La vida vacía de los muertos

“Los muertos”, película de Santiago Mohar, llega a cines mexicanos para mostrar los excesos y consecuencias de una vida vacía.

Por Redacción Gatopardo

El vacío interno ocasionado de una juventud indiferente es el eje del segundo largometraje del cineasta mexicano Santiago Mohar Volkow, Los muertos. A pesar de tener un nombre tan concreto, la cinta de Mohar no busca dar voz a las sombrías noticias que la sociedad mexicana encuentra diariamente en las portadas de los periódicos nacionales; el acercamiento de Mohar es hacia “evidenciar a los que siguen vivos, que a momentos se comportan con la misma banalidad e inconsistencia que si estuvieran muertos”, como explica en entrevista con Gatopardo. La cinta relata un fin de semana en la vida de un grupo de adolescentes adinerados de la capital mexicana, enfrascados en fiestas interminables, cantidades industriales de alcohol y alejados de la realidad social de su país.

Desde los primeros minutos es evidente la distancia intencional entre personajes y espectador. Mohar Volkow construye un ambiente de frivolidad en el que los jóvenes viven a base de mentiras, antipatías y conductas extremas. Estas secuencias tienen un propósito, lograr que el público comprenda el grado de desprendimiento entre estos adolescentes y el mundo que los rodea: sus familias, la sociedad y las personas a su servicio. Un accidente fatal podría detonar un cambio en ellos, quizá lograrían despertar de su letargo.

El universo personal de Santiago, Elena, Ignacio y el resto de sus amigos está lleno de infidelidades, falsas amistades y corazones rotos, vidas cuya frivolidad es destacada gracias a la música de Diego Lozano. “La principal referencia que tuve con él, con quien trabajé incluso antes de que estuviera terminado el guión, es algo que casi precedió a la historia”, cuenta el cineasta. “El tema de las bandas funerarias de México siempre me ha gustado, y queríamos que acompañara a la película todo el tiempo para que se sienta que todo es un luto, todo es un velorio”. Además un sello característico de Los muertos es la importancia de su trabajo sonoro: la presencia de diálogos, la saturación de ruido ambiental, y los silencios absolutos transforman las distancias no sólo entre protagonistas y audiencia, sino entre los mismos personajes.

Desde el inicio, Mohar planteó la película como un tríptico que le ayudara a narrar la historia a partir de las diferencias estilísticas entre fragmentos de la cinta. “La primera parte de la película es muy ruidosa, es en donde abunda el color y el movimiento, es más barroca y es más evidentemente una película. Esto crea distancia y genera análisis en el espectador”, explica Mohar. “La segunda parte es mucho más naturalista, más callada, es cuando va a suceder el evento más importante de la película, para acabar ya en un tono que quería que trascendiera y se volviera más metafórico”.

Sin llegar a ser caricaturas del clasismo en México, los personajes construidos por Mohar se convierten en espejos de una realidad social innegable. La indiferencia no distingue entre geografías ni poder adquisitivo, y a través de Los muertos, Santiago Mohar aborda a su manera uno de los temas recurrentes de la industria cinematográfica mexicana. “Siempre se ha hablado de la diferencia de clases en el cine mexicano, yo creo que es uno de sus temas principales, pero mientras sea la característica más evidente de la realidad mexicana no veo por qué dejaría de aparecer en las películas”, concluye.

El clasismo y la violencia que deriva de este tema son también el foco del siguiente proyecto audiovisual de Mohar. El director se alió con el cineasta Nicolás Gutiérrez (Mientras la prisión exista, 2015) para lanzar el 15 de mayo Deriva.mx, un proyecto transmedia que busca analizar la situación de violencia en México desde diferentes perspectivas.

 

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