensayo, son bestias de la actuación que llevan casi 20 años haciendo teatro; personas con la certeza de que tenemos el mejor oficio del mundo”, dice la directora mientras contempla a sus compañeros de proyecto, Gabriela de la Garza, Daniela Schmidt, Muriel Ricard, Pedro Kóminik y Laura De Ita.

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Conoce algunas otras propuestas teatrales en la Ciudad de México:

Puras cosas maravillosas: El teatro de Pablo Perroni.

La sociedad de los poetas muertos: En busca de librepensadores.

Después de casa de muñecas: Teatro (y feminismo) necesario.

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Mor, que está además celebrando los 20 años de Las Reinas Chulas, compañía que ha sido fundamental para el resurgimiento del teatro cabaret, con cerca de 50 espectáculos en su haber, está sentada delante de esa escenografía de fondo que emula al lejano Oriente. Cuenta que se enamoró de la obra Consígueme una vida desde la primera vez que la vio montada. “Tengo buenas amigas escritoras que coincidimos en un taller de literatura de Beatriz Rivas, y una de ellas, Adela Jalife, que ha hecho mucha dramaturgia para niños, escribió ésta, su primera obra para adultos. Pero todo lo ha hecho dentro de la comunidad judía. Sus obras habían permanecido ahí y no habían sido vistas por el gran público”, dice en entrevista. “Me sorprendió el texto, tiene una buena premisa, personajes deliciosos y, como directora, cuando te pasan estas cosas, te sale el colmillo y empiezas a babear.”

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Daniela Schmidt en Consígueme una vida.

Pronto empezó a conformar una productora de teatro con la ayuda de Antonio Arámburu, Shoshana Turkia y la propia autora, Adela Jalife, y así surgió Drama Cero, compañía que se trazó bajo la misión de “hacer teatro sin drama y con buen ondeo”, asegura. “Queríamos contar historias que hablaran de nosotros; pero no desde los narcos, lo violento y asqueroso, sino desde otro lado: las posibilidades de construir otro mundo. No queríamos hablar de cómo nos matan, de cómo nos vuelven a violar. Queremos hablar justo de cuando la sociedad sí responde de otra manera”.

Consígueme una vida cuenta la historia de Eva Liliana (de la Garza), psicoanalista que está a punto de suicidarse, pero que se detiene al recibir la llamada de una paciente que también se quiere suicidar. La paciente interrumpe su propio suicidio. “Y obviamente ella, que tiene una labor, la de ayudar a sus pacientes, tiene que atender el otro suicidio. En esa pausa dispara al cielo y cae Dios”, cuenta. La obra transcurre a lo largo de una conversación que la psicoanalista tiene con Dios sobre su propia vida y cómo ésta ha sido “una mierda”.

Pero el montaje, que se estrenará este 25 de mayo en el Foro Shakespeare, va más allá de la anécdota. Mor le dio un toque distintivo al convertir la obra en un musical de cámara, a cargo de Tareke Ortiz.

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Muriel Ricard en Consígueme una vida.

“Es una obra donde el público se va a sentir identificado con las situaciones, las frustraciones. Sin duda una de las salidas es la risa, la risa te permite burlarte de tu propio ridículo. En ese sentido, la gente se va a llevar un mensaje que en este momento, en este país, me parece fundamental”, dice.

Mor cuenta que el otro día las actrices repasaban las coreografías, llevaban horas y lucían cansadas. Pensó que ellas bien podrían estar en otro lado ganando mucho más dinero, pero estaban aquí por la única razón de querer contar una historia. “Por la imperiosa necesidad de creer que, con esto esto, a alguien le voy a cambiar la vida”, concluye sobre esta obra que resuena, aquí y ahora.