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La voz inconfundible de Julio Cortázar

Al autor argentino Julio Cortázar se le recuerda como una voz única de la literatura latinoamericana. Exploramos sus influencias.

Por Marcela Vargas

Julio Cortázar nació argentino y murió francés. Académico, escritor y traductor, este gigante de la literatura latinoamericana rechazó en 1981 la nacionalidad de su país de origen –aunque nació en Bélgica– como protesta por el régimen militar que lo gobernaba. Tres años después, el 12 de febrero de 1984, Cortázar moriría en Francia, apagando la voz inigualable de uno de los escritores latinoamericanos más originales y vanguardistas del siglo XX.

Entre las obras clave de Cortázar destaca Rayuela, una novela publicada en 1963 que se ha convertido en clásico indispensable de todo amante de la literatura, por su original construcción y por cambiar la dinámica entre novela y lector. Con fuertes raíces surrealistas, hay al menos cuatro “rutas” para leerla: en orden cronológico de principio a fin, en orden secuencial del capítulo 1 al 56 –propuesto por Cortázar–, saltando entre capítulos de acuerdo a la guía escrita dentro de la misma novela, o como al lector se le antoje. Oliveira, su protagonista, se ha vuelto con el paso de los años un símbolo para los lectores jóvenes, románticos e idealistas.

Julio Cortázar jugó con el tiempo y con las fronteras entre fantasía y realidad para construir un corpus literario imaginativo y único. Es uno de la autores más influyentes en la literatura del siglo XX y su obra queda como testimonio de una mente brillante, cautivadora, curiosa y prolífica.

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Fotografía de Sara Facio, dominio público. Vía Wikimedia.

Influencias

Lector voraz, Cortázar siguió la trayectoria y devoró la obra literaria de diversos autores. Quizá por su crianza cosmopolita, desde niño exploró la literatura europea y anglosajona, contando entre sus escritores favoritos a estadounidenses, franceses y también argentinos. A continuación exploramos a algunos de los indispensables para Julio Cortázar.

John Keats
La vida del poeta romántico inglés John Keats fue breve: murió a los 25 años de edad, apenas iniciada la década de 1920. La obra de Keats era de las favoritas de Cortázar, amante de la poesía y romántico también, además de ser un gusto que compartía con uno de sus contemporáneos, el también argentino Jorge Luis Borges. Melancólico e imaginativo, Keats abordaba tanto temas mitológicos y medievales (Lamia, Isabella, la víspera de santa Inés y otros poemas, 1820) como el amor ideal y las ensoñaciones relacionadas con éste.

Jorge Luis Borges
El escritor argentino Jorge Luis Borges, una de las voces más importantes de la literatura del siglo XX, fue también una importante influencia viva para Cortázar. Aunque no coincidieron en posturas políticas, ambos admiraron la obra del otro. La literatura de Borges es un laberinto perfectamente diseñado en el que todo cabe: países que no existen, matemáticas imaginarias, fronteras desbordadas entre lo real y lo fantástico, múltiples lenguas y temas de todos los colores y sabores. Su bibliografía es extensa y alucinante y responsable de una revolución literaria que alcanzó todos los rincones del mundo. Destacan El Aleph (1949), Siete noches (1980) y Ficciones (1944).

Edgar Allan Poe
El escritor estadounidense Edgar Allan Poe fue una figura central del romanticismo gótico, además de uno de los autores favoritos de Julio Cortázar, quien leía con placer relatos fantasmagóricos y sobre vampiros. Poe revolucionó la literatura de su tiempo, razón por la que es considerado maestro del cuento corto. Las mejores traducciones al español de su obra fueron hechas por el propio Cortázar. Entre la obra de Poe destacan El cuervo (1845), La caída de la Casa Usher (1839) y Los crímenes de la calle Morgue (1841).

Jean Cocteau
El francés Jean Cocteau ejerció cuanta actividad creativa se le puso delante en sus 74 años de vida. Fue escritor, pintor, diseñador, cineasta y hasta ocultista. Su volumen Opio: Diario de una desintoxicación, sobre su propio proceso de desintoxicación de su adicción al opio, se convirtió en libro de cabecera de Cortázar. Cocteau mantuvo relaciones apasionadas con hombres y mujeres, entre las que destacan el actor Jean Marais –con quien filmó, entre otras películas, La bella y la bestia en 1943– y Édouard Dermit, su heredero e hijo adoptivo. Prolífico en varios géneros, Cocteau dejó un legado literario vastísimo del que mencionamos la obra de teatro La voz humana (1930) y la novela Los chicos terribles (1929).

Pedro Salinas
Poeta, ensayista, traductor y académico, este español jugó un papel clave en la introducción del francés Marcel Proust a la escena literaria hispana, gracias a las traducciones que hizo de En busca del tiempo perdido en colaboración con José María Quiroga durante los años veinte. Catalogado como parte de la Generación del 27, Salinas entendía y practicaba la poesía a través de tres ejes: autenticidad, belleza e ingenio. Además, ponía especial énfasis en explorar desde su escritura al amor. Destacamos su poema “Cero” (1949), sobre el horror de las armas de destrucción masiva, y su ensayo La responsabilidad del escritor (1961).

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