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Björk: La matriarca futurista

Entrevista exclusiva con la artista islandesa Björk, a propósito de su álbum Utopia, una afirmación matriarcal contra la violencia.

Por Marcela Vargas / Fotografía Maisie Cousins

“Una afirmación matriarcal contra la violencia”, así es como Björk define Utopia, su noveno álbum de estudio, una propuesta musical que se aleja del ambiente oscuro, los beats intensos y los arreglos de cuerdas estrafalarios de su disco anterior, Vulnicura. Lanzado a la venta el 24 de noviembre, la artista islandesa vuelve luego de una renovada fuerza emocional y creativa, una suerte de catarsis tras su divorcio con el artista visual Matthew Berney.

“Después de ser tan franca y estar tan acongojada por tanto tiempo, me atrajeron las cosas ligeras y esponjosas, y terminé haciendo arreglos de flautas para todo el disco”, cuenta en entrevista para Gatopardo. “El tema del álbum es el aire, el viento viajando a través de los tubos, de las flautas y los sintetizadores, de las cuerdas vocales de los pájaros. Definitivamente tiene la urgencia de crear una nueva isla, una utopía y escapar a ella con mujeres y niños, lejos de la violencia, y empezar de cero.”

Björk recurrió a los sonidos límpidos de la flauta que aprendió a tocar en su infancia, así como a una nueva colaboración con el productor venezolano Alejandro Ghersi —conocido como Arca—, con quien trabajó también en Vulnicura. “No sabemos por qué conectamos tan bien, pero seguimos adivinando e inventando sugerencias”, explica. En 2015, las aportaciones de Arca la ayudaron a completar un álbum sobre su divorcio y para Utopia definieron juntos un paraíso de renovación, una fantasía de flautas feminista y futurista. “De alguna forma, Utopia es una afirmación matriarcal antiviolencia que ambos sentíamos intensamente, aún viniendo de entornos y generaciones muy distintos”, asegura la cantante sobre este álbum, que con 71 minutos de duración es el más largo de su carrera.

La bienvenida a Utopia está enmarcada entre el trinar de pájaros y la etérea voz de la cantante. Canciones como “Arisen my senses” y “Blissing me” introducen al oído una de dulzura que contrasta con la pesadez y oscuridad de Vulnicura. La voz de Björk es un instrumento añadido a los arreglos de viento y a un bello piano que puede, sin duda, describirse como feliz. Destacan también los cortes “The Gate” —primer sencillo, cuyo hipnótico video fue dirigido por Andrew Thomas Huang—, y “Future Forever” —un llamado hipnótico para la creación de un futuro mejor, donde se acabe la violencia y el amor reine con peso trascendental—.

Al iniciar este nuevo capítulo de su vida creativa y personal, ambas facetas inevitablemente entretejidas, la utopía de un mundo mejor pesó mucho en la concepción. “Intento encontrar un ángulo que sea sincero y honesto de manera personal, y que también sea universalmente verdadero”, dice la artista. “Tienes que ser intencional sobre la luz y crearla; nadie nos la va a regalar porque creamos que la merecemos.”

“Me gusta el peso de la palabra ‘utopía’, tanto por la intención como por la necesidad de que los sueños propios se hagan realidad y la desesperación de que fallen.” Además de su trabajo artístico, Björk es conocida por su activismo en cuanto a temas como el feminismo y el medio ambiente. Ambas causas pueden sentirse en este álbum, donde resalta la posibilidad de usar la tecnología para ayudar a proteger estos sueños de paz y tranquilidad, en el que una mujer se sienta extraordinariamente cómoda y en control de su propio destino.

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“Encontrar balance entre las herramientas del ser humano y su propio ser es una cosa de nunca acabar”, comenta la artista, quien ha hallado una simbiosis clara en distintos medios para construir sus proyectos: audiovisuales, realidad virtual, imágenes creadas por computadora, sintetizadores, alta costura, entre otros. “La tecnología no se irá a ningún lado, así que mejor nos conectamos a ella de la manera más visceral, más emocional, más llena de alma que podamos. Será una conexión personal, diferente para cada quien.”

Los vínculos de Björk con la tecnología surgen de una curiosidad profunda y una avidez de conocimiento traducidos en sorprendentes proyectos interdisciplinarios, como su app y álbum interactivo Biophilia (2011). Y qué decir de sus vestuarios, siempre integrados orgánicamente en sus shows y al concepto del álbum en turno.

“Me veo a mí misma como intérprete de la música y los visuales. Cada canción tiene un detonante visual. Sé si son plumas o huesos o color o qué transformación emocional quiero proyectar a través de la canción”, dice. El impacto de su visión en la moda contemporánea es tal que el Museo de Arte Moderno de Nueva York dedicó una retrospectiva especial a los vestuarios y artefactos que han acompañado a la islandesa por tres décadas. A Björk la han vestido los diseñadores y sellos más vanguardistas, como Alexander McQueen, Marjan Pjoski —quien diseñó aquel memorable vestido de cisne que usó en la ceremonia de los premios Oscar en 2001—, o la holandesa Iris van Herpen —responsable del impresionante vestido que usó en la portada de Biophilia—. “He desarrollado algo como una necesidad de que el vestido tenga tanta artesanía como las percusiones, tanta expresión como la edición y tanto cuidado como los arreglos”, concluye.

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