Jennifer Peedom, en la cima del Everest

La directora Jennifer Peedom nos habla sobre los retos de filmar su documental “Sherpas: Héroes del Everest”.

Por Marcela Vargas

Durante más de medio siglo, el Monte Everest, en la cordillera del Himalaya, ha sido la meta última del alpinismo profesional. Con casi 9 mil metros de altura, su pico es el punto más alto de la Tierra y llegar a él representa uno de los retos físicos más importantes de la humanidad. Sin embargo, antes de que los montañistas occidentales hicieran famoso su ascenso, los sherpas, pobladores de la región, desarrollaron una relación espiritual con la montaña. La documentalista australiana Jennifer Peedom explora esta dicotomía en Sherpas: Héroes del Everest (2015), que llega a la televisión el 16 de abril de 2016 a través de Discovery Channel.

Filmado en 2014, Sherpas: Héroes del Everest es un trabajo documental impecable que acerca al espectador con un lado menos conocido pero fundamental del complicado ascenso: los sherpas, guías nativos que llevan a las expediciones por los caminos que salvarán sus vidas. Peedom, experimentada alpinista que ha escalado el Everest en varias ocasiones, quería contar la historia de esta comunidad de alrededor de 180 mil habitantes. Para lograrlo recurrió a viejos conocidos de la región, como el sherpa de alto rango Phurba Tashi. “Tenía una larga relación con este equipo de sherpas en particular, así que me conocían… sabían que podían confiar en lo que yo les decía”, cuenta la cineasta en entrevista con Gatopardo, durante su visita a México para estrenar este documental dentro de la Gira de Documentales Ambulante.

La comunidad sherpa vive en los alrededores de la zona montañosa, tanto del lado nepalí como del lado chino, y mantiene una relación espiritual con la cordillera: para ellos es más una deidad que un accidente topográfico que debe conquistarse. “Era muy importante mostrar la dimensión espiritual de los sherpas”, cuenta Jennifer Peedom. “Sería imposible para cualquiera tener una relación con ellos y no aprender algo sobre esa dimensión. Lo que ves en la película es gente que acababa de llegar, [montañistas] que no habían aprendido nada y solo querían conquistar. Creo que esa era una de las razones por las que quería hacer esta película, para mostrar un lado diferente de la montaña”.

Durante la preproducción de Sherpas: Héroes del Everest, Peedom y su equipo se encontraron con el escepticismo de la comunidad sherpa, que temía participar en lo que percibían como otro proyecto occidental que se apropiaría de su cultura sin respetarlos como etnia. “Entrenamos a los sherpas sobre cómo manejar las cámaras para que pudieran grabar su propia experiencia, y eso en verdad hizo una diferencia porque no eran ellos siendo filmados, eran ellos filmándose”.

“Hice tres viajes a Nepal antes de hacer la película y creo que toda esa preparación fue importante, porque el resto de los sherpas podían ver con quiénes estábamos filmando. Las cosas se pusieron muy políticas y enredadas, pero tenía a todos estos defensores y decían ‘no, esta gente es auténtica, están contando nuestra historia’, y eso abrió todas las puertas”, explica Peedom, cuya relación con la montaña también cambió a raíz de este trabajo. “Ahora no tengo ningún interés en escalar hasta la cima. Es irrespetuoso. Hay otras montañas que se pueden escalar en Nepal, pero los occidentales sólo queremos escalar ésta, porque es la más alta. ¿Qué dice eso de nosotros?”.

No obstante, Peedom sabe que es más complicado que eso. Después de todo, una parte importante de la vida económica de la región depende del turismo deportivo. “No todos los que van al Everest son locos egomaníacos, también hay gente buena, así que quería tener mucho cuidado para no juzgar a todos igual”, reflexiona, recordando su propio impulso inicial por escalar el Everest cuando era más joven. “Es muy complejo, porque si la gente dejara de escalar el Everest mañana, habría un gran problema para los sherpas, pues necesitan los ingresos, así que es un gran dilema”.

La a veces tensa relación entre montañistas y sherpas se puso a prueba en un momento trágico que casi detiene la filmación. El 18 de abril de 2014, una violenta avalancha mató a 16 guías en el lado occidental de la montaña. “En el momento en que escuché la avalancha y supe que los sherpas estaban ahí arriba, sentí miedo de inmediato”, recuerda Peedom, que se encontraba en un campamento cercano al Everest cuando inició la avalancha. Aunque ninguna de las víctimas pertenecía al equipo de producción del documental, el golpe emocional fue intenso para todos. “El resto del día vimos crecer el número de muertos y fue horrible… Era indescriptible. Fue muy triste y encontrar la energía para seguir fue muy difícil, pero me sentí fortalecida. No me pasó a mí, les pasó a ellos, así que salimos porque teníamos una película que hacer”.

Tras la avalancha, la comunidad sherpa alzó la voz sobre las condiciones de trabajo en la montaña y demandó que el gobierno indemnizara correctamente a las familias de las víctimas. En los últimos años, las generaciones más jóvenes han sido enfáticas en su inconformidad con el trato que se le da a su trabajo en un país que apenas tiene una década funcionando democráticamente. “Son las generaciones más jóvenes las que saben que está bien tener libertad de expresión”, agrega Peedom, cuyo documental muestra este aspecto de la lucha de manera honesta y sin artificios.

“Hace 20 años, ningún sherpa hubiera ido a la preparatoria y ahora todos la han terminado. Están mucho más educados de lo que los extranjeros creen. Ellos esperan caras sonrientes que harán lo que se les pida. Con la educación viene el poder y eso es bueno. Los sherpas están ganando voz. Ha habido un cambio de dinámica y fue interesante ver eso”, concluye.

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