El gran momento del documental

Buenas noticias para los cinéfilos: el género documental vive una etapa de increíble diversidad, oferta y accesibilidad.

Por Arturo Aguilar

En los primeros años de Netflix en Latinoamérica, las burlas a su catálogo solo se detenían cuando se hacía referencia a su apartado dedicado a cine documental. Lo que de inicio era un interesante catálogo pronto se convirtió en un extraordinario menú.

Ahora posicionada como la plataforma referencial en cuanto a servicios de streaming y además productora de un puñado de ficciones de consumo masivo global (House of Cards, Orange is the new Black, Daredevil/Jessica Jones/LukeCage, Narcos, Sense8), en sus inicios, la empresa apostó fuertemente por el cine documental como un estandarte de sus producciones originales. Afortunadamente, es algo que no han dejado de hacer.

Es importante recordar que fue un documental la producción que logró obtener la primera nominación al Oscar (Mejor Documental en 2014) para Netflix: The Square, sobre la revolución en Egipto a partir de lo sucedido en la plaza Tahrir de El Cairo.

Lo que ha sucedido con la plataforma de streaming es una muestra de lo que ha ocurrido con el género documental durante la última década y media. En este periodo, el documental ha recuperado una importante presencia en la cartelera comercial de todo el mundo.

Filmes convertidos en fenómenos y causas sociales como el caso del documental Una verdad incómoda sobre el cambo climático, y las piezas de Michael Moore sobre el 9/11 (Fahrenheit 9/11) o la tragedia de la secundaria Columbine (Bowling for Columbine) fueron cintas con un enorme éxito en taquilla que demostraron un interés por el género y que marcaron un punto de partida para poner en primer plano al cine que retrata la realidad, con todas sus complejidades y facetas.

Festivales como Ambulante y DocsCDMX han confirmado que México no es la excepción cuando se observa su crecimiento en lo que va de esta década. Cuando el cine mexicano de ficción de los últimos diez años no ofrecía mucho para el cinéfilo exigente, el documental nacional siempre salía al rescate de la mano de cineastas como Juan Carlos Rulfo o Everardo González.

La revolución –de producción y consumo– digital de los últimos años ha exponenciado el alcance del cine documental como nunca se pudo imaginar, y para quienes buscan películas interesantes y atractivas cuyas historias vienen de la realidad de este planeta, este es un gran momento.

Al momento de escribir esto, en la cartelera mexicana se proyecta Llévate mis amores, emotivo documental que nos muestra la inspiradora historia de Las Patronas, un grupo de mujeres en Veracruz que ayudan diariamente a los migrantes que viajan en ese tren conocido como La Bestia. En festivales de cine (internacionales y nacionales), filmes como Bellas de Noche Tempestad, de María José Cuevas y Tatiana Huezo, respectivamente, reciben premios y se preparan para llegar a la cartelera en unas semanas.

En la televisión por cable, National Geographic levanta la mano anunciando con bombo y platillo que por su canal y en sus plataformas digitales se puede ver el documental de Leonardo DiCaprio sobre el cambio climático, Antes de que sea tarde. Éste toma la estafeta del realizado a principios de siglo por el ex vicepresidente norteamericano Al Gore en ese mismo tono de preocupación ambientalista aunque un poco más alarmista sobre la situación ecológica del mundo.

Por otro lado, en Estados Unidos, la televisora pública de dicho país, PBS, presentó hace un par de semanas Hamilton’s America, un sobresaliente documental sobre el fenómeno teatral Hamilton: An American Musical de Lin-Manuel Miranda, obra musical no solo ganadora de una importante cantidad de premios Tony, sino hasta de un premio Grammy y el Pulitzer.

ESPN produjo y estrenó durante este año OJ: Made in America, extraordinario documental en 5 partes sobre el polémico caso del deportista afromaericano que probablemente pueda recibir una nominación al Oscar a Mejor Documental.

HBO, otro viejo conocido por sus documentales, no se queda atrás. En estas semanas estrena Class divide, sobre el impacto que tiene en la clase trabajadora y sus familias la hipergentrificación de zonas urbanas como Chelsea en Nueva York.

De vuelta en los dominios digitales, en Netflix, Werner Herzog estrenó uno de sus más recientes filmes, el documental Into the inferno, en el que acompañado por el profesor y vulcanólogo Clive Oppenheimer, explica la relevancia de estos en la vida en el planeta, su poder, y a partir de este paseo lleno de imágenes y secuencias de una belleza visual casi abstracta, dejarse llevar en sus naturales digresiones sobre la naturaleza humana, la explicación de la realidad y de lo fantástico, la relación del hombre con su entorno y su racionalización.

Otro flamante estreno de la plataforma es The 13th, el documental de Ava Duvernay (quien dirigiera Selma, nominada a Mejor Película en 2015) sobre la enmienda número 13 de la Constitución de los Estados Unidos, la cual hacía ilegal la esclavitud, pero permite algo parecido para reos y convictos, y como a partir de esta excepción el sistema económico y político norteamericano ha creado una desigualdad endémica en lo social y en la justicia. Un documental con fuertes intenciones y posibilidades de estar entre los nominados al Oscar de la categoría en unos meses.

Y esto es solo un parpadeo sobre lo que el documental tiene bajo los reflectores en estas semanas. Cuando crean que no tienen nada que ver, ya saben hacia donde voltear.

(Busquen también A Conversation with Gregory Peck, donde el actor conversa y reflexiona sobre su vida profesional. Muy disfrutable.)

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