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El testamento indómito de Béla Tarr

El cineasta húngaro Béla Tarr recibió la Medalla Filmoteca UNAM en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Por Alejandro Maciel / Fotografía Cortesía FICM

Fue en 2011 cuando el húngaro Béla Tarr presentó un ejercicio monumental de la cinematografía moderna, El caballo de Turín, que terminó por encumbrarlo como un maestro del cine, casi a la altura de cineastas como Tarkovsky e Ingmar Bergman, con quienes a menudo se le compara. Y fue ese mismo año, y con ese mismo filme, con el cual anunció su retiro. Esas últimas horas de cinta quedarían como su despedida, “un testamento fílmico”, como él mismo lo llamó.

Durante la XV edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, el cineasta presentó aquél “testamento” ante una audiencia que lo aclamaba, mientras recibía la Medalla Filmoteca UNAM. También se develó, como es tradición en el FICM, una butaca con su nombre grabado en el respaldo. “¿Y ahora cómo me la voy a llevar”, bromeó Tarr.

Sereno, con mucho desenfado y abierto a las preguntas del público —muchos de ellos jóvenes entusiastas del cine, algunos estudiantes— Tarr, de 62 años de edad, se mostró agradecido por el reconocimiento y dijo, sin el tono con que se regodean otros artistas, que francamente no sabía qué decir. Entonces dio paso a la proyección de la película que, en 2011, ganó el premio de la Crítica en el Festival de Cine de Berlín.

El caballo de Turín es un filme sin pretensiones, pero no por eso simple. Comienza con un prólogo inspirado en un fragmento de la vida del filósofo Friedrich Nietzsche, cuando, en 1889, paseaba por Turín y vio a un hombre en la calle maltratando a su caballo. Nietzsche intervino y abrazó al caballo, y dijo: Madre, soy un tonto. Dicho eso, sufrió una conmoción cerebral que lo dejó sin habla durante 10 años, hasta el día de su muerte en 1900. Nadie supo qué pasó por su cabeza ese día y nadie supo qué pasó con el caballo.

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“Todo surge por la pregunta que, desde 1994, me hacía junto con mi amigo László Krasznahorkai, a quien conocí por su libro Satantango: ¿qué le habrá pasado al caballo de Nietzsche?”, comentó Tarr durante la presentación de la cinta en Morelia. “Realicé muchos otros proyectos y creí que ya había cerrado esa pregunta, pero seguía apareciendo una y otra vez, hasta que László y yo decidimos resolverla. Creo que este filme es una respuesta a esa pregunta”.

La película cuenta la vida de aquel caballo al que el azar llevó hasta a las manos de un hombre y su hija, quienes viven en una pequeña casa de campo, en medio de los azotes feroces del viento. Todo lo que sucede en las más de dos horas del filme es la vida cotidiana de los tres personajes, realizando actividades que se repiten, así como se repite la tormenta de viento y la música de fondo, una y otra vez. “Me han preguntado qué significa el filme. La película es fotografía, sonido, ritmo y rostros humanos, gestos, sobre cómo la gente se toca, cómo habla. Y de situaciones, cómo transcurren las cosas frente a la cámara”, explicó el cineasta.

La filmografía de Béla Tarr incluye películas como The Outsider (1981), Almanac of the Fall (1985), Family Nest (1977) y Satantango (1994), esta última con una duración de siete horas. En 2000 presentó Las armonías de Werckmeister en el Festival de Cannes con una buena recepción de parte de la crítica, pero no sucedió lo mismo cuando, en 2007, presentó El hombre de Londres, que algunos jueces tacharon de vacía y somnífera. Pero el cineasta húngaro tiene poco interés en justificar y explicar su trabajo: lo que le interesa, dijo, es mostrar la condición humana en pantalla.

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“Lo que yo quiero ver es la vida real. Si son tomas largas o cortas, o si son tomas abruptas, no me importa: quiero algo que me sacuda, que me conmueva. Emociones. No importa ni la técnica, ni el estilo. Lo que realmente importa es lo humano, la empatía que reflejas en el filme, que tú te muestres en la pantalla, que seas capaz de articularte de tal manera que los demás te puedan ver y sentir”, dijo al público durante una ronda de preguntas. “Si eres cineasta, dedícate a no juzgar, a simplemente estar. Compártelo con nosotros, y de nosotros dependerá juzgar si eso que plasmaste es sólo tu ego o estás intentando proteger a las personas que retrataste en tu obra”.

Al preguntarle su opinión sobre el cine mexicano y qué expectativas tiene del FICM, el director contestó: “Estamos en el siglo XXI, no podemos hablar específicamente de lo mexicano, de lo estadounidense, de lo chileno, de lo ruso, de lo húngaro… Vivimos en un mismo puto mundo, donde lo único que tienes es a ti mismo y debes ser tú mismo. Hay que cambiar al mundo porque el mundo no está nada bien. Sé tú mismo, sé honesto por encima de todo. Muestra la vida y defiende la vida”.

Es la tercera vez que Béla Tarr visita México. En 2011, la Cineteca Nacional le realizó un homenaje al presentar una retrospectiva de su trabajo y, en 2005, impartió un taller a alumnos del Centro de Capacitación Cinematográfica. Es el presidente del jurado en la XV edición del FICM.

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