El inefable y subversivo MUAC

El Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) presenta dos exposiciones: “Trilogía Para Tres Timbres” y “Gran Creciente.

Por Sandrine Ortega

El Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), que a todos nos gustaría visitar más a menudo pero que por locación nos cuesta llegar a él, presenta desde finales de enero de este año dos exposiciones: “Trilogía Para Tres Timbres” y “Gran Creciente”, ambas joyas escondidas dentro de su contemporánea arquitectura. Marco Morales, curador del MUAC y hombre polifacético, nos dio un recorrido por sus salas para acercar el arte no palpable a un público que busca nuevas experiencias.

Orgulloso de su espacio de experimentación sonora, donde se exhibe “Trilogía para tres timbres”, de Oswaldo Maciá, Marco Morales afirma: “Es la única sala así que existe en el mundo, donde una pieza de un artista sonoro puede ser escuchada por un periodo mucho más largo, de hasta tres meses. En este caso además existe una novedad. Por primera vez las piezas sonoras de compositores mexicanos están acompañadas por las esculturas del artista colombiano Oswaldo Maciá con el fin de ilustrarlas”.

Cuando uno entra al espacio sonoro, correspondientemente aislado, se da cuenta de la intención de hacer del sonido un objeto con cierta tridimensionalidad. No solamente pueden verse las esculturas, el oído y el gusto también participan, pues un perfumista se encargó de reproducir el olor del pan para esta muestra. Eso, porque el tema de “Trilogía para tres timbres” es la migración y los migrantes, que al intentar ganarse ese alimento básico que simboliza el hambre y las penurias, recorren largas distancias de noche en el bosque o cruzando ríos y montañas. De ahí, que todo esté acompañado, entre otros sonidos, por el rumor de grillos y agua corriente.

Dentro de la sala se recrea la tensión del desplazado que a veces rompe en un absoluto silencio. Silencio que para la mayoría es paz y tranquilidad pero cuya aparición, para el migrante, está cargada de tensión y violencia, generadas por la incertidumbre que antecede a un peligro inminente.

Otro tipo de peligro puede leerse en “Gran Creciente”, una exposición documental, de estudio e investigación, acerca de los años sesenta para tres países con una historia de posguerra llena de violencia y represión. Japón, Corea del Sur y Taiwán son los ejes a través de los cuales se desarrolló durante esa década el arte de la performance reivindicativa. “Esta exposición se originó en Japón con ganas de entender y estudiar qué fue lo que pasó durante esos años. En muchas ocasiones solo nos quedan fotografías, textos y videos de las acciones que se llevaron a cabo y que ahora, mostramos aquí”, cuenta Morales.

Entre las obras más interesantes se encuentran, por ejemplo, nueve fotografías que recrean una exposición que Huang Huacheng montó en 1966 en la Gran Escuela de Taipei y que no podría apreciarse sin esta documentación. En esa exhibición, Huacheng cuestionaba el futuro del arte a partir de la colocación de objetos cotidianos como nuevas formas de arte, yendo contra el oficialismo de lo establecido. Esto, que el día de hoy parece común, no lo era tanto en la década de los sesenta, inmersos en un ambiente de cambio y arte conceptual difíciles de entender en su gestación primaria.

En Corea sin embargo, Choi Boong-hyun et al realizaban en el año 1967 el primer happening del país, donde un grupo de chicos quemaban velas en un paraguas sujetado por una artista al centro del círculo, en lo que parecía una crítica al panorama artístico. En realidad, la acción críticaba al general Park Chung-Lee, quien tomó el poder a través de un golpe de estado en 1960 y que solo fue destronado cuando murió asesinado en 1979.

En la parte correspondiente a Japón, participa la icónica Yoko Ono con un video de la performance Pieza de corte, creada en 1964, pero que la artista reprodujo en el Carnegie Hall de Nueva York un año más tarde. Sentada al lado de unas tijeras, invitaba al público a que cortase trozos de su ropa. Aunque su trasfondo más evidente era una crítica a la violencia contra las mujeres, también se especula que pudo ser una protesta contra la guerra de Vietnam o una conmemoración por los 20 años de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

Al final de la sección japonesa se aprecian también las fotografías de un performance realizado por el colectivo Hi Red Center (HRC), quienes estuvieron activos entre 1962 y 1964. Bajo el título ¡Participemos en la campaña de HRC de promoción de la limpieza y el ordenamiento del área metropolitana!, los artistas ejercían una dura crítica al gobierno, quien habían llevado a cabo una campaña de violenta alteración y desplazamiento contra la población para acomodar los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. Vestidos con batas blancas y abastecidos de trapeadores, trapos y cepillos de dientes iban limpiando al detalle las calles del área comercial de Ginza.

Este arte subversivo que no nos queda tan lejos. Las recién asfaltadas calles de Ecatepec, limpias y nuevas no para los ciudadanos sino para el papa Francisco, son una señal de que estas acciones siguen ocurriendo. La respuesta de los ciudadanos asiáticos de los años 60 fue mordaz, aguda y divertida, y a la sociedad contemporánea le queda mucho que aprender de ellos. A través de esas acciones pacíficas y llenas de significado, se burlaba la población y los artistas de un régimen represivo y aterrador que intentaba mantener la fachada impoluta para los poderosos. Ahora, el MUAC revela la auténtica fachada y da la clave para que algún día, la rebelión venga desde adentro.

“Gran Creciente”
Hasta el 29 de mayo de 2016
Vestíbulo de Arkheia

“Trilogía para tres timbres”
Hasta el 8 de mayo de 2016
Espacio de Experimentación Sonora

Museo Universitario de Arte Contemporáneo
Insurgentes Sur 3000
Centro Cultural Universitario
muac.unam.mx

Historias relacionadas

Miguel Pedroza Jardines de México, portada

Arte

Levedad escultórica

Por Alejandra González Romo